¿Por qué la crisis financiera internacional no llega a Chile?

"...si las últimas noticias sobre los rescates en la Eurozona resultan ser una cura definitiva de la crisis, la banca chilena habría pasado la crisis financiera internacional de los últimos cuatro años sin rasguños...".  

Jorge Awad M. Presidente Asociación de Bancos e Instituciones Financieras 

Hace algunos días, la Superintendencia del ramo publicó los resultados de la banca chilena acumulados a mayo, los que una vez más dieron cuenta de su solidez y estabilidad (las colocaciones registraron un crecimiento real en doce meses sobre el 12%, mientras la morosidad en la industria se mantiene estable, a pesar de las grandes turbulencias observadas en Europa). Si bien no hay garantía que este resultado se mantenga en los meses venideros -de hecho el último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central sugiere, correctamente, mantener una actitud vigilante en algunos segmentos de mercado donde podrían gestarse algunos riesgos-, todo indica que si las últimas noticias sobre los rescates en la Eurozona resultan ser una cura efectiva y definitiva de la crisis, la banca chilena habría pasado la crisis financiera internacional de los últimos cuatro años sin rasguños.

¿Cómo conseguimos este resultado? ¿Qué hace que nuestro sistema financiero haya sido, hasta ahora, resiliente a la crisis?

La respuesta a esta interrogante es simple: porque los bancos chilenos -incluidos los de propiedad extranjera, pero constituidos en el país y sujetos a la regulación y supervisión chilena- han sabido invertir (prestar) bien, evaluando adecuadamente los riesgos y no produciendo o alimentando burbujas especulativas.

Al resultado anterior contribuyó un manejo macroeconómico -fiscal y monetario- responsable por parte de las autoridades, así como una supervisión de alta calidad de la Superintendencia, pero sin duda que a los bancos les cabe una gran responsabilidad en este logro.

¿Por qué los bancos han sido tan cuidadosos al momento de prestar? Porque la experiencia -recordemos la crisis de los años ochenta en Chile- nos ha enseñado la importancia que tiene cuidar la confianza de los depositantes, lo que cuesta construirla y lo fácil que resulta destruirla. Esa confianza es el activo (intangible) más valioso con que cuenta un banco y que le permite prestar más de 10 veces su capital (el 92% de los recursos administrados por los bancos chilenos son de los depositantes). Y esa confianza se sostiene y fortalece sólo si los depositantes logran al final cobrar lo que el banco les debe.

Es cierto que los bancos son, por ley, las únicas entidades autorizadas a captar o recibir en forma habitual dinero del público en la forma de depósitos, mutuos u otras (LGB, Art. 39), pero el derecho a hacerlo sólo se puede ejercer si los depositantes cooperan. Y éstos lo harán sólo en la medida que confíen en el sistema, lo que a su vez depende de que los bancos demuestren en forma sostenida que saben prestar.

Lo que ocurrió en Europa es que los bancos no supieron prestar, financiando créditos de alto riesgo y sosteniendo burbujas inmobiliarias, lo que llevó a una crisis de confianza generalizada, fuga de depósitos, problemas de liquidez y finalmente, insolvencia.

¿Qué incentivos tienen los bancos para prestar bien? Además de la regulación prudencial y la existencia de sanciones ex post , que no siempre resultan efectivas, el hecho que los dueños pueden perder el banco si hacen malos negocios es el principal aliciente para prestar bien. En otras palabras, el requisito de capital mínimo es el principal mecanismo que permite alinear los incentivos de los banqueros con los de los consumidores-depositantes. Así lo confirmó recientemente uno de los más destacados columnistas económicos del momento, Martin Wolf, al comentar que uno de los aspectos de la actual crisis internacional que más le sorprendieron fue el insuficiente capital propio que tenían los bancos para cubrir los riesgos que corrían.

Pues bien, los bancos chilenos han mantenido desde antes de la crisis subprime un nivel de capital sobre activos (ajustados por riesgo) muy superior al mínimo exigido de 8%, lo que les ha permitido absorber shocks específicos -como La Polar, Campanario, Virus ISA y otros- e incentivado a seguir una política de bajo riesgo al momento de prestar, aumentando así su resiliencia frente a la crisis financiera internacional.

 


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