viernes 13 de abril de 2012  
Javiera y Camila Osorio Ghigliotto:
Las herederas
 
Las hijas de Rebeca Ghigliotto coinciden por primera vez en un montaje teatral, a casi nueves años del fallecimiento de la más fundamental de sus influencias. Con la perspectiva del tiempo, hablan del legado de su madre, del sentido del humor que la caracterizaba, de sus últimos meses de vida y del deseo de preparar algo en grande cuando en 2013 se conmemoren los 10 años de su partida. Ellas son Javiera y Camila, su mejor legado.  

Por Emilio Contreras 

Javiera Osorio Ghigliotto tiene 4 años y busca a su madre detrás de un televisor. La rutina es siempre la misma: se acuesta, ve la pantalla, ve a su madre adentro, se baja de la cama, camina hasta el mueble, se aseguraba bien de que ella no esté escondida atrás y vuelve a las sábanas.

Es 1986, y en Canal 13 están dando "Ángel Malo", esa teleserie que marcó récord de sintonía, y que tenía un guión brasileño eficiente, un reparto de lujo y una de las actrices más cotizadas de la época en un rol clave: Rebeca Ghigliotto como Paula.

-Fue uno de los personajes que más me marcó. No podía creer lo mala que era. Recuerdo haber ido al colegio y que me dijeran: "Tu mamá es muy mala". Me acuerdo también que en otra teleserie, "Ellas por ellas", trataba de matar a su hija, ¡y para mí era terrible! -dice hoy Javiera (29) frente a su hermana Camila Osorio Ghigliotto (36).

-A mí me emocionaba mi mamá cuando actuaba, le creía todo. En el colegio nos preguntaban en qué iba a terminar la teleserie. Y uno iba leyendo los guiones, o la veía ensayar, e iba sabiendo lo que venía, pero teníamos que quedarnos calladas -dice Camila.

Rebeca no les contaba nada. Soportaba el secreto. Igual como ahora lo hacen sus dos hijas mayores, también actrices, las mismas que hoy se suben juntas a un escenario a perpetuar el rito familiar: actuar.

Javiera y Camila son la descendencia del matrimonio entre Rebeca Ghigliotto y Raúl Osorio, este último una institución del teatro chileno: fundador y ex director de la Escuela de Teatro de la Universidad Diego Portales (2001-2005), y director del Teatro Nacional Chileno y de más de 90 obras de teatro. En la casa Ghigliotto-Osorio siempre se respiró teatro. Y hoy, Javiera y Camila, las herederas naturales del linaje actoral, trabajan en "La sonata de los espectros", obra original de August Strindberg, adaptada y dirigida por Javier Ibarra (28), cuñado de Raúl y padre de la hija de un año y tres meses de Javiera: Antonieta Ibarra Osorio, nieta, hija y sobrina de actrices, actores y directores.

-¿Cómo es trabajar tan en familia?

-La Javiera fue alumna mía en la Diego Portales y los últimos 8 años ha sido ayudante en mis clases. Este es nuestro primer montaje, pero algo de experiencia hemos tenido... digamos que es algo especial- dice Camila.

Este es el sexto montaje de Javier Ibarra y su compañía, Teatro del Terror, que como bien indica su nombre, profundiza en el género del terror y sus nuevos lenguajes. También es el segundo en el que participa Javiera, y el primero de Camila con el grupo. Ya llevan varias funciones en el cuerpo: en 2011 estrenaron en la Sala Agustín Siré y en marzo regresaron con un nuevo ciclo, que pretenden extender hasta la primera mitad del otoño. En 80 minutos, la historia retrata el encuentro entre un estudiante (Gastón Salgado) y un oscuro y poderoso hombre de avanzada edad, Jacobo Humme (José Luis Aguilera), quien le promete un departamento lujoso y amor verdadero. Una vez adentro del inmueble, el joven conoce a una bella mujer (Javiera Osorio), y con ella, los secretos que rodean a Jacobo y que serán revelados por Amalia (Camila Osorio).

