lunes 11 de julio de 2011  
 
En camino al Chile 3.0
 
Si el país no cambia, el switch se estancará. La nueva vuelta de tuerca viene de la mano con la propiedad intelectual, detener la parcelación de la tierra, impulsar e invertir la investigación local, eliminar rigideces laborales. Tareas difíciles, pero no imposibles.  

Patricia Vildósola Errázuriz 

Hace  poco   menos de 35 años los agricultores nacionales decidieron aprovechar las ventajas comparativas del país -contraestación y condición de isla geográfica libre de plagas, entre otras- invirtieron, trajeron innovaciones y variedades e incorporaron tecnologías. Salieron a ofrecer sus productos, acompañados por el gobierno que abría mercados, acordaba protocolos fitosanitarios y daba facilidades económicas o tributarias para convertirse en exportador. En el camino Chile se convirtió en un proveedor de alimentos para el mundo y el agro se convirtió en el tercer generador de ingresos a nivel nacional, después del cobre y la celulosa.

En sus inicios la carrera exportadora estuvo liderada por las frutas -principalmente uvas y manzanas-, que partieron primero a granel y luego se sofisticaron, cambiaron de embalajes, ampliaron sus horizontes y sumaron nuevos formatos. Pronto se sumaron vinos, salmones, alimentos gourmet y procesados. En los últimos años ganaron espacios la leche y sus derivados y las carnes, rojas y especialmente  las blancas.

Los productos chilenos comenzaron a ser reconocidos en el mundo. Trajeron de vuelta nuevos ingresos, dieron más trabajo y cambió la cara de muchas zonas rurales y también urbanas. Y, de paso, establecieron un modelo que ya imitan otras economías. Sin embargo, hoy ese modelo está cansado; al menos ya no fluye con la misma facilidad y resultados y parece necesitar con urgencia una vuelta de tuerca.

Es que con el éxito agroexportador llegó un mayor bienestar económico y el país comenzó a modernizarse. Pero con ello también comenzaron a cambiar las condiciones y, de paso, a disminuir las que habían sido las ventajas competitivas.

Los trabajadores del campo comenzaron a optar por labores en el retail, escaseó la mano de obra y aumentaron sus costos, junto con los de la energía y otros insumos. En el intertanto la economía del mundo también cambió. Países que antes eran emergentes, como China, India y Brasil, se convirtieron en potencias y grandes consumidores. Los compradores tradicionales, Europa y EE.UU., entraron en crisis y sus monedas se devaluaron. El dólar, la moneda más usada, comenzó una caída libre hasta quedarse rondando -con intervención del Banco Central incluida- los $470 que tiene por estos días.

El resultado es que si bien Chile es líder en el mundo, se ha convertido en un país de producción "caro", es decir, con un dólar, moneda en que se paga la mayor parte de los envíos, bajo y con costos, que se financian en pesos, altos. La raya para la suma es la pérdida de competitividad.Y en mal momento, pues países hasta hace unos años impensados, están convirtiendo al agro en alguno de sus caballitos de batalla para conquistar mercados.

Y si bien en la actualidad hay muchos sectores del agro que están bien -como los cereales-- también es cierto que están bajo un ciclo de altos precios que no se sabe cuánto puede durar.

Entonces, está claro que al país le llegó el momento de cambiar el switch con cara al 2020 o 2030. Es imperativo dar un nuevo salto para alejarse de esa competencia que nos muerde los talones y poder volver a crecer. Porque si el sector no actúa, el salto será hacia atrás. La incógnita es qué se tiene que hacer.

"Creo firmemente que el mundo sigue con una demanda creciente de alimentos. Tenemos una oportunidad como país agrícola y como exportador de alimentos reconocido internacionalmente como confiable y seguro. Eso es un capital que no podemos desaprovechar", dice Darío Polloni, gerente general de Copeval.

Hay conciencia en el sector, especialmente entre los que hoy están complicados como la fruticultura. Recientemente trabajadores y empresarios de todas las áreas relacionadas directa e indirectamente con el agro se juntaron a "Pensar Chile", lo que quedó plasmado en el expediente exportador    N° 7, liderado por Asoex.

Pero, las recetas escasean y son difíciles. Esto porque Chile ha avanzado en muchos de los aspectos y, entonces los espacios de cambio son acotados. Sin embargo, a poco de escarbar se descubren algunos que no tienen que ver con modificar el valor del dólar, volver a tener costos de mano de obra bajos, o disminuir el de la energía.

