ELMERCURIO.COM Volver

 
Necesidad de melodrama

Domingo 26 de junio de 2011



Por Camilo Marks 

Básicamente, hay dos maneras de leer a Isabel Allende. La primera consiste en escudriñar los defectos de sus libros, exponerlos con lujo de detalles y enviarla a los quintos infiernos con una inapelable, satisfecha, fundada sentencia condenatoria. La segunda, parte de la premisa de que es legítimo pasar un buen rato leyendo sus narraciones, puesto que son entretenidas, no cuesta dejarse atrapar por ellas y poseen méritos que atraen al público masivo o a lectores más exigentes. Entre ambos extremos se ve difícil encontrar un término medio: hay quienes siempre la odiarán, en tanto otros se fascinarán ante cada nuevo título suyo. Con todo, es preciso reconocer que Allende presenta un dilema para la crítica literaria, al menos la chilena -no se conocen muchos comentarios del extranjero-, ya que su corpus exhibe una tendencia al zigzagueo. Indudablemente, ha escrito ficciones destacadas, pero también ha producido obras apresuradas y problemáticas. Quizá ello se deba a la obligación de sacar más o menos un libro por año, impuesta a los autores de best sellers internacionales; bajo tales circunstancias, parece imposible mantener una calidad pareja.

El cuaderno de Maya , su última entrega, pertenece al grupo de textos menores de Allende, esos que tal vez fueron concebidos sin mayor revisión, un poco a la carrera, a ratos carentes de prolijidad, sea porque lleva bastante tiempo imaginando historias desbocadas, sea porque, ya lo dijimos, es impracticable publicar relatos bien logrados con forzada periodicidad. Bajo esta óptica, resulta fácil, demasiado fácil resaltar los inconvenientes de El cuaderno... : lagunas, incoherencias, exageraciones, simplificaciones, inexactitudes, clichés y otra serie de faltas. Sin embargo, si leemos sin detenernos las 400 y tantas páginas del guiñolesco y tremebundo romance, hay razones de peso para decir que Allende conserva la inspiración, mantiene el interés de sus seguidores y, en conjunto, el volumen tiene buenos momentos.

La acción transcurre en la actualidad y a medida que avanzamos, se remonta al pasado reciente de Chile, en concreto la dictadura militar y las décadas posteriores. "Esta Maya me ha hecho sufrir más que ningún otro de mis personajes", nos dice Allende a propósito de la heroína y sobran motivos para creerle. A los 19 años, la joven huye de Berkeley, California, a una isla perdida en el archipiélago de Chiloé, perseguida por la mafia, el FBI y una surtida gama de enemigos. Criada por su abuela y el segundo marido de ésta, un fascinante astrónomo afroamericano, con un padre ausente, la chica cae muy luego en el sendero de la perdición. Ya en el colegio se aficiona a las drogas, el alcohol y el sexo irresponsable, pero eso no es nada en comparación con lo que le aguarda en Las Vegas, donde experimentará las formas más abyectas de dependencia y será víctima de criminales desalmados.

En la casa de Manuel Arias, ex preso político, amigo de la familia, Maya lleva un diario de vida, cuya exposición verbatim contiene las aventuras que vamos leyendo. El procedimiento es dudoso, ya que no es creíble que una adolescente, aunque muestre una formidable capacidad idiomática, posea el lenguaje y los recursos para componer El cuaderno... . Si tragamos el anzuelo y numerosas trampas adicionales, podemos viajar sin sobresaltos desde los horripilantes callejones del vicio hasta los bucólicos paisajes chilotes.

Entre unos y otros, los contrastes son excesivos, terminales. Como Allende es inteligente, se da maña para hallar bondad y abnegación en los peores antros delictivos y prácticas nefandas al interior de comunidades en las que sólo hay bondad, perfección, armonía. En rigor, ha estudiado la geografía, el folclore, la mitología, la música, la religión, la comida y todo cuanto se pueda saber sobre la Isla Grande y las bahías, ensenadas, bosques de la celebrada provincia de Chiloé. Los malpensados opinarán que estos capítulos se acercan al folleto turístico. No obstante, y pese a un grado de complacencia, el pretexto de que una extranjera describa tantas maravillas, sirve para que aprendamos originales costumbres de nuestro país, ausentes en el resto del mundo.

El cuaderno... genera un nivel de impaciencia por los lugares comunes y las generalidades políticas de la trama. Aun así, en su mayor falla reside, curiosamente, su gran virtud: "No se puede prescindir del melodrama, que a fin de cuentas es más interesante que la normalidad", piensa la protagonista. Y vaya que es cierto.