En defensa de los futbolistas

¿Por qué las tomas de colegios son aceptadas por la opinión pública y las autoridades, y la "toma" de "los cinco de Tinto Durán" no?  

 

Los bautizos y los velorios son las reuniones a las que más respeto les tengo cuando se realizan en Chile, porque casi siempre desembocan en una tomatera.

Se trata probablemente de una tradición de origen campesino o incluso precolombino y, por tanto, está colmada de antigua sabiduría.

En el bautismo el chileno celebra la llegada de un nuevo cristiano al mundo; en el velorio se despide a uno que ya partió al otro. Díganme, ¿hay eventos más importantes que esos en toda la existencia humana?

Ahí está expuesto mi primer argumento para defender a Jorge Valdivia, Arturo Vidal, Jean Beausejour, Gonzalo Jara y Carlos Carmona, los cinco futbolistas que fueron expulsados por llegar con 45 minutos de tardanza y en estado de merecer (una reprimenda) al lugar en que estaba concentrada la Selección chilena de fútbol.

Los muchachos venían de un bautizo y no de una despedida de soltero, ni de una de esas fiestas nefastas de fin de año en que los compañeros de oficina se descuadran bebiendo, lindorfeando a las colegas de pega y pelando al jefe. Tampoco era un "baby shower", un "after office" u otra siutiquería. Menos una fiesta ochentera en que se juntan cuarentones a bailar como adolescentes la música de Miguel Mateos.

¡Era un bautizo, por Dios!

Mi segundo argumento es que me parece injusto que el país tenga distinta vara para medir conductas semejantes.

Ocurre que durante seis meses un grupo minoritario de jóvenes han mantenido tomas en distintos colegios de Chile. El 60 por ciento o más de las personas han apoyado esas acciones. En cambio, para este otro tipo de "toma", la protagonizada por Valdivia, Vidal, Beausejour, Jara y Carmona, rasgamos vestiduras y los castigamos severamente. ¿Por qué una toma es aceptada y la otra toma no?

No lo entiendo.

Tampoco comprendo a Borghi, quien a veces es permisivo y otras veces maniático del orden.

No digo que estuviese bien lo que hicieron. Estuvo mal, sólo me incomoda la bipolaridad.

Sin los 5, la Selección perdió 4-0 ante Uruguay. Y cuando el partido recién había terminado empecé a escuchar voces comprensivas con los castigados.

La primera, la mía. Por un lado, si los vamos a castigar a ellos castiguémoslos a todos por igual. Y, por otro, no nos privemos de su talento en la cancha. Para eso los castigos deben ser en dinero, mucho dinero, pero siempre saliendo a jugar. De lo contrario, castigamos también a todo un país deportivo.

Y pensar que esa fatídica noche los cinco jugadores habían llegado repartiendo "santitos" del bautizo a Juan Tinto Durán (como lo bautizó LUN).

Es que son tan píos.

 


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