ENTREVISTA EXCLUSIVA Sus recuerdos a los 85 años:
Malitte Pope y las aventuras surrealistas de Matta

Penúltima esposa de Roberto Matta, esta refinada bostoniana que vivió quince años con él y le dio dos hijos, comparte por primera vez sus recuerdos con un medio de prensa. Malitte ejerció un importante rol en la vida de Matta y aún se desempeña activamente en el medio cultural francés.  

Marilú Ortiz de Rozas Desde París 

Sencilla y distinguida a la vez, culta y chispeante, Malitte Pope se reconoce de lejos por unos intensos ojos azules, que no han perdido ni un ápice de su inteligencia y belleza. Los mismos que hipnotizaron a Roberto Matta, hace 57 años, en Italia. Malitte tenía 28 años y se encontraba en exilio, ya que fue una de las primeras víctimas del macartismo, sometida a juicio por negarse a revelar la filiación política de los miembros del Cornell Jazz Club, al que pertenecía. Roberto Matta tenía 43, había regresado hace poco a Europa, tras su estadía en Nueva York, donde el grupo surrealista se refugió durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien Matta y Malitte estuvieron juntos hasta 1969, conservaron una gran amistad y complicidad. "Hasta el final de su vida, nos juntábamos a conversar, a escondidas, en uno que otro café", cuenta ella, aún instalada en la ciudad donde llegó del brazo de Matta: París.

Justamente, en un café muy parisino del Barrio del Once, donde vive, nos juntamos a almorzar. No es cualquier café. Se emplaza ante "el Muro de Oberkampf", asociación que ella misma contribuyó a fundar, en 2003. Inspirándose de la lógica de los afiches publicitarios, ofrecen este muro de 3 x 8 metros como espacio expositivo callejero a diversos artistas, y, cada quince días, renuevan su propuesta plástica, con grafitis, collages y las más diversas técnicas mixtas. Malitte conoce el oficio, fue también una de las creadoras del Centro Georges Pompidou, que abrió sus puertas en 1977 en el corazón de París, para albergar la primera colección de arte moderno y contemporáneo de Europa. "Inicialmente, muy poca gente creía en este proyecto", revela Pope, que formó parte del equipo que trabajó en la concepción del Pompidou, hasta su concreción y consolidación.

A primera vista

Roberto Matta conoció a Malitte Pope en Roma, un día sábado del año 1954. Tres días después la invitó a comer y el sábado siguiente se fueron a vivir juntos. "Como yo estaba en Italia con mi marido georgiano y Matta con una siciliana, la única alternativa era partir. Por eso nos vinimos a París", cuenta con picardía.

El prontuario sentimental de Matta ya era bastante nutrido. Se casó primero con la norteamericana Anne Clark, que conoció en Francia dos años antes de emigrar, en 1939, a Nueva York. Se separaron un poco antes del nacimiento de los gemelos Gordon y Batan, en 1943; en ese entonces Matta ya se había enamorado de Patricia O'Connors, una joven irlandesa, con quien permanece hasta 1948. En 1949 se empareja con la actriz italiana Angela Maria Faranda, madre de su hijo Pablo, relación que no dura más de cinco años, como había sido la tónica de todos sus compromisos anteriores, hasta la entrada en escena de Malitte.

"Matta, ante todo, era un gran seductor. Era muy inteligente, muy imaginativo y había tenido, gracias a los Padres Franceses de Santiago, una magnífica educación, lo que lo volvía muy interesante. A Matta lo marcó su formación. Sus conocimientos de historia, de literatura y de tantas disciplinas, le permitían aportar una reflexión continua, todos los días. Además era muy guapo".

Malitte asegura que conoce muy pocas personas que no hayan caído subyugadas ante el encanto de Matta. "Incluso Breton, que lo expulsó del surrealismo por 'ignominia moral' -luego del 'caso Gorky'-, terminó por reincorporarlo, porque en realidad lo adoraba. Era un placer almorzar con ellos dos".

El suicidio del pintor de origen armenio Arshile Gorky, ocurrido en julio de 1948, fue uno de los episodios más duros en la vida de Matta, porque se le acusó de haberlo provocado, debido a un supuesto romance con su mujer. Matta se defendió, argumentando que Gorky estaba deprimido a causa de un accidente automovilístico; pero el grueso del movimiento surrealista no le creyó y decidió expulsarlo. "Para él todo esto fue un shock", revela Malitte.

La familia

Malitte da a luz en 1955 a la primera hija del artista, Federica, que lleva el nombre de quien realmente cambió la vida de Matta: García Lorca. Lo conoció en Madrid, en la casa de Carlos Morla Lynch, que fue también alguien que le aportó mucho. "Carlos y su mujer, Bebé Vicuña, fueron muy importantes para Matta, porque le mostraron otra faceta de la burguesía. Sus padres eran gente muy educada y amable, pero no tenían curiosidad, ni libertad intelectual. A Matta le gustaba la aventura".

Cinco años después, nace Ramuntcho, el cuarto de sus hijos hombres. Con Malitte, Matta forma su familia, a la cual también se integran los gemelos, que pasaron largos períodos en París, y de vez en cuando, su hijo romano, Pablo.

