Su equipo representó a Chile en el Open European Championship de la Frist Lego League:
Cuatro niños de Juan Fernández en el torneo escolar más importante del mundo

Hace dos años, el empresario Felipe Cubillos convenció a la directora del Colegio Insular Robinson Crusoe, en ese tiempo arrasado por el maremoto, de participar en un concurso de robótica. Ella aceptó el desafío. Hoy son uno de los mejores colegios del país en la disciplina y acaban de participar en el torneo mundial, en Alemania. Volvieron con un trofeo bajo el brazo.  

Matías Bakit 

Habían pasado apenas unos pocos meses desde el maremoto que arrasó con la isla Robinson Crusoe en febrero de 2010. Y una de las entidades más damnificadas había sido el Colegio Insular, que debió cambiar su ubicación, mezclar sus cursos y abandonar la jornada completa para continuar las clases.

Tratando de resolver esos problemas estaba la directora del colegio, Cristina Riquelme, cuando recibió una llamada del empresario Felipe Cubillos, a quien conocía por su trabajo para levantar la isla tras la tragedia. "Me llamó y me habló de un proyecto de robótica llamado First Lego League o FLL (ver recuadro). Nos recomendó que participáramos y me dio el teléfono de la gente encargada", cuenta.

El colegio necesitaba dar a conocer su situación frente a los chilenos. Así lo entendían Cubillos y Riquelme. Así se gestionó una reunión entre la directora y la Fundación Mustakis, encargados de realizar la First Lego League en Chile.

De personalidad fuerte, Cristina no suele dejar que se le escapen sus objetivos. Y quería, a toda costa, que su colegio participara en esta competencia de robótica, la más importante del mundo a nivel escolar. Fue así como en la reunión impresionó desde el principio al llegar con los complicados manuales que explican el torneo completamente estudiados. Aclaró, eso sí, que ni el colegio ni la municipalidad podían pagar los 389 mil pesos que cuesta el robot que se requiere para participar.

Horas después Cristina abordaba un avión de vuelta a la isla, con un robot de la serie Lego Mindstorms.

Junio de 2012. Open European Championship de la First Lego League, en Mannheim, Alemania. Los mejores equipos de todo el mundo se reúnen para demostrar su pericia en la robótica escolar. Hay 78 equipos de 34 países.

En uno de los stands hay un grupo de cuatro jóvenes de polera blanca: Thair, Bastián, Diego y Marcelo. Son los "Crusoebots 2.0", de Juan Fernández.

Esta es la historia de cómo llegaron ahí.

El mito

Es el primer día de actividades del torneo en Mannheim, dos días antes de la competencia. Por los parlantes suenan canciones pop. Espontáneamente, los equipos europeos arman la fiesta. Españoles y holandeses bailan. Los brasileños también, cómo no. Japoneses y coreanos hacen coreografías. Cantos, saltos y gritos llenan el Technoseum de Mannheim.

Mientras eso pasa, el equipo chileno experimenta en los diferentes juegos que tiene el museo, ajenos a la fiesta. Tímidos, no se acercan mucho a los otros equipos, al no poder contestarles en inglés.

Generan atención por dos cosas. Venir de una zona afectada por el terremoto de 2010 y, principalmente, por ser de la isla Robinson Crusoe. "¡Yo pensaba que ese lugar era un mito!", es el comentario general de los asistentes, la mayoría de los cuales leyeron la novela de Daniel Defoe cuando eran niños.

De lejos, los observan la directora y el "profe" Acuña. Este último ha sido el coach de los chicos durante dos años. Él recuerda cómo, en 2010, la directora lo llamó a él y a un colega a su oficina y les dijo: "Acá adentro, en esta caja, hay un robot". Ese mismo día les explicó del concurso y les pasó los manuales. "Tenemos que ganar", les dijo. Y comenzaron a armarlo.

La otra tarea, quizás la más difícil, era armar el equipo. Para eso, se organizó un taller de robótica. Pero el primer día sólo llegaron tres. Poco tiempo después ya tenían ocho integrantes.

Así, en noviembre, participaron en la competencia regional de Valparaíso. Obtuvieron el segundo lugar. Tendrían que quedarse en el continente para competir en el torneo nacional, en Santiago.

Precisamente eso fue lo que la directora le comunicó a su jefe, el alcalde Leopoldo González. Sin embargo, la respuesta del edil fue terminante. "No se puede, no tenemos los recursos, deben volver a la isla".

Sin saber qué hacer, y llorando por la frustración, Cristina se encerró en un baño y llamó a Felipe Cubillos. "¿Qué hago?", le preguntó. "Haz lo que tu corazón te diga", contestó el empresario, quien fallecería trágicamente en el accidente del Casa 212 en septiembre de 2011.

