martes 26 de abril de 2011  
Joumana Haddad, autora de "Yo maté a Sherazade", recién editado en español:
La furia de una mujer árabe
 
La han amenazado con lanzarle ácido en la cara y la han acusado de pervertida, pero ella no se deja amedrentar. Joumana Haddad edita la revista "Jasad" (que significa cuerpo) y escribe ensayos y poesías para relevar la mujer árabe en Occidente, no sólo aquella que es víctima, sino también la más libertaria. En el camino ha ganado adversarios, pero, a pocos días de que su nuevo libro llegue a Chile, advierte: "Es muy difícil marginar a una persona con mi carácter".  

Por Daniela Mohor W. 

Hace tres años, en 2008, a Joumana Haddad -libanesa, periodista, escritora y libre pensadora- la amenazaron con lanzarle ácido en la cara. Y durante varias semanas, esta mujer árabe -de formación cristiana, madre de dos niños, que los medios internacionales han llamado "la Oprah del Líbano" o "la Carrie Bradshaw de Beirut" porque habla sin tapujos de sexo, escribe poesías eróticas y se rebela contra el fundamentalismo religioso y la situación de la mujer en el Medio Oriente- tuvo pesadillas aterradoras, dejó de manejar su propio auto convencida de que la seguían, e incluso pasó un tiempo sin salir de su casa.

¿Su crimen? Haber creado una revista llamada "Jasad", que significa cuerpo en árabe y que reflexiona precisamente sobre el cuerpo desde distintos puntos de vista. Suficiente para que los sectores más conservadores la acusaran de hacer una revista pornográfica. Una definición que Joumana Haddad rechaza.

-Es una revista cultural de literatura, arte, cine, pero con temas relacionados con el cuerpo en todas sus formas, no sólo sexual y erótica, sino también antropológica, sociológica, etcétera - explica a Revista Ya desde Beirut en castellano, uno de los seis idiomas que domina.

Las amenazas no tuvieron efectos sobre esta escritora, que lleva años trabajando como editora de la página cultural de An-Nahar, uno de los principales diarios libaneses (es la primera mujer en hacerlo) y quien dice ser curiosa, rebelde y perceptiva desde la infancia. "Jasad" se sigue publicando trimestralmente, los artículos los escriben colaboradores de toda la región y la revista se sigue vendiendo en los quioscos en el Líbano y a través de un sistema de suscripción en el resto del mundo árabe, donde ha sido censurada. Se imprimen entre cuatro y cinco mil copias de cada edición.

En 2010, Joumana lanzó además en inglés "Yo maté a Sherezade, confesiones de una mujer árabe furiosa", un manifiesto que ya ha sido traducido a numerosos idiomas y que llegará la primera semana de mayo a las librerías chilenas, editado bajo el sello Debate. El libro, que entremezcla elementos autobiográficos con reflexiones personales, es una plegaria rabiosa por la individualidad, por el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, por la dignidad de las mujeres; es también una crítica acérrima al extremismo religioso en todas sus formas y a la pasividad frente a la propia condición. Es, por sobre todo, un intento por dar una imagen más justa de la mujer árabe hoy en día.

-En mis numerosos viajes a distintos países del mundo, y siguiendo la prensa internacional, me he dado cuenta de que siempre hay una imagen estereotipada de la mujer árabe como víctima, como mujer oprimida. Claro, esa imagen es correcta, existe, pero hay también otra mujer que merece atención porque es libre, es valiente y está haciendo muchas cosas para luchar por sí misma y las demás -dice Joumana.

La escritora, que incursiona por primera vez en el ensayo después de publicar recuentos de poesía y narrativa, comenzó escribiendo algunos comentarios acerca de la percepción tradicional que tiene Occidente sobre la mujer árabe. Y fue justamente mientras buscaba rescatar a la que se ve menos, a la más rebelde, la más activa, que se percató de que en su libro también tendría que hablar de la gran cantidad de mujeres que se resignan a su condición.

-Muchas veces, la mujer árabe no se atreve a dar la pelea. Por eso, el libro se transformó en un doble asesinato: el asesinato de la imagen exótica o victimizada de la mujer árabe que se ve en muchas partes en Occidente; y el asesinato de esa Sherezade misma, esa mujer árabe que sigue negociando sus derechos básicos, que sigue haciendo compromisos y no hace, en mi opinión, lo suficiente para cambiar su situación.

Literatura y libertad

Joumana Haddad tenía cuatro años cuando comenzó la guerra civil en el Líbano. En su libro recuerda con precisión el domingo 13 de abril de 1975, el "Domingo Negro", en que se escucharon los primeros disparos y explosiones. Recuerda también lo devastador que fue crecer con el miedo, el espectáculo de la violencia, el encierro, la angustia. En ese contexto, la lectura se convirtió rápidamente en un refugio. Desde muy niña, la pequeña Joumana se acostumbró a encaramarse en la biblioteca de su padre a sacar libros.