"Anne, la madre de los gemelos, fue como una hermana para mí. En un momento se sintió sobrepasada por la crianza de Gordon y Batan, que además se llevaban muy mal con la nueva pareja de ella, y me los mandó a París. Era 1958, tenían quince años. Gordon, que era autónomo, después se devolvió a terminar sus estudios en Nueva York".

El caso de Batan fue diferente. "A él se le diagnosticó esquizofrenia, lo que en esa época era un gran misterio", precisa Malitte, que durante su juventud cursó estudios de Medicina. En París, Batan fue tratado con un neurólogo y se le administraban medicamentos en forma controlada, situación que se desordenó cuando regresó a Nueva York, con el lamentable desenlace que ya se conoce.

Por otra parte, Malitte fue un gran apoyo para Matta en el plano económico, ya que la situación de él entonces era inestable y bastante precaria. "Afortunadamente, nunca he tenido problemas para ganarme la vida e incluso obtuve mucho dinero gracias a lo que para mí era un pasatiempo de infancia: el diseño de vestuario".

A Malitte, de niña, la vestían con modistos privados y ella solía dibujar sus prendas. Proviene de una acomodada familia de Massachusetts, con una madre austríaca y un padre estadounidense, que incursionó tempranamente en la industria aeronáutica y era mestizo. Al parecer, tenía un abuelo negro. "No se sabe exactamente en qué momento de la historia se produjo el cruce de razas, esos temas entonces no se hablaban, pero eran bastante comunes en la sociedad norteamericana", cuenta riendo.

Malitte comenzó trabajando como diseñadora para Jacques Fath, pero a la muerte de él, dejó el puesto a su cuñado Serge Matta y ella se fue a la Casa Dior. "Serge siguió en el mundo de la alta costura. Fue el hermano de Roberto a quien más conocí, aunque los adoraba a todos, eran tan divertidos. Mario era un gran polero, no se sentía muy a gusto en París; Mercedes, mucho menor, encantadora. Eran también mi familia".

Casas y anécdotas

Malitte adquiere en 1953 una casa en la virginal isla de Panarea, al sur de Italia, la que restaura a lo largo de varios años y se transforma en un mítico enclave, donde se reúnen todos los amigos de la pareja. Posteriormente compran una vivienda campestre en Boissy, en las afueras de París, que también reconstruyen piedra a piedra, donde se instala la familia y el taller de Matta. Luego, progresivamente se trasladan a un pequeño departamento en París, cuando los niños entran al colegio.

A mediados de los sesenta viajan mucho a Cuba, donde participan en faenas agrícolas como en la formación de Casa de las Américas, y en experiencias artísticas colectivas. Ella es una mujer de avanzada conciencia social, cuyos ideales comulgaban con los de Matta. Incluso, según su hijo Ramuntcho, ella contribuyó a la formación política de él.

En 1967, Matta adquiere un convento en ruinas cerca de Roma, en Tarquinia, pero Malitte está cansada. "Él ya había conocido a la que fue su última esposa -Germana Ferrari-, ella tenía una gran situación económica y yo no tenía ganas de restaurar otra casa. Entonces le dije a Matta: hay que divorciarse", cuenta con humor.

No le causó gracia, sin embargo, enterarse que su matrimonio, celebrado en Francia, no tenía validez, por lo tanto no podía disolverse. Tampoco habría sido válido el con Patricia O'Connors, efectuado en Nueva York. En realidad, él nunca se habría divorciado de su primera mujer, por lo que todos sus enlaces posteriores sólo serían simbólicos. "¡Otra de sus aventuras surrealistas!", exclama Malitte, a cuatro décadas del incidente. Sin embargo, en muchas instancias ella sigue firmando "Malitte Matta".

"Matta fue una persona que amé profundamente y que respeté mucho como artista", recalca y declara que aprecia por igual las distintas épocas y etapas de su trayectoria pictórica. "La valorización que hacen algunos de un período u otro, son sólo cuestiones de mercado".

Ella sostiene que sigue en comunicación con Matta a través de su obra. No le gustan las conmemoraciones. "Aún más complejos son los centenarios de los amigos vivos y peor si son famosos, porque el asedio suele ser indecoroso", agrega. Y antes de despedirse, recuerda una última anécdota, que se refiere a ese legendario primer encuentro de Matta con Breton, instigado por Dalí y García Lorca. Aquella vez que Matta le mostró sus dibujos, y Breton, sorprendido, le dijo que era un surrealista nato, y Matta le preguntó qué era el surrealismo...

"En realidad, esa noche, Breton fue al café donde se reunían todos los surrealistas, en Saint-Germain-des-Prés. Y uno de los asistentes me contó que Breton les dijo tras el encuentro con Matta: 'Esta mañana vi unos dibujos absolutamente excepcionales, pero el tipo, pero el tipo, es un pelmazo'".

 


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<p>1957. La pareja durante la larga restauración de la casa de Panarea, isla del sur de Italia.</p>

1957. La pareja durante la larga restauración de la casa de Panarea, isla del sur de Italia.


Foto:"MATTA CARTAS A RAMUNTCHO"

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