sábado 12 de mayo de 2012  
 
"No me hace faltael Premio Nacional"
 
Ha ganado concursos y distinciones a lo largo de sus 44 años de carrera, pero el arquitecto Cristián Boza siempre está en medio de las discusiones urbanas, en las que reconoce las críticas de sus pares y minimiza las que considera que no son válidas. Lo suyo, en todo caso, no es quedarse callado.  

Texto, Andrea Wahr R. Retrato, Carla Dannemann Fotografías, Carla Pinilla G.  Cristián Boza llega, cómo no, con sus clásicos suspensores, esta vez a juego con sus anteojos rojos. Tiene estilo. En el segundo piso de Boza Arquitectos, la oficina que formó en 1968 y donde trabajan unas 30 personas, cuenta con un amplio espacio sólo para él. Hay obras de arte, fotografías familiares, maquetas de madera de las iglesias de Chiloé y reproducciones de algunos proyectos. Entre ellos, dos de los que más le satisfacen: la torre Fundación, en el centro de Santiago, y su casa en Los Vilos, donde tiene un parque con una importante colección de esculturas. 

El próximo año debería finalizarse el parque Padre Renato Poblete, más conocido como el Mapocho navegable, que la oficina de Boza planteó hace varios años y que se acaba de empezar a construir. Es un proyecto que ha tenido muchos detractores, pero él se mantiene firme: "Nace de la idea de devolverle el alma a Santiago, que es el río". 

-Fuimos a Barcelona con Sebastián Piñera en los 90, cuando terminó su ejercicio senatorial. Le propuse el tema, y Sebastián es un tipo muy impulsivo y creativo, que entiende estas cosas y le encantan. Ahora que es Presidente, es su prioridad urbana número uno. Me dijo: "Cristián, no me voy de este cargo sin que vea esto listo". Así que estamos trabajando. 

Explica que se anexó un terreno que está en la conjunción de cuatro comunas muy vulnerables y faltas de áreas verdes, como Quinta Normal, Santiago Poniente, Renca, Independencia, y parte de Recoleta. Además del río navegable, incluye en ese sector una laguna y gran cantidad de temas recreativos. 

Boza recibió en 2005 el Gran Premio Latinoamericano de Arquitectura, en la X Bienal de Arquitectura de Buenos Aires. "Es una de las cosas más importantes que me han pasado, un reconocimiento de mis pares del continente a una trayectoria maciza, de haber impulsado a la arquitectura como una disciplina autónoma". 

¿Y el Premio Nacional le hace falta?

-No. Son acuerdos de mis pares chilenos, con los que he tenido muy buena relación, pero no buena concordia. Siempre estoy en la palestra y tengo detractores y defensores. Me han postulado, pero lo otorga una comisión del Colegio de Arquitectos que es de corte político, y es difícil calzar y poner de acuerdo a distintas tendencias, no estrictamente especialistas. Si llega, bueno, pero si no, no importa". 

Se recibió en 1968 de la Universidad Católica y luego hizo un postgrado en Diseño Urbano y Planificación en la Universidad de Edimburgo. En su trabajo profesional lleva más de un millón de metros cuadrados construidos, y su labor académica ha pasado por la Universidad Católica y la del Desarrollo. Desde el año 2007 es Decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad San Sebastián. 

También es asesor de la Comisión de Desarrollo Urbano impulsada por el gobierno, que preside la arquitecta Antonia Lehmann y que integran los ministros Rodrigo Pérez Mackenna, de Vivienda y Urbanismo, y Pedro Pablo Errázuriz, de Transportes y Telecomunicaciones, además de destacados arquitectos y académicos. 

"El objetivo es definir una política de desarrollo urbano para las ciudades de Chile, rescatando las particularidades de cada lugar, lo que se denomina el genius loci". En ese sentido, él se considera un defensor de los barrios. "Deben tener distintas funciones, equipamientos, habitación, trabajos, educación, y si puedes definirlos geográficamente puedes trabajar sobre ellos para ordenar la ciudad. Es lo que se llama el New Urbanism, el Nuevo Urbanismo, que es una teoría que ataca los problemas de la ciudad por partes, a escalas más pequeñas". 

El edificio de la USS de Bellavista ha sido bien polémico. 

-Ahí estoy un poco desilusionado del ambiente y de este clima del cha-que-teo. Ese edificio nadie lo conoce. Todas las críticas que han aparecido en Plataforma Arquitectura o estos portales, más otras de arquitectos maduros, premios nacionales, en fin, critican el proyecto sin haber entrado al edificio, que es uno de los más interesantes que he diseñado. 

Lo que llama la atención es que la iglesia del lado queda disminuida. 

-Obvio. Una pena, pero qué quieres que haga, ¿cómo crece la ciudad? Tiene que crecer respetando y tratando de mejorar. Cómo no iba a quedar chica, si esa iglesia es un punto. 

¿No había una manera mejor de resolverlo?

