"Bonsái":
Mundo fuera de compás

Christian Ramírez 

Para qué irse por las ramas: no es fácil entrar a "Bonsái". Si leerse el libro de Alejandro Zambra tomaba alrededor de media hora o quizás menos, la película demora un poco más que eso para sumergirse por fin en la educación sentimental de un joven que parece recorrer el mismo camino que el sujeto de la novela, un tipo que comparte su nombre y muchas de sus peripecias, pero que en pantalla se siente mucho más huérfano y frágil que la criatura de papel, que -huacha y todo- al menos se iba siempre acompañada por la mano que lo iba creando línea por línea, página a página.

En estos días en que la gente hace colas hasta por la escalera de los cines para ver "The avengers", el perplejo Julio del filme viene a ser un ente solitario, pero que sin duda hace sentido dentro del panorama del último cine chileno, tan recogido, tal vuelto sobre sí mismo. Desde "Post mortem" a "Metro cuadrado", pasando por "Verano", "Turistas", "La vida de los peces", "Sentados frente al fuego" hasta llegar a "Gatos viejos"... En este mundo puertas adentro, "Bonsái" y su protagonista dejan de ser la excepción y pasan a ser uno más: su historia de amor y luego desamor con Emilia se desenvuelve con distancia, sin estridencias y casi fuera de compás, y la cinta consume una buena cantidad de metraje hasta que el espectador por fin es invitado casi al pasar, como de casualidad, a mirar de frente a este sujeto que anda por la vida paseándose con su corazón destrozado, una licencia que de hecho el libro de Zambra -aún más contenido y sintético- no se alcanzaba a permitir.

La sensación no es cómoda, menos todavía de cara a nuestro actual devenir de realities, posteos, memes y polémicas explosivas, donde los interpelados suelen expresar intensamente lo que sienten, para ir evaluando las consecuencias después, en el camino. Los personajes del libro carecían de esa libertad porque sus caminos quedaban trazados desde el principio, desde el primer párrafo incluso. Los de la película alcanzan a ilusionarse un poco más antes de caer presa de un destino si se quiere más atroz: los manuales de guiones nos suelen recomendar que los personajes de una historia vayan, gradualmente, "abriendo su corazón", de modo que hacia el clímax de la narración las emociones de cada uno queden expuestas y generen empatía con una audiencia, que a su vez las va contrastando con sus propias experiencias. En "Bonsái" -la película- todo parece ocurrir a la inversa. Cuanto más urgentes se vuelven los sentimientos, más alta la pared que levantan los protagonistas. Como extraños que nos topamos en la calle y que ya no volvemos a ver. Se presentan ante nosotros, antes de volvernos la espalda.

El propio filme es incapaz de mantener esa constante tensión entre intimidad y distancia, y no puede sino aflojar antes de recuperar el pulso y someter a Julio a un interminable vaivén entre el pasado y el presente, uno que él mismo construye y articula desde el momento en que comienza a escribir, con mano afiebrada, cuadernos de composición que achaca a otro sujeto -Gazmuri, un novelista-, para que sea él quien "cuente" la historia de amor que lo ha acogotado por casi una década y así evitar reclamarla como propia. Puede que esos sean los únicos momentos del filme donde se advierte que sí, que la sangre de verdad está corriendo intensa bajo este gris torrente. Esos, y también ese noventero instante donde los integrantes de Pánico llegan a tocar a la universidad de Julio y Emilia, y muy al fondo -a través del vidrio- se advierte a otros compañeros, con bombo y guitarra, burlándose y cantando, metidos dentro de su propia historia. Llevándose la fiesta lejos de aquí. Lejos.

 BONSÁI

Dirección: Cristián Jiménez.

Con: Gabriela Arancibia, Cristóbal Briceño y Julio Carrasco.

País: Chile, 2011.

Duración:

95 minutos.



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Protagonista Julio sin duda hace sentido dentro del panorama del último cine chileno, tan recogido, tal vuelto sobre sí mismo.
Protagonista Julio sin duda hace sentido dentro del panorama del último cine chileno, tan recogido, tal vuelto sobre sí mismo.
Foto:Jirafa/Rizoma Films/Rouge International Jirafa/Rizoma Films/


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