Rotación, pulso y latido

Jessica Atal 

¿Qué pasa con la rotación de la Tierra? Se suceden el día y la noche, la luz y las sombras, el viento y las lluvias. Ésos son los elementos que ocupan la poesía de Roberto Onell. Nos sumergimos en un mundo que, así como la Tierra, gira sobre sí mismo, mientras un hombre todo lo observa en silencio, en soledad, "en suelo tan rotado". Hay un día a día constante, inmutable, una noche tras otra, alternándose sol y luna, mañanas y tardes, inviernos, sueños, horas. Todo ocurre tranquilo, callado. El hombre observa en silencio, y escribe.

Escribe poemas que apenas se atreven a ser -o decirse- poemas, como si no quisieran perturbar el universo. Acaso por eso, los versos -de arte menor, generalmente octosílabos que a veces se estructuran en coplas que recuerdan a Manrique, Lope de Vega y a Campoamor- riman, haciéndose parte de lo armonioso de la vida, de su fluir perfecto. Roberto Onell es un poeta del aire, de lo vaporoso y fluido. No quiere hacer ruido. No quiere molestar. Es como si sus palabras, entonces, aparecieran a pesar de sí mismo. Él quisiera permanecer al margen, pero su voz tiene fuerza propia, es parte del movimiento propio del universo y, por eso, a pesar de sí mismo, pero girando sobre sí mismo, habla, dice: "Mi voz, sumergida en el curso/ regresa a una tierra olvidada". Y en la siguiente estrofa: "Aquí está mi voz, ya descalza,/ alzando mi infiel transparencia,/ y así voy cifrando un transcurso/ que se hace canción con las aguas". Este poema se llama "Canción a deshora". Justamente. Como si esa canción se le hubiese escapado en un momento inesperado, "a deshora". El poeta ha sido "infiel" a su silencio, a su modo tan pasivo de estar en el mundo, para continuar "cifrando un transcurso".

Roberto Onell no cautiva en una primera lectura. No. Su poesía necesita atención y pausa. Reposo. Tiempo y silencio. El movimiento de rotación completo. Por esto, es en una segunda lectura cuando recién entramos a las profundidades de sus rimas asonantes que por su fluidez semejan, a primera vista (o lectura), cantos simples. Tan de todos los días. Sí, son cosas de todos los días -una siesta, un árbol, una flor, la noche-, pero él las transforma en material precioso, delicado, profundo y, sin duda, sensual. Así lo demuestran, por ejemplo, los poemas "En tus piernas" y "Tus pechos": todo tiene sentido entre "tus piernas", o en esos pechos que tienen el poder de hacer al hombre, de darle forma y latido. El roce es siempre muy sutil, el encuentro sólo sugerido, pero tiene una potencia extraordinaria que da luz, vida, contiene esencia, marca el tiempo ("Suceden tus piernas en calma").

Roberto Onell cierra con dos poemas en los que vale la pena detenerse. El primero, "Rotación", que da título al libro. Hay aquí una búsqueda de origen, de aquello primero y original, como si se quisiera entender el principio. Los elementos vuelven a ser los mismos que han aparecido a lo largo del libro: día, noche, y el movimiento imperturbable y perfecto que los anima. Se suman, eso sí, polvo y tierra, lluvia y estrella. Se suma el llanto. Ese llanto primero, intuimos, del hombre abandonado a su propia existencia.

Entonces, hay algo que ahoga, hay algo que gime, que cae, que arrecia. Angustia. Hay un algo violento y feroz que se desata, que desordena el alma, que enciende preguntas: "¿Acaba el diluvio y subsiste?/ ¿A quién interroga la sombra?/ ¿A oscuras las aguas pesando?/ ¿De quién, hasta dónde la noche?/ ¿Y cuándo se irán estos pasos?/ ¿Por qué me persisten las islas?", pero sólo para terminar derrotado en un "No puedo", que cierra el poema. Volvemos a ese margen en el que se mueve el hablante. Como si no tuviera fuerza ni voluntad de cambiar las cosas. El destino de las cosas. Su propio destino.

Pero sucede algo curioso: un grito de libertad en el último poema: "Déjenme", lo llama el autor. Y aquí parece rebelarse contra esa compostura que ha guardado a través de toda la obra. Como si ya no aguantara más sentirse atrapado entre rimas y formas inflexibles: "...dejen que me vaya al bosque, que me pierda, que me cerquen/ y me habiten otras voces". Ya no tolera la presión impuesta, el canon, el ritmo perfecto, la rima perfecta, y quiere incluso ir hasta "otro nombre", aunque esto signifique el silencio eterno de Roberto Onell. Así de categórico. Imprescindible de todas maneras, la segunda lectura y, yo diría, también varias más.

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Rotación Roberto Onell H. Ediciones Tácitas, Santiago, 2010, 89 páginas, $5.000 POESÍA
Rotación Roberto Onell H. Ediciones Tácitas, Santiago, 2010, 89 páginas, $5.000 POESÍA


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   El Tiempo
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Puzzle
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
Versión Digital

Ver versión animada
  • Revistas
    El Mercurio
  • Revista del Domingo
    Así es Bali.
    PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales