Muere Claudio Bravo, el pintor realista chileno mejor cotizado en el mundo

Dos infartos terminaron con su vida en Marruecos, donde vivía desde 1972. Fue un artista extremadamente virtuoso. Logró reunir a 200.000 personas en el Bellas Artes en 1994, vendió obras en millones de dólares y se codeó con la realeza y nobleza europeas. Fue una figura amada y odiada por la crítica.  

Daniela Silva, Constanza Rojas, Ignacio Palma y Marilú Ortiz de Rozas 

Apenas tenía 11 años cuando empezó a dibujar. Entre los caballos y trigales del fundo de Melipilla donde creció -había nacido en Valparaíso-, tomaba un libro y empezaba a tirar líneas. Entre ensayo y ensayo, también escribía. Ya en ese entonces Claudio Bravo (74) tenía claro que aspiraba a ser el artista más famoso del mundo. Así creció. Aunque su padre jamás aprobó que se dedicara al arte, lo primero que hizo fue estudiar con Miguel Venegas Cifuentes. En los sesenta, afincado en Concepción, se hizo rápidamente un nombre como retratista. Pero quiso más. Voló a Europa para tener contacto con la escuela realista de los grandes, y en pocos años quedó a cargo de inmortalizar a la alta nobleza y a la aristocracia española. Tanto, que llegó a ser amigo de los reyes borbones. Entrando en los años 70 marcó un hito con su exitoso tránsito por las naturalezas muertas. Sólo objetos cotidianos y sencillos que llevó a la tela con extrema minuciosidad. Abrumado por su éxito como retratista en España, decidió radicarse en Marruecos. El mismo país en que murió este sábado tras sufrir dos infartos en su monumental casa, ubicada en Taroudant.

Estaba acompañado de sus asistentes y su secretario personal, Bashir, y venía llegando de un viaje a París. Ahí había consultado a un cardiólogo, quien lo alertó sobre el delicado estado de su corazón, pero ese preinfarto se transformó en algo inmanejable. "Estoy preparado para morir, si le viene la gana a Dios. Morir terminará con mi angustia de la creatividad, será acostarme y dormir bien eternamente. Estoy listo porque he cumplido con mis dones. Aunque conservo la pretensión de creer que aún puedo crear cosas maravillosas, no estoy agarrado a la vida", había confesado en una de sus últimas entrevistas.

"Su cuerpo descansará ahí mismo. Lo enterrarán dentro de ese parque enorme, donde están las cerámicas antiguas de Marruecos que él usaba para pintar", afirma la galerista Ana María Stagno, quien representaba al artista en Chile y participó en la organización de la histórica retrospectiva que presentó en el Museo de Bellas Artes (1994). Ayer, la noticia fue comunicada a través del sitio web del pintor y se propagó rápidamente por redes sociales como Twitter, plataforma que usó el artista Gonzalo Cienfuegos. "Es una gran pérdida para el arte latinoamericano, internacional y chileno. Gigantesca, porque es un hombre que tenía mucho que transmitir, que entregar a las nuevas generaciones. Nunca impartió clases institucionales, pero fue un gran maestro. Sus comentarios eran muy asertivos y oportunos. Era una persona fuerte, exigente, aguda y muy refinada. Por eso, además, llegó a ser uno de los pintores más caros del mercado del arte mundial. Hizo una carrera notable", comentó Cienfuegos.

Eso, Bravo lo sabía muy bien. Más que bien. Aunque confesó que era demasiado sentimental, asumiendo que ése era su mayor defecto, siempre fue tan seguro de sí mismo que llegaba a intimidar. Bastante. "He tenido mucha suerte porque soy de los pocos pintores que ganan dinero. No soy como Van Gogh, que no vendió ningún cuadro en vida. Yo soy un pintor con éxito. Y ese éxito no me lo voy a llevar al cementerio. Quiero hacer cosas que sirvan a los niños, a los enfermos, como las instituciones de mi tío en Melipilla y Cartagena", afirmó alguna vez. Y al menos alcanzó a donar un hospital y un colegio en Taroudant, el pequeño poblado al sur de Marruecos donde se ubicaba una de sus cuatro monumentales casas.

