Académicos de las universidades de Chile, Católica y Alberto Hurtado analizan sus resultados en el Simce:
Los colegios particulares pagados tienen una gran deuda con sus alumnos

Están estancados, no avanzan en los puntajes y no logran llevar a la mayoría de sus estudiantes a niveles avanzados de aprendizaje. Es válido preguntarse por qué. El problema central, según los expertos, es que no hay profesores de suficiente calidad para nadie, ni siquiera para la élite.  

Pamela Aravena, Pamela Elgueda y Carmen Figueroa 

Tienen muchísimos más recursos que los particulares subvencionados y los municipales, infraestructura y acceso a tecnología. Pueden pagar a los mejores profesores. Sus alumnos son hijos de profesionales y ya traen consigo un capital cultural. La selección de los estudiantes les permite elegir y cuentan con la posibilidad de "invitar" a irse del establecimiento a los estudiantes que les incomodan.

Así las cosas, los colegios particulares pagados deberían tener resultados de excelencia. Sin embargo, la mayoría lleva años sin subir significativamente sus puntajes Simce. Están estancados y a nadie parece importarle.

"Tenemos alumnos talentosos, con apoderados responsables que dedican horas a ayudar a sus hijos, muchos que contratan psicopedagogos, en un país donde, además, los padres cada 10 años aumentan en un año su escolaridad en promedio, ¡pero no se nota!", dice Juan Pablo Valenzuela, del Centro de Investigaciones Avanzadas en Educación, CIAE, de la Universidad de Chile.

Él es uno de los cuatro investigadores que analizan aquí por qué esos colegios están en deuda con sus alumnos, las causas profundas del problema y entregan sugerencias.

Algunos podrían argumentar que el problema se debe a que hay un efecto techo de la prueba, es decir, que los alumnos de los colegios particulares pagados están en el borde del puntaje máximo, donde los movimientos siempre son tenues. "Pero eso se descarta cuando ves que los sectores medios y medio-altos están igualmente constantes", asegura Lorena Meckes, ex directora nacional del Simce e investigadora del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación, Ceppe.

"Suponiendo que ya alcanzaron el techo, entonces la mayoría de los estudiantes tendrían que estar en el nivel avanzado de logro de los aprendizajes de acuerdo al currículum, pero eso no es así", agrega Meckes.

Según los datos, los particulares pagados tienen aproximadamente al 75% de sus estudiantes en nivel avanzado en Lenguaje y al 65% en Matemática.

"Es válido preguntarse por qué no están llevando al 90% de sus alumnos, al menos, al nivel avanzado, dadas las condiciones en las que trabajan. Es un desafío pendiente para los colegios particulares pagados", afirma Lorena Meckes.

Poco esfuerzo de los colegios

El tema es que parece que el esfuerzo de estos colegios no está puesto en mejorar las capacidades iniciales de sus alumnos. "Cuando uno tiene un modelo como el chileno, donde hay mucha selectividad por parte del sostenedor, y esa selección depende de la condición socioeconómica de los padres, el esfuerzo que hacen los particulares privados es sólo construir prestigio, al costo de que los padres y apoderados no les pedimos que a nuestros hijos les agreguen valor, sino que nos acepten y que nos dejen mantenernos ahí", afirma el economista Juan Pablo Valenzuela.

Coincide Carlos Concha, investigador del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, CIDE, de la Universidad Alberto Hurtado, al decir que hay razones más importantes que el Simce para que algunos padres ingresen a sus hijos a colegios particulares pagados. "Ni siquiera los resultados finales importan, porque ahora hay universidades privadas de élite que no discriminan tanto por puntaje. Por eso en los grupos de élite la decisión de un padre sobre el colegio de su hijo tiene que ver también con el tema social, los iguales, la segmentación y generar redes".

