BIOGRAFÍA Animadora fundamental de la escena chilena del siglo XX
Sylvia Soublette escribe sus memorias y lanza su primer CD monográfico

Se ha dedicado a todos los aspectos de la música: la composición, la interpretación, la dirección y la gestión. A sus 90 años de edad, sigue plenamente vigente, y hace un balance de su carrera: "No he ganado un peso con la música, pero no me importa. Tengo una verdadera vocación de enseñarle a la gente joven".  

Romina de la Sotta Donoso 

Sylvia Soublette (1922) ha sido una actriz fundamental de la escena musical chilena. Como soprano, está entre las mejores intérpretes de lied de nuestra historia. Como directora, su trabajo con el pionero Conjunto de Música Antigua de la UC, en los años 60 y 70, le dio fama internacional. Como profesora, formó a decenas de intérpretes en el Instituto de Música de Santiago, que ella misma fundó. Como gestora, estrenó en Chile varias óperas de los siglos XVII y XVIII. Pero no sólo se dedicó al rescate del repertorio, sino que también a la creación: sus arreglos han sido interpretados durante décadas por coros nacionales y extranjeros.

En estos días, Soublette está abandonando el departamento que compartía con su marido, Gabriel Valdés, quien falleció hace siete meses. Le da demasiada pena estar ahí. Con él se casó en 1946. "Gabriel tenía una linda voz de barítono y cantaba en un cuarteto con sus dos hermanas y Alfonso Letelier, que era casado con una de ellas. Formamos el Octeto Vocal, e hicimos Poulenc, Debussy y Ravel, puras cosas contemporáneas... (ríe). Hace hartos años que yo no soy nada de contemporánea ya (ríe)".

-Además de ser compositora, se ha dedicado a la interpretación, a la enseñanza y a la gestión. ¿Cree que está al debe en la composición?

"Sí. Le quedé debiendo a la composición. Podía haber compuesto más si hubiera tenido esa vida de mucha paz y tranquilidad que necesita un compositor. Pero he hecho una vida muy activa, e incursioné en muchos aspectos de la música. Mi marido era un político y yo tenía que acompañarlo a sus muchos compromisos".

Además de haber sido ministro de Estado, Gabriel Valdés fue también senador y embajador. Su última destinación fue Roma, entre 2006 y 2008.

"En Roma empecé a escribir de nuevo. En ese período comenzó a componer "Misa Romana", obra para orquesta, coro y solistas que será estrenada este jueves en el IX Encuentro de Música Sacra de la UC, que se realiza en el Campus Oriente UC. En ese concierto también se estrenará su Stabat Mater Dolorosa , y se lanzará el primer disco monográfico de la compositora (ver recuadro).

-¿Cuáles son sus planes futuros?

"Voy a seguir componiendo, si Dios quiere, y estoy escribiendo mis memorias. Parece que va a ser muy largo (ríe). He escrito desde que nací hasta el período en que empiezo a trabajar con Domingo Santa Cruz, después de volver de Francia, donde estudié con Milhaud y Messiaen. Es muy entretenido recordar todo el pasado".

Recuerdos de vida

Su madre era cantante, y su abuela, compositora. Pero lo que más impresionó a Sylvia Soublette en su temprana infancia, fue escuchar obras corales de Bach cuando su padre la llevó a la Iglesia Luterana de Valparaíso. "Eso me impactó", reconoce. "A los 12 años, juntaba a mis primos y hacía pequeños arreglos, les enseñaba las voces y cantábamos. Y este entusiasmo fue creciendo hasta que formé el primer coro que hubo en la Universidad Católica de Valparaíso". Pero a esta viñamarina, que entonces tenía 22 años, no le bastó con un coro femenino: "Le dije al rector que quería formar un coro masculino, y él se rio de mí. '¿Usted cree que la van a respetar?', me dijo. 'Ya lo verá', le respondí. Y se portaron estupendo los chiquillos".

Después se integró al Departamento -hoy Instituto- de Música de la UC, e hizo historia al cofundar con Juana Subercaseaux el Conjunto de Música Antigua de la UC, el segundo de todo el continente. "Los primeros cuatro años estudiamos mucho la interpretación de la época y eso me marcó: las voces que se necesitan para hacer la música, yo diría hasta Mozart, no deben tener un gran vibrato, deben ser frescas y cristalinas".