-La obra tiene que ver con el desamor en las relaciones familiares. Esta es una familia donde nadie cuida de nadie- dice la mayor de las hermanas Osorio Ghigliotto.

Pero esa premisa, en su vida diaria, está lejos de ser cierta.

EL GEN GHIGLIOTTO. Javiera y Camila se parecen, y ambas se asimilan al rostro calmo de su madre. Incluso a veces, cuando actúan -o abajo del escenario-, reconocen a su madre en los gestos de la otra, y en las voces y movimientos de ellas mismas. Pero las dos, en rigor, son muy diferentes.

Javiera estudió actuación en la Universidad Diego Portales. Camila lo hizo en Francia, en una compañía itinerante y en eso que llaman la universidad de la vida. La principal impulsora de la decisión fue Rebeca Ghigliotto ("Ella me habló de la oportunidad que había allá. Fue el principal apoyo"). Tenía 17 años y se fue con el grupo de Mauricio Celedón, el Teatro del Silencio. Estuvo 9 años fuera de Chile. Aprendió artes circenses. Se dedicó a la antropología teatral, al teatro oriental. Trabajó con el Circo Barroco. Regresó al país a montar obras extranjeras y se quedó. Javiera miró todo desde Santiago.

-A mí me tocó un camino tradicional, en el que si quería ser actriz tenía que estudiar. Si se me hubiese presentado la oportunidad que tuvo mi hermana, claro que la hubiese tomado- dice hoy, sin arrepentimientos.

Nunca se sintieron presionadas a hacer algo que no querían, y tampoco a ser deslumbrantes en el escenario, a pesar de sus apellidos. Pero Ibarra nota la diferencia de trabajar con ellas.

-El valor tiene que ver con el talento y la capacidad de trabajo de ambas. Vienen de dos grandes talentos del teatro. Sus aportes son sus conocimientos. Y eso tiene que ver con haberse criado en este medio. Con ellas se puede hablar de teatro todo el día- dice.

Rebeca Ghigliotto se casó joven con Raúl Osorio, pero terminó separándose de él. Hizo decenas de teleseries, pero su rol en el sketch del programa "Medio Mundo", La Vicky y la Gaby, es el más recordado. Rebeca era la Gaby.

-Lo de La Vicky y la Gaby es algo heavy. Después de todos estos años se sigue recordando a mi mamá de una manera muy cariñosa. Traspasó el personaje con lo que ella era. Y eso es trascender: cuando tu trabajo trasciende, incluso, a tu mismo trabajo -dice Javiera.

-Siempre me dicen: '¿tu mamá era así como se veía? Y ella era tal cual. La gente agradece mucho eso de haberlos hecho reír, sobre todo en una época donde no había por qué reír. A mí me llegan regalos hasta hoy sólo por ser hija de Rebeca. Y en el fondo siento que la gente te trata bien porque así estás tratándola bien a ella. Heredas ese amor. Y eso es algo muy bonito- dice Camila.

La identificación del público por los trabajos de Rebeca no sólo llegó a sus personajes, sino también hasta ella misma. La denuncia por negligencia médica en contra de Clínica Las Condes -por no haber diagnosticado la ramificación del cáncer en sus pulmones, que derivó en la metástasis en el hígado de la actriz- encontró en el público apoyo y respaldo. Rebeca protagonizó un juicio, el mismo que después del fallecimiento sus hijas caducaron con previo acuerdo de las partes.

-La reparación que podía hacer la clínica, en términos morales y económicos, eran imposibles de costear. Después de su muerte, ya no había nada más que hacer- dice Javiera.

Con ella y con Camila se quedó Lulú, la menor de las Osorio Ghigliotto, estudiante de IV° Medio, de 19 años, que aún no sabe qué carrera elegir.

-No ha manifestado si quiere ser actriz. Pero bueno, influenciada por la familia ya está- aclara, con risa, Javiera.

-Como no está la mamá, el rol se reparte. A veces mi hermana es más mamá mía. En otras, yo soy más mamá de ella. Nosotras somos mamás de la Lulú también. En términos de cuidado, nos vamos pasando la pelota- reflexiona Camila.

