Ratones, tortugas, quiltros

Camilo Marks 

Marcelo Leonart (1970) está pasando por una buena racha. El año pasado obtuvo el premio de Revista de Libros por su novela Fotos de Laura y también resultó ganador en el concurso del Fondo Nacional del Libro en la categoría de mejor obra inédita por su colección de cuentos La educación . Es un auspicioso debut para un autor que ya era conocido como dramaturgo, cineasta, guionista y director teatral. Tal versatilidad podría ser perjudicial si se abordan géneros literarios tan distintos como la novela y el cuento. Por decirlo en forma simplista, el lenguaje narrativo es radicalmente distinto al que se emplea en el cine o el teatro, donde las descripciones se descartan, la acción está supeditada al diálogo y el aspecto visual posee una preponderancia decisiva. Leonart sortea con éxito el peligro de usar técnicas divergentes y al leer los textos mencionados, nadie pensaría que ha realizado teleseries.

La educación se compone de seis relatos que, por su extensión y desarrollo, se acercan más a la novela corta que al cuento. El ambiente general es opresivo, sucio, desagradable, incluso repugnante. Un poco de humor habría aliviado este ambiente de soledad y desesperación. Aun así, eso no significa falta de destreza ni incapacidad para representar delicados matices psicológicos o entregar impetuosos momentos poéticos que, como ramalazos, iluminan las vidas de seres humanos sin escapatoria. Las historias conciernen a parejas destruidas, sitiadas por la pobreza, el abandono y una situación económica que las tiene al borde de la subsistencia y el hambre. Todas transcurren en habitaciones o departamentos sórdidos, desvencijados, sucios, sin las mínimas comodidades -refrigeradores fuera de servicio, cocinas sin gas, baños destartalados-; basta con entrar a esos sucuchos para sentir que nos aguarda una pesadilla. El cuadro, turbio y de congoja, se complementa con amenazantes criaturas que pueblan las viviendas: ratones, baratas, perros vagos, aves carroñeras.

El narrador en primera persona podría ser siempre el mismo y cada episodio podría corresponder a sucesivos estados de ánimo. Así, hay varias circunstancias que se repiten: edificios a punto de derrumbarse, casas en demolición, sueños, momentos alucinatorios. Esto tal vez sugiera la idea de que los cuentos de La educación son intercambiables y de que Leonart reitera escenarios similares a lo largo del volumen. No es así. Los episodios presentan semejanzas, pero hay marcadas diferencias entre unos y otros. El estilo, que favorece el período prolongado, la frase subordinada, cierta morosidad, es, desde luego, similar en las diversas fases de este ciclo prosístico y nada hay de criticable en ello.

"Crías" tiene como uno de sus personajes centrales a una enorme rata que aterroriza a Delia y perturba la paz hogareña. Sin que nos demos cuenta, el roedor comienza a hacerse simpático, si bien nunca tanto como en los dibujos animados de Walt Disney. De algún modo imprecisable, la progenie del inmundo bicho se relaciona con la decisión de tener un hijo. Al final, Bruno, ya un niño, pregunta por su madre, alejada del hogar por motivos desconocidos. "Los perros" refleja un paisaje personal y urbano desgarrador: un vagabundo chiflado, que proclama extrañas profecías, es seguido por tres quiltros que ladran sin cesar y termina siendo el único compañero de un concursante, en un grotesco programa de preguntas y respuestas.

"Pájaros negros olfateando la carroña" quizá sea el mejor trabajo de la compilación por la intensidad y el lirismo de la escritura que, paradójicamente, surgen de la putrefacción y el decaimiento, al principio insinuados y más tarde convertidos en algo muy explícito. Rena sobrevive en el cuarto de un hotel parejero y convoca a su antiguo amante para ponerlo al día en sus tribulaciones: Pedro y Amanda han partido a Brasil para acompañar a una enferma terminal, quien, literalmente, se está pudriendo. En "Caparazón" tenemos a una tortuga abandonada por sus anteriores propietarios en un piso derruido, cuyo destino anticipa la locura del protagonista.

"La educación", último título del tomo, es en verdad una novela y merece una crítica aparte, imposible de elaborar aquí. La trama, compleja, laberíntica, inquietante, traza un paralelo entre el estallido de la nave espacial Challenger, en 1986, y el incendio de la cárcel de San Miguel en diciembre de 2010.

La presente antología, considerada en conjunto, revela a un escritor de lúgubre imaginación, promisorio y muy singular.

Parejas destruidas, sitiadas por la pobreza, el abandono y una situación económica al borde de la subsistencia y el hambre. Las historias transcurren en habitaciones o departamentos sórdidos, sucios, sin las mínimas comodidades; basta con entrar para sentir que nos aguarda una pesadilla.

 


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La educación<br/>Marcelo Leonart <br/>Tajamar Editores, Santiago, 2012, 198 páginas, $11.310. CUENTOS
La educación
Marcelo Leonart
Tajamar Editores, Santiago, 2012, 198 páginas, $11.310. CUENTOS


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