Los efectos del fanatismo futbolero:
El estrés de ser hincha trae consecuencias más allá de la cancha

Seguir los colores de un equipo es fuente de alegrías y también de emociones negativas que pueden gatillar males físicos y psicológicos.  

Cristián M. González S. 

Para unos es más que una pasión; otros lo llevan en el corazón. Ser hincha de un equipo de fútbol puede ir mucho más allá que vestir una camiseta y entonar los himnos de la barra; implica también alegrarse y sufrir como propios los éxitos y fracasos que se consiguen en la cancha.

Una procesión que a los más fanáticos -y a los no tanto- les lleva a sufrir ansiedad y estrés, antes y durante partidos decisivos, que no pasan inadvertidos.

"El equipo integra la identidad del hincha y, por tanto, lo que ocurra con él lo afecta directamente, como si fuera una prolongación de sí mismo. Eso explica la ansiedad y la angustia, y al mismo tiempo la alegría y euforia cuando gana, o la frustración cuando se pierde", comenta Emanuel Richter, psicólogo de la U. Andrés Bello.

Esta pasión, cuando no es patológica (ver recuadro), puede incluso ser positiva "ya que ayuda a canalizar la rabia y emociones presentes en todas las personas, además de contribuir al equilibrio entre razón y emoción", agrega el doctor Alejandro Koppmann, psiquiatra de la Clínica Alemana.

Los hinchas azules lo saben de sobra en las últimas semanas. El jueves cayeron ante O'Higgins y mañana juegan la revancha en Santiago para ver quién se queda con el torneo de Apertura.

El historiador y académico de la UC Gonzalo Rojas es uno de ellos. "Ya son 52 años sufriendo todas las semanas con la U. Lo peor es la noche anterior; uno comienza a jugar el partido, a armar juegos. Cuesta quedarse dormido, no antes de las dos o tres de la mañana", reconoce.

Otro reconocido fanático futbolero es el animador Rafael Araneda, de corazón albo. "Si no puedo ir al estadio, prefiero ver los partidos en mi casa con mi hijo Vicente. Y pese a lo chico que es (5 años), aguanta estoico los 90 minutos. Lo mismo que en el estadio. Son instantes de ansiedad, nervios, angustia, a veces, que me gusta vivirlos con él, cuando es posible. Eso es lo rico del fútbol: saborear el éxito y a la semana siguiente sufrir por una derrota".

Pero así como ver un partido puede ser una fuente de liberación de las preocupaciones cotidianas, también puede echarle más leña a la hoguera.

Muchas veces se genera un ambiente que amplifica las emociones, como el final de una copa o los partidos de la selección. "El límite está en la capacidad de controlar la emoción, o sea, cuando no hay dominio ya no es tan sano", dice el doctor Koppmann.

De hecho, el estrés que vive el hincha durante un partido decisivo desencadena una serie de procesos biológicos -como aumento de la presión y la frecuencia cardíaca-, que en personas más vulnerables, como pacientes cardíacos, fumadores o con sobrepeso, pueden culminar en un evento cardiovascular.

Gonzalo Rojas evita ir a los estadios. "El estrés se acumula y todo hierve más. Siempre hay un motivo de furia y eso al final te distrae del partido y lo pasas peor".

El estrés puede ser muy grande para quienes tienen mucha pasión y es una situación que se ve agravada porque está fuera de su control. Un caso reciente fue el de un hincha de 29 años que sufrió un episodio de "muerte súbita" cuando miraba en la tribuna el partido entre Boca Juniors y la U. de Chile. Fue reanimado en el estadio por personal capacitado mediante el empleo de técnicas de resucitación cardiopulmonar y desfibrilación; logró sobrevivir.

Otro factor agravante es que el hincha de fútbol tiende a conductas poco sanas durante un partido, como la ingesta de alcohol y tabaco.

 Fuera de lo normal

"Cuando el fanatismo causa un notable malestar físico y emocional, generando dificultades con tu medio o tus obligaciones (dejar de ir a trabajar, por ejemplo), hay un problema que sale de lo normal", advierte el doctor Alejandro Koppmann.

Lo natural es que se retome la actividad cotidiana al finalizar el partido, sin importar el resultado. "Pero hay personas cuya identidad depende en exceso de factores externos, como el fútbol. Así, una derrota puede desencadenar una tristeza incomprensible", añade el psicólogo Emanuel Richter.



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''Me habían advertido que esto se pasaba con los años. Yo voy a cumplir 60, y es una pasión que se va consolidando con el paso del tiempo.<br/>GONZALO ROJAS, HISTORIADOR.<br/>
''Me habían advertido que esto se pasaba con los años. Yo voy a cumplir 60, y es una pasión que se va consolidando con el paso del tiempo".
GONZALO ROJAS, HISTORIADOR.


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