viernes 14 de octubre de 2011  
El guionista Guillermo Arriaga:
"Soy un animal sin domesticar"
 
El escritor y cerebro mexicano detrás de clásicos como "Amores perros", "21 gramos" y "Babel" viene a Chile para hablar sobre cómo escribir películas inolvidables. Indomable del cine, amante de la cacería y con experiencia callejera suficiente para crear universos únicos, Arriaga ha dado y recibido golpes. Se peleó con su ex socio, el cineasta Alejandro González Iñárritu, y defiende la idea del guionista como coautor de un filme. Este animal del cine anda suelto y listo para decir... "¡acción!".  

POR ERNESTO GARRATT VIÑES, ENVIADO ESPECIAL A CIUDAD DE MÉXICO.  Guillermo Arriaga estira el arco sin ningún esfuerzo. Es un arco profesional, pesado, con el que ha matado ciervos, jabalíes y más animales cuando ha ido de cacería, uno de sus hobbies preferidos. Arriaga, 53 años, calvo, con una mirada intensa detrás de unos anteojos discretos, estira su brazo hacia atrás, la cuerda se mueve entre las poleas de un duro engranaje como si nada. Cierra un ojo y apunta, pero no hay blanco a la vista. Estamos en la biblioteca de su casa, acá en Ciudad de México, rodeados de libros, películas; no hay bestias ni fauna, salvo las cabezas disecadas de algunas de sus presas sobre las paredes; trofeos de guerra en esta selva que ahora él parece imaginar mientras toma su arco. "Pues las he cazado yo mismo", dice Arriaga, nominado al Oscar (por la cinta "Babel" de 2006), ganador de Cannes ("Los tres entierros de Melquíades Estrada" de 2005) y pronto a aterrizar en Chile este 28 y 29 de octubre para dar charlas sobre su oficio, en la misma senda que lo hizo en nuestro país Robert McKee, el gurú de los guionistas, en 2009 y 2010. 

Pero a diferencia de Robert McKee, un charlista sin obra ni premios -lo que no le quita méritos, sólo marca una diferencia-, Arriaga es, además de teoría, práctica, experiencia. Un artista con suficiente kilometraje para ejemplificar con sus propias obras las soluciones y métodos para escribir una cinta. "Lo que voy a dar son ejemplos de mis películas y cómo resolví tal escena. Quiero mostrar algo así como 'aquí tuve un problema y así lo solucioné'. Tengo ejemplos de '21 gramos', de 'Los tres entierros...', de 'The Burning Plain'. De todas mis películas puedo decir 'esto es lo que hizo funcionar esa escena y esto no"'. 

Cazador empedernido (las pruebas están a la vista), camorrero (perdió el sentido del olfato en peleas callejeras a los 13 años), alma sensible, deportista en sus años mozos y trotamundos, se define como un rebelde incluso ahora que el éxito y el mainstream tocan a su puerta. Estar frente a Guillermo Arriaga es como estar frente al escritor Ernest Hemingway: tipo rudo, peleador y alguien que no quieres que sea tu contendor en un ring de boxeo.

Y desde el corazón mismo donde Arriaga, en el caos, tráfico y locura del DF mexicano, tiene su fortaleza, donde piensa, crea y escribe sus proyectos, este mexicano se sienta y comienza el desordenado "ordenado" relato que lo ha llevado a ser quien es.

Esta no es una conversación lineal, como tampoco lo son sus películas. Hay saltos temporales, cruces, idas y vueltas. "Bueno, tengo déficit atencional, me lo detectaron ya de adulto; fue el médico de mi hijo mayor", dice para justificar un estilo "no lineal", azaroso, osado, que comenzó en 2000 con "Amores perros" (una cinta con tres historias cruzadas, como un puzzle, en el México contemporáneo) que siguió con "21 gramos" (con estrellas americanas como Sean Penn) y que no ha parado hasta la fecha, ni con su debut en la dirección de "The Burning Plain", de 2008 (con Kim Basinger y Charlize Theron), y que promete más éxitos con un futuro y ambicioso proyecto que se iba a confirmar ayer y que incluye a Quentin Tarantino, entre otros. 

"Escribir siempre me permitió ordenar todo el caos que tenía desde niño", recuerda. Él lo resume así: "Siempre estuve obsesionado con las mujeres. De niño era muy tímido así es que les escribía cartas y así empecé a ordenarme", recuerda uno de los guionistas (él odia esa palabra, guionista, pero después dirá por qué) latinos mejor instalados en la industria hollywoodense.  

