Zona de Curiñanco y Chaihuín:
Cientos de ballenas azules se han avistado en la costa valdiviana desde noviembre

Científicos trabajan en un estudio que busca abrir camino al turismo de observación de cetáceos en la zona y así acercar al público común al animal más grande del orbe.  

Nicolás Gutiérrez 

Hasta ahora la única oportunidad para ver ballenas azules en Chile eran el golfo Corcovado y las islas Guaitecas, ambas zonas relativamente aisladas de nuestro territorio. Pero un estudio que se inició el año pasado podría permitir no sólo acercar los avistamientos de ballenas azules a un público mayor, sino también generar una industria turística limpia y a pocos kilómetros de Valdivia, en la costa de la Región de Los Ríos.

Tras reiterados comentarios sobre avistamientos en la zona de Curiñanco y Chaihuín, en la costa aledaña a la Reserva Costera Valdiviana, el equipo del Centro Ballena Azul, que ha hecho el estudio de estos cetáceos en Chiloé, se decidió a investigar el tema. Desde noviembre, el grupo trabaja en el proyecto FIC- Gobierno Regional "Turismo de Intereses Especiales enfocado hacia el avistamiento de ballenas y otros cetáceos" en la región. Se trata de un estudio de factibilidad técnica con miras a desarrollar el turismo en la zona.

Las torres de observación de Conaf, ubicadas en los cerros, permiten acceder a puestos de observación a 400 metros de altura, los que han servido para el trabajo del equipo de cuatro personas que desde noviembre ya registra unos 115 grupos de ballenas, que corresponden a más de 200 animales. "Hemos visto casi todas las veces en que hemos ido a terreno, que son dos veces por semana. Cada soplo lo registramos; hemos llegado a ver hasta grupos de once ballenas azules dispersas. Es impresionante y desde la costa debe ser más aún", dice el biólogo Jorge Ruiz, quien es parte del equipo.

Desde las torres, ubicadas a algunos kilómetros de la costa, al interior del bosque, pueden operar con binoculares y un teodolito, equipo que mide ángulos con precisión, además de contar con un telescopio que permite identificar dónde están las ballenas. Con los datos ingresados en un programa computacional, se puede georreferenciar dónde y cuánto tiempo permanecen los animales en la región.

Ruiz junto con Rodrigo Hucke, director del centro, prefieren ser cautos. Dicen que en el mar las cosas cambian mucho de un año a otro y que hacen falta dos o tres años de observación para que asegurar que el turismo es factible. "De todas formas, estamos gratamente sorprendidos. Se han visto animales hasta a una milla de la costa", dice Ruiz.

El turismo de avistamiento se puede realizar desde torres, como lo han hecho los investigadores, o navegando cuando las condiciones lo permitan.

La idea es que las mismas comunidades de Chaihuín y Curiñanco sean quienes administren esta "industria limpia", que sean ellos los guías turísticos y que aprendan a navegar sin poner en riesgo a las ballenas ni a los ávidos observadores, ya sean científicos o aficionados. "Nuestra idea no es hacer negocio; queremos hacer manuales de buenas prácticas, capacitar a los guías. Y nos decidimos a hacerlo acá porque justo encontramos la opción en esta zona, que es nuestro punto de operaciones como centro", dice Rodrigo Hucke.

La segunda parte de este proyecto, que culmina en noviembre, es hacer observaciones en invierno, hecho inédito hasta ahora. Se cree que las condiciones serán más complicadas, pero los traslados de poco más de una hora desde Valdivia hacen recurrentes los viajes y monitoreos por el día. Según Hucke, este tipo de iniciativas turísticas suma muchos adeptos en Nueva Zelandia y en Caicura, Sudáfrica.

"Como Chile, nos tocó ser los responsables de esas áreas, no sólo para las ballenas azules, sino también para la ballena jorobada, la fina en el norte, cachalotes. Fuimos un país ballenero y tenemos que cuidar las ballenas y, por qué no, fomentar este tipo de industria no sólo acá, sino en todo el país", remata.

 Tras la pista del gigante

Los investigadores del Centro Ballena Azul comenzaron a seguir la pista de estos cetáceos y otras especies en los 90. "Empezamos a buscar desde Iquique hasta Punta Arenas. En el caso de la ballena azul, las especímenes bajaron tanto que a esa fecha no se veía ninguna recuperación de la especie, por eso se dio por casi extinta", relata Rodrigo Hucke, biólogo marino y académico de la U. Austral.

El equipo de Hucke trabajó largamente hasta determinar que en la macro zona sur cientos de ballenas azules acuden cada verano para alimentarse. Así como optan por aparearse en la zona del Ecuador, el golfo del Corcovado y los canales del sur de Chiloé son los lugares donde las ballenas se alimentan, principalmente de krill.



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<p>Una ballena azul observada recientemente en el área costera de la Región de Los Ríos.</p>

Una ballena azul observada recientemente en el área costera de la Región de Los Ríos.


Foto:CENTRO BALLENA AZUL

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