Feria del Libro de Guadalajara Una apuesta por las temáticas
Beltrán Mena: "Chile tiene que decir que existe como productor de libros"

El pabellón que llevará nuestro país a México, donde es invitado especial, será una "casa abierta" para mostrar nuestra industria editorial. Por lo mismo, Mena advierte que el envío no se centrará en los autores.  

Juan Ignacio Rodríguez y Pedro Pablo Guerrero 

El comisario Mena. De eso viste por estos días el escritor y médico Beltrán Mena, nombrado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para programar los contenidos que conformarán la participación de Chile en la próxima Feria del Libro de Guadalajara, la más relevante de lengua española.

La labor de Mena está lejos de reducirse a elegir a los autores que viajarán a México entre el 24 de noviembre y el 2 de diciembre. Más bien se trata de una gestión que incluye, por supuesto, la conformación del programa literario, pero también, y antes, resolver asuntos de producción que van desde el diseño del pabellón hasta el programa cultural complementario que llevará Chile a Guadalajara.

Y, por el momento, en eso ha estado el comisario y la comisión asesora que integran Juan Carlos Sáez, de la asociación de editores independientes; Pablo Dittborn, vicepresidente de la Cámara Chilena del Libro y director de Random House Mondadori; Chantal Signorio, directora de Puerto de Ideas; Gonzalo Oyarzún, de la Dibam, y Pedro Gandolfo, crítico de libros de este suplemento: "Las propuestas del comisario pasan por este comité asesor, se discuten y se les da el visto bueno final", explica el autor de "Tubab". A lo que se suma lo que planteen las editoriales: "Es importante decir que no es una convocatoria, no es un concurso, pero estamos abiertos a propuestas externas... y llegan muchas", aclara Mena.

Fuera del diseño del pabellón chileno (ver el recuadro), por ahora es poco lo que se puede anunciar, pues los mexicanos exigieron reserva del programa, además de que todavía no se han tomado grandes decisiones en materia literaria. De todos modos, sí se puede adelantar que Gabriela Mistral, Gonzalo Rojas, Roberto Bolaño y Nicanor Parra tendrán mayor visibilidad. Que a las autoridades se les regalará un libro que, lo más probable, será del antipoeta o en relación con él. O que el programa musical en la explanada de la FIL incluirá a Los Jaivas, algo de la nueva canción chilena, también rock, algo de música electrónica, cueca brava, además de un tributo a Violeta Parra, entre otras cosas. Súmese a ello, en espacios que facilita la ciudad, un ciclo de cine chileno con las películas que han recibido premios internacionales en el último tiempo y exposiciones de arte y diseño.

Formulario de autores

La propuesta de autores y temáticas que pueden allegar las editoriales es una instancia abierta debido a la inquietud que algunos editores manifestaron por la falta de participación. Se concretó, primero, a través del envío de ideas vía correo electrónico, luego con el llenado de una ficha y -desde este viernes- en un sitio web con formularios e informaciones varias.

Al consultarlos, los editores coinciden en que es difícil opinar por lo poco que se sabe del programa literario y su enfoque. De todas maneras reconocen que hay una buena disposición para el diálogo y que -dentro de los límites que existen- la información ha estado disponible. Aunque igualmente salen al ruedo inquietudes sobre la necesidad de tener una mayor presencia de editores dado que la feria es, también y sobre todo, una feria de negocios: "En ese sentido las editoriales independientes estamos en desventaja, porque no tenemos recursos, por ejemplo, para costearnos los pasajes. Pero creo que eso se va a ir resolviendo vía proyectos", señala Camilo Brodsky, de Das Kapital.

Claro que la mayor preocupación es que lo que finalmente se envíe a México exprese la diversidad de la escena editorial chilena. Una expectativa a la que Paulo Slachevsky, de Lom, agrega: "Espero que el centro de la presencia de Chile en la FIL sea el libro y sus autores, no que estos sean tratados como un simple instrumento para promocionar la imagen país". Por el contrario, Pablo Dittborn ve en Guadalajara "un gran evento en términos de imagen país, es una ciudad de seis y medio millones de habitantes y la feria tiene una cobertura de prensa impresionante; entonces ser el invitado de honor, llevar diversas expresiones artísticas, es sin duda una gran oportunidad. El mundo editorial tiene una gran ocasión para vincularse con editores y distribuidores del resto de América Latina y de España".

En esa línea, Carlos Honorato, subdirector internacional de ProChile (una de las entidades que trabaja junto al Consejo de la Cultura en la organización), acota: "Hay que transmitir que aparte del libro, que obviamente es lo que más queremos mostrar, tenemos una diversidad de industrias culturales. Nuestro rol como ProChile es implementar la estrategia de internacionalización de esas industrias".

¿Qué opina el comisario Mena? "Como público, al pensar en una feria, uno imagina una mesa redonda o a los autores firmando libros, o sea, algo esencialmente literario. Pero esta es una feria de la industria editorial, entonces todo el foco lo he puesto ahí. Si el año pasado Alemania le decía al mundo: seguimos existiendo, Chile tiene que decir que existe. Y no sólo que existe, sino que existe como fabricante y productor de contenidos y libros. Y eso en medio de un mundo editorial que está derritiéndose y reconformándose por la irrupción digital, por la formación de redes regionales, donde las metrópolis dejan de ser los centros editoriales; a lo que se suma la crisis que tiene a España con un 25% de cesantía. En ese escenario, ir a apostar, por decir algo, por la dramaturgia joven contemporánea o por la poesía regional, es un despilfarro. Con la oportunidad de ser el invitado de honor de la feria más importante en castellano, hay que decir: tenemos una industria y esta es nuestra industria completa".