NUNCA SOLAS.En un café de Bellavista, a pasos del Teatro Ladrón de Bicicletas, donde se monta de jueves a sábado "La Sonata de los espectros", Javiera y Camila recuerdan a su madre lejos de la pena.

Rebeca murió cuando Javiera cursaba segundo año de universidad. Nunca la vio actuar en exámenes. Tampoco en las dos incursiones que ha hecho en TV: en la teleserie "Quiero, si tú quieres" (Canal 13) y en "40 y tantos" (TVN). "Mi mamá tenía el don de decir lo importante. Decía 2 o 3 cosas que eran al callo, rudas, pero verdaderas. No era que no les gustó y no le gustó no más. Para ella todo era mejorable, todo era perfectible".

-Debe haber sido perfeccionista Rebeca -dice Ibarra- porque ellas, cuando actúan, vaya que lo son.

-¿Cómo fue su adolescencia con una madre actriz?

Camila: "Mi mamá tuvo que renunciar mucho a la familia para trabajar en el teatro. Nosotras, que somos lo que somos gracias a ello, estuvimos muy solas en un momento. Esto de hacer teatro en familia también responde a una dinámica de lograr cierta amabilidad de nuestros niños. Yo estoy mucho más en la casa de lo que estaban mis papás, porque uno sabe la importancia de ese 'estar'".

Camila y Javiera viven en el mismo terreno. Javiera, su esposo y su hija habitan en una casa. En la otra, Camila y su hija Rebeca. Y con ambas, su hermana Lulú. El contacto es diario. Se ven todos los días y en todas las partes donde confluyen. Conversan, quizás, más que cualquier dupla de hermanas promedio.

-Me imagino que el recuerdo que tienen de su madre va cambiando y se profundiza todo el tiempo. ¿A casi 9 años, cómo la recuerdan hoy?

-Pienso en cómo hizo su familia, en cómo hizo teatro. Ahora recién fui mamá y se me vienen esas reminiscencias de ella siendo actriz, que es un rol de madre súper particular: trabajar en la noche, los sábados, cuando los otros papás no trabajan. Eso te hace recordar- dice Javiera.

Al mediodía del 20 de septiembre de 2003, Rebeca Ghigliotto falleció en su casa de El Arrayán. Tenía 48 años. Sus últimos días fueron reposados y con los dolores de la enfermedad aún presentes. Con las energías que le quedaban, hablaba con sus hijas, les daba las últimas lecciones, recibía algunas amigas y aprovechaba de reírse de su enfermedad.

-A pesar de la densidad de lo que vivía, había en ella una cierta liviandad y mucho humor. También eso fue un aprendizaje porque finalmente te das cuenta de que nada es tan grave como parece- explica Camila.

-Todo era tan grave, que lo mejor era reírse-, dice Javiera y ríe.

En complicidad, cruzando miradas, las hermanas Osorio Ghigliotto miran el 2013 y la que será la conmemoración de los 10 años de la partida de su madre.

-Algo vamos a hacer... Puede ser que esto de trabajar juntas sea una señal, porque nosotras siempre hemos tomado caminos diferentes y ahora nos estamos encontrando. Este es un proyecto familiar y me gustaría darle una continuidad- dice Javiera.

-Para mí es un encuentro importante, porque no es trabajar con la familia por la buena onda, es un cuento teatral que nos da vuelta. Tiene que ver con temáticas comunes. Tenemos un grupo. Ya no me siento tan sola- dice Camila.

El director Javier Ibarra trabaja con Javiera en una nueva obra, llamada "Vivan nuestros poetas", y con Camila en "Ricardo III" de Shakespeare, donde ambas volverán a compartir escenario con la compañía Teatro del Terror. Y a pesar de que la fecha tentativa del nuevo montaje es noviembre, ninguna de las dos quiere apresurarse. Ni tampoco adelantarse. Quieren disfrutar del presente y de los miles de segundos que pasan juntas al día: en la universidad, en el teatro y en su casa.

Las hermanas Osorio Ghigliotto no quieren volver a despedirse nunca más.


 

 

Por Emilio Contreras.

   
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