martes 18 de septiembre de 2012  
Paula y Margarita, hijas de Elisa Serrana:
"La Elisita fue arrojada hasta el final"
 
Dos de las cinco hijas que tuvo la fallecida escritora, autora de "Chilena, casada y sin profesión", evocan su casa de infancia y cómo su crianza les marcó la vida; recuerdan cómo su madre rompió convenciones sociales en pro de la libertad femenina en los años 60 y 70, y cómo luchó en los últimos 26 años luego que un infarto cerebral cortara dramáticamente su carrera literaria.  

Por María Cristina Jurado Elisa Pérez Walker -la rupturista escritora Elisa Serrana de los años 60- sorprendió hasta el final. Fue en la misa de su funeral, a principios de este mes, cuando su hija periodista, Margarita, se enteró: 

-Estábamos las cinco hermanas en la iglesia y se nos acercó Ángela Jeria, la mamá de Michelle Bachelet. Triste, nos contó que, después del golpe de Estado, ambas habían trabajado juntas muchos años en un programa en favor de los hijos de detenidos desaparecidos. Jamás se lo escuché a mi madre, trabajó por esos niños en silencio. Es que, a pesar de que ella y mi papá no eran partidarios de Allende ni de su gobierno, fueron chilenos profundamente demócratas. 

Los años 70 fueron un hito en las vidas de Horacio Serrano, ingeniero del MIT y ministro de Agricultura de Juan Antonio Ríos, y su mujer Elisa Pérez Walker quien, como la escritora Elisa Serrana -su seudónimo, que se hizo célebre-, revolucionó los moldes tradicionales de la escritura femenina en los años 60 y 70. Los acontecimientos políticos los remecieron. 

-No fueron partidarios del golpe. Eso, a pesar de que en 1972 Allende había expropiado Los Remolinos, nuestro fundo familiar en Ñuble, lo que, para nuestra familia, fue una tragedia emocional. Pero ahí aprendimos la libertad: desde muy chicas las cinco hijas galopábamos solas el día entero. Nos criaron sin miedo. Hasta hoy sentimos que, al perder esas tierras paternas, perdimos nuestra infancia. 

Es tiempo de tristeza para las cinco hermanas Serrano Pérez. Nacieron en escalerita, entre 1948 y 1954. Hoy, Elena es abogada; Paula, psicóloga; Margarita, periodista; Marcela, escritora de renombre internacional, y Sol, historiadora. Todas han tenido éxito profesional:

-En nuestra casa no se permitía ser tonta. El nivel de exigencia académica era tal, que nos marcó. Desde muy chicas supimos que nuestro único posible destino era la universidad. Mi papá lo dejó siempre claro: para él, ser inteligente y tener un cartón era básico. No quiso que nosotras tuviéramos que depender de un hombre. 

Y es que el matrimonio Serrano Pérez lo componían dos seres contradictorios. Elisa Serrana debutó en las letras en 1960 con "Tres caras de un sello" y arrasó con la crítica nacional con "Chilena, casada, sin profesión" (1963), que agotó nueve ediciones, y "Una" (1965). En 1968 publicó "En blanco y negro". 

Estilizada, culta y de familia terrateniente, si vivió una vida convencional -era extremadamente católica y sus hijas dicen hoy que tardaron años en darse cuenta de que jamás usó un método anticonceptivo- en la literatura derribó murallas mentales en pos de la libertad de la mujer. Mientras Elisa Pérez revolvía manjar y bordaba delantales escolares, Elisa Serrana abogaba la causa de la propia identidad con voz transgresora. En la huella de Virginia Woolf, sus novelas rozaron el "cuarto propio" que las mujeres comenzaron a exigir a partir de los años 50 y 60. Angustias femeninas, estados psicológicos y mundos interiores desfilaron por sus páginas y el público respondió: antes de su tercera obra, Elisa Serrana se había convertido en una escritora superventa. 

Apoyada en su marido, quien siempre impulsó su carrera literaria, Elisa crió a sus cinco hijas con mano recia. Era seca, parca, de pocas palabras y verbo firme, dicen quienes la conocieron. 

