Volumen incluye declaraciones de la propia poeta sobre su producción infantil:
Publican 31 rondas y canciones de cuna inéditas de Gabriela Mistral

Un libro ilustrado reúne poemas escritos por la Nobel entre los años 20 y los 40. "Este género supuestamente pueril o simploncito suele esconder profundidades", dice el recopilador, Luis Vargas Saavedra.  

Romina de la Sotta Donoso 

"El género me ha dado a mí todo gusto: su ritmo es calmo y se acomoda bien con la lentitud india de mi habla; él se presta a donaires mujeriles, unas veces a la melancolía y otras a la jugarreta; él junta el candor de lo infantil a cierto modo de cariño chocho que a mí me place bastante". Así habló Gabriela Mistral en una conferencia, a fines de los años 30, sobre el oficio de escribir para niños.

Explicó, entonces, su empeño en los poemas infantiles: los arrorrós españoles habían llegado a América como "andrajos de versiones cojas y maltrechas", y esta herencia fue "aplebeyada y deshecha en nuestras bocas mestizas, bastante desleales". Y que por eso hasta hace poco Chile estaba lleno de "coplas zonzas y sin gracia".

Este notable discurso fue recuperado por el investigador Luis Vargas Saavedra con un objetivo claro: ilustrar el libro "Baila y sueña. Rondas y canciones de cuna inéditas de Gabriela Mistral" (Ediciones UC, $7.000).

En este volumen, Vargas recopiló 13 canciones de cuna y 18 rondas inéditas de la Nobel, material que descubrió en 2006, cuando Doris Atkinson lo invitó a conocer una serie de manuscritos inéditos en South Hadley.

"En la producción infantil de Gabriela Mistral, los dos mayores valores literarios son su gracia y su música verbal. Por gracia se entiende el donaire juguetón sintonizado con el niño de siete años, y la gracia de tener tal gracia siendo adulta. Por música verbal, se subentiende el ritmo y la danza de vocales con consonantes", aclara Vargas, y advierte: "Este género supuestamente pueril o simploncito suele esconder profundidades e incluso revoluciones de lo consabido. Por ejemplo, el poema sobre los niños muertos, que es toda una escatología, y el poema que invita a que bailen los seres y el cosmos" (ver recuadro).

El juicio de Vargas es tajante: "Con la misma aparente elementalidad, el famoso 'Piececitos..' denuncia la injusticia social de una niñez descalza, y además censura la indiferencia de quienes no los auxilian. Sin ostentar partido político, como Neruda, en ese poema ella está remeciendo la sociedad, pero con remezón cristiano".

Sólo uno de los 31 poemas recopilados, la "Ronda de los altos pinares", está fechado: en febrero de 1923. Pero Vargas, guiándose por las caligrafías y las alusiones geográficas, concluye que las demás fueron escritas entre los años 20 y los 40.

Entre todos, destaca "Canción de soledad", porque llega "más hondo y más lejos" que "Dame la mano" de "Desolación".

"Es un antiarrorró porque no insta a que se duerma un niño ni tampoco su adormecedora, pues el contenido es amargo y estoico a la vez: la vida es abarcada como una angustia existencial, lo más antártico al ámbito de amparo maternal de las canciones de cuna clásica".

Vargas asegura que Mistral nunca abandonó las rondas ni los arrorrós. Y que no escribía sólo para los niños, sino también para sí misma: "Siento que le recobraban la felicidad de la infancia y así la medicinaban. Sólo fue, dijo, feliz en la infancia y nunca más. Además el género la feminizaba".

La propia poeta lo explicaba, en su discurso de los años 30, al recordar que un crítico la había acusado de que sus canciones de cuna "sobrepasaban el entendimiento infantil". Ella le respondió que "la canción de cuna se hace para la madre, y se la hace tierna, amorosa y aguda" para que "paladee en verso y verso su propio amor, su propio enternecimiento".

Gabriela Mistral (1889-1957), la mujer que salió de Chile como profesora rural y que volvió con el primer Nobel que obtuvo en la historia un hispanoamericano, no quiso dejar dudas: "Es una canción que, como un fruto partido, da al niño la mitad, o sea, la pura melodía, o vaivén, y entrega a la madre, por entero, la letra".

VERSOS ESCOGIDOS

"Canción de los niños muertos"

Tantos se fueron que son más

que los que tienen que venir

y no caben en prado alguno

de caminar y de ningún país.

"Convite"

Quebrad esta nuez del mundo,

que rota la dejaréis.

Abrid el cielo cantando

y en cielo abierto dancéis.

"Canción de soledad"

Primero ella fue amarga

genciana en el sabor.

Después fue perdonándome,

después fue mi pasión.

Más sola en ella estuve,

me vio más sola Dios,

que el castor sin estanque

y que mar sin alción.



 


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