Lo importante es que el minuto de hacer los cambios es ahora.

"Si no los hacemos, perdemos. Hay un potencial tremendo para los productores de alimentos. Estamos en el minuto de tomar medidas, reinvertir y reinventarnos para poder volver a ganar fuerza", dice Luis Mayol, presidente de la SNA.

Visión, para descubrir

Una de las gracias de los agroempresarios chilenos ha sido su capacidad de anticiparse a las necesidades del consumidor y adaptarse rápido a ellas. .
 
"Hay que seguir esa senda de escuchar lo que quieren los consumidores y entregarles exactamente lo que necesitan. Hablamos de adelantarse en temas como logística, en empaque. Esto es lo que ha llevado a que se haya, prácticamente, eliminado la burocracia y los intermediarios, y tener hoy un Chile exportador casi del productor al supermercado. Hay que mantenerlo e ir más allá", recalca Polloni.

La visión significa también casi adivinar lo que ese consumidor querrá: encontrar nuevas frutas y estar atentos a las nuevas tendencias que hay que incorporar antes de que se conviertan en cultura. No sólo en productos, también en formas de consumo, en nuevos hábitos y en aspectos como sustentabilidad, protección de los trabajadores. Es decir, que cuando llegue la micro no nos pille desprevenidos y nos quedemos en el paradero mientras el resto se sube.

En algunos ámbitos eso ya ocurre. Es el caso de los cultivos transgénicos. En Chile, por una falta de legislación, pueden ser importados, reproducidos para exportación y, sin embargo, los agricultores no pueden cultivarlos comercialmente para el mercado interno. Y en visión también se trata de investigar los mercados ya abiertos y los por abrir. Y llegar mejor al mundo significa no tenerles miedo a los países que nos vienen siguiendo los pasos, sino al contrario, buscar cómo hacerles frente. "Hay que complementarse, asociarse. Eso nos hará más fuertes", sostiene Mayol.

Propiedad Intelectual, clave en el desarrollo

Pero, aún con visión hay otros aspectos que hoy hacen tambalear los resultados y que, si se encaran podrían convertirse en la garrocha para el nuevo salto. Uno de ellos es la propiedad intelectual.

"Que el país siga indeciso en esto es un punto débil. Tenemos que ser muy firmes en respetarla. Si no damos seguridades para el generador de variedades de plantas, cereales, semillas, semen, o lo que sea que tecnológicamente hoy requiere una protección de patente, no podremos tenerlos en el país", dice Polloni.

Y hay que considerar que la tendencia en el mundo es a cerrarse. Prácticamente todos los nuevos avances se están lanzando al mundo protegidos. Un ejemplo es lo que ocurre con los clubes variedades. Quienes no están en ellos, no pueden comercializarlas. Y como ellas son el futuro, no tenerlas es quedarse estancados.

"El mundo va a tener dos grandes mercados de productos alimenticios. Uno el de los productos tipo commodities, sin el valor agregado que implica la diferenciación. Y otro de los productos top, donde hay que pagar royalties, en el que nosotros tenemos que jugar. Por ello, lo importante es que a nivel internacional se tenga claro que aquí existe seguridad" recalca Polloni.

Está claro que hoy que la clave es diferenciarse, enfocarse en el mercado premium y, por sobre todo en el consumidor.

"Integración e innovación a objeto de "alejarnos" del producto y "acercarnos" al consumidor. Claramente, en el rubro carnes, y pienso que en otros rubros también, debemos cada vez enfocarnos a satisfacer las necesidades del consumidor final, a través de productos que representen soluciones o funciones (funcionales) de consumo, y tomar distancia del producto genérico o commodity. Debemos identificar nichos, por tipo de consumidores, por edad, por grupos étnicos", enfatiza Juan Miguel Ovalle, de la Asociación de Productores de Pollos y Cerdos.

La propuesta de Ovalle es que una empresa o un sector, actúe como "driver", como ocurre en el sector de las carnes blancas con Agrosuper.
 
"Es un gran impulsor de ideas y proyectos. Muchos se desarrollan en APA, y luego se traspasan a otras empresas. Ejemplos sobran, pero quizás el más reciente sea la exportación de carne de cerdo refrigerada (no congelada) a Corea y Japón, lo que ha permitido ingresar con productos al sector retail de esos países. Lo anterior, ha significado un tremendo cambio en precios, comparado con la exportación de carne congelada. Otro ejemplo, son los "muslos de pavo ahumado" que exporta Sopraval a Disney Tokyo".
Tan clave es la propiedad intelectual que ha sido un importante apoyo en el desarrollo de la potente industria semillera nacional. Transnacionales y empresas locales están invirtiendo fuerte en instalaciones -en Arica son un fuerte polo de desarrollo- para reproducir semillas en el período de contraestación y acortar así los períodos. Sin embargo, reconocen que desde las empresas madres están pidiendo que se fortalezca el sistema.

