ACTUALIDAD | Una muestra histórica abrió esta semana en Londres:
El milagro de Leonardo da Vinci en la National Gallery

Observar una sola obra de Leonardo puede ser una ocasión memorable, pero la posibilidad de ver 9 de sus pinturas sobrevivientes constituye casi un milagro. "Esta es una muestra que uno tiene que ver, aunque a veces se le nuble la vista con las lágrimas de admiración", señala emocionada Rachel Campbell-Johnston, jefa de los críticos de The Times.  

Rachel Campbell-Johnston The Times 

"Yo quiero hacer milagros", escribió en una ocasión Leonardo en su críptica escritura de espejo. Esta exposición podría ser uno de ellos. De las 15 pinturas sobrevivientes que se le atribuyen, la National Gallery reúne nueve, todas, salvo una, prestadas por colecciones del extranjero. Conseguir sólo una de ellas ya hubiera sido un gran logro, pero reunir tantas es increíble.

"Leonardo da Vinci: Pintor en la Corte de Milán" representa un momento histórico: tanto para la National Gallery, que tras una serie de muestras regulares se redime con una maravilla, como para un público general al que se le ofrece una oportunidad única de quedar deslumbrado ante una colección de pinturas de una belleza tan fascinante, de una profundidad académica y de una fragilidad tan preciosa que sin duda quedará en los anales como una de las muestras más sensacionales del siglo XXI.

Leonardo -"ese hombre más implacablemente curioso de todos los tiempos"-, como lo describió el historiador de arte Kenneth Clarke, tiende a ser descrito en nuestra época como una especie de científico secular, una criatura de ideas cuya imaginación inventiva escudriñó las complejidades de todo, desde la aerodinámica hasta la óptica.

Pero en esta muestra el énfasis cambia. En las notas para el tratado que tenía previsto sobre la luz, Leonardo puso a la vista en la cima de los sentidos. Es "uno de los más veloces y capta de un vistazo una infinita variedad de formas", escribió. Como lo muestra claramente el dibujo anatómico que recibe a los visitantes, la luz se vinculaba directamente con el alma. Por lo tanto, el arte del pintor, como lo sugiere su "Retrato de un joven" 1486 de un joven, es superior incluso al del músico cuya obra debe ser escuchada en su totalidad, pero que se desvanece una vez terminada.

A pesar de que más tarde, distraído por nuevas fascinaciones, Leonardo dejó de lado sus pinceles (dejando incluso que obras tan inventivas como su Virgen de la Rueca fuera terminada por otros), esta muestra afirma que su manera fundamental de pensar siguió siendo siempre la del pintor.

18 años en Milán

Leonardo tenía alrededor de unos 30 años cuando, en 1482, armado con una sólida formación teórica, un arsenal técnico bien surtido y una poco modesta carta de introducción (redactada por él mismo), dejó la mercantil república de Florencia para buscar trabajo en la adinerada Corte de Milán. Allí, un salario le ofrecía a un pintor que ya era más que competente, el ocio contemplativo de elevarse a alturas sin igual.

Durante los 18 años que pasó en Milán -los años cubiertos por esta muestra- no sólo alcanzó la cima de su fama como pintor, sino que también creó un nuevo y noble ideal de arte. Dejó tras de sí una visión del mundo medieval y mostró el camino a seguir para nuestra visión del mundo moderno.

Esta muestra invita a sus espectadores a dar testimonio de un momento no menos trascendental que aquel en el cual nació el Alto Renacimiento. Vemos, por ejemplo, sus dos retratos femeninos que cuelgan ahí, tan pequeños, tan silenciosamente bellos, y que, sin embargo, revolucionaron su género.

Aquí está la "Dama con el armiño", una belleza (amante del patrono de Leonardo, Ludovico Sforza, conocido como "El Moro"), quien -a pesar del animal que tiene en sus brazos que constituía un símbolo de pureza- es representada con una fascinación casi erotizada. Leonardo se aleja aquí del formato del perfil bien definido, girando levemente su cabeza para que parezca como si estuviera escuchando.

En la siguiente década, está creando "La Belle Ferroniere" (circa 1493) a quien, los curadores dejando entrever la posibilidad de que podría haber sido una amante posterior de Ludovico, han colocado con cierta picardía de modo que parezca estar mirando a su predecesora. Leonardo se aleja de la representación realista hacia la idealización. Jugando con una geometría perfecta, intenta crear algo aún más perfecto que la naturaleza: un ideal que no se descubre en la realidad sino que es forjado de un modo similar al de la Creación.

Leonardo revela su visión de un mundo imbuido de los misterios de lo que el historiador de arte del siglo XVI Vasari describió como "gracia divina". Y, sin embargo, no es simplemente un sentido del progreso lineal por medio del cual obtuvo esta visión, sino las profundidades de su investigación las que esta muestra presenta con tanto éxito.

En la exposición hay una gran cantidad de bocetos que se relacionan con las pinturas, obras de otros artistas de la época, una galería que relaciona las ambiciones de su inacabado (pero aún inolvidable) San Jerónimo con otras obras. La distribución es clara y espaciosa: a las obras, colgadas sobre un fondo color chocolate oscuro, se les permite hablar por sí mismas.

