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Así lo afirma el periodista James Fallows, autor del libro "China Airborne":
Beijing avanza a paso acelerado en su objetivo de convertirse en una potencia aeroespacial

Sábado 30 de junio de 2012

JAMES FALLOWS, el experimentado periodista de The Atlantic.

El destacado corresponsal de The Atlantic analiza su desarrollo civil y militar, así como sus principales desafíos técnicos.
 


ALBERTO ROJAS MOSCOSO 

Las cifras hablan por sí solas. En los próximos años China planea gastar un cuarto de billón de dólares en su industria aeroespacial. Dos tercios de los aeropuertos actualmente en construcción en el mundo se ubican en este país. Y la feria aérea de Zhuhai hoy es una de las más importantes de Asia y el mundo.

Tal como ocurre con su poder naval en el océano Pacífico, todo indica que para China es vital consolidar su presencia en el campo aeroespacial civil y militar durante este siglo.

"Las autoridades chinas están aprendiendo de los modelos exitosos ya establecidos, que son principalmente norteamericanos y europeos. También han estudiado de cerca a (la empresa brasileña) Embraer", dice a "El Mercurio" James Fallows, destacado periodista de la revista The Atlantic, quien durante seis años fue corresponsal en China. Y que acaba de publicar el libro "China Airborne", donde analiza las aspiraciones aeroespaciales de este gigante asiático.

-¿Cuál es el plan de China para desarrollar su aviación civil?

"Esta es la parte del desarrollo aeroespacial chino que avanza más rápido. Para los estándares del mundo desarrollado, China tiene una escasez de todos los sistemas de transporte. No hay suficientes trenes de carga, ni trenes de pasajeros de alta velocidad, ni suficientes carreteras, aviones o aeropuertos. Así que los están construyendo todos al mismo tiempo, tan rápido como pueden. En la década posterior a los ataques del 11 de septiembre de 2001, el transporte aéreo en EE.UU. creció sólo un poco. Pero en el mismo período se triplicó en China. El único límite a su crecimiento es su propia capacidad de construir nuevos aviones y aeropuertos".

Fallows, quien además tiene experiencia como piloto, recalca que "uno de los grandes dramas de la historia reciente del transporte en China fue convertir su industria aeronáutica, que era muy peligrosa (unos 20 años atrás), en una de las más seguras del mundo. Lo hicieron aceptando ayuda externa en la creación de todos los procedimientos que dominan los sistemas aéreos del mundo desarrollado. Y han hecho que viajar en avión sea mucho más seguro con el paso de los años", agrega.

Cambios profundos

Consultado acerca de su desarrollo militar, Fallows considera que su Fuerza Aérea todavía está muy lejos de sus homólogos occidentales, especialmente Estados Unidos: "El elemento crucial en la aviación de cualquier tipo, incluso para fines militares, es una tecnología avanzada de motores. Las organizaciones chinas están avanzando rápidamente, tanto en el ámbito militar como el civil. Pero las grandes compañías occidentales, en particular General Electric, Pratt & Whitney, y Rolls Royce mantienen un sólido liderazgo".

-¿De qué manera este desarrollo va a cambiar a China?

"Esa es la pregunta que intento abordar en este libro. Mi punto principal, que puede sorprender a personas que no hayan vivido en China recientemente, es que su milagro económico puede estar llegando a una especie de crisis. Lo que ha logrado en los últimos 30 años es, por supuesto, histórico y sin precedentes. Ningún sistema ha llevado a tanta gente, tan rápidamente, de la pobreza rural a la vida urbana moderna, como lo ha hecho China desde finales de 1970.

Pero la pregunta para muchos en China es si ese modelo todavía funcionará en los próximos veinte o treinta años. Hasta el momento, China ha creado decenas de millones de empleos con bajos salarios en fábricas y el sector de la construcción. Pero el sistema chino no ha sido capaz de crear empresas competitivas. Ellos ensamblan computadores para Apple, pero no tienen su propia Apple. No obstante, su 12º plan quinquenal aspira a tener éxito en los ámbitos de la economía mundial de mayor valor: tecnología de la información, biotecnología, energía limpia e industria aeroespacial".

 La última frontera

En 2003 China puso en órbita a su primer "taikonauta". Cinco años después envió tres más al espacio. Y ayer regresaron los tres tripulantes de la nave Shenzhou 9 -incluyendo a Liu Yang, la primera astronauta de esta nacionalidad-, tras una misión de 13 días acoplados al módulo Tiangong 1, la primera sección de su futura estación espacial. Una serie de pasos clave para sus aspiraciones de llegar a la Luna entre 2020 y 2025. Tras el fin del programa de transbordadores espaciales de EE.UU., ¿Beijing está tomando la delantera en la carrera espacial?

"Estoy a favor de que EE.UU. reactive sus proyectos espaciales, pero no por razones de competencia con China, o la percepción de una amenaza china", afirma James Fallows. "Después de todo, han pasado más de 50 años desde que John F. Kennedy impulsó a EE.UU. a llegar a la Luna, y más de 40 desde el primer alunizaje. China se encuentra todavía en la etapa en que los esfuerzos espaciales implican más el orgullo nacional y la imaginación. Pero si continúan con este esfuerzo, podría reactivar la exploración espacial de EE.UU. y la de otros países".