Primer campeonato nacional de pueblos originarios:
El fútbol de todas las tierras

Mapuche, rapanuí, aimara, pehuenche, likan-antai y warriache. Seis culturas. Seis formas de ver y vivir el fútbol. Algunos juegan. Todos luchan. Sólo un equipo pudo celebrar el título en el Municipal de La Florida.  

Antonio Valencia y Cristián Mora 

"Si los futbolistas profesionales jugaran como viven el fútbol estos equipos, otra cosa sería", lanza el trío referil minutos antes del pitazo inicial del clásico aimara-pehuenche. "Aquí no dan ninguna pelota por perdida. Son duros, a veces con pierna fuerte. De repente se ve cada sablazo", advierten, sonrientes, los tipos enfundados en riguroso negro.

Treinta segundos de juego y la primera muestra. Ataque imparable del "9" pehuenche. Ancavil, veloz por la derecha, elude a uno, luego a otro. Pero el tercero no perdona y le lanza un viaje de aquéllos. Con pelota y todo. Amarilla. Ancavil se revuelca. Se queja. Cojea. Y sigue jugando.

"Esto es así. Somos aguerridos. Weichafes, o sea, guerreros", dice Daniel, DT, tío del delantero fouleado, y hace un tiempo procesado -y sobreseído- por la justicia militar luego de tomarse el aeropuerto Maquehue de Temuco.

"Mire. Todos estos cabros vienen del barro a Santiago, varios son de comunidades campesinas", cuenta Ancavil. Los pehuenches viajaron desde el sur al primer campeonato de pueblos originarios, al igual que otras cinco selecciones de naciones indígenas; es decir, con lengua, cultura y bandera, pero sin estados. Las selecciones mapuche, rapanuí, aimara, likan-antai y warriache completan el cuadro.

"Consejo Maquehue, ¡Marichiweu!", resuena el grito previo a la batalla del fútbol pehuenche. "Diez veces venceremos", dice la arenga. Antes, la selección aimara entona la suya. "¡Con la fuerza del sol, con la fuerza aimara!, ¡Jallalla!", resuena tres veces.

"Jallalla en aimara es como un deseo de salud, de buenaventura, de fuerza", explica el entrenador, Cristián Torres. Él y su selección vienen de Arica. Viven en la ciudad, pero muchos -o ellos o sus padres o sus abuelos- nacieron arriba: en Putre, Visviri, Caquena o cerca del Chungará. "En el altiplano saben de altura, frío y adversidad. Pero en el llano nos sobra oxígeno. Corren como nadie. Y en la cancha cambia el carácter. La timidez aimara se olvida dentro del campo. Jugando es otra cosa. Pero a veces juega malas pasadas", apunta el técnico.

Gol pehuenche. Ancavil, otro Ancavil, pero primo del fouleado "9" y sobrino del técnico. "Este hizo inferiores en Palestino y jugó en Iberia", datean. Aimaras abajo. Y peor. Al rato le expulsan a uno por juego rudo. Siguen empujando. Gol aimara. "¡Somos duros, con diez jugamos mejor!", se oye junto a la línea de cal.

"Nosotros somos más técnicos. Los mapuches son fuerza, fiereza. Los rapanuí son energía, son guturales. Juegan en bloque. Todos suben. Todos bajan. También son rítmicos. No sé, será porque bailan. Ayer (jueves) golearon 12-0 a Warriaches", cuenta Torres, el DT ariqueño.

Warriaches son mapuches, pero urbanos. "Vivimos en Santiago. En Maipú, Puente Alto, La Pintana, Ñuñoa o San Ramón. Nos golearon porque es primera vez que jugamos juntos. Igual, en el equipo tenemos cuatro que juegan palín (chueca) en Cerro Navia", advierte la dupla técnica Muñoz-Llaitul. Warriaches juega de fondo contra Likan-Antai, también ariqueños. "Pero de los valles y quebradas", anotan. De Lluta y Azapa.

Sigue el partido. "Somos weichafes, por esencia somos fortaleza. Ahora vamos perdiendo con Likan-Antai, jugando con diez, pero seguimos peleando. No nos damos por vencidos. Llevamos más de 500 años en eso", mastica Llaitul.

Pitazo final. Warriaches pierde 2-1 con Likan-Antai, y reclaman al árbitro. "Nos echan a uno y no nos cobran un penal. Nos discriminan por ser urbanos", rezongan. Luego ven pasar al juez. "¡Si vái a ser malo, tenís que ser malo pa' los dos lados, poh, pajarón!", lanza un warriache furioso.