-¿Qué implica eso respecto al programa literario?

"Que sea ecléctico, abierto, muy amplio, en lo generacional y en lo temático. Desde autores consagrados que no pueden faltar, como Parra, hasta jóvenes que haya que posicionar e impulsar. Desde temas como poesía hasta nefrología. Entonces, en el programa habrá un porcentaje importante de mesas o conferencias sobre temas no literarios, porque es una señal. Tienes que decir allá que no sólo hacemos poesía".

-Pero predominará lo literario.

"Esto es una feria, no es el premio Nobel, no es el canon de la literatura chilena. Claro que no vamos a hacer una mesa redonda sobre ingeniería estructural, pero sí habrá un espacio en el programa para la historia, la filosofía, el cine y otras materias que no sean necesariamente literarias. Aunque el grueso del programa va a ser literario".

-¿Cuánto se ha avanzado en lo último?

"Algunos autores ya saben que están invitados, pero el grueso de la programación editorial y literaria no se ha definido todavía".

-¿Hay un tope de autores?

"Hay un tope presupuestario. Yo he defendido con uñas y dientes que no haya un tope de personas, porque si dices que hay sesenta cupos, comienza altiro una lucha por ellos. Por lo mismo, velo por la unidad de contenido, son las temáticas las que nos importan".

-Algunos editores más chicos se han quejado porque van a ir invitados por la delegación autores que podrían llevar las editoriales grandes.

"Nosotros estamos trabajando independientemente del tamaño de la editorial, hemos insistido en que la invitación es al autor, no a la editorial. Si alguien publicó en una editorial chica y luego se fue a una grande: ¿a qué editorial estamos invitando? A ninguna de las dos, sino que al autor. Además, los microeditores pueden plantear propuestas propias a través de los formularios; también está Ventanilla Abierta, el envío de los 20 mil libros. Insisto, nadie habla de editoriales en el comité, se habla de autores y de temas".

-¿Irán los premios nacionales?

"A los premios nacionales se les invita especialmente, ¿a qué?, a lo que quieran. Ojalá vayan. Se hará todo lo posible por llevarlos, pero hay que hablar con ellos para ver cuál es el formato más adecuado".

 La casa abierta y librería

"El año pasado tú ibas al pabellón de Alemania y tenía todo, un quiosco de información universitaria, una librería, etcétera. Pero no había una solución arquitectónica, no sentías que entrabas al stand de Alemania . En cambio, en este caso entrarás a un espacio que, sin ser cerrado, dé la sensación de que entraste al pabellón de Chile. Está rodeado de unas terrazas , entonces tiene un espacio intermedio de preparación: bajas la escalinata y hay una antesala y luego entras. Y al otro lado, cuando sales, no sales directamente al pabellón siguiente, sino que pasas por unas etapas intermedias". Así describe Beltrán Mena el pabellón que instalará Chile en Guadalajara, cuyo diseño estuvo a cargo de la oficina DAW, tras ganar una licitación a la que llamó ProChile.

En palabras simples, se trata de una librería donde habrá 20 mil volúmenes a la venta (cuyo transporte corre a cuenta del Estado), de editoriales pequeñas (hasta 20 títulos en su catálogo), medianas (de 20 a 50), grandes (más de 50) y universitarias (se las considera aparte por la diversidad de sus temáticas), según la categorización que se hizo.

Cada editorial podrá enviar hasta veinte copias por título de su catálogo , con un tope total por editorial. La venta estará consignada al Fondo de Cultura Económica, que se quedará con un 50 por ciento del precio. Claro que Sergio Parra -librero y uno de los dueños de Metales Pesados- junto con dos auxiliares hará las veces de librero o, como dice Mena, de "asesor de contenido para los vendedores".

Desde un punto de vista del diseño, esta 'librería' es una casa abierta, transparente: "Hicimos una piel, con grandes marcos de ventana (de madera) que simula una casa. Y después hay una segunda piel, que son los libros . Entonces, los colores de los lomos le van a dar vida a toda esta casa", explica Macarena Aguilar, de DAW.

Las terrazas que rodean al pabellón tendrán exhibiciones temáticas, información turística, mesas de negocios y diez módulos que las editoriales podrán comprar, por US$ 1.200 cada uno, si desean mostrar sus catálogos.

Dentro de la casa, además de la piel de libros, existirán espacios de lectura, vitrinas, seis mesas donde se destacarán libros según temáticas (ilustración y tipografía, por ejemplo). Y, en el centro, un auditorio semiabierto para ochenta personas.

En cuanto a la tecnología, será un recurso, pero no un protagonista: habrá dos pantallas en el interior que mostrarán fotografías de chilenos comunes y silvestres, y otras cuatro o cinco, en el exterior, con fotografías de paisajes ; en ambos casos de autor.

En medio de las estanterías se encontrarán iPads en los que habrá, entre otros contenidos, materiales preparados junto a la Dibam.



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