ALONSO DE OVALLE COMO ESCRITOR Significado de la obra:
La obra de Ovalle como un documento fundacional del sentimiento patrio

Del artículo introductorio, extractamos aquella sección donde el autor plantea un posible sentido general de la obra del padre Ovalle, a partir de una comparación de su texto con otro, del franciscano peruano fray Buenaventura Salinas y Córdoba. Ovalle, en una escala mucho más moderada, representa la versión chilena del criollismo militante.  

Fernando Silva Vargas 

Hay un autor, el franciscano fray Buenaventura de Salinas y Córdoba, que no aparece citado por Alonso de Ovalle y que, sin embargo, pudo haberle inspirado tanto ciertas descripciones como el sentido general de la obra del jesuita. Ya Bernard Lavallé encontró sorprendentes coincidencias en los textos de uno y otro y, sin perjuicio de la prudencia que el mismo se impuso al extraer conclusiones, no es ocioso ofrecer algunas comparaciones. Al tratar de la entrada de los españoles al Perú y a Chile, el jesuita interrumpió en dos ocasiones su discurso para hacer la descripción de las ciudades de Lima y Santiago. De la primera afirmó Ovalle que "es la fuente de donde bebe lo mejor del mundo, antes no hay casi parte en él que no participe de las vertientes que de allí se derraman". La idea de que el Perú con sus riquezas movía al mundo se encuentra muy reiterada y exagerada por Salinas: "es el pecho donde Roma, Castilla, Italia, Flandes, Nápoles, Milán, México, Portugal, la China, el Japón, las Filipinas y todas las demás partes del mundo están mamando y confortándose de su sangre". Al referirse al aspecto general de la ciudad de los Reyes expresó Ovalle que "tiene suntuosos edificios, aunque por de fuera no tienen tan buena vista como por dentro, por no usarse tejas, a causa de no llover todo el año ni un aguacero". Y el franciscano peruano informa que "no tienen tejas las casas y edificios, porque no llueve de suerte que obligue a eso, sino un rocío del cielo fecundo y amoroso".

Al hablar de las calles de Santiago, advirtió Ovalle que por ser de damero el plano de la ciudad, "por cualquiera de ellas tiene la vista libre, sin impedimento hasta salir al campo". Y fray Buenaventura Salinas subrayó que en Lima las calles son "tan iguales, qúe estando en la plaza principal se ven los confines de toda la ciudad". Las calles dan pie a otras apreciaciones similares de ambos escritores. Las de Santiago son tan anchas, nos dice Ovalle "que caben muy holgadas en ellas tres carrozas juntas". Y el franciscano advierte que en Lima todas las calles son "tan anchas que pueden ir lado a lado tres carrozas, dejando paso franco a los que pasan". Incluso en las bellísimas descripciones de las aguas cordilleranas del padre Ovalle no pueden dejar de advertirse las semejanzas con Salinas y Córdoba. Escribió el chileno que "vense algunos descolgarse de una imperceptible altura (...), saltar esparcido todo el golpe de agua (...), y desbaratándose en el camino en menudas gotas, hacer en la bajada una hermosísima vista como de aljófar derramado, o perlas desatadas". Salinas, por su parte, al describir las bellezas del paseo a los Amancaes, las colinas próximas a la ciudad, habla de una fuente que "partiéndose en arroyos baja de lo alto, donde emulando el aljófar, que llueve el alba en las flores, las salpica y desbarata con líquida fatiga".

No se trata de hacer aquí un análisis estilístico de ambos escritores, sino de sugerir una relación de dependencia que va más allá de las formas. Ovalle, en una escala mucho más moderada, representa la versión chilena del criollismo militante exhibido por Salinas y Córdoba. Él trató de ser una respuesta a los prejuicios europeos hacia los nacidos en América, que estaban todavía vivos hacia el comienzo de los movimientos de emancipación, y que en la primera mitad del siglo XVII se manifestaron en las dificultades experimentadas por los indianos para obtener beneficios de la monarquía. Asombra, en verdad, la fuerza desplegada por el peruano para demostrar la superlativa calidad del país y de sus hijos. Si "no es de maravillar que haya quien afirma y tenga por cierto que el Paraíso está escondido en alguna parte de esta región", tampoco debe sorprender que ella produzca "mil excelentes sujetos, hijos propios". También Ovalle habló de los naturales de Santiago, "de buenos ingenios y habilidades, así para las letras, en que se señalan mucho los que se dan a ella, como para otros empleos. Son naturalmente más inclinados a la guerra...".