-Leer me gustaba por diversos motivos: leía para respirar; leía para vivir (mi vida y la de otros); leía para viajar a otros lugares; leía para escapar de la realidad brutal; leía para silenciar las explosiones de la guerra del Líbano; leía para no oír los gritos de mis padres, ni sus discusiones y sufrimientos diarios; leía para satisfacer mi avidez; leía para hacer acopio de fuerzas (...) Y leía, sobre todo, para cumplir la promesa que me hice a mí misma de que un día mi vida sería diferente. -escribe en "Yo maté a Sherezade".

Esas lecturas, dice hoy Joumana, siempre fueron transgresoras. A una edad muy precoz ya había leído a Balzac, Gibran, Dostoievski o Salinger. Por eso a los 12 buscó nuevos horizontes literarios y encontró en la repisa superior de la biblioteca un libro que cambiaría su vida: "Justine o los infortunios de la virtud", del Marqués de Sade. Con Sade, Joumana no sólo descubrió el erotismo, sino que se abrió a un mundo desconocido, el de su mente y de la libertad de la que podía disfrutar en ese pequeño rincón privado.

-De libro en libro, de lectura en lectura, de encuentro en encuentro, el marqués de Sade se fue apoderando de mi cerebro. Me agarró por los hombros, me miró directamente a los ojos y me dijo: "Tu imaginación es tu reino. En tu mente, todo está permitido. Todo es posible. Abre las ventanas de par en par, y no temas transgredir ni delirar" -escribe Joumana en su libro.

Las lecturas atrevidas siguieron: Joumana se devoró los escritos de Nabokov y Bakai. En la literatura encontró la fuerza para sublevarse contra las imposiciones de la estricta educación católica que recibió, los prejuicios, los tabúes. No sólo leía, también escribía, y lo hacía con libertad. La misma libertad con la que hoy expresa su rabia en "Yo maté a Sherezade". Una rabia contra el instinto gregario, o lo que en su libro llama "síndrome del rebaño", contra los numerosos atolladeros a los que se enfrenta la gente de su país. Una rabia contra los "oscurantistas" que son para ella los fundamentalistas tanto musulmanes como cristianos.

-¿Por qué está tan furiosa?

-Hay muchas razones en este mundo para estar furiosa. Yo siempre digo que no puedes tener ojos, orejas, un cerebro y un corazón sin estar siempre furiosa, porque hay muchas cosas, no sólo en el mundo árabe, sino en todo el mundo, que te pueden indignar. Por ejemplo, me indigna la hipocresía del mundo árabe, la esquizofrenia, esa incapacidad de estar a la altura de lo que deseas y que hace que digas "quiero esto", pero no hagas nada para conseguirlo. Y también la expansión del extremismo religioso en el mundo y cómo está influyendo cada día más en la situación de las mujeres aquí. Me indignan los dobles estándares que veo cada día. Hay toda una corrupción -antes mismo de entrar a la política y económica -, que yo describo como existencial. Es no tener el valor de vivir o de decir lo que piensas y hacerlo en secreto. Es el aceptar para ti lo que no aceptas para el otro. Es todo ese círculo vicioso de la hipocresía.

La prioridad de las mujeres

Joumana se educó en un colegio de monjas y era una niña aparentemente tranquila. Pero es poco lo que rescata de esa educación y sus rasgos dulces esconden hasta hoy una mente inquieta y ansiosa. En entrevistas a medios internacionales, la escritora ha contado que se casó virgen a los 19 años, pero hoy, a los 40, reconoce sin tapujos avergonzarse de eso. Es madre de dos hijos que tuvo con hombres distintos y está casada por segunda vez con un escritor dos décadas mayor que ella, con el que no convive. Porque si hay algo que Joumana no hace es acatar las normas sociales.

 -Usted habla de la hipocresía del mundo árabe. En el caso de las mujeres, ¿no tendrá que ver con el miedo?

-Se utiliza el miedo como una justificación para todo, pero a mí no me convence. Claro que a veces hay miedo.
Yo entiendo el miedo de la mujer que puede ser asesinada si no se complace con lo que le dicen debe hacer. Pero no todas están en esa situación. Y hay muchas otras mujeres que no enfrentan ese riesgo pero se acomodan a su situación y aceptan el estado de víctima porque es mucho más fácil lamentarse que luchar. Así es que el miedo no me convence para nada.

-¿No siente que ha habido avances para las mujeres árabes? Se habló mucho de su presencia en las revueltas...

-Yo no veo ningún progreso, sólo veo un regreso. Todos vimos a las mujeres participar en las manifestaciones en Túnez y en Egipto, pero después desaparecieron. Muchas de ellas ahora arriesgan mucho por haber participado en las revueltas. Nos estamos dando cuenta recién ahora de cuán importante y poderoso fue el elemento religioso extremista detrás de esas revueltas. Y eso sólo se puede traducir en la exclusión de la mujer. La mujer es sólo un instrumento, su presencia fue utilizada. Ellas no se encuentran participando en la formación de los nuevos regímenes que se están estableciendo en esos países. Entonces, claro, antes había dictaduras horribles, pero no sé si de verdad lo que va a venir será mucho mejor. Lo que sí creo es que las mujeres tienen que aprovechar esta oportunidad histórica para luchar por sus propios derechos. No pueden seguir pensando que sus derechos son un lujo, que antes hay que establecer la democracia, combatir la corrupción económica, etcétera, porque no puede haber una democracia sin respeto a la dignidad de la mujer. Todas son prioridades.

