Roberto Ampuero, nuevo embajador de Chile en México:
"En América Latina se supone que el escritor debe ser de izquierda. No comparto ese criterio"

Mientras se prepara para iniciar sus actividades diplomáticas en enero próximo, el escritor habla sobre su visión política actual. "Yo soy lo que soy, un resultado de mi experiencia de vida, una persona que conoció los sistemas que existían a ambos lados del Telón de Acero y abraza desde hace mucho convicciones liberales, tolerantes y, ante todo, democráticas".  

Gabriel Pardo N. 

Exequiel Lira Ibáñez fue el responsable de la amistad entre el Presidente Sebastián Piñera y el escritor y nuevo embajador de Chile en México Roberto Ampuero.

Así lo recuerda este doctor en Filosofía y Letras y Master of Arts (MA) por la Universidad de Iowa, además de egresado del Taller de Escritores de la misma casa de estudios y con un postgrado en Filología de la Universidad de La Habana.

"Hace unos años, a través de este amigo en común acordamos reunirnos en Miami, a medio camino entre Santiago y Iowa City. Entonces, el Presidente iba a reunirse con Bill Gates y yo con mi viejo amigo Paquito D' Rivera. Aprovechamos esos días para conversar en compañía de nuestras señoras", recuerda el autor de "Nuestros años verde olivo".

-¿A qué atribuye que lo hayan escogido para ser el nu

evo embajador de Chile en México?

-Entiendo que hay varias razones que llevaron al Presidente Piñera a nombrarme embajador en un país que admiro y conozco, donde tengo amigos y lectores, que sigo con gran interés. Entre ellas mi conocimiento y larga experiencia de vida en América del Norte, Central y el Caribe; los contactos con intelectuales, políticos y empresarios que he ido construyendo allí, y mi proyección internacional como escritor, algo no menor en México, que exhibe una espléndida tradición en la que destacados intelectuales -Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol o Jorge Castañeda, por nombrar sólo algunos- han integrado su diplomacia.

-Históricamente, escritores afamados han sido embajadores. Neruda, Mistral, Skármeta y actualmente Jorge Edwards. ¿Qué aporta un escritor a una representación diplomática?

-Me honra engrosar esa lista selecta de escritores que han representado como diplomáticos a Chile. Tenemos un país admirado internacionalmente, y un servicio exterior experimentado y prestigioso, que me entrega su respaldo y la información necesaria para desempeñar el nuevo cargo. Creo que la trayectoria de un escritor contribuye por su obra en el país y en el exterior al realce de la función como embajador y al estrechamiento de las relaciones entre países.

-¿Qué tienen en común el mundo de las letras y el de la diplomacia?

-Los escritores publicados internacionalmente o invitados a ferias internacionales del libro y centros académicos de renombre, son de por sí embajadores de su país. Lo somos, pero en forma más bien privada, individual, en representación de nosotros mismos, lo que nos permite hablar a título personal, aunque la obra de uno sintonice con millares de personas en diversos países. Pero un embajador del servicio exterior, como es el caso mío ahora, es diferente: representa en primer lugar a su gobierno y su país, es decir, modifica las prioridades y la identidad de la función. Y efectivamente, la literatura y la diplomacia coinciden a menudo en varios puntos: expresan la identidad de un país; logran acercamiento y comprensión entre personas y culturas diferentes; fomentan el diálogo respetuoso; prefieren la palabra por sobre la violencia.

-¿Cómo ve el escenario regional, con presidentes de izquierda como Hugo Chávez o Evo Morales y presidentes de derecha como Felipe Calderón y el propio Piñera?

-En la actualidad, vemos en la región mandatarios de diverso signo ideológico, con convicciones políticas y económicas diferentes, con formas diferentes, a veces opuestas, de plantear y proyectar el futuro de sus países. Entre los presidentes Calderón y Piñera se da una afinidad especial, que nutre con vitalidad las tradicionales buenas relaciones entre ambos países, que datan desde nuestra independencia. En los próximos años va a ser interesante observar cómo enfrentan los modelos de la región la crisis económica que nació en Europa y Estados Unidos, y cómo se instalan o reacomodan en este mundo pluripolar en el que la globalización sigue generando cambios, desafíos y oportunidades.

