Falsa regresividad

FERNANDO ATRIA  Señor Director:

El señor Williamson en carta publicada ayer dice que es "obvio", y que "nadie discute" que es problemático un sistema educacional en el que se segrega al más pobre. Pero después defiende políticas de financiamiento compartido que han constituido la matriz de la educación escolar y superior durante las últimas décadas. La pregunta es: ¿cómo puede haber financiamiento compartido sin segregación del sistema? El que defiende el financiamiento compartido debe decir que la segregación no es problemática.

Luego, él sostiene que "A mis alumnos de primer año de economía les enseño que el uso de los impuestos generales como fuente única de financiamiento de los estudios superiores y que llega por igual a ricos y pobres, o sea educación gratis para todos... es una pésima política por ser regresiva, o sea inequitativa". Pero no veo cómo su confesión de que adoctrina a sus alumnos de primer año es un argumento válido en el debate público. ¿Si el rico paga 100 y el pobre paga 10 y ambos reciben 55, dónde está la regresividad?

Uno esperaría que en la discusión sobre educación los que proponen una política estén dispuestos a defenderla asumiendo y no negando sus consecuencias. Permitir el uso del dinero privado para financiar educación implica segregación en la educación, en un sentido que debería ser especialmente obvio para los economistas. Mientras más significativo es el gasto privado, mayor segregación. Por consiguiente el que defiende una política que descansa en el gasto privado debe argumentar que la segregación no es un problema, o que no es grave. Pero en vez de eso quienes defienden distintas formas de financiamiento compartido creen que pueden hacerlo y al mismo tiempo decir que es "obvio" que la segregación es un problema.

Lo que resulta incomprensible es la ingenuidad de los que creen, o dicen que creen, que una vez que un sistema educacional ya está segregado, como consecuencia de políticas de financiamiento compartido, entonces será posible intervenir en beneficio del que no tiene y "financiar con becas y crédito una educación de igual calidad a la que recibe aquel que sí la puede pagar". En Estados Unidos esto se llamó la doctrina de "separados, pero iguales": escuelas para blancos y escuelas para negros, pero de igual calidad. En Chile es: escuelas para ricos y escuelas para pobres, pero de igual calidad. Pero desde al menos cincuenta años que ya nadie discute que la doctrina es falsa, porque la segregación implica desigualdad.

FERNANDO ATRIA
Profesor, Facultad de Derecho 
Universidad Adolfo Ibáñez
 


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