Fenómeno es común en zonas urbanas:
Desfase entre el reloj biológico y la vida diaria provoca un " jetlag social"

No dormir o comer cuando el cuerpo lo pide, termina por pasar la cuenta y desencadenar diversos problemas que van desde la somnolencia hasta la obesidad.  

Cristián González 

Ya no es necesario viajar largas distancias en avión ni cruzar varios husos horarios para sentir que el cuerpo paga las consecuencias. La dinámica de las sociedades modernas está provocando un fenómeno que los médicos han denominado " jetlag social", un síndrome causado por el desfase entre las necesidades del reloj biológico del organismo y los tiempos y obligaciones del reloj social de las personas.

Esta falta de sincronía provoca que se alteren los tiempos de sueño, para comer o ir al baño cuando el cuerpo lo pide, facilitando a largo plazo la aparición de problemas como sobrepeso, insomnio o estrés, entre otros.

De hecho, la revista Current Biology publicó ayer en su edición online un estudio alemán que concluye que el jetlag social influye en la cada vez más pesada epidemia de obesidad.

El doctor Till Roenneberg, de la Universidad de Múnich y autor de la investigación, plantea que este síndrome trae como consecuencia que "la gente padezca una carencia crónica de sueño; pero también es más proclive a fumar y a beber más alcohol y cafeína".

"El argumento de que el ' jetlag social' es realmente nocivo para nuestra salud se refuerza", precisa.

Círculo vicioso

Un fenómeno similar ocurre durante los feriados largos, en que los patrones de sueño y comida son alterados.

"Todos tenemos un reloj interno o ritmo circadiano que está condicionado por las horas del día; cuando hay luz, se producen una serie de estímulos que hacen que el organismo se active", comenta el doctor Cristián Montenegro, internista del Hospital Clínico U. de Chile.

Por el contrario, la oscuridad nocturna proporciona el marco óptimo para conciliar el sueño.

Los turnos de trabajo, el cumplir horarios o la tendencia a ver TV o usar internet antes de dormir interfieren en los hábitos de sueño. La luz artificial que emiten estos aparatos impiden conciliar un buen dormir, ya que bloquean la secreción de melatonina, hormona que induce el sueño.

Al alterar este reloj biológico, se produce una descompensación. "Eso se traduce en cansancio, letargo, menos concentración y rendimiento diurno. Pero también provoca un aumento de secreción de ácido a nivel digestivo", precisa el doctor Montenegro.

Entonces la persona se estresa y empieza a funcionar cada vez peor, entrando en un círculo vicioso.

Saltarse el desayuno en la mañana estimula la producción de gastrina, hormona asociada con el desarrollo de gastritis y trastornos intestinales.

Comer a deshora o muy tarde en la noche, en tanto, es un factor que contribuye al sobrepeso y la obesidad. Según el análisis del doctor Roenneberg, la gente con un " jetlag social" más acentuado es también más proclive a padecer obesidad.

Un estudio previo de la U. de Pittsburgh ya advierte que, junto con el sedentarismo, una hora menos de sueño al día duplica el riesgo de subir de peso.

Por eso, uno de los principales mecanismos para normalizar y prevenir todos estos problemas es comer y dormir bien y cuando el cuerpo lo pide. "Un sueño bueno y suficiente no es una pérdida de tiempo, sino una garantía de un mejor rendimiento en el trabajo y una mayor calidad de vida con los amigos y la familia", precisa Roenneberg.

2 horas
de sueño diario se han perdido en promedio en el último siglo, según diversos estudios.

36%
de los chilenos dice tener problemas como quedarse dormido en el día o despertar muchas veces de noche.

5 a 9
horas debe dormir, como norma general, un adulto. En niños y adolescentes el tiempo varía de 8 a 13 horas.



 


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<b>Para cumplir con las exigencias laborales o académicas,</b> no son pocos los que alteran sus patrones de alimentación y sueño, sin hacerle caso a lo que pide su cuerpo. Esta dinámica produce un efecto similar al del jetlag que ocurre cuando se viaja.
Para cumplir con las exigencias laborales o académicas, no son pocos los que alteran sus patrones de alimentación y sueño, sin hacerle caso a lo que pide su cuerpo. Esta dinámica produce un efecto similar al del jetlag que ocurre cuando se viaja.
Foto:BLOOMBERG


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