Entrevista Las múltiples y ricas facetas de la Premio Nacional de Arte 1995:
Isabel Cruz revela la geografía interior de Lily Garafulic

La doctora en Historia del Arte y profesora de la Universidad de los Andes ha seguido muy de cerca la trayectoria y legado de esta gran protagonista de la escultura abstracta en Chile, quien falleció el jueves en su departamento del Parque Forestal.  

Maureen Lennon Zaninovic 

Más allá de la terracota, la piedra, el bronce o el mármol -sus materiales predilectos-, en la elogiada obra escultórica de Lily Garafulic (1914-2012) también dejaron una huella imborrable sus viajes, lecturas y una férrea disciplina.

Travesías, luchas, éxitos y un trabajo incansable que conoce muy bien Isabel Cruz de Amenábar, doctora en Historia del Arte de la Universidad de Navarra y actualmente profesora titular del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes. Su nombre es una voz autorizada a la hora de hablar con propiedad de la vida y obra de esta artista nacida en Antofagasta -en el seno de un matrimonio de emigrantes croatas- y que, entre otros reconocimientos, recibió el Premio Nacional de Arte en 1995.

Con la colaboración de Ernesto Muñoz, Valeria Maino y Fernanda Gallardo, en 2003 Cruz dio a luz un trabajo fundamental para comprender la labor de esta creadora chilena, fallecida el jueves en su departamento del Parque Forestal: "Lily Garafulic: forma y signo en la escultura chilena contemporánea" (Ediciones Universidad Católica). Aunque, como precisa la propia Isabel Cruz, su interés por la obra de Garafulic tiene más de tres décadas.

"La conocí a principios de los 80. Con la editorial Antártica publiqué el libro 'Arte, lo mejor en la historia de la pintura y escultura en Chile', y para ello me tocó visitar los talleres de un importante número de artistas nacionales, entre ellos el de Lily Garafulic. Desde siempre me interesó su trabajo y el de Rebeca Matte (1875-1929), porque son dos modelos de escultura tan distintos: Garafulic presenta una modernidad sensual e intelectual muy controlada, mientras que Matte es mucho más desgarrada, y romántica, con una intensa carga emocional", rememora Isabel Cruz de Amenábar a "Artes y Letras".

Agrega que uno de los aspectos fascinantes de la vida de Garafulic fue su carácter pionero. "Ella entra, en 1934, a la Escuela de Bellas Artes que en ese momento dirigía Pablo Burchard, contraviniendo el deseo de sus padres. Y se transforma en la primera escultora mujer chilena que se vuelca hacia la abstracción. Es cierto que partió por algo más figurativo, pero es gracias a Mayol, Brancusi y Lorenzo Domínguez que va depurando su trabajo hacia formas más abstractas".

-El curador Ernesto Muñoz valoró que prefiriera quedarse en Chile antes que alcanzar un reconocimiento internacional...

"Totalmente de acuerdo. En Europa habría sido una gran artista, y tenía méritos suficientes para alcanzar ese sitial. Lo que pasó es que a Lily le apasionaba América porque veía que aquí había un mundo por descubrir. Junto con ello, el ser artista mujer en Chile siempre le pareció un desafío, sobre todo en los años 30; y también, a través de todas las entrevistas que me dio, ella traslució que le importaba muchísimo mejorar la calidad de la enseñanza chilena. Lily sentía una responsabilidad especial con los artistas, buscaba inculcarles que hicieran las cosas bien, que estudiaran, que aprendieran con oficio. Ella me hablaba del cuento del alambrito y le daba pena que en Chile todo se solucionara con este artefacto, incluso en el mundo del arte. Fue una escultora muy madura y consciente de su papel como formadora. En ese sentido, fue una mujer tremendamente valiente, responsable y coherente con su vocación. No se desvió ni un centímetro de su carrera. Ni pensar en una familia, en un romance o en un noviazgo. Se empapó tanto, tenía tanta voluntad, que siguió el camino del arte con una seguridad que hoy hay que admirar".