Pero los criollos -término usado constantemente por Salinas y muy poco por Ovalle-, provenientes de quienes ganaron el reino con su esfuerzo y su valor, fueron desplazados por quienes vinieron de España, "y así se crían flacos y sin fuerzas". La reivindicación no sólo alcanza a los descendientes de los conquistadores, sino también a los conquistados, de los cuales Salinas trazó la historia, basándose, según se cree, en el conocimiento que tuvo del manuscrito de Guamán Poma de Ayala. Y reiteró una y otra vez el franciscano que todos los males que sufría el Perú y los indios provenían en parte de los forasteros "que pasan todos los años al comercio y viven con nosotros chupando la tierra como esponjas, sacando la sangre de los indios como sanguijuelas, traspasando la plata a sus reinos y provincias", pero también en parte importante de que los mejores corregimientos, gobernaciones y encomiendas no iban a los criollos sino a los grandes y títulos de España. Fray Buenaventura confesó hablar "como apasionado hijo por el amor de la patria", y en una carta a su hermano fray Diego de Córdoba, también franciscano y escritor, afirmó que "es la patria un Dios segundo (aunque no lo hay) (...) Ella nos cría, nos enseña y nos honra; ella se encarga de mil cuidados, porque descansemos nosotros.

La descripción maravillada del país, la defensa de los indígenas, la crítica a los abusos de las autoridades, el desaliento ante la preterición de los descendientes de los conquistadores, que son los ejes del libro de Salinas y Córdoba, lo son también de la Histórica Relación de Ovalle. Estos indianos vivieron en un mundo de extraordinaria ambigüedad: eran españoles, pero no nacieron en España; eran españoles, pero miraron con distancia y desprecio a los originarios de la península; eran españoles, pero los peninsulares desconfiaban de ellos y también los despreciaban. Lucharon por el buen trato de los indios, pero no dudaron en describir minuciosamente los horrores que podían ocasionar y el eventual peligro que representaban. Y los encontrados sentimientos que les generaban los mestizos, negros y castas muestran la complejidad infinita de la América de los siglos coloniales. Pero los indianos habían nacido en ese mundo lleno de contradicciones, y ese mundo era su patria.

Ovalle y Salinas y Córdoba están en la misma línea espiritual que Carlos de Sigüenza y Góngora y sor Juana Inés de la Cruz en la Nueva España, materia analizada con rigor y agudeza por Jacques Lafaye, y que aquí sólo cabe insinuar: ellos buscaron expresar los principales aspectos de la naciente conciencia nacional en Nueva España, Perú y Chile dentro de una eclosión de lo maravilloso cristiano. La "conquista espiritual" -título de una obra del padre Rosales- debía ser el reverso de la medalla de la otra conquista, y utilizaba muy diferentes herramientas. Y que ése era el camino adecuado lo demostraban los numerosos hechos extraordinarios que cuidó Ovalle de destacar. El minucioso cuidado puesto en ello no fue producto, como pensaron los historiadores del siglo XIX, de la credulidad del religioso, sino la convicción de que tales hechos indicaban que la conquista, en cuanto era espiritual, recibía la ayuda de lo alto. La fundación de una cristiandad "tan lucida y propagada", diría el jesuita, es "obra del brazo de Dios". Era, además, la recuperación para Cristo de unas tierras ya evangelizadas por el apóstol Santo Tomás, creencia difundida por el dominico fray Gregorio García, que recogió Ovalle y más tarde el padre Mascardi, y que cobró singular fuerza en la Nueva España.

Es posible que Alonso de Ovalle hiciera el descubrimiento de la patria cuando estaba en Córdoba del Tucumán, como lo sugiere su profunda desazón ante el paisaje y el clima de las regiones situadas al oriente de la "famosa cordillera de Chile". Pero Europa fue el estímulo para que, a través del recuerdo, construyera una versión idealizada y en ocasiones fantástica de su país. Esto podría explicar que el autor, con largos ocho años en el viejo mundo, no hubiera dejado mayores referencias de las ciudades españolas e italianas en que vivió. Madrid y Roma son prácticamente invisibles. Y cuando aludió a ellas, a lo más lo hizo para compararlas con Santiago: "Quien viere la plaza de Santiago y viere la de Madrid, no hará diferencia en cuanto a esto de la una a la otra". El patriotismo de Ovalle no abarcó a las Indias; apuntó a su patria, Chile, y más concretamente a su patria chica, Santiago. El altísimo vuelo literario de la Histórica Relación no puede, pues, dejar en un segundo plano su condición de documento fundacional del sentimiento patrio.

Fray Buenaventura de Salinas y Córdoba pudo haberle inspirado tanto ciertas descripciones como el sentido general de la obra a Ovalle.