En ese sentido, Joumana aplaude la iniciativa del gobierno francés de prohibir el uso del velo en su país.

-Me parece una decisión lógica y muy necesaria, sobre todo porque Francia aplicó esa ley en su propio territorio y es un Estado laico. Además, personalmente rechazo el velo como instrumento de anulación de la mujer. Es humillante para ella llevarlo. Sé que muchas mujeres aseguran haberlo elegido, pero me permito dudarlo porque nadie puede elegir la libertad de no ser libre. Es cierto que yo siempre condeno todas las marcas islámicas de opresión, pero condeno de la misma manera la sobreexposición del cuerpo que anula la identidad y dignidad de la mujer y la convierte en un objeto detrás de una vitrina. Para mí esos dos extremos son dos caras de la misma moneda -dice con ímpetu.

-¿Qué quiere usted exactamente para la mujer árabe?

-Quisiera que esa mujer árabe se enterara de que está siendo utilizada, de que a veces su estado de opresión es también el resultado de su pasividad. Quisiera que se pregunte por qué, por ejemplo, ella tiene que ser controlada, por qué tiene que ser ella quien lleve los símbolos de las tradiciones y de los valores -como el jihab y el burka- y no el hombre. Me gustaría que estuviera indignada por no tener los mismos derechos. Quiero que esa mujer pase de la inactividad o de la lamentación a la acción y pienso que todo empieza en la fe que ella tiene en sí misma. Tiene que creer en su poder, en sus derechos, en la capacidad de elección como un derecho básico por el que no tiene que pedirles permiso a los demás.

Una voz entre miles

Desde que se ha convertido en una figura pública, Joumana Haddad no sólo se ha tenido que enfrentar a las amenazas (a las de quemaduras con ácido se sumaron otras de violación y de muerte por apedreamiento, entre otras cosas). También ha sido el objeto de acusaciones agresivas. "Pecaminosa", "pervertida", "corrupta y corruptora" y "criminal" son algunas de las que menciona en su libro. Pero ella no se ha dejado vencer ni por el miedo ni por la violencia de sus detractores.

-Es muy difícil marginar a una persona con mi carácter. Han hecho esfuerzos por hacerme callar, pero ahora muchas de esas personas saben que es casi imposible -dice al respecto.

No ha encontrado financiamiento para "Jasad", pero está determinada a mantener la revista usando las ganancias de sus libros para sustentar su publicación y trabaja en ella en sus horas libres, en "un pequeño rincón" de su casa. Su presencia en un periódico liberal e importante como An Nahar, asegura, le ha permitido no quedar fuera de las redes sociales. Y sigue siendo muy creativa. Actualmente trabaja en un nuevo recuento de poemas y prepara un nuevo ensayo en el que hablará, esta vez, del hombre árabe.

-¿Cómo afecta su vida cotidiana el ser tan rebelde y liberal?

-Además de las amenazas, hay también un juicio intelectual y social que afecta en todo lo que haces. Pero yo nunca me concentro en eso, siempre veo lo positivo. Leo y saco mis fuerzas de todos los que me escriben o llaman para decirme gracias. Para ellos, mi respuesta siempre es que todos tenemos que luchar por una vida mejor, que no basta con una, diez o cien voces, y que es importante que nos dividamos esta furia que tengo. Porque debo decir que cuando me despierto en la mañana, cada vez que me levanto de la cama, es como una declaración de guerra. Tengo que enfrentar el día como un nuevo desafío y, claro, es duro y difícil a veces, pero también me motiva a hacer más, a descubrirme y entenderme más también. No me lamento, sólo puedo sentirme afortunada por tener la fuerza de hacer preguntas, sobre todo a mí misma, y no dar las cosas por sentadas.

"Quisiera que la mujer árabe se enterara de que está siendo utilizada, de que a veces su estado de opresión es también el resultado de su pasividad. Quisiera que se pregunte por qué ella tiene que ser controlada, por qué tiene que ser ella quien lleve los símbolos de las tradiciones y de los valores".

"Cuando me despierto en la mañana es como una declaración de guerra. Es duro y difícil, pero también me motiva a hacer más, a descubrirme y entenderme más también".

"Las mujeres árabes
no pueden seguir pensando que sus derechos son un lujo, que antes hay que establecer la democracia, combatir la corrupción económica, etcétera, porque no puede haber una democracia sin respeto a la dignidad de la mujer. Todas son prioridades".

 

Por Daniela Mohor W..

   
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