sábado 21 de julio de 2012  
Cristián Warnken
La nueva vida del poeta indignado
 
Renunció a su trabajo, dejó la AFP, redujo su plan de salud, cambió los taxis por las caminatas. Dice que se puede vivir con menos. Su norte ahora es salvar su programa de TV y encontrarle un mejor sentido a su vida. No descarta que este proceso haya comenzado tras la muerte de su hijo.  

CLAUDIO GAETE Está en un sabático de pobre, como él mismo lo define. Dejó su puesto de decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Desarrollo y comenzó a reducir gastos, romper tarjetas de crédito, ajustar planes de salud, dejar el taxi y caminar más.

Cristián Warnken dice que está más preocupado de salvar su programa Una belleza nueva, que después de seis años está perdido en un horario de las 8 de la mañana los domingos. Pero, sobre todo, está en una búsqueda personal, cuyo destino no tiene para nada claro, pero que le causa excitación explorar. Lo suyo, expresa, es salirse del sistema, buscarle un sentido a la vida, indagar en su yo interno teniendo a la poesía como compañía.

Señala que muchas personas se le han acercado para decirle que lo envidian por lo que está haciendo, pero que no se atreven a seguirlo porque tienen muchas responsabilidades. Warnken también. Está casado y es padre de cuatro hijos. Y está determinado a demostrar que sí se puede.

-Quiero probar en la práctica, y lo hemos conversado harto con mi señora, que uno puede vivir con menos. Si yo tengo tres tarjetas de crédito, tener una, o mantener las tarjetas al límite. Yo no soy automovilista, soy peatón, soy taxicómano, así que reduje de taxi y me traslado a pie, o en Transantiago. Estoy caminando mucho. Es una experiencia interesantísima caminar de un barrio a otro.

Lleva un par de meses en este afán. De oficina en oficina cambiando planes y coberturas. Ya no cotiza en la AFP y redujo el plan de la Isapre. Y espera estar, al menos, unos seis meses de sabático.

Ha conversado con mucha gente sobre esto. "Yo hice el ajuste del plan de salud con una agente de la Isapre. Y ella me preguntaba por qué me estaba retirando, le llamaba la atención eso y le dije que era perfectamente posible hacerlo y seguir sus sueños. Nos reunimos varias veces. Y la última vez, cuando ya estaba hecho el cambio de plan, me mandó un mail donde decía que estaba todo listo y que me dejaba en manos de tal ejecutiva. Y agregó: 'le quiero agradecer por las conversaciones que tuvimos, porque eso fue el empujón. Me acabo de ir a otra ciudad e hice un cambio de vida'".

-¿Cuál es su crítica al sistema?

-Creo que está un poquito loco. Por ejemplo, ayer fui a una clínica a hacerme unos exámenes y cuando entro me dicen: "Señor, ¿quiere acumular millas para Lanpass?". Yo me reí, y le dije: "Perdón, ¿llegué a una agencia de viajes o estoy en una clínica?". Eso me alerta sobre la promiscuidad que se da entre distintos tipos de industrias e intereses, y uno está metido en esta cueca. Creo que uno puede llevar una calidad de vida mínima restándose de esta suerte de pedagogía del temor que se ha instalado de que tenemos que tener una cantidad de cosas que no necesitamos. 

Hace un par de semanas escribió una columna en El Mercurio sobre el discurso que dio el Presidente de Uruguay en la Cumbre de Río. "Él dice que estamos atrapados en un sistema de lo desechable, lo desechable genera consumo y eso mueve la sociedad. Yo creo que esta es una sociedad pensada por economistas que estudiaron en buenas facultades de economía de Estados Unidos y para los cuales no existen otras dimensiones que las económicas. Son economistas que no conocen la historia de Chile, no tienen noción de lo público y por eso que cuando se instalan en cargos públicos por primera vez se desayunan.

-Muchos no entendían la molestia ya que esa región tiene la tasa más baja de cesantía y altos índices de remuneraciones.

-Estos señores que planifican, que son muy bien intencionados, que vienen de Harvard o Chicago, jamás han estado en Coyhaique. Yo acabo de venir de Puerto Cisnes, y andaba con un hijo mío que se enfermó con virus sincicial. Había un hospital, pero no había pediatra. Los caminos estaban congelados como para ir a otra parte y ahí empecé a vivir lo que se vive allá. La farmacia era de un señor que había que llamar por celular y no tenía el remedio que yo necesitaba. Es fácil imponer modelos sobre esta realidad y eso es típico de una elite intelectual.

-¿Por qué nace su sabático?