El catálogo está escrito con una visión y claridad que no sólo transmite erudición sino también un profundo sentimiento. Sin embargo, nada puede ser tan revelador como el hecho de mirar. Las dos versiones de Leonardo de "La Virgen de las rocas", juntas por primera vez, son el corazón de la muestra. Estar parado entre ambas y girar lentamente la cabeza es poder sentir lo que es estar frente al milagro de la Transubstanciación. Es ver lo terrenal infundido de un aura celestial, "la divinidad que es la ciencia de la pintura transmuta la mente de los pintores en una semejanza de la mente divina", como lo expresa la cita mimeografiada de Leonardo.

Leonardo alcanzó su apogeo pictórico en Milán con "La última cena" (1492-97), un despliegue virtuoso de talento que, por razones obvias, no pudo ser traído a esta muestra. Sin embargo, se pueden ver todos los dibujos sobrevivientes relacionados con dicha obra, una fotografía del fresco original y una copia a escala del período.

Se cierne el fantasma del logro más ambicioso de Leonardo. Y, sin embargo, su virtual pérdida (20 años después de su realización, el fresco ya era prácticamente una ruina) se siente un tanto resonante... casi correcta. Leonardo no sólo estaba escrudiñando las estructuras sino el alma misma de la Creación.

Ver las pinturas de Da Vinci es maravillarse ante sus detalles naturalistas: la translucidez de un velo que se desliza entre los dedos, los músculos que se estiran debajo de la piel. Es apreciar su maestría técnica, su mecánica composicional, investigar las filosofías complejas que las sustentan. Pero el misterio fundamental que su creador estaba tratando de encontrar siempre permanecería irrepresentable. Tal vez fue por eso que Leonardo abandonó tantas de sus obras.

Pero es también la razón por la cual es tan esencial ver esta exposición. Si una sola de sus pinturas puede maravillar a todos, el conjunto de sus obras teje una maraña cada vez más intricada. Uno puede agarrar los hilos, pero son los espacios intocables que hay entre ellos los que crean el frágil milagro. Esta muestra no consiste sólo de superficies expertamente pintadas, sino de las respuestas que suscitan en los espectadores. La mente de un genio nos roza como un fantasma. Es la exposición más sorprendente que haya visto -o sentido- en toda mi vida.

National Gallery, Londres
Leonardo da Vinci: Pintor en la Corte de Milán
Hasta el 5 de febrero de 2012 en el ala Sainsbury.

 Cinco años de preparación, 30 minutos para ver la muestra en grupos de 180

Quince pinturas. O tal vez 20 (incluidas varias sin terminar). La discusión sobre el número de óleos que pintó Da Vinci es interminable, pero está claro que no superan la veintena. De allí la expectación que ha generado esta muestra en la prensa, la crítica y el público. Los tickets de preventa ya están vendidos hasta fines de diciembre, pero cada día se venden 500 para las personas que lleguen a hacer cola a Trafalgar Square (sólo pueden entrar grupos de 180 personas).

La magnífica restauración de la versión de la "Virgen de las rocas" que posee la National Gallery -posterior a la pintura casi idéntica del Louvre- impulsó la idea de armar esta exposición (que también incluye 50 dibujos y bosquejos). La preparación tardó 5 años, pero los frutos están a la vista: aunque no está la Gioconda, se logró el milagro de reunir nueve pinturas de Da Vinci. Todas, salvo una, viajaron desde otros países: Italia, Polonia, Francia, Rusia, etc. (sólo el seguro del retrato de Cecilia Gallerani, que se trasladó desde Cracovia, se estima en 250 millones de euros).

La crítica en general ha quedado deslumbrada con la exposición, especialmente por la posibilidad de ver una gama de retratos tan delicados como "La Belle Ferroniere" o "La dama del armiño". En cambio, la pintura de Cristo titulada "Salvator Mundi" -hay registros históricos de que Da Vinci la había pintado, pero se consideraba perdida- es la que genera ciertas dudas respecto de su autoría. La obra, antes atribuida a Giovanni Antonio Boltraffio hoy genera coincidencia entre varios expertos que la asignan a Leonardo, pero no todos están convencidos. "Un tema difícil", dice Adrian Searle, de The Guardian.

Richard Dorment, el reconocido crítico del Telegraph, lamenta, eso sí, que la grandiosa hazaña de juntar las dos versiones de la "Virgen de las rocas" -"primera y última vez", dicen las autoridades- se ve opacada por el grueso barniz que posee la obra del Louvre, lo que torna difícil la comparación (tradicionalmente se ha considerado que la versión del Louvre es algo superior y se discute si en la versión de la National Gallery intervinieron otros pintores). También la idea de acompañar la muestra con obras de asistentes o seguidores de Da Vinci ha suscitado dudas. Pero el fervor entre el público sigue incólume. La percepción de que sea una de esas muestras que se ven "una vez en la vida" .



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PAPEL Cerca de 50 dibujos con variadas técnicas (la mayoría de la valiosa colección de la reina Isabel II) integran la muestra que finaliza en febrero de 2012.
PAPEL Cerca de 50 dibujos con variadas técnicas (la mayoría de la valiosa colección de la reina Isabel II) integran la muestra que finaliza en febrero de 2012.
Foto:THE ROYAL COLLECTION

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