Solemnidad de la Natividad del Señor / Lucas 2, 1- 14
Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor

 

Preparados por el Adviento, se nos invita hoy en la Navidad a contemplar la escena del nacimiento de Jesús, fuente de sabiduría y de vida. De manera paradójica y sencilla nos educa, como discípulos, para conocer el modo de actuar de Dios en la historia. El episodio evangélico narrado por San Lucas presenta en toda su grandeza y sencillez uno de los acontecimientos que han cambiado el rumbo de la historia humana. Destaca la modestia del suceso y la impactante sobriedad del anuncio evangélico. Lo podemos experimentar en la oración silenciosa al mirar cualquier pesebre. Allí hay una gran elocuencia que se escucha al abrir los oídos de la fe: la vida humana no es sólo búsqueda, éxito y conquista, es también, y sobre todo, acogida gratuita, don y regalo. El evangelista certifica que este nacimiento es parte de la historia marcado por huellas de la cronología del mundo de la época. Pero hay algo más: la eternidad ha entrado en el tiempo, sin reventarlo. La encarnación ha preñado el tiempo de eternidad. La familia de Jesús y sólo algún puñado de pastores son los primeros en recibir la buena noticia. Pero es algo que deben conocer todos, pues es 'una alegría para todo el pueblo'. Y esa dimensión misionera es también tarea que se concluye ante la contemplación del pesebre.

La paz a los hombres, que no hemos podido lograr, llega con el Salvador, que es el Mesías, el Señor, como regalo que hay que acoger. Al nacer Jesús en medio de la historia humana, se desencadena la redención que nos trae la paz. La paz no sólo es ausencia de conflictos o tregua. Es una presencia victoriosa sobre la incomprensión, la indiferencia y, definitivamente, en la muerte.

Si en el Adviento nos acompañaron de manera especial el profeta Isaías y el precursor Juan el Bautista; ahora nos acompaña María, la Madre de Jesús. Es ella también la señal anunciada desde el cielo: 'Encontrarán un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre'. Ese mismo niño es anunciado como Señor y Salvador. Contemplemos este misterio que transforma nuestros criterios con los ojos de los sencillos, de los pastores, de María y José.

aarteagm@gmail.com

 


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