Premio Nacional de Literatura 2012 Poeta iquiqueño:
Óscar Hahn y su particular modo de estar en el mundo

Este lunes, el poeta, ensayista y profesor de literatura hispanoamericana se sumó a la lista de autores reconocidos desde 1942 con el Premio Nacional de Literatura. La votación del jurado fue unánime, y la satisfacción de críticos, escritores y lectores, también. Incluso taxistas y conserjes festejaron la noticia.  

María Teresa Cárdenas 

Los candidatos estaban avisados. Entre las tres y las cinco de la tarde podrían recibir la llamada. Óscar Hahn se instaló en su sofá, frente al televisor y a un reloj que parecía marcar con más lentitud que nunca los minutos. Nerviosísimo, veía una película: "Scoop", de Woody Allen. De repente no aguantó más y se paró a buscar un vaso de leche tibia para relajarse. Volvió en el preciso momento en que, en la pantalla, Scarlett Johansson traía su propio vaso de leche, con el mismo propósito. "Para mí, esas coincidencias, o sincronías, como las llamaba Jung, son los signos que mandan los prefantasmas para decirnos que están aquí", explica el poeta, quien desde Mal de amor (1981) dejó entrar en su obra a los fantasmas. En La primera oscuridad , publicado en 2011, toman plena forma otros seres que ya venían insinuándose desde Apariciones profanas (2002): son los prefantasmas, los fantasmas anteriores a la gestación biológica del ser humano.

Así, con la misma naturalidad con la que habla de ellos y de la manera en que se expresan, Óscar Hahn reconoce que ya está tranquilo, pero que aún no asume completamente la noticia que todos los diarios publicaron este martes y que La Estrella de Iquique llevó en la portada: "Iquiqueño Óscar Hahn ganó Premio Nacional".

Aunque también vivió en Rancagua, y 38 años en Estados Unidos -primero en Maryland y desde 1977 a 2008 en Iowa-, al agradecer el galardón dijo: "Para mí, es motivo de orgullo ser el primer poeta que le da el Premio Nacional de Literatura al Norte Grande". Incluía así a Arica, donde empezó a hacer clases después de estudiar en el Instituto Pedagógico de la U. de Chile, donde conoció a Neruda, donde se casó y tuvo a su primera hija, donde fue arrestado el 12 de septiembre de 1973, y desde donde partió al exilio, en 1974.

-Antes eras reacio a hablar de este premio. ¿Qué sientes ahora, que ya lo ganaste?

-Yo creo que los premios son importantes, son un estímulo, un reconocimiento, y toda persona cuando es reconocida siente un impulso a seguir adelante con lo que está haciendo. Pero el centro del escritor es la obra, ese objeto que llamamos poema, novela, cuento. Es ahí donde uno tiene que concentrar toda la energía.

-¿Qué fue lo que más te impresionó después de recibir la llamada?

-La reacción de los conserjes de este edificio, que me abrazaban, gritaban, literalmente. También los taxistas que se paran todos los días al frente y que ya me conocen se bajaban de los autos a felicitarme. De hecho, el que me llevó al Ministerio de Educación me contó que su hija era lectora de mi poesía y que iba a estar feliz sólo de saber que su padre me había llevado al ministerio en su taxi. Te fijas, esas cosas a mí me emocionan -y se emociona de verdad- mucho más que la cosa oficial, del ambiente literario, en el cual yo no estoy ni he estado nunca. No es mi carácter. Yo soy más bien retraído, estoy siempre en mi departamento, y me ocupo de cosas comunes y corrientes, como el fútbol, por ejemplo. Soy hincha de la U, desde luego. Ceachei grito ahora que gané el premio.

-Un premio que le dedicaste a tu madre. Aparte de la imagen que conservas de ella como lectora, ¿te apoyó también en tus inicios en la poesía?

-Absolutamente. Ella copiaba a máquina los poemas que yo quería conservar y publicar. Me tenía una fe ciega como poeta. Me dio un consejo de oro: "Escribe siempre pensando en la calidad de los poemas y en nada más. Cualquier otra cosa es prescindible; la calidad de los poemas, no".