-Puede que sí, pero yo no fui capaz de nada mejor. La iglesia la aislé, está rodeada de jardines, se destaca porque sale fuera de la línea de construcción, incluso el edificio lo giré levemente para que apareciera. Es todo lo que pude hacer. 

¿Y cómo dialoga con la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile?

El edificio más importante de ese lugar es la Escuela de Derecho. ¿Sabes de quién es?

De Juan Martínez.

-De Juan Martínez Gutiérrez. Ese edificio ha sido una gran fuente de inspiración y admiración, hay que respetarlo. Y con un encargo que requería una cantidad enorme de metros cuadrados -aprobados por la Municipalidad- lo respeté generando una logia, un gran espacio descomunal, que si te metes dentro del edificio, tienes una gran gradería para los tres mil alumnos que lo único que tiene presente es la Escuela de Derecho. Quien ha destacado el edificio de Juan Martínez he sido yo. Me lo paso dando explicaciones y sospechando que hablan por hablar. Y aparecen unas organizaciones como Ciudad Viva, Defendamos la Ciudad; hay una niña que publicó hace poco una crítica, la Pepa Errázuriz, ¿quién es la Pepa Errázuriz? Presidenta de Ciudad Viva. ¿Qué es Ciudad Viva, qué arquitectos tiene detrás?, si la ciudad la construyen los arquitectos. 

Pero la viven los ciudadanos. Debe ser complicado ser arquitecto y someterse a las opiniones. 

-Obviamente. Por eso cuando hacemos proyectos grandes, como Enea, en Pudahuel, usamos toda una metodología para consultarle a la comunidad. Ahora el input que ellos me dan lo proceso, si el arquitecto soy yo. Es como si fuera al médico y le dijera qué me tiene que recetar. Yo soy el experto. Tengo un postgrado en Edimburgo, he sido profesor de arquitectura y urbanismo por más de 30 años, probablemente soy la persona que más sabe de estos temas en Chile. Probablemente. 

"Mis discusiones no son a nivel de la Pepa Errázuriz, mis discusiones son con expertos como Marcial Echenique y se hacen en la Universidad o por el diario, con altura de miras. Pero no voy a estar contestando a esas personas que no entienden nada. Eso entra en un plano que ya me molesta, creo que es por joder la pita, o porque al señor Boza lo nombraron decano. ¿Tú crees que me nombraron decano por bolitas de dulce? No pues, seguramente pensaron que yo era la persona más capaz de hacerse cargo de esta Facultad de Arquitectura. A la Universidad San Sebastián le propuse un proyecto académico que es espectacular, ponderado en Inglaterra, en Alemania, Estados Unidos, con convenios internacionales. 

¿Tienen buenos alumnos?

-No. Porque el perfil de la universidad es C2, C3. Eso es más difícil. Yo me he pegado dos recorridos por Asia y Europa nada más que para configurar un programa de arquitectura top. Reconozco que me equivoqué en un tema y que estoy remontando, y es que no consideré el segmento y el perfil que va a esta universidad; no tiene cultura, no tiene sofisticación, y con mucho respeto lo digo, porque los adoro y nos hemos hecho muy amigos. Son primera generación en la universidad, son por ejemplo hijos de un camionero, de gente vulnerable. Me equivoqué en plantear un esquema muy sofisticado.

Una de las innovaciones que planteó es que los alumnos y profesores tienen yoga a primera hora de la mañana y después meditación y artes marciales, "para estudiar relajados y armónicos". 

¿Y usted hace yoga?

-Sí. Obvio, y ando en bicicleta. ¡Si hay que estar a la altura de los tiempos! Mis cuatro hijos son maratonistas, creo que les inculqué eso, me veían llegar después de correr a la parcela en La Reina donde vivíamos. Tuve cáncer al colon, que superé, la gimnasia me ayudó en el postoperatorio. Ahora ya no corro, además de la bicicleta, hago largas caminatas. 

¿De qué se arrepiente?

-De haberme separado de mi mujer, Diana Wilson. Afortunadamente volvimos, después de un año y medio, ella ha sido mi gran apoyo en todo. Me arrepiento de haber actuado con una actitud un poco avasalladora, que probablemente implica oír poco. Diana siempre me dice que no escucho. 

¿Y de alguna obra?

-Siempre hay una yayita. Acá la oficina tiene obras de relevancia, en que el cliente se la juega, y hay otras en que hay distintas urgencias. Tenemos una serie de edificios construidos en los sectores periféricos que tienen plantas bien resueltas, pero muy discretos en su propuesta arquitectónica. 

¿Cómo ha sido trabajar con su hijo Cristián?

-(Sonríe por primera vez y baja la voz, como diciendo un secreto). Ha sido espectacular, porque le insertó un aire nuevo a la oficina. Es muy hábil, es profesor en la UDP, está terminando un doctorado, es socio en algunos proyectos con Mathias Klotz. A mis 68 años, qué agradable es apoyarse en alguien de absoluta confianza.

 

Texto, Andrea Wahr R. Retrato, Carla Dannemann Fotografías, Carla Pinilla G..

   
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