Los "jotes" del Centro de Justicia

Así son llamados los "captadores" de clientes, que pululan por el edificio aparentando ser abogados y ofrecen sacar presos de la cárcel y que, al final, derivan a los interesados a profesionales de verdad a cambio de una comisión.  

RODRIGO VERGARA 

Centro de Justicia de Santiago, once de la mañana. Una persona camina con cuadernos y un código penal bajo el brazo. Usa un abrigo sobre los hombros, que nunca se acomoda completamente. Es como su marca registrada. Tanto, que los gendarmes lo identifican como "el viejo del chaquetón".

El hombre, que en realidad se llama Ricardo, revisa la agenda de audiencias y se deja caer en las salas donde, principalmente, se ventilarán casos de microtráfico o porte de drogas. El hombre del chaquetón sobre los hombros, enfundado en un elegante traje, revisa su lista y lanza en voz alta el nombre de alguno de los que cayó la noche anterior. Parece ser parte del sistema. Una especie de defensor.

La gente se abalanza para escucharlo. Explica que es abogado y que está dispuesto a representar a los detenidos una vez que la audiencia de control de detención o formalización termine y la causa deba seguir su curso. Entrega una tarjeta de presentación donde aparece su nombre, junto a otros tres personajes. Por un lado el rótulo dice "abogados penalistas"; por el otro, corretaje de propiedades.

De los nombres impresos en la tarjeta, sólo uno corresponde a un abogado con registro en la Corte Suprema. Ricardo se viste como uno de ellos, habla como uno de ellos y porta un código bajo el brazo.

Pero no lo es.

En un lenguaje más formal, se los conoce como los "captadores". Los gendarmes, en cambio, los llaman "jotes" o "buitres". Y son varios, explican los uniformados. Aparte del "viejo del chaquetón", está el "guatón del sombrero" y el "chico de lentes".

En el caso de Ricardo, cuando alguien decide contratar sus servicios, deriva al nuevo cliente a su colega Mario, quien sí es un profesional del derecho.

Y cuando este último es confrontado por el engaño de su "colega", se defiende: "Nunca he escuchado a mi procurador, Ricardo, decir que es abogado. Y la gente que ha venido (mandada por él) no me ha dicho eso". Reconoce que la competencia en el nuevo sistema es mucha por la defensoría penal pública, que es gratuita, por lo que se hace necesario usar este sistema de captadores. "Está en la costumbre del chileno, siempre pensando en cómo sacar dinero de lo que sea", justifica.

Los captadores reciben un sueldo base y un porcentaje por cliente -que fluctúa entre el 20% y 30%-, cuya gran mayoría son narcotraficantes y microtraficantes. "Todos tienen derecho a defenderse", argumenta.

Ricardo, en tanto, niega que alguna vez haya mentido y muestra fotos con supuestos miembros del Poder Judicial en los 80. Tiene 65 años, aunque representa más. Habla pausado, no se exalta y nunca se saca el abrigo de sus hombros. Explica que la agenda con las causas diarias se la pasa su hijo -egresado de derecho, según él-, pese a que desde el Poder Judicial dicen que es de uso exclusivo de fiscales, defensores públicos, tribunales y Gendarmería.

El crudo mercado

El fiscal Ernesto Vásquez trabaja a diario en el Centro de Justicia. Como todos los que trabajan ahí, conoce la existencia de los captadores y echa mano a una analogía con los vendedores de ataúdes para explicar el fenómeno. "Es la misma figura que se da en el Servicio Médico Legal. La diferencia es que allá venden la posibilidad de un cajón y la tierra para enterrar a la persona. Aquí lo que está en juego son los barrotes o la libertad. Y en ese juego, entiendo yo, abusan de la desesperación. Es la parte más cruda del mercado. Aquí lo que hay que establecer es que la gente debe concurrir a la defensoría, pero mucha gente tiene desconfianza hacia lo público", explica.

La presidenta del Colegio de Abogados, Olga Feliú, también reprueba esta realidad, que sin embargo nadie persigue: "Algunos ni siquiera son abogados. Es absolutamente irregular. La forma de captar clientela tiene que ser acorde a lo que es la dignidad de un abogado. Los abogados son auxiliares de la administración de justicia (...), quien se hace pasar por abogado comete un delito. No es propio de la dignidad de este título profesional el mandar captadores a ofrecer los servicios". Agrega que en el caso de los profesionales colegiados, se han iniciado procesos éticos en su contra cuando han caído en esta práctica.

 Tarifas: $300 mil para liberar a un microtraficante

Una mujer de pelo rubio poco natural arma un pequeño escándalo fuera del tribunal. Insulta a un hombre de impecable terno, de nombre Pablo, y le exige: "O lo sacas gratis o llamo a la prensa y te dejo una cagada...".

El tipo se deshace en explicaciones. "Cómo se le ocurre, nunca dije que tenía un arreglo con la fiscal... le voy a sacar a su marido gratis, pero por favor no me joda la carrera", responde.

Los gendarmes sólo miran y sonríen. La escena, que al parecer han visto demasiadas veces, había partido una media hora antes. La mujer conversaba con un hombre de baja estatura y anteojos, el "jote" conocido como el "Chico de lentes". Según los uniformados, asegura ser abogado, aunque no lo es.

El marido de la falsa rubia, que responde al nombre de Érika, está detenido por microtráfico. Por procedimiento, debería salir en libertad sin mayor problema y sin costo alguno. "Pero este tipo (Pablo) me dijo que por 300 lucas sacaba a mi marido... que podían, junto a su colega (el "chico de lentes"), llegar a un acuerdo con la fiscal y que saldría rápido...", afirma.

Pablo, quien de verdad se tituló, explica posteriormente que todo se debe a un mal entendido. Que su "captador" nunca se hace pasar por abogado, sino que es egresado de Derecho, y que los acuerdos son sólo arreglos jurídicos, donde no hay plata ni "coimas" de ningún tipo: "Hay otros tipos que engañan... yo soy derecho para trabajar", asegura. Cobra 300 mil por sacar narcotraficantes de la cárcel y 100 mil si es "gente pobre". Pero ese día el negocio no ha andado bien. "Vamos a tomar un café", le dice a su socio, y agrega: "Tú pagas".

Un poco más allá la rubia se va con su marido: la dosis con la que lo detuvieron era baja y sólo pasó por consumo. Salió gratis, pero casi le costó 300 lucas.



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<b>Comisión.</b> Los personajes que buscan clientes abordan a gente que concurre al Centro de Justicia en una soterrada lucha por captar negocios para abogados, quienes les pagan una comisión.<br/>
Comisión. Los personajes que buscan clientes abordan a gente que concurre al Centro de Justicia en una soterrada lucha por captar negocios para abogados, quienes les pagan una comisión.

Foto:CHRISTIAN ZÚÑIGA


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