-¿Qué otra persona fue importante entonces?

-En esos años vivíamos en Rancagua. De hecho mi primer poema lo escribí en un banco de la Plaza de Los Héroes. Más que una persona en particular, recibí el apoyo de un grupo literario que tenía el desafiante nombre de "Los Inútiles". Siempre me sorprendió que siendo mucho mayores que yo tomaran en serio a un chico de 17 años.

-En tu poema "Designios" ("La primera oscuridad") escribes: "Cuando ese hombre era niño/ no sabía que la extraña figura/ medio oculta/ entre las sombras de la pared/ era su propia imagen/ que lo observaba desde el porvenir". ¿Cómo ves ahora al niño que fuiste?

-La mayor parte de mis recuerdos de infancia están relacionados con Iquique, ciudad donde nací y viví hasta los 13 años. Aunque mi padre murió cuando yo tenía 4 años y eso me afectó bastante, de alguna manera pude sobreponerme y mis recuerdos de ese período son más bien felices y están ligados al juego: en las playas, en el Cerro Dragón y escalando las áridas montañas que presiden la ciudad. Éramos exploradores innatos. Explorábamos cada rincón de la ciudad y sus alrededores, sin excluir ni el cementerio. También era nadador, y competí en los campeonatos de la ciudad.

-En esa época, además, se encuentra el origen de tu poema "Visión de Hiroshima".

-Así es. Yo tenía 7 años, y en una conversación de sobremesa de los adultos escuché hablar de la bomba atómica y de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, y eso me impresionó muchísimo. Tenía pesadillas con explosiones nucleares. Después, cuando me inicié como poeta, todo eso empezó a aparecer en mis poemas sin que yo me lo propusiera.

-Siempre tus poemas surgen de "apariciones". ¿Recuerdas cuál fue la primera?

-La recuerdo muy bien. Fue en 1955. Yo tenía 17 años y estaba en cama, con fiebre. De pronto empezaron a aparecer en mi mente los versos que después constituirían "Reencarnación de los carniceros", un poema raro, pesadillesco, claro, pero ahí está presente por primera vez mi preocupación por el peligro de una guerra apocalíptica.

-Tú dices que no te relacionas mucho con poetas, pero Enrique Lihn y Pedro Lastra han sido tus grandes amigos e incluso escribieron un libro en torno a ti. ¿Cómo se inició tu amistad con ellos?

-A Pedro lo conocí en el Pedagógico, en 1958. Éramos compañeros de curso. Es una amistad que ha durado más de 50 años. Hasta ahora mismo mantenemos un diálogo muy enriquecedor, porque Pedro es una verdadera enciclopedia. La amistad con Enrique empezó en 1969, cuando él estuvo de paso en Arica. Durante la dictadura nos veíamos en Estados Unidos, generalmente en la casa de Pedro. Y cuando yo venía a Chile, Enrique era la primera persona a la que llamaba por teléfono.

-¿Cuál es tu principal recuerdo de tu amistad con Enrique Lihn?

-Cuando lo conocí, él ya era un poeta consagrado y de mucho prestigio. Yo era 11 años menor que él y casi un desconocido. Por eso me sorprendió mucho cuando se interesó en mis poemas. Tanto es así que le propuso a Pedro Lastra que hicieran ese libro, Asedios a Óscar Hahn . Yo les dije que me parecía un dislate, que debía ser un libro sobre Enrique Lihn. Todavía recuerdo la respuesta de Enrique: "No se me apequene, maestro". Además de gran poeta, Enrique era un intelectual brillante, así que hablar con él era una fiesta.

-También Neruda se interesó en tus poemas.