Investigar más

Con una propiedad intelectual adecuada, el país podrá invertir en el otro tema clave para el cambio de switch: la investigación.

En los últimos años ha habido intentos, privados, públicos y en conjunto, para que aumente. Los consorcios tecnológicos son uno de los ejemplos. El INIA también ha trabajado en el tema. Y las universidades con centros como el de Pomáceas, de la U. de Talca, han hecho lo suyo. Pero, los avances no han sido suficientes como para marcar una diferencia respecto de los demás. No hay desarrollos propios, como el kiwi gold o las distintas variedades de manzanas desarrolladas, por ejemplo, en Nueva Zelandia.

 Y si bien en la etapa anterior con eso bastaba, en la actual significa contar con productos que no entregan todo su potencial porque no están en la tierra o con la temperatura para la que fueron creados, o que no cuentan con las condiciones para los largos viajes que tienen por delante.

Aún más, si se desarrollan variedades exclusivas, serán otros los que pagarán royalties al país, es decir, el agro estaría generando nuevos ingresos.
"Se ha hecho, pero siento que ha sido débil, con poca participación del privado y con mirada corto placista. No veo que haya flujos de recursos, ni profesionales, ni centros de investigación que estén ciento por ciento mirando hacia el futuro", opina Polloni.

 Para algunos, no se trata sólo de invertir más en investigación, sino que hacerlo solucionando los problemas estructurales de costos, productividad y endeudamiento.

"Es vital avanzar en proveer de mayores recursos para la investigación, el desarrollo y la innovación en el sector. Pero esto no es posible sin los demás pilares. Todos los esfuerzos que se quieran hacer en esta área serán vanos si no se dota al sector, de holguras y mejores expectativas futuras. Sin esos elementos, es imposible pensar en innovar o crear nuevas variedades de fruta fresca para exportar al mercado internacional. De todas formas, cabe mencionar que el apoyo a los Consorcios Tecnológicos no puede reducirse por problemas presupuestarios de corto plazo. Esta es una inversión que debe mirarse con sentido de largo plazo. De otra forma, serán esfuerzos que no verán sus frutos", dice Ronald Bown, presidente de Asoex.

Productividad, mucho por crecer

Efectivamente, el avance se debe dar en los distintos ámbitos en conjunto. Y uno clave es el de la productividad.

"La solución en gran medida se encuentra en mejorar la productividad de cada uno de los factores de la producción agropecuaria primaria (materias primas), secundaria (procesamiento) y terciaria (servicios). El mejoramiento de la productividad de la tierra, el capital, el trabajo (sobre todo), la tecnología y la capacidad empresarial son determinantes para que el sector continúe creciendo y consolidándose", dice el empresario y consultor Plutarco Dinamarca.

Los chilenos nos ufanamos de ser los "campeones del mundo" en rendimiento de varios cultivos. Y es cierto. Pero no se saca mucho sí los que alcanzan esos altísimos volúmenes sean tan sólo unos pocos, mientras que la gran mayoría no alcanza la media, la calidad de lo cosechado no sea la adecuada, o que para hacerlo no se trepide en fertilizar más allá de lo conveniente.

"Si bien es cierto que en varios rubros, entre algunos productores, se alcanzan rendimientos récords mundiales (maíz, remolacha, arándanos, otros), la media es baja porque en el otro extremo encontramos rendimientos que incluso están por debajo del mínimo para pagar los costos. Mejorando la productividad de los factores se mejora como consecuencia la competitividad interna y externa y, por conclusión, la rentabilidad, otorgando estabilidad más allá de los vaivenes propios del mercado", explica Dinamarca.

Es decir, hay que conseguir que una hectárea de tierra, que de paso hoy es más cara, entregue un mayor rendimiento, de óptima calidad, con los mismos o menores costos. En Nueva Zelandia los productores lácteos lo hacen. En Uruguay, también.