-¿Cuánto puede influir en estrechar las relaciones el hecho de que tanto Calderón como Piñera tengan afinidad política?

-Es la coincidencia de intereses lo que une usualmente a los países. Y a veces se agrega a esto una fina sintonía en las visiones entre los mandatarios. Entonces la relación entre dos países se vuelve más estrecha, fluida y productiva. Es lo que ocurre entre los presidentes Calderón y Piñera, y eso es algo que se aprecia a simple vista y por la atención con que se escuchan. La confianza en los ámbitos de la diplomacia, la política o los negocios es, desde luego, crucial para que las cosas marchen mejor. La sintonía fina entre ambos presidentes es un plus para las tradicionales buenas relaciones entre ambos países.

-Usted ha dicho que "hasta hace poco predominaba la idea de que la izquierda monopolizaría la política cultural". ¿Siente que eso se ha ido revirtiendo en este gobierno?

-El actual gobierno considera que es importante que el Estado respalde el desarrollo de la literatura y las artes, al mundo artístico e intelectual en general, pero no cree que el Estado deba convertirse en un juez de esa obra. Asimismo, es una convicción profunda del Gobierno que también el sector privado respalde el mundo de la creación a través de leyes que faciliten donaciones, becas y subvenciones, en lo que ha estado trabajando con éxito el ministro Cruz-Coke. La cosa es de sentido común: para un creador de izquierda, centro o derecha, lo más conveniente es no tener que depender de un Estado o un solo privado.

-Como Vargas Llosa, quien también apoyó la candidatura de Piñera, usted es algo así como un "converso" políticamente. ¿Qué ventajas y dificultades trae eso en el mundo cultural y político actual?

-Para dejarlo claro: vengo manifestando desde hace años en columnas esa idea de que en política casi todos somos conversos en este país. Hay pocos que siguen pensando como hace veinte o cuarenta años, porque la historia ha modificado en forma radical el mundo y así cambian nuestras apreciaciones de él. El que todos hayamos cambiado permitió que este país se reencontrara y construyera una democracia y una economía sólidas. Yo ingresé a la juventud comunista como adolescente en un conservador colegio alemán de Chile y renuncié a esa organización cinco años más tarde, en Cuba, 23 años antes de que cayera el Muro de Berlín, convencido de que otro era el camino para mi país. Todo eso está narrado en mi novela "Nuestros años verde olivo". Ambas decisiones las tomé impulsado por convicciones políticas y buscando lo mejor para mi país. En América Latina, a diferencia de lo que ocurre en Europa o Estados Unidos, se supone que el escritor debe ser de izquierda. No comparto ese criterio. Yo soy lo que soy, un resultado de mi experiencia de vida, una persona que conoció los sistemas que existían a ambos lados del Telón de Acero y abraza desde hace mucho convicciones liberales, tolerantes y ante todo democráticas.

Su mirada de Chile actual

-Usted alguna vez fue comunista y se desencantó del régimen cubano. ¿Qué le parece que la ex presidenta de la FECh, Camila Vallejo, quien lideró las movilizaciones, sea de ese partido?

-En mi nuevo cargo, ya no soy solo el escritor con su voz individual, que habla siempre a título personal, sino alguien que, por su condición de embajador debe dedicarse a sus nuevas actividades, que son exigentes, y que se aparta por lo tanto de la política interna contingente.

-Más allá de la coyuntura, ¿cómo ve a Chile?