Así, sin pensarlo, comenzó todo: "Decir las palabras no tiene ningún peso. Si las escribo ya no las puedo borrar y me puedes exigir lo que aquí estoy diciendo. Las palabras escritas permanecen; las palabras dichas se pueden negar, contradecir, pero las escritas, nunca". 

Fueron los primeros intentos de cazar -amores, atención- de un cachorro curioso. "Ya sabes cómo es esto del amor. A veces funciona, a veces no. Pero empecé a darme cuenta de que la escritura era algo en lo que me sentía cómodo y desde niño les dije a mis papás cuatro cosas que quería ser: deportista profesional, escritor, actor y director". 

Dos de cuatro no está mal. Y Arriaga lo sabe. Se toca el hombro. "Me jodí este hombro por abrir ese arco tantos años, tengo el hombro separado, completamente roto. Y luego, con los disparos no me puse protecciones y me sangraban los oídos. Tengo un problema en los oídos con los disparos de joven. Son mis excesos. La gente cree que tomar es el único exceso que puedes tener, pero no (...) Estuve mucho en la calle acá en el DF. Todo el día. Llegaba de la escuela y, vamos, a la calle. No era un barrio popular, era un barrio de clase media, pero era de pelearse mucho, queda al sur de la ciudad. Se llama Unidad Modelo si tienes curiosidad por ir a conocerlo". 

Eran los días de Arriaga libre, sin domesticar. 

MÉXICO LINDO. Para ingresar a la residencia de Guillermo Arriaga, hay que pasar un estricto control. Dos guardias revisan la cajuela del taxi; otro guardia en camioneta nos guía hasta su casa. "Te pido cuidado con las fotos, por seguridad", dice el escritor, guionista, productor y director de cine. La seguridad en México es un tema. Por ejemplo, Guillermo del Toro, director de "El Laberinto del Fauno", decidió irse de su país. "Guillermo se fue por una razón muy particular: secuestraron a su padre", dice Arriaga. 

"Yo me alimento de este país, no podría irme, y donde voy de cacería es territorio narco, súper peligroso", cuenta sobre una rutina habitual en su vida: estar entre la naturaleza, el follaje, con arco en mano, apuntando, como un animal de caza detrás de su presa, aunque no puede oler a sus víctimas porque su sentido del olfato ya no existe. 

"Voy entre seis y ocho veces al año. Y conozco las carreteras. Y sí, hemos vivido momentos muy duros. El otro día nos han parado unos policías municipales en un pueblito. Nos preguntaron: 'Quiénes son'. Se bajaron. Llamaron por radio y nos tuvieron casi tres horas parados. A algunos cazadores les pasó lo mismo y los ejecutaron. Y las preguntas que hacen son: '¿Y quién eres?, ¿dónde vives?, quiero ver más información, ¿y dónde trabajas?'. Y se pone tensa la cosa y tienes que mantener la calma. Yo les digo: 'Y voy a cazar'. '¿Y cómo compruebo eso?', me dicen. Tienen miedo de que seas del otro bando. La otra vez me dijeron: '¿Y qué anda trayendo?'. 'Un arco' le respondí. Y me dijeron: '¡¿Quién es narco?!'. Y tuve que decir: 'No, no, arco como de los indios"'.

Una de las lecciones que podrán escuchar los asistentes al curso de este talento mexicano tiene que ver con esta intensidad vital. Arriaga, dice, nunca hace investigación sobre lo que escribe, nunca hace biografías de sus personajes, ni sale del -amplio- cuadrante que conoce bajo el concepto de "vida". Es decir, sólo escribe de lo que conoce y muy bien. "Mis películas no son biográficas, pero sí tienen que ver conmigo directamente".

¿Cómo se comprueba semejante aseveración? Él lo explica juntando ficción y realidad. Películas con su vida. "Yo tenía un perro que se llamaba Cofi, se me escapaba siempre y ahí donde vivíamos se peleaban perros. Un día un perro ganó y estaba con la sangre caliente, entonces el dueño dijo: 'Que mate al perro de Guillermo'. Por diversión. Y nada, que mi perro lo mata. Y esa es la historia de "Amores perros" que tiene a Gael García".

Y sigue: "Tuve una infección al corazón, al pericardio, de eso habla '21 gramos"', dice sobre una película con Sean Penn como un hombre con un corazón enfermo y con un título que habla del peso que pierde el cuerpo cuando deja de existir. "También siendo niños les disparaba a los carros en el desierto para ver si era cierto que las balas llegaban lejos, que es lo que se puede ver en 'Babel' con los dos niños en Marruecos... Todas tienen que ver con un momento mío y cosas personales".