"Vine por primera vez en 1988 al país y sigo viniendo. Esa primera vez fui a un establecimiento de leche, tenía 12 empleados y 300 vacas, y hoy sigue igual. Lamentablemente, nadie en el mundo puede decir que eso es competitivo. Además, el dueño tenía tres o cuatro asesores y no estaba involucrado en forma directa con el trabajo. En Uruguay para poder ver al dueño tengo que ir al campo, buscarlo entre las vacas", enfatiza Simon Adamson, consultor neozelandés.

Pasa en todos los sectores. "Hace doce años me sorprendía cuando entraba a viñas que tenían una tecnología ultramoderna, pero en la última fase de la línea había un montón de personas sacando las botellas, las metían manualmente en la caja y la sellaban a mano. Les pregunté por qué y me dijeron que era la cultura y era más barato. Hoy eso sigue ocurriendo igual en muchas viñas. Es decir, se mantienen culturas que, por ineficientes, resultan caras", comenta un experto agrofinanciero.

No es el único que lo piensa. "En Chile hay una dominancia total de ingenieros tratando de solucionar problemas de arriba hacia abajo. En realidad hay eficiencia en la parte industrial, financiera y comercial. Pero hay una tremenda ineficiencia a nivel de campo. En vez de empezar de arriba a abajo, hay que venir desde arriba y desde abajo y juntarse en el medio. Y ese es un tema idéntico en muchos países donde faltan canales para que la gente que esta en el campo pueda ir hacia arriba solucionando los problemas. Esto lleva a que se pierda mucho dinero por estupideces", agrega.

Al interior del sector se reconoce que hay avances, pero también pendientes.  Bown sostiene que algo que podría ayudar sería masificar el Sistema Integral de Medición de Avances en la Productividad (Simapro).

La fórmula, en los últimos tres años, permitió disminuir  las jornadas hombre, menores tasas de accidentabilidad y ausentismo, mejoras en la calidad, mejor ambiente laboral y aumento de los salarios en más de 30 campos.

"Ello, en su conjunto, ha implicado mejoras de productividad cercanas al 20 por ciento. Se deben propiciar nuevos sistemas productivos para algunas variedades e incluso traer y producir variedades más productivas, evitando que se mantengan plantaciones inviables en una perspectiva de mediano plazo", recalca Ronald Bown.

Para que esto sea efectivo, la propiedad intelectual sería esencial. Fue fundamental en el pasado, cuando, por ejemplo, Carolus Brown trajo la uva red globe adivinando que sería altamente demandada, y asegurando que contaría con la protección adecuada, lo que fue un verdadero empujón a las exportaciones de uva de la época. Sin embargo, la debilidad del sistema actual está llevando a que haya variedades -de frutas y otras especies- que no estén llegando porque los generadores consideran que la protección intelectual en Chile es débil.

De todas formas, no estaría mal una ayuda del Estado para manejar algunos elementos como los costos de la energía, por ejemplo, para poder liberar recursos que permitan a los empresarios volver a invertir con fuerza.

"Hay que abordar la estructura de costos de una industria tan intensiva en mano de obra como la fruticultura. Hoy más del 65% de los costos es remuneraciones y otra buena parte es energía, lo que deja muy poco espacio para márgenes, nuevas inversiones e innovación. En este sentido, se requiere eliminar el sistema de horas punta para la agricultura, ya que esta no puede modular su consumo energético, el cual está concentrado en los meses de verano y abril. Y la segunda, es enfocarse en una matriz energética costo-efectiva, ya que la actual resulta a todas luces muy onerosa para el sector y para el país. Es urgente avanzar en esta línea para reducir costos y darle un nuevo impulso a la productividad de la economía", enfatiza Bown.

Rigideces laborales que limar

Con el avance agroexportador Chile se fue acomodando a las exigencias de los compradores y adecuó sistemas de seguridad social y salarios. Los trabajadores comenzaron a tener mejores condiciones laborales y pudieron, además, ganar remuneraciones más justas y mayores

Pero, si bien han habido mejoras, el tema laboral sigue siendo uno de los escollos que complica al sector.

Por un lado está la legislación laboral, que fue dictada para la ciudad, con sus horarios y sistemas que no dependen de los ciclos biológicos de un ser vivo, como son las plantas.

"Todo el ámbito laboral es también un cambio estructural que requiere la agricultura chilena. Hoy hay trabajo y las condiciones las impone el trabajador. Si a un campo llegan temporeros y no les gustan las escaleras, los tipos se van. Esto ha llevado a  mejoras positivas en todos los ámbitos que significan que un empresario ya no compite sólo con un mayor sueldo, sino con todas las otras condiciones que involucran al trabajador, porque si a éstos no les gustan los baños, busca los campos que sí los tienen en mejores condiciones, por ejemplo", recalca Polloni.