Ahí tenía 46 empleados, entre camareros, cocineros, peones de campo, jardineros, especialistas en finanzas y secretarios. No le gustaba el lujo, pero vivía muy bien. En esa propiedad, donde recibió hace tres años a Revista Vivienda y Decoración de "El Mercurio", criaba caballos árabes solamente para hacer regalos. La razón: desde que se radicó en Europa comenzó a codearse con personalidades. Realeza, presidentes, primeros ministros, millonarios y coleccionistas. Todos, alguna vez le compraron cuadros. Y sin negociaciones. Bravo aseguraba que mantenía sus precios: "Me representa la Galería Marlborough, y Pierre Levai, su director, es tal vez mi mejor amigo. Yo no hago trampa: la honestidad es parte fundamental de mi reputación. Cuando mucho, pido el 20% de descuento para algún amigo".

Bravo pintaba casi todos los días más de ocho horas. Era insaciable. De hecho, había decidido vivir en África para tener tiempo para su pasión. También optó por el celibato. "Eso (el amor) era muy complicado para mí. Soy demasiado apasionado y celoso. Decidí que mi pintura y mis animales eran mis mejores fuentes de amor; desde los cincuenta años creo que no meto a nadie en mi cama, me aburrí", dijo. Quería dedicarles todo a sus pinceles. Por eso, si pasaba dos días sin entrar al taller, sentía que le empezaban a picar las manos. En su rutina destacaba sobre todo por meticuloso y pulcro. Primero, pasaba por los mercados y compraba objetos del mismo color. Al llegar a su refugio, incluso, se tomaba un día para empezar a pintar, luego de haber armado la escena que quería retratar. Partía dibujando con carboncillo los volúmenes a secas, afinaba detalles con un lápiz fino y luego pintaba. Lo más importante: nunca lo hizo apegándose fielmente a la realidad. En efecto, no es un hiperrealista. Cosa que él se encargó de reafirmar hasta el cansancio: "No tengo nada que ver con los hiperrealistas. Yo exalto, exagero, idealizo la realidad. La manipulo. A mi modelo le borro las zonas oscuras y le rescato la belleza, esa que me acerca a Dios. Hay mucho de santo en cada artista".

Bravo terminó como el pintor chileno contemporáneo mejor cotizado en el mundo. "Me siento muy por encima de todos los latinoamericanos. Soy el más importante del continente y el más cotizado en el mercado internacional hace mucho tiempo. Matta muerto no llega a mis precios de vivo. Él tuvo momentos buenos, pero su vejez fue muy mala y sus cuadros de los últimos veinte años parecen periódicos de domingo mal impresos. Nunca me gustó. Y esto no va a caer bien en Chile: tampoco me fascina la Mistral y encuentro que Juan Francisco González es pésimo. Está demostrado que, en el terreno artístico internacional, me como vivo a Matta. También se lo comen vivo Botero, la Frida Kahlo, Rivera y Orozco", aseguró en 2008, cuando reveló todos los rincones de su casa a "El Mercurio".

Pero no siempre fue aplaudido por todos. Bravo generó excelentes comentarios del público, presentó exposiciones muy visitadas y vendió obras en millones de dólares. Sin embargo, recibió duros comentarios de algunos artistas y expertos en arte. "Bravo representa ese tipo de pintor que más polarización produce en el público y la crítica. Por un lado, podía ser visto como un maestro que abre todo un mundo a la vista, y por otro no. Su mejor época fue entre mediados de los sesenta y fines de los setenta. Ahí pintó una serie de obras que revelan a un autor absolutamente relacionado con la investigación. Quiso darle al realismo decimonónico un carácter nuevo. Pero, de pronto, su trabajo fue perdiendo fuerza", explica el escultor y académico UC Gaspar Galaz. Y Ricardo Maffei, quien fue su discípulo, concuerda: "Fue muy importante esa época de los años sententa. Tenía un lenguaje muy original y personal. Eso es clave en la obra de cualquier estilo, junto a la rigurosidad del oficio".

Así Bravo logró batir récords en diversas subastas. Algo que pocos autores contemporáneos logran. "Fue un artista que alcanzó a ver en vida cómo sus obras cobraron valor en las subastas. En Christie's vendimos hace ya 15 años 'Paquete azul' en US$ 650.000. Hace dos años algunos trabajos de esa misma serie alcanzaron un precio superior al millón de dólares y fueron adquiridos por coleccionistas europeos y norteamericanos. Cuando un artista muere, no es que el precio se vaya a las nubes de la noche a la mañana, pasan algunos años antes de que se establezca su legado y se empiece a perfilar cuáles son los períodos más cotizados", dice Denise Ratinoff, representante en Chile de la casa de subastas.

