Educación: Una batalla que vamos a ganar

Tras la polémica por la rebaja del interés del Crédito con Aval del Estado y por cuándo se comenzará a discutir en el Congreso la Ley de Presupuestos, el Mandatario aborda los avances educacionales del Gobierno.  

Sebastián Piñera Echenique Presidente de la República 

En la sociedad moderna, del conocimiento y la información, una educación de calidad abre las puertas a un mundo de oportunidades y su ausencia puede condenar a una vida de frustraciones. Es el instrumento más poderoso y eficaz para derrotar la pobreza, alcanzar el desarrollo y construir una sociedad con mayor igualdad de oportunidades y movilidad social. En consecuencia, la batalla del futuro la debemos ganar en la sala de clases.

Es verdad que entre 1990 y 2010 los recursos que el Estado destinó a la educación se multiplicaron por seis y que ello permitió aumentar la cobertura, construir nueva infraestructura y mejorar las condiciones laborales de los profesores. Pero también es cierto que, más allá de las buenas intenciones, según la prueba Simce, nada de eso se tradujo en mejoras significativas en la calidad y equidad de la educación que recibían los niños y jóvenes de nuestro país.

En efecto, cuando asumimos el gobierno, 6 de cada 10 alumnos que egresaban de enseñanza media no entendían lo que leían; 3 de cada 10 profesores no contaban con los conocimientos ni habilidades mínimas para enseñar; un estudiante de colegio particular pagado tenía 20 veces más posibilidades de acceder a la educación superior que uno de escuela vulnerable, y ninguna universidad chilena estaba entre las 250 mejores del mundo. Adicionalmente, a vista y paciencia del Estado, cientos de miles de familias habían visto transformado el sueño de tener un hijo profesional en una pesadilla, por el exceso de endeudamiento que ello les exigía. Digámoslo con todas sus letras: ésta era la mayor debilidad de la sociedad chilena, de la cual se hablaba mucho para denunciarla pero se hacía poco para corregirla.

Sabemos que se trata de un problema complejo que no es posible solucionar de un día para otro. Pero eso, lejos de ser una excusa para seguir postergándolo, constituye un imperativo moral y político para enfrentarlo con urgencia, decisión y coraje. Y eso es precisamente lo que el Gobierno está haciendo a través de una mayor asignación de recursos y 12 profundas reformas legales, 7 de las cuales ya han sido aprobadas, que buscan mejorar la calidad de la educación, reducir la inequidad en su acceso y fortalecer la educación pública, la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y la de la sociedad civil para emprender y aportar en este campo. Porque no basta con un Estado Docente. Lo que Chile necesita es una Sociedad Docente.

Ya hemos aumentado significativamente las subvenciones y becas para nuestros estudiantes, y las remuneraciones de nuestros docentes. Implementamos la Beca Vocación de Profesor para que miles de jóvenes talentosos estudien pedagogía hoy, con el compromiso de enseñar en escuelas vulnerables mañana. Aprobamos la Ley sobre Calidad y Equidad de la Educación, para potenciar y flexibilizar el estatuto docente, fortalecer el liderazgo y atribuciones de los directores de escuelas y liceos, y premiar a tantos buenos profesores que se esfuerzan todos los días por enseñar con paciencia, cariño y dedicación. Creamos 60 Liceos Bicentenario de Excelencia, para que decenas de miles de jóvenes de esfuerzo y talento, de todas las capitales regionales y comunas históricamente tan postergadas como Alto Hospicio, Lota, Coronel, Lebu, Purén, Angol, Loncoche, Ancud, Puente Alto, Renca, Cerro Navia, Conchalí, Quilicura o San Bernardo, reciban una educación de excelencia, equivalente a la que imparten los mejores establecimientos de Santiago.

Este gigantesco esfuerzo ya comienza a mostrar sus primeros frutos. Luego de décadas de estancamiento, las pruebas Simce de los últimos dos años muestran que la calidad y equidad de la educación, y especialmente la de los estudiantes más vulnerables y de clase media, han comenzado, por fin, a mejorar significativamente.