Pero Arriaga hace hincapié en algo: él no necesita ir a Marruecos o Japón para escribir sus historias. "Eso que hacen otros colegas, pues yo no lo sigo. Tengo un método, claro, pero no hago una investigación acuciosa cuando ya conozco de qué quiero hablar. Y cuando en 'Babel' aparecieron esos niños disparando, muchas personas de esas latitudes me celebraron el realismo de esas escenas y jamás he puesto un pie allí". 

Sobre el trabajo de Guillermo Arriaga hay muchos supuestos. Que escribe con una técnica de precisión en un organigrama para no perder el hilo de sus complejas historias. "Sólo escribo así porque me sale", resume. Y de hecho, en el nevado Festival de Sundance se quedó helado, y no por el frío, cuando un escritor y cineasta brasileño le hizo este comentario: Que el filme de "Amores perros" estaba lleno de improvisaciones. "Yo le dije: 'No hay ninguna improvisación. Todo eso está escrito'. Él no me creyó, pero todos esos diálogos que parecen naturales están escritos. Ese es mi trabajo".

AUTOR SIN DOMESTICAR. Arquitecto de la naturalidad, Arriaga tiene el don de la observación y el mejor don de poner esa observación en el papel como parte de la vida misma. Y la vida, con sus sucesos, sus accidentes, siempre le toca a su puerta. Los giros inesperados, las sorpresas, con sus dosis de tragedia y brutalidad -¿casi animal?-, están siempre ahí para él, como para sus personajes. Y qué mejor ejemplo es "Amores perros". "Esa película no fue lo primero que escribí, pero sí lo primero que se filmó. Yo tuve un accidente de carretera, tenía 26 años, entonces estaba escribiendo tres películas que tenía la intención de dirigir (...) Alejandro González Iñárritu leyó eso y se interesó en mi trabajo a partir de eso. Eso fue en el año 96, 97, más o menos".

-¿Qué accidente tuvo?

"Nos caímos a un barranco profundo en una camioneta. Yo estaba durmiendo. Esto que tú ves -y se toca la nariz- es mi paladar. La parte de atrás me la quitaron para reconstruir mi nariz, ahora está completamente reconstruida. Pude haber muerto, tuve amnesia. Y fue un choque muy duro. La caída libre fue como de 10 metros y luego a rodar". 

-¿ Tuvo amnesia mucho tiempo?

"Era muy chistoso. Yo vivía solo y a veces me preguntaba '¿voy a la cocina o vengo de la cocina?'. A mi hermana la llamaba tres veces para decirle '¿qué me contaste?'. Iba gente a visitarme y yo preguntaba '¿por qué no me visitaron?'. 'Pero sí vinimos ayer', me decían".

-Hablando de memoria, en Wikipedia los datos sobre usted son inexactos y usted siempre trata de cambiarlos.

"Los he corregido tantas veces, por ejemplo, ahí dice que 'Amores perros' está basado en 11 historias.... por favor, simplemente son tres... la película de 11 historias se llama "Fuego Lento". No sé de dónde sacan y si alguien lo puso ahí fue de mala leche... porque desde el principio lo pensé en tres historias. Porque tuve el accidente y me inspiré para contar qué me sucedió antes del accidente -que es la historia de Gael-, que me pasó durante el accidente -que es la historia de la modelo- y qué me pasó después del accidente (...) Y esa propuesta no viene de la intelectualidad, viene de las vísceras, de la vida. No viene de los libros, viene de lo que me pasó a mí. Son cosas que las puedo explicar porque me pasaron a mí". 

-Se ha dicho que "Amores perros" es el germen de un nuevo cine mexicano. 

"No puedo sentirme padre, pero sí parte del grupo que provocó un cambio. Creo que ayudó al cine latinoamericano a ganar más confianza en sí mismo. Y mira que hubo gente que no creyó en ella. Horas antes de que se estrenara 'Amores perros' me junté con un escritor y le dije 'Oye ¿por qué hiciste tantas concesiones con lo que escribiste?' y me dijo: 'Porque yo quiero llegar a Hollywood. Mientras a tu peliculita de arte de perritos la van a ver 40 mil personas, la mía va a ser un éxito'. 'Bueno', me dije, 'pero al menos estoy tranquilo porque no hice concesiones'. Es una película sin ninguna concesión; lo que yo quise contar como escritor está ahí. Y creo que Alejandro (González Iñárritu) lo hizo maravillosamente. La gente estaba ansiosa de ver un cine que los tocara, auténtico, que tuviera que ver con nosotros. Se dieron cuenta que si contábamos nuestras historias nos iba a ir bien".

-Antes ha dicho que no le gusta que le llamen guionista... ¿puede explicar más el punto?