-Es una búsqueda. Yo por lo menos, cada cierto tiempo, intento conectarme. Cuando empiezo a sentir que estoy instalado, achanchado, cómodo en un lugar, cuando tengo todo aparentemente resuelto, me empiezan a venir preguntas que tienen que ver con el sentido. Lamentablemente uno está marcado por las lecturas que ha tenido. Hay gente que puede vivir toda la vida en una contradicción vital sin ningún problema. Yo me empiezo a hacer preguntas y tengo demasiadas dudas de por qué estoy aquí, para qué estoy aquí, qué es lo que quiero en la vida. Mal que mal, viví un proceso duro que es bastante reciente, que fue en 2007, con la muerte de mi hijo. En el primer momento uno está en shock y no logra asimilar lo que significa esa vivencia, y creo que eso recién se empieza a vivir después. Decanta, y eso mismo produce que uno, ya un poquito mejor, se rearme y comience a hacerse preguntas.

-¿Lo que está haciendo ahora es una consecuencia del dolor por la pérdida de su hijo?

-No lo sé. El alma humana es muy misteriosa. Conocemos muy pocos de nosotros mismos y de los procesos internos de los que han sufrido pérdidas. Sabemos tan poco de nosotros hacia adentro Sospecho, intuyo, que este proceso tiene que ver con eso.

-Usted escribió una columna tras la muerte de su hijo Clemente y luego estuvo casi un año escribiendo sobre el dolor. ¿Cómo fue ese proceso?

-Creo que el dolor por la partida de un hijo reordena las prioridades en la vida. Uno empieza a entrar en placas cada vez más profundas, en una revisión muy intensa, en un proceso largo que no ha terminado para nada. Se produce una revisión de las prioridades, ver dónde está el foco, la vida es corta y la energía es limitada y la cantidad de cosas que hay afuera son miles. Hay que cuidar mucho más el foco y el centro donde uno está y cuáles son las prioridades en la vida. Es muy fácil perderse afuera. Es que estos últimos años he tenido como un repliegue, casi un instinto de sobrevivencia, de protegerse, de buscar hacia adentro.

-Hay una tendencia del ser humano a no enfrentar el dolor y lo que dicen los psicólogos es que hay que vivir el duelo.

-No tengo ninguna receta; al contrario, me he vuelto muy escéptico. Lo que más tengo son perplejidades. Más que antes. No respuestas. Me molestan las respuestas hechas, las cosas que vienen de la psicología facilista, de la religión fácil. Más bien tengo la percepción de la precariedad total. No sé si lo he hecho bien, a lo mejor he hecho pésimo el proceso de duelo.

-Hay mucha gente que no es capaz de asumir sus dolores.

-Yo entiendo que como seres humanos nos tratamos de aferrar a lo primero que encontramos. La vida no es fácil. Es maravillosa, pero también es dura. Siempre he sido un celebrador de la vida, pero la vida también es tremenda. El instinto es aferrarnos a la primera tabla de salvación que encontramos. Unos lo encuentran en la fe, otros en el activismo. Yo no juzgo eso. Mi camino más bien va por la introspección. Y tampoco creo que haya concluido el proceso de dolor y que lo haya hecho fantástico. Al contrario, estoy en deuda, me falta mucho para evolucionar.

-¿De qué habla con sus hijos?

-Con mis hijos tengo conversaciones alucinantes. En las noches sobre todo, cuando leemos. Son conversaciones maravillosas y a veces las anoto en un cuaderno. Son refrescantes frente a tanta tontería que uno escucha. Creo que uno debería apagar el televisor y hablar con sus hijos, con sus sobrinos o los que están cerca de uno. De qué hablan los adultos con sus hijos, ¿de plata? Yo escucho comentarios de niños que dicen: "Oye, ¿cuánto vale tu auto?, ¿cuánto vale tu bicicleta?". Eso se está conversando hoy y lo encuentro de una pobreza dramática. Nunca se conversa de lo importante.

-En su relación de pareja, ¿cómo han logrado pasar por este dolor?

-Yo soy muy cuidadoso. No quiero cometer el mismo error que le critico a tanto entrevistado que habla de su vida de pareja, porque con mi señora hemos sido cautelosos. Sólo te puedo decir que tengo la suerte de tener una relación muy profunda, de gran amistad y de gran compañerismo con mi señora, y que para mí ha sido un referente fundamental.

Bendita incertidumbre

Esta aventura de Warnken comenzó a tomar forma con la publicación de su primer libro de poemas, Las palabras del Chamán (Editorial Pfeiffer, 2012), donde el chamán actúa como su alter ego y critica la sociedad de consumo, la falta de cultura, la irrupción de las redes (Se twiteaban/ se twiteaban mucho/ pero estaban más solos que un dedo). La gracia, dice, es que no sabe qué es lo que viene.

-El cambio implica un riesgo. Hay un poeta que dice donde crece el peligro, crece también lo que nos salva. Creo que uno siempre tiene miedo al peligro y al riesgo y a veces por ser tan cuidadoso y tan temeroso, el mayor peligro es el miedo en el cual uno está instalado. Las grandes tragedias a veces ocurren en el patio de tu casa. A mí me pasó eso.