Por quince años dirigió el conjunto, y gran parte del repertorio eran arreglos que ella misma hacía. Por ejemplo, sus famosos Sonetos sobre textos de Pablo Neruda. "La verdad es que me quedaban bastante bien", asume, y reconoce que "pasaba gato por libre". "Una canción que tuvo un éxito increíble en la gira que hicimos en Estados Unidos, fue 'Anoche estando durmiendo', de la Violeta Parra, con una melodía que ella encontró en Chiloé". Recuerda también cuando actuaron a los pies del Partenón: "Un crítico inglés dijo que había oído la cosa más rara, un grupo chileno en Grecia que cantaba tan bien como los ingleses los madrigales isabelinos (ríe)".

Tras el Golpe, se exilió en Nueva York y luego en Venezuela, donde creó una camerata que existe hasta hoy. Ya de vuelta, fundó la Cantoría San Francisco. "Raúl Salhi, presidente del Banco Español, me dio el dinero para arreglar lo que había sido una sala de actos de los franciscanos en el año de la pera. Pero después cambiaron al superior del Convento San Francisco, que era el padre González, y pusieron otro típico padre, bien estricto, que me dice que me tengo que ir. Y no dejo de encontrarle razón, pues teníamos 50 alumnos que a veces se paseaban frente a las celdas de los padres (ríe)".

-Ahora que está escribiendo sus memorias, ¿hay algo que le hubiera gustado hacer de otra manera?

"Fíjese que me siento muy satisfecha de lo que he hecho en mi vida. Si uno piensa en la parábola de los talentos, siento que he cumplido con lo que Dios me ha dado. He hecho lo posible por trabajar, y he estado en varios aspectos de la música. Fuera de la composición y del canto mío, tengo una verdadera vocación de enseñarle a la gente joven. Eso ha sido, para mí, la mayor satisfacción. No he ganado un peso con la música, pero no me importa nada".

-¿Cuál es su mayor orgullo profesional?

"Desde luego, el trabajo con el Conjunto de Música Antigua, y lo que se hizo en el Instituto de Música de Santiago. También tengo muy buenos recuerdos de conciertos que yo di con lieder y canciones francesas, con mi profesor, Federico Heinlein, al piano".

-Háblenos de su carrera de cantante.

"Mi registro es de soprano, pero nunca tuve una gran voz como para ópera. Sí podía cantar Mozart y lieder . El lied es una música intimista, que le sugiere a uno un estado de ánimo exacto. Yo viví una época muy feliz de la música, en mis tiempos se hacía mucho recital de cantantes, en los que primaba la música romántica de Schubert, Schumann, Brahms y Wolf, y también de los franceses, de Debussy, Ravel y Fauré. Y cuando a uno le gusta mucho eso, cuesta ser operática".

-Son dos formas de entender la voz, ¿no?

"La ópera italiana tiene como fin más importante lo teatral, y la voz también debe ser teatral. No hay nada íntimo, es todo exterior. Antiguamente, la voz era un elemento para dar a conocer la música, pero del siglo XIX al XX comenzó este movimiento posromántico italiano en que la voz pasó a ser el elemento más importante y, por lo tanto, se le empezó a exigir una técnica que impresione. Personalmente, rechazo todo eso".

-¿Cómo ve la evolución de su pluma?

"Es muy divertido, porque toda la primera etapa de mi música es mucho más moderna que hoy. Antes yo estaba en la posición joven de ser vanguardista, y muchas veces escribí cosas que no eran de toda mi persona. Este último tiempo me he dedicado mucho a la composición, pero he tratado de ser lo más franca posible, y no pensar si estoy o no a tono. Al llegar a la madurez me doy cuenta de que soy una persona de mucha vida interior y espíritu, y además soy creyente. En este momento la música religiosa me sale muy fácil".

-¿Qué rol ha jugado su familia en su carrera?

"Mi familia es tremendamente unida, mis hijos son estupendos, y toda la vida han celebrado lo que yo hago. Mi marido fue excelente, porque me dejó toda la libertad para que yo pudiera hacer lo que quería, y mi hijo Max (Maximiano Valdés) también ha sido un motivo de gran satisfacción y orgullo".

