Estallidos de belleza sobre la nada y el vacío

por Jessica Atal 

Cristián Warnken se consolida como poeta en éste, su primer libro publicado. El poeta llega aquí con la voz de un chamán, de un sabio que guarda dentro de sí el conocimiento más primitivo y, por lo mismo, más verdadero, del origen del mundo y del hombre. Pero este chamán se sitúa en los confines del fin del mundo y sufre, perplejo y triste ante lo que ve. El espectáculo es desolador: "(...) 'la belleza ha muerto'/ 'la verdad ha muerto'/ 'la inocencia ha muerto'/ 'la realidad ha muerto'". Ya lo advertían profetas anteriores como Ezra Pound y Edgar Allan Poe que se cuelan en los versos de Warnken. Ahora, eso sí, la situación es extrema: no existe realidad, sólo "imágenes virtuales y palabras rotas". A este mundo aterrador se enfrenta el chamán; desde "este no-lugar" -porque "El Aquí ya no existe"- busca explicaciones sobre tantos "teclados vacíos y pantallas voraces"; aquí comienza su empresa para llegar a saber dónde están sepultadas las verdades, porque lo único que escucha son palabras de almas virtuales que ya no dicen nada. Mentiras. El lenguaje ha perdido su magia, su fuerza, su sentido. La palabra ha muerto, y en este mundo de venganzas y máscaras, en este circo de vanidades, el aterrizaje es en la Nada. El chamán ha regresado sólo para "despertar en el peor de los mundos".

Entonces, ¿qué se puede hacer frente a esta nueva tierra baldía? Sólo perder la memoria y volver a preguntarse el nombre de las cosas: "¿Cómo se llaman esas estrellas?/ ¿Cuál es el nombre de ese árbol?/ ¿Cuál es tu nombre, pájaro del bosque?/ He olvidado todos los nombres/ Y no sé quién soy". El poeta, el demiurgo ha muerto, como el héroe que ha perdido la batalla, pero, alto, debe renacer. Debe recrear el mundo desde el origen, devolverle sentido a la existencia. ¿Quién más que el poeta y sus versos pueden salvarnos de este proceso kafkiano, de este feroz naufragio en la insolencia y el mal gusto en la era del "gran basural cósmico" donde nos encontramos más solos que nunca?

Es aquí, en este escenario, donde agradecemos la aparición de una voz que se desangra frente a la página en blanco, porque tiene tanto que denunciar y desarticular y arremeter ante una desatada "incontinencia virtual". Su poesía, como la de un renacentista, un revolucionario, quiere despertar conciencias dormidas. Remover pisos y cabezas. Sacudirlas hasta estremecerlas. Warnken tiene esa fuerza avasalladora que logra, como el chamán con sus poderes, producir fenómenos naturales de proporciones mayores: terremotos de emoción; tornados de conciencia. La sabiduría aquí expuesta no sólo se observa en su inmenso bagaje intelectual traducido en cada verso, sino además el autor posee una sabiduría que es aún más importante, propia del alma ancestral, primitiva, que toca las fibras más delicadas del conocimiento existencial, emocional, natural. Sabe el chamán distinguir el bien y el mal aún con los ojos vendados, porque toca la tierra húmeda. Y aunque sufra y llore, este hombre no se paraliza por el miedo; al contrario, adquiere más fuerzas para lograr su cometido. Finalmente, ¿cuál? La belleza de pensar (el legado de Anguita), que se traduce en la belleza de escribir y en la belleza de crear. Esto es lo que Warnken sabe hacer con maestría. No nos queda más, a nosotros, afortunados lectores, que esperar a que este héroe de la palabra conquiste un nuevo territorio, y después de curar al "verbo herido", quiera cantar otra vez.

Warnken tiene esa fuerza avasalladora que logra, como el chamán, producir fenómenos naturales de proporciones mayores.

 


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<b>Las palabras del chamán en el fin del mundo</b> Cristián Warnken Editorial Pfeiffer, Santiago, 2012, 73 páginas, $11.900. <b>Poesía</b>
Las palabras del chamán en el fin del mundo Cristián Warnken Editorial Pfeiffer, Santiago, 2012, 73 páginas, $11.900. Poesía


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