La nueva etapa política de la Señora K:
Cristina, decisiones enigmáticas y un Congreso inerte

Hoy, la Presidenta de Argentina aguarda su segundo mandato blindada por los votos, pero de cara a un escenario complejo frente al que un Congreso entre inmóvil y adicto parece ideal. El daño para la democracia, en cambio, puede ser irreversible.  

Lucrecia Bullrich La Nación de Argentina/GDA 

Una característica clave del poder y su manejo en tiempos de kirchnerismo volvió a irrumpir con fuerza en la escena política esta semana.

Esa marca tiene que ver con una forma de tomar decisiones que Néstor Kirchner instaló en 2003 y que fue extendiéndose a la gestión de gobierno en todas sus líneas y recovecos. Ministros y funcionarios de primera y segunda línea se acostumbraron (hasta naturalizar) al hecho de que todas las decisiones (desde las más macro hasta las más prosaicas) pasaran por el ex Presidente.

La Presidenta recibió y afianzó ese legado. En vida de Kirchner se acostumbró a discutir con él sus determinaciones, a analizar alternativas y a sopesar costos y beneficios antes de decidir. La muerte del ex Presidente no sólo la dejó sin su interlocutor por excelencia. También multiplicó las interrogantes en torno a quiénes y cómo se toman las decisiones oficiales.

Hay temas para los que nada parece haber cambiado. Las decisiones las toma Cristina y nada más que Cristina. Sucede con las cuestiones netamente políticas como la designación de funcionarios y la definición de los lugares de poder en el Congreso, por aludir a dos pendientes sobre los que la Presidenta deberá pronunciarse en breve.

En exactamente un mes vence el plazo para que la Jefa del Estado decida quién ocupará lugares clave como el Ministerio de Economía, la jefatura de Gabinete y el Ministerio de Agricultura. También tiene la última palabra respecto de quiénes presidirán las comisiones de peso del Congreso, cuyo control volverá a manos kirchneristas a partir del 10 de diciembre. Elegirá, además, a las nuevas autoridades de ambas cámaras.

Nadie arriesga. Ni sus colaboradores más cercanos. Todos saben que por más fuerte que suene un nombre no hay certezas hasta que ella no decida.

Sin embargo, cuando de cuestiones económicas se trata, la certeza sobre este mecanismo (y su funcionamiento) se diluye. Ocurrió con los controles a la compra de dólares. La medida reavivó la disputa entre Amado Boudou y Mercedes Marcó del Pont. Cristina Kirchner la siguió como espectadora.

Algo parecido parece haber pasado el miércoles con la ¿improvisada? resolución de AFIP, que durante unas horas tuvo paralizadas las importaciones. ¿Quién tomó esa decisión? ¿Fue Ricardo Echegaray? ¿Estuvo la Presidenta al tanto? ¿Fue una nueva aventura de Guillermo Moreno? ¿Fue un error involuntario? ¿O un tubo de ensayo? La nebulosa se extiende. Y confunde.

Un congreso dormido

La oposición, por su parte, dio esta semana una nueva muestra de la mezcla de desorientación e inoperancia con la que camina desde el 24 de octubre. Los mismos diputados que hace un año se negaron a avalar el presupuesto por considerarlo mentiroso permitieron el avance de otro que en nada traiciona el espíritu de su antecesor. Las previsiones de inflación, crecimiento y recaudación están tan subestimadas como hace un año, con la complejidad de que el combo de crisis económica, inflación, fuga de capitales y pérdida de competitividad suma al panorama.

Con tanto margen de maniobra se movió el kirchnerismo que hasta se dio el lujo de no tocar ni una coma en la partida de 70.000 millones de pesos destinados a subsidios, aún después de que el gobierno anunciara la intención de reducirlos drásticamente. "Vamos a dejar la partida como está. Si después hay una modificación más contundente, haremos la reasignación correspondiente", dijo el diputado Rossi. Evitó decir "superpoderes", aunque de ellos hablaba, claro.

Entre un año y otro medió la reelección de Cristina Kirchner y el abrumador 54 por ciento. El dato es insoslayable y hasta justifica la desazón opositora. Pero el duelo no puede ser eterno. Que en la primera cita política tras la derrota la oposición haya actuado como un rejunte de voluntades individualistas no sólo asusta. También recorta las chances de pensar que el debate es posible.

El kirchnerismo se encamina a volver a ejercer el poder con un Congreso con mayorías aplastantes. Igual que entre 2005 y 2009, cuando el Parlamento volvió a recibir el triste mote de "escribanía".

Igual y no tanto. Hace seis años, Kirchner acaparaba espacios para reconstruir la dañada autoridad presidencial. Hoy, Cristina aguarda su segundo mandato blindada por los votos, pero de cara a un escenario complejo frente al que un Congreso entre inmóvil y adicto parece ideal. El daño para la democracia, en cambio, puede ser irreversible.

 


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<p>La muerte de Néstor Kirchner también multiplicó las interrogantes en torno a quiénes y cómo se toman las decisiones.</p>

"La muerte de Néstor Kirchner también multiplicó las interrogantes en torno a quiénes y cómo se toman las decisiones".


Foto:AP


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