 Fragmentos escogidos

Las yerbas silvestres

Con las lluvias, y primeras yervas del

himbierno parece que se dispone la tierra

al nuevo adorno, y hermosura de las

flores, con que a mediado Agosto comiença

la primavera a hermosearla, las

quales duran hasta que el Sol comiença a

apretar con sus calores por Deziembre, y

nacen con tanta abundancia, y de tantas

especies, que parecen los campos pintados,

y hazen una hermosisima vista. Una

vez en particular me acuerdo, que yendo

camino vi tanta diversidad de estas flores

unas encarnadas, otras azules, amarillas,

coloradas, pajizas, moradas, columbinas,

y de otros varios colores, que poniendome

a contarlas movido de la admiracion

de tanta variedad, como la que se via,

conte hasta 42.

(...)

No se puede creer la fuerça con que

la tierra arroja, y produce estas yervas,

que es tanta, que en muchas partes no

se distinguen los campos incultos de

los mesmos sembrados, porque es tan

tan lozanos, como si huvieran arado la

tierra, y dispuestola para sembrarla; y

al paso que se van continuando las lluvias,

va ahijando la yerva con tal fuerça,

y pujança que por el mes de Noviembre,

y Diziembre se ha espesado ya, y entretexidose

de manera que rompe un cavallo

con dificultad per ella, dandole en algunas

partes alas cinchas.

De Libro Primero, Capítulo II

De la loica

Los paxaros, que llaman los Indios

lloycas son muy celebres entre ellos, en

cuyo canto a tal hora, o en tal lugar, y

ocasión, hallan grandes misterios, ya se

pronostican en el la muerte o propria, o

del hijo, o del pariçte; ya la enfermedad,

o otro mal succeso, de que quedan con

temor, y recelo. Llaman los Españoles estos

paxaros pechicolorados, porque no ay

grana ni escarlata, que llegue a la fineza

del rojo de su pecho, las demas plumas

del cuerpo y de las alas son pardas.

Libro Primero, Capítulo XVIII

Formación de los cuervos
Los años que han de ser muy lluviosos,
según tienen observado los naturales,
encomençando a refrescar el tiempo
antes que apunte el himbierno, es de ver
todas las tardes por muchos dias baxar
asi mesmo de la cordillera a los llanos
immensidad de cuerbos, que una hora
antes de ponerse el Sol vienen volando,
formando en el ayre cada vandada una
punta de diamante, donde va el primero,
siguiendole todos, sinque ninguno
se le adelante, y forman este modo de
triangulo, o piramide con tan gran perfeccion,
y correspondencia de unos con
otros, como si estuvieran pintados, o
fixos en el ayre, o se movieran todos con
un mesmo movimiento.
Libro Primero, Capítulo XVIII

De los ríos de Chile

¿Que dire de los Rios, que a cada

paso se atraviesan en el camino? no ay

cabeça, que no se turbe, y se le buelva lo

de abaxo arriba, si pone la vista en su corriente,

la qual es tan grande, que si llega

el agua sobre la rodilla de la cavalgadura,

no es pusible pasar los, sino cõ gran

peligro, porque como baxan de tan alto,

llevan un impetu como de canal de molino,

y traen consigo algunas piedras, que

derriban a una acemila como a un pollo;

y asi algunas veces es necesario esperar

dos, y tres dias que no haga Sol, porque

entonces baxan estos Rios, por derretirse

menos nieve, y por esta causa es

siempre mas seguro pasar los a la mañana

por haver precedido la noche en que desaguan.

Del Libro Primero, capítulo VII

Fragmentos escogidos

Los indios de Chile

El espiritu belico de esta gente tiene

principio de su natural, porque son colericos,

impacientes, mal sufridos, furiosos,

arrogantes, soberbios, y feroces, y en

sus venganças son notablemente crueles,

despedaçando inhumanamente al enemigo

quando le han a las manos, levantandole

en las picas, arrancandole el coraçon,

haziendole pedaços, y relamiendose

como fieras en su sangre: adelante

se contarà un caso en que se vera algo

de esto en particular. Son por lo general

de cuerpos robustos, bien formados, de

grande espalda, pecho levantado, de recios

miembros, y bien fornidos, agiles,

desembueltos, alentados, nerbudos, animosos,

valientes, y atrevidos, duros en

el trabajo, y muy sufridos, en hambres,

frios, aguas, y calores, son despreciadores

de las proprias comodidades, y de la

mesma vida, quando es necesario arresgarla

por la honrra y libertad, sin desistir

en lo començado, con porfia, y constancia

increible.