"El de los añuñucos, el encantador, el seductor, fue siempre el Taita, así le decíamos al papá. Ella era seca y directa al grano. Nos educó muy estrictamente en los valores de la familia: sobriedad y austeridad", recuerda Margarita. Elisa tampoco transaba en la compasión hacia los demás y su fe católica. En Mallarauco, a 15 kilómetros de Melipilla, donde se refugió los últimos 30 años de su vida después de un infarto cerebral, nunca dejó de creer ni de rezar.

Y jamás perdió la mano firme. 

La psicóloga Paula Serrano no olvida un episodio de su infancia:

-Una vez, paseando, nos compró un helado. Estaba rico y le pedí otro. Al instante se dio vuelta y me dio un tapabocas diciendo: "¡Cuántos niños no pueden comer ni un solo helado y usted quiere otro. Eso es falta de sobriedad y un pecado!".

Margarita, considerada en su infancia la más alegre, evoca la transformación de Elisa en escritora a partir de 1960, cuando publicó su primera novela, "Las tres caras de un sello":

-Mi madre venía de una familia muy conservadora, pero no de derecha. Mi abuela, Blanca Walker Larraín, y su hermano Horacio contribuyeron a fundar la Falange Nacional. A la Elisita -sus hijas siempre le dijimos así- la educaron en las Monjas Francesas. Al casarse con mi papá, tenía sólo 19 años. Fuimos cinco hermanas, pero pudimos haber sido muchos más porque ella perdió varias guaguas. Durante años, su mundo fue mi papá, que era 22 años mayor que ella, y nosotras cinco. Pero al crecer la Sol, la menor, la Elisita hizo un cambio de switch: empezó a manejar un auto y a escribir. 
 
Mallarauco y el drama 

Durante su juventud y adultez, Elisa Serrana se perfiló como una mujer compleja y atormentada, reconocen sus hijas hoy. Nunca fue ni la sintieron lineal, ni en lo intelectual ni en lo emocional. Su complejidad la hizo interesante y le regaló un imaginario que ella volcó en la literatura. 

El proceso de transformación de Elisa Pérez Walker en la escritora Elisa Serrana fue veloz. Mientras la escritora criaba a sus cinco niñas, en ella dormía un volcán.

Y en 1960 estalló. 

Tecleando una ajada Underwood recibió un éxito de público y de crítica, casi instantáneo: "Chilena, casada, sin profesión" estuvo entre los cinco libros más vendidos en el país. 

El éxito le acarreó, de paso, reproches e incomprensiones. Sobre todo, de su mismo medio social conservador. Romper convenciones en Chile no era fácil, pero ella no se amilanó: su necesidad de expresión fue más fuerte y se prolongó hasta mediados de los años 80, cuando ya muchos de sus nietos, que hoy suman quince, estaban creciendo. 

Su último libro, "A cuál de ellas quiere usted, Mandandirundirundan", fue lanzado en 1986. 

El ensayista Horacio Serrano, su marido mundano y culto, también tuvo contradicciones. Marido clásico, exigió para sus hijas un colegio inglés -"un idioma extranjero es una carrera", les recordaba- y estimuló a su mujer para que se convirtiera en creadora literaria, algo inusual para su clase social y su época. 

Horacio se fue por un infarto en 1980, a los 78.

-Cuando murió nuestro Taita se nos cayó el mundo: él era nuestro ídolo, un padre apegado a sus cinco hijas, casero, escuchador, dedicado, tierno. Un hombre increíble que nos tuvo enamoradas toda la vida. Iba a cada una de las cinco reuniones de curso; mi mamá jamás pisó el colegio. En Los Remolinos, cuando la Elisita escribía en la galería, el Taita nos llevaba afuera a jugar. No quería que nadie la interrumpiera. 

Después de la muerte del padre, la casa familiar siguió andando, estaba Elisa. 

Sus hijas dicen hoy: 

-Ahora sí, con la muerte de ella, quedamos huérfanas. 