Becerro de oro

"He sido una persona muy luchadora, he pasado por todas las dificultades y he salido adelante. Trabajé 20 años en el Instituto de Música de Santiago, no tenía plata, pero me ayudaba mucha gente, por ejemplo Ricardo Claro, y la Fundación Andes. Muchas veces yo no sabía con qué iba a pagar los sueldos de los profesores al mes siguiente. Todo fue con mucho sacrificio y con mucho susto", dice Soublette, quien recuperó y estrenó en Chile varias óperas olvidadas: "Dafne" de Antonio Caldara (1999), "Dido y Eneas" de Purcell (2000), "El hijo pródigo" de Debussy (2002), "L'incoronazione di Poppea" de Monteverdi (2004), "El triunfo del honor" de Scarlatti (2009), "Il filosofo di campagna" de Galupi (2010).

-¿Qué la motivó a montar estas óperas?

"Como en Chile tenemos el Municipal solamente que hace ópera, donde vienen siempre cantantes internacionales de mucho calibre, son muy raras las ocasiones en que los roles principales están hechos por un chileno, y eso impide la formación de nuestros cantantes. Por eso, cuando volví de Roma quise crear un elenco de ópera con gente joven, y formarlos para que después accedieran al Municipal. No tuve ningún éxito, los empresarios no me respondieron. Los únicos que me han respondido siempre son Gonzalo García, de la Papelera, y Mauricio Larraín, del Banco Santander. Hasta el año pasado me ayudaban. Este año, ya desistí. No porque no tenga energía, a pesar de mis años. Sencillamente encuentro que no vale la pena, porque en este momento todo lo que se hace en materia de música es para deseducar. Lo que le gusta a la gran mayoría de la gente ni siquiera es música verdadera".

-Parece que usted ha tenido que pedir muchos favores para hacer música.

"Claro. Muchos. He tenido que pedir ayuda económica, porque a pesar de que hay gente que cree que uno es millonaria, eso es mentira (ríe). Mucha gente me ayudó, al principio. Pero este país va por un camino que a mí no me gusta nada, el camino de la adoración del becerro de oro. Y cuando uno hace todo por dinero, y todo lo compra, empieza a desvirtuarse el arte. Ahora hay gente que no canta, sino que habla, es decir, canta en un solo tono. Hoy día no se oye una mínima forma en las canciones, estas no tienen pies ni cabeza, ni melodía aceptable, ni siquiera audible. Yo sé que soy bien crítica, pero así es la cosa".

 El CD se lanzará con un concierto gratuito en el Campus Oriente UC

Aunque sí hay registros de su trabajo como directora y de sus arreglos, no existía ningún CD monográfico. Tras ganar un Fondo de la Música, Sylvia Soublette trabajó todo un año con el director Víctor Alarcón, el Coro de Estudiantes UC y los solistas Jeanette Pérez, María Teresa Domínguez e Isaac Verdugo, más la Orquesta Marga Marga, para grabar este disco.

En "Sylvia Soublette: Compositora chilena" se incluyen su pequeña Suite para violín y piano, los Sonetos "En los bosques", "Sabrás que te amo" y "Dos amantes dichosos", tres madrigales, y su Misa Romana. El CD se lanzará este jueves, a las 19:30 horas en el Templo Mayor del Campus Oriente UC. En el concierto, gratuito, los mismos intérpretes ofrecerán dos estrenos mundiales de Soublette: su Stabat Mater Dolorosa y su "Misa Romana", y estará disponible el CD.

Respecto de la "Misa Romana", obra para cuerdas, vientos y percusión, más coro y solistas, Alarcón comenta que "es muy dramática. Mezcla la tradición modal de la música antigua con una armonía más moderna basada en disonancias diatónicas y cromáticas. La pluma de melodías de Sylvia, como siempre, es de mucho vuelo".



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1970.- Conjunto de Música Antigua de la UC: Florencia Pierret, Renate Mattic, Walter Olivares, Mirka Stratigopoulou, René Covarrubias y Óscar Ohlsen. De pie: Juan José Letelier, Emilio<br/>Rojas, Carmen Luisa Letelier, Bernadette de Saint Luc y Sylvia Soublette. No está presente en la fotografía Juana Subercaseaux, cofundadora del grupo.<br/>
1970.- Conjunto de Música Antigua de la UC: Florencia Pierret, Renate Mattic, Walter Olivares, Mirka Stratigopoulou, René Covarrubias y Óscar Ohlsen. De pie: Juan José Letelier, Emilio
Rojas, Carmen Luisa Letelier, Bernadette de Saint Luc y Sylvia Soublette. No está presente en la fotografía Juana Subercaseaux, cofundadora del grupo.

Foto:ARCHIVO ÓSCAR OHLSEN

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