Dice que le da un poco de vergüenza, porque lo suyo no es un gran salto. No se fue a vivir al valle del Elqui o a la Patagonia, sino que sigue en Vitacura. "Lo bonito es quedarse adentro y tratar de hacer los cambios, porque irse a un monasterio o irse a una comunidad es un camino fácil. Yo no tengo claro qué voy a hacer. Estoy expectante, escuchándome a mí mismo"

-Pero en alguna parte dentro de usted debe tener claro qué es lo que le gustaría hacer.

-Tiene que ver más con lo que hago ahora. Me fascina enseñar, la educación, todo lo que tiene que ver con mis talleres, enseñar poesía, lo que hago en el verano, eso soy yo. Eso hay que hacerlo coincidir con temas prácticos como juntar las lucas y al mismo tiempo tener la mayor coherencia posible. Lo importante es revisar al final del día cuánto es lo que uno se ha traicionado, cuánto se ha alejado de la torre de control. Si te alejaste mucho, ya te perdiste, te extraviaste.

-¿Ha tenido dudas?

-¡Por supuesto que he tenido dudas! Afortunadamente tengo dudas, pero me siento alineado conmigo mismo. Hay veces en que uno se siente desalineado, puede tener toda la situación económica controlada, estar en un estupendo trabajo, pero hay una desazón interna. Ese es el peor de los momentos. Creo que uno tiene muchos ámbitos de acción. Los pequeños cambios son más importantes que los cambios radicales. Las grandes revoluciones parten por situaciones personales. Uno puede tener grandes discursos hacia el mundo y ser un hijo de puta en tu vida privada, como grandes referentes morales del país que se nos han caído, que tenían como divisa la defensa de los derechos humanos y resulta que en su vida privada les destruyeron la vida a algunos jóvenes. 

-Usted dijo que le molesta que la Iglesia en Chile sea una administradora del miedo. ¿Cree que imparte miedo para tener poder?

-Todo el que quiere hacerse del control de la realidad tiene que administrar el miedo de los otros. Lo que siento es que nosotros somos un país culturalmente católico, donde se le ha dado a la Iglesia un poder y un protagonismo excesivo. Ejemplo, se hace una comisión para ver el conflicto en Chuquicamata y se invita a los sacerdotes, se arma comisión para negociar y se invita a los sacerdotes. Yo no estoy contra los sacerdotes, pero toda la crítica que ha habido contra la Iglesia, el caso de Karadima y el caso de Precht, para usar dos extremos, revela que el católico es muy flojo incluso en su propia fe. Le delega a alguien que le administre su fe. Es como meterla en un fondo mutuo. No se lee la Biblia, no se la estudia. Tenemos un país culturalmente católico, pero espiritualmente pobre.

-¿Cree que hay una tendencia a demonizar a una persona que se dice agnóstica o atea?

-El peor ateísmo es el del que administra la fe, como es el personaje de la novela de Graham Greene, El poder y la gloria, donde el sacerdote dejó de creer en Dios, pero sigue haciendo misa. Lo que hay es un ateísmo profundo, interior, silencioso, cubierto por un hábito cultural. Ese es el ateísmo verdadero. El ateo está más cerca del verdadero creyente. Hay una tibieza espiritual, tomar la religión como un rito social, como un evento, una cosa de hábito, pero no un camino. Hay una flojera espiritual general de no atreverse.

-¿Por qué?

-Hoy predomina lo rápido. Si hay un duelo, tiene que ser express, hay que superar rápido el dolor, dar vuelta la página. Está lo facilista, lo cortoplacista y que no implica un verdadero proceso, un verdadero camino, una verdadera lucha ni una verdadera agonía. Tendemos a entregar lo más interior nuestro a administradores. Si el niño está con problemas en el colegio, lo tenemos que mandar al neurólogo, psicopedagogo y al terapeuta. Tenemos problemas espirituales, acudimos a los administradores de la espiritualidad. No asumimos la tarea de pareja, pensamos que el terapeuta lo va a solucionar. Es como delegar hacia fuera las tareas que son nuestras.

-¿Y es a eso a lo que le está poniendo fin con este viaje?

-No sé. Sería pretencioso decir que soy el modelo. Estoy en una crisis, y la palabra crisis para mí es positiva, me estoy replanteando cosas, pensando cosas, quiero vivir esta crisis. 

"El dolor por la partida de un hijo reordena las prioridades en la vida. Uno empieza a entrar en placas cada vez más profundas, en una revisión muy intensa, en un proceso largo que no ha terminado para nada".

"¡Por supuesto que he tenido dudas! Afortunadamente tengo dudas, pero me siento alineado conmigo mismo"
 

CLAUDIO GAETE.

   
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