"Es que la palabra 'guionista' es peyorativa. La palabra 'guión' significa ser guía... ¿una guía de una película? Es como si tu obra fuera nada. Antes se llamaba 'libro cinematográfico', ¡¿En qué momento pasó a ser guía?! Es como que si alguien no dirigiera eso, no va a ser una obra de cine". 

-¿El autor de la película vendría siendo el director, el autor del libreto?

"Yo creo que hay varios autores en la película. El otro día (el cineasta Carlos) Reygadas decía que el autor de una película era como Miguel Ángel con la Capilla Sixtina. Bueno y qué tal si por ahí hay alguien que le dice cómo pintarla ¿Ese alguien es también autor? Yo no creo que haya una sola autoría". 

Disconforme eterno, siempre va contra la corriente. Sabe que decir que es un cazador, por ejemplo, resulta provocador en estos tiempos de corrección política. "Me gusta ir contra la corriente. Por eso no fumo, ni bebo, ni nunca me he metido droga, no he estado borracho", dice un creador que defiende a brazo partido el derecho a no contar historias en serie. 

"Cuesta que Hollywood crea en historias más atrevidas", dice, pero también sabe que allí ha encontrado aliados cruciales para su ópera prima como director, "The Burning Plain": "Fue uno de los momentos más altos de mi carrera. Yo te lo juro, llegaba al set y era el hombre más feliz del mundo en lo profesional. ¿Quién en su primera película dirige a Charlize Theron y a Kim Basinger? ¿A quién en su primera película le dejan hacer la historia que quiere y escoger el corte final, y al editor que más ha admirado... a los actores? ¿En Hollywood?"

"Trabajé con dos de los productores más importantes de la historia de Hollywood, Walter Parkes y Laurie MacDonald... inventaron la franquicia de 'Hombres de Negro', hicieron 'Gladiador'. Tuve a Robert Elswit de fotógrafo, que se ganó el Oscar por 'Petróleo Sangriento'. Luego se tuvo que ir y tuve a John Toll que se ganó el Oscar por 'Corazón Valiente' y por 'Leyendas de Pasión'. Descubrí a Jennifer Lawrence que ahora estuvo nominada al Oscar, pero no la descubrí, nadie descubre a nadie...".

Pero a pesar de todo, a pesar de este coqueteo y contacto con las grandes ligas, Guillermo Arriaga sigue pensando que es un animal libre del cine, ni manso ni sometido. "Eso sí que no. No quiero estar domesticado. Nunca he sido un ser domesticado y cuando me quieren domesticar, me peleo. A mí no me gusta que me digan qué hacer, no me gustan que me pongan normas, nada".

Arriaga funciona sin cortapisas, siguiendo su olfato aunque no lo tenga y lo haya perdido entre tanta pelea callejera. "Puedes decir que perdí el olfato, pero gané el gusto. Lo tengo hiperdesarrollado, yo puedo oler con la boca porque desarrollé más el sentido del gusto".

Y lo dice uno de los guionistas con mejor gusto -fílmico- del cine actual.
 La pelea con González IñárrituConocido es su distanciamiento con el cineasta Alejandro González Iñárritu por el reconocimiento de autoría en los tres filmes que hicieron juntos "Amores perros", "21 gramos" y "Babel". 

"Desde que conocí a Alejandro le dije que pensaba que un escritor tenía tanto peso como un director. Y llegamos a un acuerdo de que en la película íbamos a aparecer los dos. Eso no se reconoció y a partir de ahí comenzó una distancia".

-Se pelearon por el reconocimiento.

"No, no, pero fue un acuerdo. Yo iba a dirigir 'Amores Perros'. Le dije: 'Esta es una cosa muy personal, te la entrego siempre y cuando haya este acuerdo'. Él me dijo sí claro. Fue un acuerdo de caballeros que desafortunadamente no salió en el contrato. Íbamos a ser como los hermanos Coen".

-¿Por qué después siguió trabajando con él?

"Mira, sigues trabajando porque los bebés salen bonitos, las películas salen bien".
El curso de guiónMario Velasco y Patricio Lynch son los productores del curso de guión que Guillermo Arriaga hará en Chile el 28 y 29 de octubre. Estas charlas magistrales son parte de una gira que lo llevará a hacer lo mismo en México, Londres y Colombia. Salón Fresno Centro de Extensión UC. Informaciones en www.magallanica.com. Fonos: (569) 8901 9968 /(562) 948 3704.

POR ERNESTO GARRATT VIÑES, ENVIADO ESPECIAL A CIUDAD DE MÉXICO..

   
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