-Neruda fue muy paternal, muy cariñoso. Cuando él me pidió que le mostrara algunos poemas, yo llegué con seis, en una carpeta. Uno era "Visión de Hiroshima". Él estaba sentado frente a mí, los leyó, y luego dijo: 'con cada uno de estos poemas tú podrías hacer algunos del mismo tipo y tendrías seis libros'. Y yo, con todo el respeto que él me merecía, pensé que no podía hacer eso. Que yo prefería que cada poema fuera una entidad autónoma, independiente, y no el principio de una serie. Si salían espontáneamente, bien, pero no proponérmelo, que era en cierto modo lo que él hacía. No seguí su consejo.

-Al margen de Neruda, ¿debe haber sido difícil para ti seguir un camino propio considerando a otros poetas, como Lihn o Parra?

-Lo que pasa es que, cuando estoy escribiendo, sólo pienso en el poema y no en otros poetas. Dejo que me salga lo que me salga no más. Harold Bloom habla de "la ansiedad de la influencia". Pero no recuerdo haber sufrido ese tipo de ansiedad. Las ansiedades mías son otras.

-¿Qué te parece que Nicanor Parra haya cumplido 98 años esta semana?

-Pienso que tenemos que sentirnos privilegiados de que él todavía esté entre nosotros. Imagínate cómo se sentirían los españoles si salieran a la calle y pudieran ver caminando a Antonio Machado, o a García Lorca, o a Miguel Hernández, bueno, y resulta que los chilenos tenemos el privilegio de ir a la casa de Nicanor Parra si queremos, o verlo caminando en alguna parte. Él está en contra de los monumentos, y su longevidad lo ha protegido de eso, o más bien lo ha convertido en un monumento viviente.

-¿Qué opinas de la originalidad en la poesía?

-Yo creo que el problema reside en que el concepto de originalidad está mal planteado, porque se toma la palabra original como si fuera sinónimo de nuevo, o de novedoso. Pero resulta que, como lo plantea Heidegger, lo original no tiene que ver con lo nuevo, necesariamente. Originalidad es un modo de ser en el mundo. Dos figuras que no son para nada despreciables, como Neruda y Vargas Llosa, cuando caracterizan mi poesía coinciden en eso, en la originalidad.

-En tu poesía incorporas distintos lenguajes y tradiciones.

-Sí, y tiene que ver con el pluralismo, que hace que convivan un lenguaje barroco con uno simple, uno coloquial con otro un poco más sofisticado. Todos nosotros tenemos una pluralidad de lenguajes; nadie habla siempre en forma coloquial o siempre en forma sofisticada. La pobreza reside justamente en hablar en forma unidimensional; esa "multidimensionalidad", si existe la palabra, es lo que yo trato de poner en mis poemas.

-También te declaras pluralista en política.

-Lo mismo. En el sentido de que no creo en el partido único, como tampoco en el proyecto literario único.

-¿Cuánto han cambiado tus ideas desde que saliste de Chile, en 1974?

-Yo diría que no se han transformado, sino que básicamente tenían que ver con una postura ética respecto de la sociedad, vale decir, la desigualdad es algo contra lo cual uno tendría que estar siempre, no importa cómo se llame el partido en el cual esté militando.

-Ahora que ya tienes el premio, ¿te interesa influir con tu opinión para que éste vuelva a ser anual?

-Totalmente. El premio empezó así y después se cambió a cada dos años, lo cual complica extraordinariamente las cosas, porque al ir alternando además entre narradores y poetas, significa que cuando una persona no es premiada, tiene que esperar ¡cuatro! años, lo que es un tiempo excesivo. Es bueno que se vaya alternando, pero tendría que ser anual; así se evitarían muchas rencillas y situaciones angustiantes para los escritores, sobre todo para los que no tienen solidez económica.

-El lunes recordaste especialmente a Enrique Lihn entre quienes habían muerto sin recibir el Premio. ¿Sabías que ese día, precisamente, él habría cumplido 83 años?

-¡No! Yo lo veo entonces como una coincidencia casi fantástica, porque puedo decir que el premio es también un regalo mío para Enrique en el día de su cumpleaños.

"El centro del escritor es la obra, ese objeto que llamamos poema, novela, cuento. Es ahí donde uno tiene que concentrar toda la energía".

 


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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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