Entrevista | Autora uruguaya
Inés Bortagaray, narradora en tránsito

Invitada por el Consejo de la Cultura, la escritora descubierta por Mario Levrero participó en los diálogos de narradores latinoamericanos de la Feria del Libro de Santiago.  

Pedro Pablo Guerrero 

El viaje en auto de una familia rumbo a las vacaciones en la playa, visto por una niña a comienzos de los años ochenta. La secuencia monocorde de los postes. El recuerdo de los dos peces de acuario que dejó encargados a la amiga en la ciudad. La música de José Luis Perales en la radio. Los ecos de la guerra de las Malvinas en el país vecino. La nuca del padre, que la protagonista -lectora de Mujercitas, aficionada a contar chistes y propensa a fugaces ideas apocalípticas- ve desde el asiento trasero, apretada entre sus tres hermanos que luchan por sentarse junto a la ventanilla.

Fuera de Uruguay, la nouvelle Prontos, listos, ya es el texto más conocido de Inés Bortagaray (Salto, 1975) junto con el relato "A la mesa", incluido en la antología El futuro no es nuestro , de Diego Trelles Paz y Daniel Alarcón, y en la revista "Zoetrope All-Story", fundada por Francis Ford Coppola. Su primer libro, el volumen de cuentos Ahora tendré que matarte (2001), apareció en una colección formada por Mario Levrero.

Los inicios como escritora de Inés Bortagaray no pudieron ser más auspiciosos. Hace quince años, durante su breve experiencia como periodista en El Oidor (suplemento cultural del diario El Observador, de Uruguay), la primera entrevista que realizó fue a Levrero. Todavía conserva las fotocopias de la conversación que resultó del encuentro.

-Fui a su casa, lo entrevisté. Después volví con el fotógrafo. Nos hicimos amigos. Él muy frecuentemente veía a potenciales o promisorios escritores en las personas que conocía. Tenía dotes de adivinación. Bueno, él escribió un manual de parapsicología que yo creo que aplicaba mucho. También veía gente que debía renunciar ya a su trabajo. Era un consejo que daba muy frecuentemente: siempre tenías que renunciar y, además, empezar una terapia.

-¿Y qué te aconsejó?

-Todo junto. Yo no renuncié en ese momento ni empecé la terapia, pero sí un taller. Tampoco fue muy larga la experiencia, pero sí fue muy larga la amistad con él. Hasta su muerte. En realidad lo que nos reunía más, fuera del taller, eran los paseos por Montevideo, caminando por la avenida 18 de Julio.

-Felisberto Hernández, Onetti, Levrero... ¿Cuánto pesó esa tradición al empezar a escribir?

-No es un peso. Al revés. Yo siento que los uruguayos gozamos de antemano de una simpatía explicada por los grandísimos árboles que son esos artistas y también por un pasado glorioso. Tuvimos muy temprano leyes laborales, igualdad para la mujer, grandes gestas que nos ponían en una situación privilegiada. Mal que bien, todos en este momento, y no sólo en el campo de las artes, venimos amparados por ese camino que se recorrió. Con esa bendición, con esa mano en la espalda que nos empuja. Creo que viene siendo hora también de crear, no sólo recrear. De producir, de alimentar esa galaxia.

-¿Sientes esa responsabilidad?

-La siento compartida. Hay muchos escritores talentosos allá. Puedo hablarte de Dani Umpi y Sofi Richero, que tienen un sentido del humor con el que me siento identificada.

"La memoria también es imaginación"

-¿"Prontos, listos, ya" resume los viajes de tu infancia?

-Hay una inspiración en la experiencia de una familia más o menos numerosa, de varias vacaciones en la playa y larguísimos trayectos a bordo de un auto chico, de calor, de un aire, de una inquietud, una ansiedad. Tiene que ver con una dimensión muy personal, muy íntima, de escuchar una voz que estaba ahí. Creo que memoria también es imaginación. No necesariamente la memoria es un registro exacto y documental de lo que uno vivió; también es lo que uno inventó que vivió o lo que uno cree que vivió. En ese sentido, los libros que uno lee también se incorporan como experiencias propias. Charlando con Yushimito, él hacía una referencia que me pareció muy sensible sobre cómo los libros que tuvieron impacto cuando uno era chico de golpe se entreveran con los recuerdos propios.

-¿Sueles asumir en tus relatos la voz de una niña o adolescente?

-Creo que ese registro empezó en los relatos de Ahora tendré que matarte . Fue como colocar la voz para un cantante. Después seguí escribiendo desde ese lugar, y mi sensación es que ahora se cierra con Prontos, listos, ya . No sé si se clausura, porque me interesa mucho la frescura de ese momento en que la inocencia está a punto de perderse, esa mirada del mundo que transita entre la inocencia y un cierto desencanto. Algo de eso me conmovió. Hoy la veo como una noción entre graciosa y un poco triste por lo que viene, de la vida y el mundo adulto como algo todavía incomprensible, pero próximo, en la medida en que uno se está acercando a encarnarlo. Ese universo lo habité muy cómodamente.

-¿"Prontos, listos, ya"es una novela de tránsito?

-Sí, creo que sí. Puede ser que esto que me representa ahora también sea de tránsito. Yo siento que hay una exploración, que para mí está muy viva, un aprendizaje. Absolutamente me siento identificada con el tránsito, en todos los aspectos.

-¿Qué estás escribiendo?

-Una serie de crónicas que navegan entre la ficción y la realidad. La idea sería publicar en el próximo otoño, también con Puntocero. Después me gustaría retornar a la novela que había quedado congelada hace un tiempo. Me compliqué. Yo tenía un hábito de escritura con un aliento más breve, y naturalmente al entrar en este mundo mucho más frondoso de una novela, quizás la dificultad vino por ese nuevo ejercicio, de sostener algo, de quedarme ahí más tiempo. Son los problemas de escribir con muchas más puertas que se están abriendo simultáneamente. Tengo ganas de retomar ese desafío.

 Escribir con imágenes

Conocida por sus trabajos en cine como asistente de dirección y continuista, Inés Bortagaray es también coautora de los guiones de "Una novia errante" (2006) y "La vida útil" (2010).

-¿Cuánto ha influido tu experiencia como guionista en tu narrativa? ¿Y viceversa?

-La escritura para mí siempre supone escribir con imágenes. Ese tránsito de la imagen a la palabra escrita a veces tiene por destino aterrizar nuevamente en imágenes, cuando se hace película. Decía Bresson que una película nace tres veces: durante la escritura de un guión, en el rodaje y en la edición. Pienso que en la literatura también hay tres alumbramientos: la escritura, la lectura y el recuerdo, esa forma que un lector tiene de impregnar o de repeler la lectura, la memoria nueva que surge de lo que uno leyó y lo que ya traía... La influencia es grande, en cualquier caso, del cine sobre la literatura y de la literatura sobre el cine. Algo que cambia entre uno y otra: ante la literatura no tengo obligación de ser funcional, de participar en un acto colectivo con una partecita tan esencialmente transitoria (como es la del guión). El acto puramente literario, sin vocación de mutar a otra cosa -a un formato ajeno y mil veces intervenido- viene con una experiencia más íntima, densa e incierta.



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Regresó a Uruguay cargada de libros. Quedó encantada con <b>Formas de volver a casa</b> , de Zambra.
Regresó a Uruguay cargada de libros. Quedó "encantada" con Formas de volver a casa , de Zambra.
Foto:INES GALAZ (CAMARA CHILENA DEL LIBRO)

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