Ante esto, Cristina tomó su celular y llamó nuevamente al alcalde. "Lo tengo todo resuelto", le dijo. Y así fue, luego de llamadas a la Fundación Selkirk y a la Armada.

El equipo se quedó y compitió. Tímidos, miraban con admiración los robots y proyectos de colegios con muchos más recursos. Aun así, derrotaron a la mayoría de esos colegios. Obtuvieron el lugar 12 entre 22.

Camino al Viejo Continente

Dos años después, y varios miles de kilómetros más al norte, los contrincantes de Crusoebots son diferentes, de un nivel apabullante. Con diseños muy elaborados.

Es la Friendship Night en el torneo mundial de la FLL y los equipos se congregan en el gran auditorio del Rosengarten Center de Mannheim para hacer una presentación, usualmente relacionada con sus países de origen.

Los Crusoebots no participan. Sí miran, y lo pasan bien, pero han estado tan ocupados en mejorar su desempeño en la competencia que no alcanzaron a inscribirse. Querían tocar guitarra y cantar canciones de la isla y de Los Tres.

Pero ya estaban en Alemania. No lo podían creer. Algunos recordaban que estando en Santiago tenían tan poca fe que el profesor Acuña, para subirles el ánimo, les dijo, en broma, que les iba a regalar un iPhone a cada uno si salían primeros. Salieron segundos y clasificaron al torneo de Mannheim.

Ese día, en la isla, hubo fiesta. Y la gente, que celebraba el éxito de la Teletón, también lo hizo con el triunfo de los Crusoebots.

Finalmente, el viaje fue posible con el apoyo de las fundaciones Mustakis y Selkirk. Así, a fines de mayo, los jóvenes isleños, acompañados por su profesor, su directora y una intérprete profesional, cruzaron el Atlántico por primera vez.

Es sábado, último día de competencias de la FLL. El equipo Crusoebots sale nuevamente a competir con su robot. Junto a ellos están, apoyándolos, los integrantes de otros equipos que se han acercado a ellos, especialmente de México.

El equipo sube sus puntajes de forma considerable. Pero no están contentos. Saben que no tienen opciones de pasar a la final.

Así, sin grandes expectativas, se presentan en la ceremonia de premiación. Se anuncia el primer premio...

"El premio especial de los jueces es para un equipo que viene desde muy lejos, de un pequeño lugar... ¡Crusoebots!", dice el animador.

No se lo esperaban. Una atronadora ovación del resto de los equipos los acompaña al escenario.

Rato después se enteran de que impresionaron a los jueces con su presentación y su proyecto sobre cómo poder transportar con seguridad las langostas desde Juan Fernández. "No fueron los mejores, pero su talento y disposición merecían un premio especial", dice un juez a "El Mercurio".

"Y eso que antes tartamudeaba cuando me tocaba presentar", cuenta Diego, el menor del grupo, de 11 años.

Tras la ceremonia, ya no hay tanta timidez en el equipo. Varios bailan La Macarena junto al resto de los equipos. Thair se abraza con sus amigos del equipo de México. Bastián, en tanto, es la estrella. Algunas jóvenes europeas y latinas les piden tomarse fotos. Todo un galán.

Poca gente queda en el edificio donde se realizó la First Lego League en Mannheim. EL ruido casi natural que generan miles de adolescentes poco a poco comienza a menguar. De pronto, se escucha un grito: "¡Chi, Chi, Chi, Le, Le, Le, Viva Chile!".

Son los Crusoebots que se retiran, orgullosos, satisfechos, pero con una promesa: "Seguiremos siendo competitivos. Nuestro objetivo es volver. Y ganar", dicen.

 ¿Qué es la First Lego League?

La First Lego League es el concurso de robótica escolar más importante del mundo. Fue creado en 1998 por la fundación estadounidense dedicada a la ciencia y a la tecnología, US First, y la famosa empresa de juguetes danesa, Lego.

Para participar, los estudiantes deben diseñar y programar un robot de la serie Lego Mindstorms NXT, que funciona mediante sensores de sonidos, luz y movimiento y es fácilmente programable. Pueden participar estudiantes entre 9 y 16 años.

La competencia consiste en cuatro partes: Tarea de investigación, en la que los equipos deben presentar un proyecto relacionado con ciencia y tecnología, que solucione un problema de la sociedad previamente planteado por la organización. Se evalúa además el diseño de robot y las pruebas que realice.

En Chile, este concurso se realiza desde 2008. Anualmente, participan cerca de 120 equipos.



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<p> El trofeo. La directora del colegio, Cristina Riquelme, junto altrofeo que obtuvo el equipo chileno.</p>

 El trofeo. La directora del colegio, Cristina Riquelme, junto altrofeo que obtuvo el equipo chileno.


Foto:MATIAS BAKIT

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