Otro gran cambio es que hoy en día los trabajadores ya no quieren trabajar de planta. Prefieren la libertad, por ello incluso a los contratistas les cuesta retener la gente. Tanto así es que en zonas como Los Andes, los trabajadores están exigiendo que se les pague al final del día, porque no tienen seguridad de que al día siguiente querrán volver a ese mismo lugar.

El otro gran problema es la escasez de mano de obra.

Con el avance de la modernidad los trabajadores del campo prefirieron la ciudad, aún cuando ello signifique pasarse horas de pie en una gran tienda o supermercado, incluso por menos ingreso. Sienten que la dureza de las horas al sol le resta calidad o prestigio.

Además, la fruta comenzó a ganar espacios en otras zonas del país. Manzanos en la IX Región o arándanos más al sur, permitieron que trabajadores locales que antes viajaban a la zona central o al norte, ahora se quedan trabajando en sus tierras.

Desde hace un tiempo que se insiste en que se genere un sistema que permita incorporar trabajadores extranjeros. La idea hasta ahora no ha avanzado. Sin embargo, si se hubiera contado con una legislación adecuada se podría haber evitado una situación como la de Francisco Javier Errázuriz y los trabajadores paraguayos.

"Los trabajadores inmigrantes es un tema no resuelto. Hay que legislar y aceptar que se trabajará con inmigrantes de todas partes de la región. Es lo que pasa en todas las agriculturas del mundo. Y por eso tenemos que tener una legislación que regule. Ya deberíamos estar trabajando en eso", enfatiza Polloni.

El problema es que el país no se a dado cuenta de estas grandes tendencias y no se han tomado las medidas para adaptarse a ellas.
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En los últimos años el tema viene resonando: para lograr dar un nuevo salto hay que incorporar a la carrera exportadora a los pequeños. Son ellos los dueños de la mayor parte de la tierra del país. Está funcionando, liderado por Indap, especialmente en sectores frutícolas. El tema no es tan claro en los cereales, donde sería clave, pues se trata de que el productor cultive lo que el industrial necesita, para lo cual éste le entrega todos los parámetros.

Adamson recomienda mirar lo que hizo la industria forestal. 

"A principios de los 80' Chile no era una potencia forestal. Había deudas, tecnología antigua, pequeña escala. Hoy en día produce casi el 8% de la celulosa del mundo y sólo desde tres regiones del país. El éxito es por su integración vertical. Chile ha tenido un éxito impresionante, porque Arauco Masisa y CMPC controlan desde la genética de las plantas hasta el comercio final. Los números muestran este cambio en menos de 20 años, con algo de ayuda del Estado en término de subsidios. A lo mejor es lo que el Gobierno tiene hacer, ver dónde poner recursos para mejorar las escalas productivas, porque Chile tiene poca tierra. Uruguay no tiene tampoco superficie, pero produce la misma cantidad de leche que Nueva Zelandia. Entonces, no es sólo problema de escala".

En el país ha pasado casi desapercibido, pero es un tema que para algunos sería clave solucionar para poder mejorar los resultados: que aumente el tamaño de la propiedad agrícola. Como explica Dinamarca, según la especie que se trate, siempre existe un tamaño mínimo de la propiedad necesario para que el cultivo sea rentable.

"Esta es una área donde se puede hacer algo, reconociendo que el financiamiento a 20 años que está otorgando ahora el BancoEstado ayuda. Tiene que haber un incentivo para crecer. Y por otro lado, en Chile está la ley de herencia que lo que hace es destruir empresas familiares y dividir la tierra. En otros países, como Perú o Colombia, se privilegia que se venda entre los integrantes familiares. Hay que poner incentivos para no tener más mini fundos. Lo correcto es incentivar que no se siga dividiendo la propiedad", sostiene Polloni.

Contar con una sistema que proteja de forma adecuada a la propiedad intelectual puede hacer la diferencia para que el país se convierta en un exportador premium y se diferencie de la competencia.

Investigación nacional que genere productos propios es una alternativa para reposicionarse y obtener nuevos ingresos.

Incorporar las nuevas tecnologías que ya aparecen en el mundo y capacitar en sus usos son otras fórmulas.

 

Patricia Vildósola Errázuriz.

   
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