Colección del museo de bellas artes de valparaíso

wALDEMAR SOMMER 

La colección de pintura del Museo de Bellas Artes de Valparaíso vuelve a su sede más adecuada, el Palacio Baburizza. Ahora, buena parte de sus cuadros luce recién restaurados. Es que, finalmente, el pintoresco edificio de 1916 luce el esplendor de su ecléctico estilo art nouveau . Esta obra de arquitectos italianos para la familia Zanelli -la de Renato, el tenor extraordinario, y la de Carlo, el excelente barítono- muestra pues, hoy día, un conjunto de lienzos europeos y chilenos de los siglos XIX y XX. Entre los primeros cabe hallar telas destacables de autores que no figuran en otras colecciones nuestras. Desde luego, de autores franceses. De ese modo, brilla un magnífico "En la playa de Trouville", de Boudin, un precursor del impresionismo; emerge como vivaz visión de la belle époque vertida con técnica de futuro . De otro que se adelanta a esa misma tendencia reformadora, el holandés Jongkind, cuelga una acuarela que no parece demostrarlo. Otros representantes galos que llaman la atención aquí son Le Sidaner, bastante próximo al puntillismo; Daubigny, Ziem y H.Rousseau, de la realista y al aire libre Escuela de Barbysson. Entre los españoles tenemos honorables telas de Juan Antonio González, de Pradilla, junto a las lánguidas y artificiosas damas de Romero de Torres.

Como podía esperarse, el conjunto de telas nacionales resulta abundante. Además, valioso. Anotemos, ante todo, cinco hitos de la colección. Para comenzar, los Somerscales, tan vinculados a Valparaíso . Si esta vez los paisajes alcanzan similar interés al de las marinas, "Antiguo muelle de Valparaíso", escena costumbrista, constituye un tesoro realista del Baburizza. La animación de sus boteros y paseantes, bajo la atmósfera nebulosa del puerto, no la encontramos en el resto de su generosa producción . Los testimonios de Juan Francisco González muestran, mucho antes que los retratos concurrentes, las maravillas de luz y color, el lirismo poderosos del maestro de paisajes, flores y vistas ciudadanas . Sin embargo, el dramatismo de su lisiado de guerra, "Capitán Dinamita", llega a conmovernos. "Paseo Atkinson", de Helsby , podría considerarse emblema del museo. En este óleo de 1896, el tiempo parece haberse detenido: la niña jugando con el aro y el recatado vendedor ambulante que se vuelve para contemplarla nos hacen soñar, nos arrastran hacia un lugar y un instante preciso de hace 116 años. Pese a lo anterior, este refaccionado monumento nacional perteneciente a la I. Municipalidad de Valparaíso cuenta, nada menos, con lo que consideramos el más admirable retrato de la historia de la pintura en Chile. Se trata de una de las dos versiones del "Enrique del Campo". En él, Valenzuela Puelma nos transmite una penetración anímica, una intensidad sicológica únicas, haciendo que termine el espectador tan ensimismado y melancólico como el propio retratado. La quinta cumbre creemos hallarla en el Herrera Guevara en verde y azul, prodigio de encanto ingenuo. Por supuesto, el conjunto porteño posee otros aportes atractivos de artistas nuestros. Por ejemplo, de Rugendas, Swinburn -romántico "Velero"-, Mori -numerosos-, Cristi, Villaseñor, A. Cortés -abstracto-, Rebolledo, Araya, Lattanzi Borghini y su "Derby".

 


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