Los expertos coinciden en que los temas de calidad de la educación son mucho más complejos y tienen que ver, también, con aceptar la diversidad. Si hablamos de segregación escolar, Chile es segundo en PISA entre los 75 países con que se mide, y por lejos ocupa el primer lugar entre los de la OCDE. El problema se da tanto entre los más vulnerables como en la élite. "Esto quiere decir que nuestros alumnos se topan cada vez más con compañeros más parecidos. Nosotros tenemos problemas de inclusión de niños con problemas y de integración social. Nuestras escuelas desintegran, destruyen, agudizan las diferencias. Voy a colegios con mis iguales y el resto son casi iguales, y no reflejan el promedio", asegura Valenzuela. "Son pares perfectos socialmente, van a las mismas escuelas con los mismos grupos. Es casi estamental, cuando en verdad la escuela debería ser un espacio de construcción republicana o de integración social", afirma Concha. El problema, agregan, viene después, cuando deben trabajar con personas de otros estamentos sociales, pero cuando la polarización ya está instalada.

Y también se ve cuando nos comparamos con otros países. El 5% de los mejores estudiantes chilenos, según la prueba PISA, están dos años atrasados en conocimientos y competencias respecto de la élite de Finlandia, y un año y dos meses respecto del promedio de los países desarrollados de la OCDE.

Por otro lado, hay evidencia desalentadora. En el CIAE están construyendo un indicador de resultados de 4º básicos y descubrieron que entre 2002 y 2010, 40% de las escuelas mejoró, 40% no se movió y el resto empeoró. Otro descubrimiento: la distribución que se da para mejorar es independiente del nivel socioeconómico de los alumnos. Y el último: cuando las escuelas y colegios en Chile alcanzan cierto nivel, les es más fácil retroceder que mantenerse o seguir avanzando.

Profesores de calidad

"La élite del mundo, la investigación y la evidencia mundial nos vienen anunciando sistemáticamente desde 2004 que tener educación pública y profesores de calidad es lo más relevante", asegura enfático Juan Pablo Valenzuela. El problema, agrega, es que tenemos una gran dificultad para contar con esos docentes (ver recuadro). "Por lo tanto, ni la élite ni nadie tiene a su disposición docentes de calidad que se formen, entren y se queden,", asegura Valenzuela.

"Actualmente, sólo se ha abordado el tema de la formación inicial de profesores, es decir, los que están estudiando", explica Concha. "Pero respecto de los 180 mil que ya están ejerciendo y que van a seguir educando los próximos 15 o 30 años, nada. La evaluación es el único mecanismo de control de su mejoramiento. Pero no existen programas serios de reprofesionalización, actualización didáctica o disciplinaria, de generación de redes de apoyo, que se hayan abordado".

Valenzuela es enfático: "La gran apuesta debe estar en los profesores, incluyendo a los directivos. Seducir a los jóvenes para que ingresen y se queden. Terminar con el financiamiento compartido, más educación pública de excelencia, con colaboradores privados que agreguen valor, pero sin seleccionar ni cobrar. Y más regulación. Deberíamos tener un sistema que nos asegure que al abrir una escuela, es la mejor que podríamos tener".

El tiempo apremia, según los expertos. Mientras más esperemos para iniciar los cambios, peor para Chile.

 Perfil de nuestros profesores

* Según la prueba Inicia, para egresados de Pedagogía, quienes tienen mención en Lenguaje logran apenas 55% de respuestas correctas; en Comprensión de la Sociedad, 47%; en C. de la Naturaleza, 46%, y en Matemática 42%.

* Sólo 5% de los estudiantes responde bien más del 75% de las preguntas.

* Sorpréndase: Sólo uno de cada 100 egresados de Pedagogía conoce los factores que inciden en el aprendizaje de sus alumnos, domina el proceso necesario para enseñarles y entiende su responsabilidad profesional como docente.

* Cuando se mira a los profesores que ya ejercen, el panorama sigue siendo desalentador. De acuerdo a la evaluación docente, uno de cada tres está en nivel básico o insatisfactorio.

Menos competitivos, la principal consecuencia de un Chile atascado

Apenas aparecen los resultados del Simce los padres corren a mirar los números. Pocos, en cambio, se detienen en el dato más relevante: cuántos de los niños de su colegio o del país están en niveles superiores de logro. Las noticias no son buenas.