Del Libro Segundo, Capítulo II

El turco y Gerónimo de Alderete

Uno de los retratos de medio cuerpo reveló un dato que permite aproximarse al origen de esta serie. La figura del Adelantado Gerónimo de Alderete publicado en la Histórica Relación muestra el muro y la portada de una fortaleza ante la cual se desarrolla una acción bélica. El azar y la web permitió identificar la fortaleza del retrato de Alderete, que reproduce con total similitud el asedio y toma de la ciudad de Gyor, en Hungría, de donde se expulsó a los turcos en 1598 luego que se lograra abrir la puerta de Fehervar, en la época del emperador Maximiliano II de Ausburgo. Esta revelación hizo entendible que los defensores de la muralla lleven turbantes. (Hernán Rodríguez)

Fragmentos escogidos

La guerra defensiva de Luis de Valdivia

De principio a este libro la

nueva forma, que se pretendio

tomar en la guerra,

que se hazia a los Indios,

y es la que ya refiero.

Viendo la Magestad

de nuestro Catolico rey

Phelipe Tercero, de feliz recordacion, lo

poco que aprovechavan los medios de la

fuerca, y rigor, para sugetar los Indios

chilenos, que tan soberbios, y insolentes

se hallavan con las victorias, que havian

tenido, y con la toma, y ruina de las ciudades,

que nos havian destruido; se resolvio

de que totalmente se mudase de

estilo en esta conquista, y que dexando

del todo la guerra ofensiva, se reduxese

solo a la defensiva, poniendo raya entre

los terminos, y tierras del enemigos,

y las nuestras, juzgando, que por este

medio se reducirian los Indios mas facilmente

a la fee, y la recivirian con mas

amor, y aplicacion, viendose libres del

tumulto, y ruido de las armas; y con esto

tambien se daria lugar, a que amansandose,

y morigerandose mas los Indios,

se facilitase el rescate de aquellas pobres

cautivas, cuya desdicha, y trabajo tenia

atravesados los coracones de quantos la

sabian, y deseavan su remedio. Para este

efecto quiso su Magestad servirse de la

gran prudencia, eficacia, y zelo del Padre

Luis de Valdivia de nuestra Compania

de Iesus, varon verdaderamente mayor de marca.

De Libro Séptimo, Capítulo I

 De la famosa cordillera de Chile

Pero lo que he visto muchas veces,

es, que quando despues de algun buen

aguacero, que suele durar dos, y tres, y mas

dias se descubre esta cordillera, (porque

todo el tiempo, que dura el agua esta cubierta

de nublados) aparece toda blanca

desde su pie hasta las pûtas de los primeros,

y anteriores montes, que estan

delante, y causa un hermosisima vista,

porque es el ayre, de aquel cielo tan puro,

y limpio, que pasado el temporal, aunque

sea en lo mas riguroso del himbierno; lo

despeja de manera, que no parece en el

una nube, ni se ve en muchos dias: y entonces

rayando el Sol en aquella immensidad

de nieves, y en aquellas empinadas

laderas, y blancos costados, y cuchillas

de tan dilatadas sierras, hazen una vista,

que aun a los q nazemos alli, y estamos

acostumbrados a ella, nos admira, y da

motivos de alabanças al criador, que tal

belleza pudo criar.

Del Libro Primero, Capítulo 5.

 

Los árboles frutales

Los arboles frutales, que se nacen, y

crian en los montes, son muchos, y de

varias suertes. Demos el primer lugar a

los que entre todos se llevan la palma no

solo por convenirles el nombre, y el significado,

sino porque su altura, hermosura,

abundancia, y la de su regalado fruto

les hazen lugar entre los demas estima.

Crianse estas palmas de ordinario en los

montes, y quebradas tan espesos, que

mirandolos delexos parecen al macigo

puesto a mano, son muy gruesas y altas,

todo el tronco desnudo hasta el cogollo,

porque su naturaleza es tal, que al paso

que se va vistiendo de nuevos ramos, se

va despojando de los viejos antiguos, con

que el tronco subiendo siempre esento,

y desembaraçado de las ramas que por

uno y otro lado suelen nacer en los demas

arboles, y ofuscarlos, se ocupa todo

en alimentar, y bejetar la copa, y el palmito,

q nace dentro de ella, serviendole

como de piramide en que se corona con

la admirable rueda de los ramos, y ojas

que le rodean.

Del Libro Primero, capítulo XXII

La Tabula Geographica Regni Chile de Alonso de Ovalle

A más de 350 años de su realización, la Tabula Geographica Regni Chile, sigue siendo una obra sorprendente y cautivante. El mapa, impreso en 1646 e incluido en la Histórica Relación del Reyno de Chile del sacerdote jesuita Alonso de Ovalle, representa un territorio que resulta, a la vez, familiar y desconcertante. Esta posición ambivalente pone el acento en las continuidades y rupturas en los modos de representar el territorio entre mediados del siglo XVII y la actualidad.