-Veo con optimismo mi país, estoy orgulloso de lo que hemos logrado en los últimos decenios y creo que estamos cerca de llegar al desarrollo, sin que esto implique ignorar las inaceptables diferencias sociales y de oportunidades que nos marcan históricamente y que este gobierno está empeñado en enfrentar. A este país siempre le ha ido bien cuando busca acuerdos en medio de su rica y legítima diversidad de opiniones. La clase política está consciente de ello y sabe que la población la juzga al final por su capacidad para encontrar acuerdos y soluciones a los problemas. Así que, a partir de ahora, me verá abocado a mi labor y los desafíos de embajador. No dejo de ser escritor ni de tener opinión política, desde luego, pero ahora soy embajador de mi país y eso conlleva privilegios, pero también obligaciones y deberes que me corresponde respetar.


'' La literatura y la diplomacia expresan la identidad de un país, logran acercamiento y comprensión entre personas y culturas diferentes, fomentan el diálogo respetuoso".


'' El que todos hayamos cambiado permitió que este país se reencontrara y construyera una democracia y una economía sólidas".

 "Un embajador siempre debe tener ' open mind' "

-¿Cómo describiría su relación con México?

-Se nutre de mi temprana admiración por su deslumbrante cultura y rica historia. Los chilenos de mi generación comenzamos leyendo libros y revistas de dibujos animados que venían en gran parte de México, vimos mucho cine mexicano -las películas de Mario Moreno eran además un must que esperábamos ansiosos-, y crecimos oyendo música de ese país. En cuanto pude, comencé a visitar México y a explorar su historia milenaria y la obra de sus escritores, cineastas, compositores, pintores y la solidez de sus intelectuales.

-Se dice que tiene cercanía con políticos de la centroizquierda mexicana, lo que sería bueno en caso de que el PRI vuelva al poder en las próximas elecciones.

-Un embajador siempre debe tener un " open mind ", y debe buscar los contactos con todos los sectores del país en que está acreditado. Un embajador abre y toca puertas, tiende y cruza puentes, promueve y contribuye al diálogo, el conocimiento y entendimiento mutuos. México enfrentará a mediados de 2012 elecciones cruciales, en las cuales se elegirá también al nuevo Presidente. Tendré la oportunidad de ser testigo privilegiado de este proceso y buscaré, desde luego, el diálogo con todos los actores políticos. México es uno de los grandes amigos de Chile.

-Además, tiene cosas en común con la secretaria de RR.EE. mexicana, Patricia Espinosa. Y que su esposa, Ana Lucrecia Rivera Schwarz, tiene una carrera diplomática destacada.

-En Mérida tuve el privilegio de ser presentado por nuestro Presidente al Presidente Felipe Calderón y a la canciller Patricia Espinosa. Ambos me dieron una cordial bienvenida anticipada, porque yo inicio mis actividades allá en enero 2012. Con la canciller intercambiamos frases en alemán, ya que ambos estuvimos en un colegio alemán y ambos vivimos en Alemania: ella como embajadora, yo como corresponsal extranjero. Y en los años 80 y 90, mi señora fue embajadora en Alemania, después en Chile y luego en Suecia. Y también tiene un vínculo con México, y su vasta experiencia en el mundo diplomático será una valiosa ayuda para mí.

-¿Tuvo la oportunidad de conversar con Piñera sobre los planes que tiene para esa representación diplomática?

-Con el Presidente nada queda al azar. Tengo tareas y metas claras, y toda la confianza del Presidente y del canciller Alfredo Moreno para explorar y desarrollar iniciativas nuevas. Estas semanas han sido de aprendizaje: partí asistiendo a dos cumbres internacionales en Mérida, México, y después a una intensa y productiva jornada de trabajo de dos días de embajadores chilenos de América del Norte, Central y del Caribe, aquí en Santiago.



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<b>Ser embajador conlleva privilegios y obligaciones,</b> dice Ampuero. En la foto, durante su visita a Mérida, México, hasta donde llegó para acompañar a Piñera.
Ser embajador "conlleva privilegios y obligaciones", dice Ampuero. En la foto, durante su visita a Mérida, México, hasta donde llegó para acompañar a Piñera.
Foto:ÁLEX MORENO


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