En 4º básico, apenas tres de cada diez estudiantes consigue el grado avanzado en Matemáticas y Ciencias Naturales, y sólo cuatro alumnos en Lenguaje. En 8º básico la situación es peor: 6,5 de cada 10 niños está en nivel inicial o básico en Matemáticas y sólo uno en avanzado; mientras, en Lenguaje menos de tres estudiantes consiguen estar entre los mejores.

Al ritmo de estos resultados, faltan muchísimos años para que alcancemos las metas: en 4º básico necesitaríamos 10 años en Lectura y 36 años en Matemáticas; y en octavo básico, 88 años en Lectura y 87 años en Matemáticas.

Hasta hace poco tiempo se decía que parte del crecimiento económico de un país tenía que ver con los años de escuela de sus habitantes. Pero la evidencia mundial ha demostrado que no tiene mucho impacto que la población tenga escolaridad completa. Hoy, para incrementar la competitividad de los países, se considera mucho más relevante la calidad de la educación.

"Los altos estándares en la educación no se requieren sólo para ese 2% de la élite, que la necesita, sino que para todos los estudiantes. La meta de Chile no debería ser obtener 10 puntos más de Simce. Es mucho más relevante no tener nunca más niños en niveles iniciales de logro en ninguna materia. ¿Cuánto nos vamos a seguir retrasando en tener a todos los niños, ¡todos!, en el nivel avanzado, aprendiendo lo que deben, según el currículum? Cuando logremos esto último, por añadidura va a subir el puntaje promedio", afirma el experto del CIAE, Juan Pablo Valenzuela.

Según los académicos, no conseguir este desafío no sólo tiene costos en competitividad, sino también en crecimiento económico, convivencia, equidad, integración.

"Andreas Schleicher (coordinador de la prueba internacional PISA) dice que las competencias que requieren los nuevos ciudadanos para ser parte de un mundo globalizado no son genéricas, son específicas y se alcanzan en niveles complejos de aprendizaje. No sólo tienen que ver con resolver problemas, sino con aplicar conocimiento diverso a situaciones nuevas. Y en Chile, incluso dos tercios de la élite no entienden lo que lee. Estamos hablando de empresarios y de profesionales", agrega Valenzuela.

La consecuencia es clave: a fines del año pasado Esteban Puentes, investigador del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, explicó que hay una relación directa entre la capacidad lectora, el pensamiento crítico, el aumento de la productividad y un mayor nivel de salarios. Y agregó que 32% de la brecha entre el Producto Interno Bruto chileno y el del resto de los países de la OCDE podría vincularse, precisamente, con las grietas en la capacidad lectora de la población.

Lo que muestra PISA

Cuando estuvo de visita en 2008 en Chile, Andreas Schleicher, director de la División de Análisis e Indicadores de la OECD a cargo de la prueba PISA, no dudó en advertir que los resultados obtenidos por los alumnos de los colegios privados en ese test internacional no estaban a la altura de lo que deberían. "PISA muestra que no hay mayores diferencias entre lo que hace el sector público y el privado, si trabajan con niños de un mismo nivel social. En Chile, si vienes de una familia acomodada, te va a ir igual de bien casi en cualquier colegio. Eso los padres no lo saben", dijo en esa oportunidad en entrevista con "El Mercurio".

Cuatro años después, y con los datos de PISA 2009, Schleicher advierte que esa situación no ha cambiado: "¿Qué es más importante? En mi opinión es que (los desempeños) de los colegios privados en Chile están muy por detrás de los colegios públicos y privados de algunos de los sistemas educativos más avanzados. Por ejemplo, en Hong Kong, los niños de las escuelas públicas son socialmente más desfavorecidos que los de las escuelas privadas de Chile, pero están varios años por delante en su desempeño".



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Mientras los colegios municipales se movilizan para exigir mayor calidad educativa, los padres y alumnos de colegios particulares pagados ni siquiera sospechan que también son víctimas de una educación que se estancó, que los priva de buenos profesores y de logros académicos importantes.
Mientras los colegios municipales se movilizan para exigir mayor calidad educativa, los padres y alumnos de colegios particulares pagados ni siquiera sospechan que también son víctimas de una educación que se estancó, que los priva de buenos profesores y de logros académicos importantes.
Foto:ÁLEX VALDÉS

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