El mapa de Alonso de Ovalle desempeña, además, un papel clave en la historia de la cartografía de nuestro país. Se trata del primer mapa de la gobernación de Chile realizado por un chileno o, para ser más precisa, el primero de los que conservamos en la actualidad. El apelativo chileno, un evidente anacronismo, permite destacar la vinculación del mapa con los orígenes de la sensibilidad criolla, y poner el acento, además, en el conocimiento del territorio de quien se da a la tarea de representarlo.

La Tabula Geographica Regni Chile se nos presenta como una imagen compleja, confluencia de registros y tradiciones diferentes y, por lo mismo, capaz de cautivar a audiencias diferenciadas no sólo del pasado, sino también del presente.

(Alejandra Vega)

Relación, hallazgo, poesía en el padre Ovalle

La Histórica Relación de Alonso Ovalle, que no tiene pretensiones poéticas y que está escrita desde la precariedad de sus fuentes explicitada por el mismo autor al comienzo del libro, sobrevivirá justamente por esa misma precariedad científica que la salva de ser un texto acabado y termina por hacer valer más su calidad de texto abierto, abierto a las lecturas futuras. Las fisuras y vacíos de la misma escritura son los que permiten que, al aguzar el oído, escuchemos los cantos de los pájaros, la música de los ríos, el viento de la cordillera, las cosas y los seres nombrados desde el asombro, desde un asombro cercano a la inocencia que es el punto de arranque de toda gran poesía.

Creo que en esta Relación de Ovalle aparecen los primeros versos involuntarios de un Gran Canto de Chile que ha venido diciéndose desde la densidad sapiencial del mapudungun, pasando por los versos de La Araucana, y a través de los poemas de Neruda, Mistral, Teillier y tantos otros que siguen hoy cantando a Chile, a pesar de tanta deconstrucción, tanta devastación y tanta sospecha (sana en algunos casos). En la Histórica Relación están los primeros fragmentos, los primeros balbuceos (ocultos a veces por una prosa descriptiva) de una corriente poética, tímida al comienzo, que luego será torrente y muchas veces relámpago (a la manera como entiende el poeta René Char el relámpago, como el hogar de la poesía).

Le debemos a Ovalle muchos hallazgos desperdigados en sus páginas, hallazgos donde se cuela una emoción y una manera de ver que excede los límites de cualquier historiografía. El gran Hallazgo de Chile es su poesía, es allí donde este lejano país se ha escuchado mejor a sí mismo, es ahí donde se ha fundado más esencialmente y originalmente.

(...)

Qué paradoja que el jesuita de voluntad ascética, que rechazaba la sensualidad y tentación de los sentidos, el que dijo que no había que lisonjear el oído con la "vana composición de las palabras"; haya terminado por escribir pasajes de afinada prosodia, descripciones de aguzada y fina sinestesia. Como cuando describe los bosques de Chile: "Bien agradable es el (olor) de los mirtos arrayanes y laureles, de que hay también por allí grandes bosques que se crían de suyo sin artificio humano; pero con todo eso no llega a la delicadeza y fineza del olor que tienen estos árboles, que entre ellos se crían de varias especies, que pasando la mano por sus hojas la dejan tan olorosa, como si hubiera traído guantes de olor (...)".

Ovalle, en plena emoción lírica ante nuestra selva fría, adelanta el famoso elogio de Neruda a los bosques de Chile de su Confieso que he vivido y su "Entrada a la Madera" de Residencia en la Tierra.

"Con mi razón apenas, con mis dedos", dice el poeta al sumergirse en la catedral del bosque. Esos dedos que tocan el olor y el humus de nuestros bosques son "los guantes de olor" de Ovalle.

Extracto del artículo, Alonso de Ovalle: relación, hallazgo, poesía. De la introducción al libro.



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<p><b>Árbol milagroso.</b> La lámina representa el prodigioso árbol en forma de cruz y crucifijo de Limache que Ovalle vio directamente, según relata en su libro. Tiene un cuidado dibujo, y una barroca torcedura del tronco. <b>(Hernán Rodríguez.)</b></p>

Árbol milagroso. La lámina representa el "prodigioso árbol en forma de cruz y crucifijo" de Limache que Ovalle vio directamente, según relata en su libro. Tiene un cuidado dibujo, y una barroca torcedura del tronco. (Hernán Rodríguez.)



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