Crítica de Arte Galería D21 y Sala CCU
La violencia expresionista

WALDEMAR SOMMER 

A través de un mestizaje de fotografía y de nostalgias pictóricas, en Galería D21, Jorge Brantmayer se desnuda de alma y cuerpo. Aunque se trata de una pequeña retrospectiva que abarca el amplio período entre 1979 y 2012, el presente conjunto abandona el impulso épico, monumental, de sus series "Las Cautivas" y "Muchedumbre", para entregarnos una visión individualista de la existencia humana y de sí mismo. ¡Y con cuánta violencia -interior y exterior- lo lleva a cabo! Pero, precisamente en ello, reside su mayor originalidad. Lo encarna de un modo expresionista, donde una voluntad de feísmo visceral, emanado desde el pop art, impregna su obra entera. Esta, mayoritariamente en blanco y en negro profundo, administra un claroscuro de notable vigor volumétrico. Por otro lado, la destreza con que maneja los adelantos técnicos de hoy le permiten materializar esa nostalgia indudable por la pintura, que fue su primer gran amor artístico. En efecto, gracias al flash de alta velocidad logra un manchado, un chorreo a lo Pollock con pigmento lanzado al voleo y suspendido en el espacio, interviniendo las fotos con ese ímpetu característico suyo. Antes ya buscó un efecto parecido con una masa pegajosa y transparente que deshace su propio rostro, como se aprecia en el magnífico díptico de 1979, donde rinde homenaje a Bacon. Ahí capta, junto al dramatismo sicológico, la temporalidad limitada del hombre. Algo semejante consigue de una manera más espectacular y exterior en su posterior autorretrato de 2012. Acaso mayor introspección y una vibración anímica más intensa que este último conquistan otros dos retratos suyos, también de finales de los setenta. En uno emerge él pensativo, enigmático, con anteojos oscuros. En el otro se muestra con apariencias de varón marginal, irradiando grandeza trágica.

Durante su permanencia en Caracas, sus trabajos de 1981-1982 tienden a teñirse de un humor a la vez grotesco y feroz. Tenemos, pues, el explícito díptico que lo contrapone a él con un plato de tallarines, y en postura física evidentemente sospechosa, frente a la visión acompañante, donde se ofrece sosteniendo "patitas de chancho", en abierta alusión a la acción de la pareja femenina del segundo plano. A la obra mencionada se agregan un par de desnudos un tanto obvios, que lo muestran con frutas en función pudibunda, y la instantánea con la carcajada desolada de él y su acompañante en medio del taller. Santiaguina y muy reciente, deja ver gesto semejante el mixto grupo coral -composición estupenda- que nos amenaza con una violencia beligerante. Eficazmente subrayan a ésta los agresivos y oportunos trazos de pintura al azar. Asimismo, del año actual, un tríptico, esta vez con la novedad del color, es cruzado por espontáneos negros poderosos; acaso pareciera abrirse un flamante derrotero en la producción última de Brantmayer. Dentro de él, sus protagonistas humanos ostentan una impasibilidad contemplativa propicia a la ambigüedad de sus actitudes. Sin embargo, tampoco dejemos de mencionar el vigoroso contrapunto trágico entre dos fotografías separadas por el tiempo y el espacio. Así, la correspondiente a la década del 80 entrega un hombre, probablemente desesperanzado, desesperado, tendido sobre una terraza y enfrentando una vista panorámica de Caracas; la de 2012 lo muestra botado en una arbolada calle capitalina y tal vez fallecido.

Filiación gráfica

Grandes dimensiones abordan las pinturas de Claudia Hidalgo, en Sala CCU. A la manera de Pollock, están ejecutadas sobre el suelo con derrames de pigmento y directa acción manual, a lo que añade collages con pequeños pedazos de tela pintada. Su trabajo más antiguo, en blanco y negro, de 2006, muestra una clara filiación gráfica. Si bien abstracto, pudieran divisarse a lo lejos parciales figuras reconocibles. Luego de un lienzo de 2008 más coloreado y con piel pegada, siguen varias obras de 2010. Una, con predominio de grises, sugiere dinámicos espacios de blandas formas cambiantes; y otra de mayor cromatismo, cuyo espacio se densifica como muelle muralla transparente, aunque mil veces manchada. 2011 trae, en cambio, telas multicolores. Dos de ellas proporcionan la certeza de atisbos de gruesas figuras humanas. Por cierto, el chorreo de pinturas cumple un rol decisivo. Probablemente el aporte más significativo corresponde a un muy ancho políptico de 2010-2012, compuesto por 18 módulos distintos. Sus coloraciones encendidas y el horror vacui lo cubren todo. Aunque esas porciones resultan distintas entre sí, son capaces de provocar un efecto admirable de unidad plástica. Además líneas blancas, definen figuras que recuerdan los burlones personajes de Benmayor o Bororo.


Diario

Pequeña retrospectiva, capaz de probar los méritos de un gran fotógrafo nuestro.

Lugar: Galería D21

Fecha: hasta el 1 de septiembre

"Pintura"

Azar, gestualidad e intelecto decidido se unifican en las pinturas de Claudia Hidalgo.

Lugar: Sala CCU

Fecha: hasta el 8 de septiembre



 


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<b>JORGE BRANTMAYER</b> La violencia la encarna de un modo expresionista, donde una voluntad de feísmo visceral, emanado desde el pop art, impregna su obra entera.
JORGE BRANTMAYER "La violencia la encarna de un modo expresionista, donde una voluntad de feísmo visceral, emanado desde el pop art, impregna su obra entera".

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