Pero aún falta mucho camino por recorrer. Por ello, el 2013 invertiremos más de US$ 12.500 millones en educación, equivalente a 1 de cada 5 pesos del presupuesto público, casi el doble de lo que invertíamos hace sólo cinco años atrás.

Este esfuerzo, para ser eficaz, debe comenzar lo más cerca posible de la cuna, de manera de corregir a tiempo las desigualdades de origen. A través de Junji e Integra, hoy atendemos a casi 270.000 niños en 7.000 jardines infantiles y salas cuna en todo el país. Para kínder y prekínder nuestra meta es aún más audaz: garantizar acceso gratuito a todos los niños del 60% de las familias más vulnerables y de clase media de nuestro país, e incrementar en un 20% la subvención.

En materia escolar, ya aumentamos en un 21% la subvención escolar preferencial que reciben cerca de 900.000 alumnos vulnerables de educación básica. Y la estamos extendiendo a la clase media y a la educación media, favoreciendo así a más de un 1,7 millones de estudiantes. Así, ningún joven vulnerable de enseñanza media se educará con menos de $90.000 al mes, un 50% más que hace sólo 3 años atrás.

También nos estamos haciendo cargo de los sueños y necesidades de los estudiantes de educación superior. En dos años hemos duplicado el presupuesto para becas y otros beneficios, lo que nos permitirá más que triplicar el número de becarios, pasando de sólo 118 mil becas en el año 2009 a casi 400 mil al término de nuestro Gobierno. Y para nivelar la cancha y asegurar una efectiva igualdad de oportunidades, exigiremos menores requisitos para acceder a las becas a los alumnos más vulnerables, de manera de darles más facilidades de acceso a la educación superior a quienes han tenido menos oportunidades en la educación escolar.

Adicionalmente, ya rebajamos el interés del CAE del 6% al 2% y establecimos como pago máximo un 10% del ingreso futuro del profesional. El nuevo sistema de becas y préstamos, que beneficiará al 90% de los estudiantes, nos permitirá cumplir nuestro compromiso de garantizar que ningún joven con mérito quede fuera de la Educación Superior por falta de recursos. También aprobamos la ley que permite a más de 110.000 deudores morosos del Fondo Solidario reducir sus cuotas en hasta un 70%, de manera que puedan salir de Dicom y tener una nueva oportunidad. Además, crearemos una Superintendencia de Educación Superior para evitar abusos, haremos una reforma profunda del sistema de acreditación de las instituciones para garantizar su calidad y modernizaremos las metodologías de enseñanza y los contenidos curriculares para adecuarlos a las tendencias y requerimientos de la sociedad moderna.

Termino estas palabras con un mensaje a nuestros jóvenes. José Miguel Carrera decía "la juventud es la edad de la energía, el vigor y la magnanimidad; si es capaz de grandes pasiones, lo es también de grandes virtudes, entregas y sacrificios". ¡Y vaya que tenía razón! Porque fue un puñado de jóvenes como él los que lucharon y conquistaron nuestra independencia.

Doscientos años después, Chile necesita más que nunca la alegría e idealismo de nuestros jóvenes. No sólo para denunciar las injusticias que se vienen arrastrando por décadas, sino también para contribuir con sus virtudes, entregas y sacrificios para resolverlas. Por eso, valoren y comprométanse con este gigantesco esfuerzo que la sociedad chilena está haciendo por su educación y su futuro. Nunca antes una generación había tenido tantas oportunidades de educarse, crecer y desarrollar sus talentos como la de ustedes. Pero nada de lo que podamos hacer desde el Gobierno, el Congreso, las escuelas o sus propios hogares será suficiente si falta lo fundamental, que es su voluntad y compromiso de ser buenos estudiantes y desarrollar en plenitud sus talentos.

Al fin y al cabo, tarde o temprano Chile será lo que ustedes quieran que sea. Sólo si trabajan hoy por la paz, Chile será un país en paz. Sólo si actúan hoy con justicia, Chile será un país justo. Sólo si estudian hoy con esfuerzo, Chile será un país próspero y desarrollado. Y sólo si miran al futuro con esperanza, Chile será un país feliz.

 


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