La partida de Elisa Pérez Walker es el punto final a 26 años de sufrimiento causado por el infarto cerebral que la escritora sufrió en el verano de 1986, tres semanas después de lanzar su último libro. 

Desde ese día, la escritora, que estaba en plena creación e iba a cumplir los 60 años, quedó con afasia total, una condición que le impidió hablar, leer o escribir el resto de su vida. El infarto cerebral, sufrido en su campo de Mallarauco, le destruyó gran parte de su hemisferio cerebral izquierdo, en especial, el área de la expresión. Pero no tocó el de la comprensión, que es vecino. Por eso, hasta su muerte, la escritora vivió en el mundo real y se enteró de todo. 

Paula Serrano, su segunda hija, estudiaba el ramo de neurología en esos días, necesario para recibirse de psicóloga. Con los ojos húmedos, dice:

-A la afasia la llaman la enfermedad de la jaula de oro. Tú estás encerrado en ti, entiendes todo, escuchas todo, pero no puedes expresarte. Quedó con afasia y acalculia. Nunca más pudo hablar, leer, escribir o calcular. Ella ¡que era una bala para las cuentas y llevaba la producción de su campo como nadie! Después de un año en tratamiento, aprendió a hablar un poquito y sólo algunas cosas. Desarrolló una voz que no era la de ella porque venía de otra parte de su cerebro y a ella esta nueva voz no le gustaba. 

Margarita también recuerda el sufrimiento: 

-Muchas veces quería decir algo y le salía otra cosa. Se desesperaba, porque siempre fue muy lúcida. También sufría por cómo la trataban los demás. Una vez un taxista la paseó una hora por Santiago porque pensó que ella no entendía nada. Y ella, desesperada, no podía hablarle. No le salían las palabras. 

Sufrió y sus hijas con ella. Durante los primeros años lo intentaron todo: hasta le llevaron a Mallarauco libros para ciegos, que escuchaba en casetes, pero terminó por aburrirse. Los médicos le hacían escáneres semanalmente. 

Poco a poco, todos entendieron: la afasia era para siempre. Elisa Pérez Walker no volvería a hablar ni a escribir ni a leer. Ni Elisa Serrana podría hacer un nuevo libro. 

Elena, Paula, Margarita, Marcela y Sol se acostumbraron a velar por Elisita. A no dejarla sola mucho tiempo. A partir al campo cada fin de semana. Si alguna viajaba fuera de Chile, hacían postas. Su vida, en mucho y por 26 años, giró alrededor de su madre. Los hijos y maridos se acostumbraron: Mallarauco se convirtió en el centro de la familia. 

Elisa siguió siendo Elisa.

-Nos retó hasta el final. Se quejaba si las paltas, que cultivamos desde siempre en el campo, bajaban de precio porque le llegaba menos plata. Siguió mandona hasta su muerte, pobre de nosotros que no fuéramos a verla o que nos atrasáramos. Y es que, a su manera, nunca se dejó derrotar. Fue muy valiente. Arrojada hasta el final. A nosotras nos hizo fuertes, pero también nos hizo frágiles. 

En casi treinta años, la vida fue pasando y Chile cambió. Elisa Serrana, convertida otra vez en Elisa Pérez, gastó sus horas en su jardín, aprendió cerámica, ella, que jamás hizo casi nada con sus manos. Recorría sus hectáreas de cultivos, dirigía a sus empleados, contemplaba las puestas de sol. Hasta que, este 5 de septiembre, silenciosa, partió. 

La periodista Margarita Serrano, su hija alegre, dice hoy:

-Siento que, después de tantos años concentradas en ella, nos devolvieron la libertad. Pero no sabemos qué hacer con ella. ya

"MI MAMÁ Nos educó muy estrictamente en los valores de la familia: sobriedad y austeridad", CUENTA MARGARITA.

"A SU MANERA, nunca se dejó derrotar. Fue muy valiente. A nosotras nos hizo fuertes, pero también nos hizo frágiles".
 

Por María Cristina Jurado.

   
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