Distinto le fue al juez de la brega Aimara-Pehuenche. Los nortinos, con mejor fútbol, ganaban 2-1 jugando con 10, goles de Ossandón y Zarzuri. "¡Somos duros, somos aimaras!", gritaba la banca. Eso, hasta que el "9" pehuenche, Ancavil, cruza el círculo central y, sin escalas, el aimara Rodríguez agarra balón y canilla. Roja directa.

Los aimaras no lo pueden creer. "¡Siempre lo mismo con Arica! Siempre nos perjudican", reclaman y rodean al juez. El hombre de negro zafa. Se refugia en la cabina del turno. Acusa escupitajo, golpe en la cara y puntapié abajo. Fin del partido por falta de garantías. "¡Hijo de p...!", le gritaba el expulsado, fuera de control. "Me amanazaste dentro de la cancha, arreglemos ahora que se acabó", le increpaba otro que tiró licencia en el trabajo para jugar el torneo.

Aimara terminó con cinco expulsados, dice el informe arbitral. De ir ganando 2-1, terminan perdiendo 0-2 por reglamento. Perdieron el partido.

"Ve lo que le digo. Somos así. En la cancha se va la timidez, pero a veces juega malas pasadas. Pero el aimara no es malo, es tranquilo, la ciudad es la que ha ido pegando sus malas costumbres", resume el entrenador ariqueño. "Lo importante es que sabemos luchar en la adversidad, como contra el frío y la altura del altiplano. ¿No ve que perdíamos jugando con 10 y dimos vuelta el partido?".

Fiesta en pascuense

Frente a los 400 espectadores presentes ayer en el Bicentenario de La Florida, el equipo de Rapa Nui hizo su característico hoko mirando hacia su gente, que acompañaba el ritual con el sonido de sus tambores.

Terminada la ceremonia isleña, fue el turno de los araucanos, quienes miraron de frente a sus rivales y ejecutaron un grito mapuche.

En ese ambiente, antes de que rodara el balón, comenzó a jugarse la final.

Con el desafío planteado se iniciaron las acciones, y a los 27' y 31' festejó Rapa Nui. "Les faltan como diez cazuelas a algunos peñi", gritaba un hincha mapuche antes de finalizar la primera etapa.

Al comenzar la segunda parte, en silencio, Pakarati, el ayudante técnico isleño, aleonaba al público: "¡Se les acabó la pila, cabros!". Era una señal. Veinte minutos más tarde, el duelo ya estaba 2-2 y los tambores pascuenses se mezclaban con los gritos araucanos. Un remate mapuche dio en el poste y eso fue todo: a penales.

Más tarde, Rapa Nui se fundía en un abrazo de alegría y los sureños lloraban. "Como nuestros ancestros sacaban su fuerza interior, aquí se demostró en el segundo tiempo que todavía tenemos sus genes", decía Marcelo Muñoz, jugador del elenco mapuche. "Técnicamente fuimos el mejor equipo, aunque perdimos. Demostramos que tenemos muchas ganas, lo que refleja la sangre nuestra", indicó don Manuel, ayudante técnico de los araucanos.

"Estos chicos tienen fuerza, tienen garra, no mucha técnica", comentaba el emocionado técnico de Rapa Nui, Héctor Osorio. "Es muy importante llevarnos la copa a la isla. Allá somos siete mil personas y estaban todos acompañándonos por la radio, por Facebook, con el corazón, con la mente, sentíamos eso... Ahora hay fiesta acá y allá, donde sea, hay que celebrar", comentó antes de entrar al jubiloso camarín el jugador Roberto Araki.

A esa hora, todavía sonaban los tambores. El festejo recién comenzaba. En La Florida y en la Isla de Pascua.

"En el altiplano saben de altura, frío y adversidad. Pero en el llano nos sobra oxígeno. Corren como nadie". Cristián Torres, DT aimara .

"En la isla estaban todos pendientes de nosotros. Ahora hay fiesta acá y allá, donde sea, hay que celebrar". Roberto Araki, jugador de Rapa Nui .

"Ellos se veían de mayor envergadura, pero con garra, con la fuerza que caracteriza al pueblo mapuche, logramos el empate". Jaime Queñenjo, jugador mapuche.

"Ojalá que el próximo torneo se haga en la isla, para que conozcan nuestra cultura. Todo Rapa Nui está contento". Petero Avaka, delantero pascuense .

"Estoy feliz por ganar el campeonato y porque en el equipo son casi todos primos míos, fue emocionante". HOTUITI TEAO, conductor de TV y jefe de barra pascuense.

 


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<b>El torneo tuvo encuentros disputados tanto en el Estadio Nacional como en el Bicentenario de La Florida.</b>
El torneo tuvo encuentros disputados tanto en el Estadio Nacional como en el Bicentenario de La Florida.
Foto:MICHAEL NAVARRO

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