"Soy ególatra, ¡pero nunca tanto! Miguel Ángel, Leonardo, Francis Bacon, Vermeer y Velázquez eran prodigios. Rembrandt es para los viejitos. Pero soy un tipo sin falsa modestia: la emperatriz Farah Diba, quien me visita continuamente en Taroudant, y otros miembros de la realeza me han dicho que me ven como a un príncipe. Yo no me siento muy lejos...".

"Decidí que mi pintura y mis animales eran mis mejores fuentes de amor; desde los cincuenta años creo que no meto a nadie en mi cama, me aburrí. Estoy hecho un asceta, un San Claudio".

50
fueron sus años de carrera artística. Comenzó como retratista a principios de los 60 en Concepción, y luego viajó a España a perfeccionarse. En 1972 se radicó en Marruecos.

US$ 1.000.000
alcanzó "Paquete blanco" , pintura subastada por Sotheby's en 2004. Su valor inicial se quintuplicó y fue una de sus obras mejor rematadas.

46
empleados trabajaron en su finca ubicada en Taroudant (Montes Atlas de Marruecos). Entre ellos, había cocineros y especialistas en finanzas.



 La voz de la crítica

WALDEMAR SOMMER

"Nunca fue un pintor santo de mi devoción, -sostiene el crítico de "El Mercurio"-. El tipo de realismo ilusionista que hace busca embellecer la realidad. Se ha hecho mucho de eso en pintura y le han salido competidores en nuestro medio, como Muñoz Vera y Ricardo Maffei, ambos muy buenos pintores".

"Donde Bravo es insuperable es en sus naturalezas muertas, no así en el paisaje ni en la figura humana. La naturaleza muerta con objetos exóticos o con textiles, los trabaja maravillosamente. Tiene una caligrafía extraordinaria con objetos, paños y textiles. Ahí es notable. Pero en su trabajo se advierten fallas de composición fuertes, pareciera que no sabe cortar el cuadro ni enfocar el punto de vista".

"Es un pintor muy conocido entre los aficionados al realismo, sobre todo en España y Estados Unidos. Aunque Alfredo Jaar y Eugenio Dittborn son artistas visuales chilenos más conocidos en el exterior".

PEDRO LABOWITZ

"Fue un artista sin mayor innovación, un muy buen técnico, pero que no aportó a la obra general de Chile. Cuando estuvo en el Museo de Bellas Artes, regaló una obra al museo que fue, por lejos, la más mala de todas las que expuso en esa retrospectiva".

"Su estilo, en parte, fue hiperrealista, por ejemplo, en sus dibujos de chaquetas, grabados y cajas, se advierte claramente. Pero sus mejores logros fueron sus cortinajes en color. En eso fue notable. Sin embargo, no soy gran admirador de su obra".

JUSTO PASTOR MELLADO

"Bravo fue un pintor más erudito de lo que se esperaba. No coincido con la crítica que lo considera un pintor hiperrealista. Por el contrario, su ostentación de la mímesis era un procedimiento formal que lo convertía en un pintor más erudito y más inaprehensible. Ha habido mucho estereotipo en torno a su obra. Su figuración por ejemplo, repetía ese rictus tan "a lo Mulato Gil", que reproducía la carne como si fuera madera policromada; en cambio, las obras realmente carnales eran aquellas en que la piel era evocada mediante recursos metafóricos muy complejos; como por ejemplo, sus bolsas de papel de la década del sesenta, cubiertas de arrugas y de estrías, que señalaban la existencia de otro lugar para la representación del cuerpo. Pero también, eso era visible en las pinturas que expuso hace unos años en galería AMS Marlborough, donde todas las telas remitían a la ausencia de imagen".

"De modo que no considero que haya sido un hiperrealista, sino un artista que trabajó la superficie como un campo de batalla formal. Su éxito de mercado fue un equívoco, como muchos éxitos de mercado. Pero en el cauce de dicho equívoco, consolidó un tipo de pintura clase-mediana que no pasó por la legitimación universitaria, sino por la de un circuito anómalo, vinculado más bien a una concepción "pompier" (arte académico oficial) de la pintura, para luego tener que irse del país para poder realizar una obra única. Un artista no se hace solo. Fue importante en su despegue formal, la crítica colaborativa que ejerció Raúl Valdivieso".



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