-¿Cómo se inserta su trabajo con la abstracción de hoy?

"Fue un puntal, y sobre todo para escultores actuales como Francisco Gazitúa -uno de sus más grandes discípulos- y Cecilia Campos. Me parece importantísimo resaltar que Lily ayudó a sacar a sus alumnos el máximo partido. Era una persona de una economía increíble, en el sentido de que extrajo todo lo que le podía proporcionar un material. Era la antítesis de un artista dilapidador, que va picando por acá y por allá. Ella se dedicaba, exploraba y era tremendamente sensible a todo lo que le podía ofrecer un material, sus formas y variaciones. Prueba de ello son todos sus períodos, muy acotados y marcados; y que no fueron producto de una evolución formal, aleatoria o pasajera, sino que dieron cuenta de un compromiso total con ciertos temas o inquietudes existenciales profundas, relacionadas con el devenir del arte, de la cultura latinoamericana y europea; y la incomunicación del hombre".

-¿Qué obras destacaría de su línea abstracta?

"Los profetas que creó para la Basílica de Lourdes son muy valiosos, sobre todo porque marcan un camino hacia la abstracción. También es fundamental su serie 'Lunas' (1969), donde ella estudió las formas esféricas con todas sus implicancias".

-¿Por qué es tan trascendental su trabajo para la Basílica de Lourdes?

"Es una obra que vale por sí misma. La basílica fue levantada por los arquitectos Eduardo Costabal y su hermano Andrés Garafulic, quienes venían muy empapados de un espíritu neobizantino y neobarroco que también compartió Lily, fundamentalmente por sus viajes a Europa. Ella conoció la tierra de sus antepasados croatas, se fascinó con los mosaicos y con el arte religioso de esos períodos, pero actualizó todas esas influencias con una mirada muy nueva. En ese contexto, los 12 profetas presentan un remate moderno y espectacular de la basílica que fue celebrado por la revista Life. Esta publicación la consideró una pionera en Latinoamérica".

-¿Siente que su desempeño como directora del Museo de Bellas Artes, entre 1973 y 1977, fue poco reconocido?

"Sí. Ella tomó ese cargo como un servicio país. Y eso no significó que adhiriera al pinochetismo, ni mucho menos. Para Lily, asumir fue un gran sacrificio, porque tuvo que dejar de crear. Su tarea como directora del Bellas Artes lamentablemente es muy poco conocida y hay que rescatarla, porque fue pionera en la creación de un taller de restauración, y que sigue vigente hasta nuestros días. Durante su período, el museo se ordenó y se sentaron las bases de un trabajo de resguardo de nuestro patrimonio, en un momento en que esta tarea estaba a cargo de cultores aficionados. De ese taller luego nacieron otras instancias, hasta llegar al Centro Nacional de Conservación y Restauración de la Dibam".

-¿Cómo definiría su relación con la ciencia?

"A Lily siempre le interesó el límite entre arte y ciencia. En varias entrevistas me dijo que cuando uno trabajaba con la exactitud del número científico, el arte desaparece. El arte, para ella, debía dejar una huella, una pequeña imperfección, una expresión de la persona estampada en los materiales. Todas esas inquietudes la revelan como una artista muy profunda; no sólo por los viajes físicos, sino también por su geografía interior que fue recorriendo simultáneamente con sus creaciones. Ese espíritu profundo iba aflorando en sus obras de manera muy sutil, llena de detalles y perfección. Sus esculturas de mujeres, por ejemplo, presentan un erotismo delicadísimo, pero sin salirse del canon estético. Por eso siempre he dicho que fue una enamorada de la belleza. Ahí están sus desnudos de mujeres sugeridos, muy bellos, envueltos en una atmósfera pura: con el mármol y la luz creando un efecto entre onírico y clásico".

 


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<p> ARTISTA COMPLETA.- Para Isabel Cruz, Garafulic cultivó múltiples intereses.</p>

 ARTISTA COMPLETA.- Para Isabel Cruz, Garafulic cultivó múltiples intereses.


Foto:Manuel Herrera

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