Relatos Nueva antología
Camilo Marks: "Todos los cuentos son extraordinarios"

El crítico acaba de publicar una selección que demuestra, a su juicio, que "nuestros narradores y narradoras son tan buenos o inclusive superiores a los demás que publican en español".  

Pedro Pablo Guerrero 

En sus 25 años de crítico, Camilo Marks ha asumido la tarea de separar la paja del grano, contribuyendo a formar eso que llaman la posteridad literaria. Leer mucho, seleccionar poco. Del crítico al antologador no hay más que un paso. Marks lo dio en 2002 con Grandes cuentos chilenos del siglo XX (Sudamericana), crestomatía reedidata en 2004 y ampliada en 2007. Bajo el alero de la misma editorial, ahora vuelve a espigar del género en Los mejores cuentos chilenos del siglo XXI , que reúne 25 textos y supera las 300 páginas.

-¿No es audaz el título del libro considerando que sólo han transcurrido doce años del siglo XXI?

-El título se debe a que creo a pie juntillas en la profecía maya, según la cual el mundo desaparecerá este año, de modo que, con modestia, quise dejar un testimonio para los arqueólogos del futuro remoto. Bromas aparte, cualquier título sería largo, absurdo o vago, de modo que acepté este que, usando tu palabra, me parece audaz y algo provocativo. Por supuesto, si estuviéramos en el año 2099, la cosa sería muy distinta. Y contestando derechamente a tu pregunta, sí, pienso que los 25 cuentos de esta selección son los mejores en los pasados doce años y lo digo porque, en la práctica, leo, y muchas veces critico, todo o casi todo lo que se publica en el país.

-En la antología anterior usaste una expresión menos superlativa: "Grandes cuentos chilenos del siglo XX".

-Esa antología fue una pesadilla y en muchas, muchísimas ocasiones, pensé que no saldría. Todavía recuerdo las tardes tomando café con Germán Marín, en esa época mi editor, quien trataba de darme ánimos, sin estar tampoco convencido, porque las dificultades con los derechos de autor, con los herederos, con agentes literarios, parecían insuperables. Con este trabajo, en cambio, todo ha sido coser y cantar. Cada autor aceptó enseguida, fascinado, inclusive hubo quienes me ofrecieron varios cuentos para elegir. Supongo que eso se debe a que confían en mí y saben que no los voy a dejar mal parados.

-¿Te cuestionaste el hecho de hacer una selección a partir de dos fuentes distintas: libros publicados y cuentos inéditos que te enviaron sus propios autores?

-No, en absoluto, porque desde el inicio tuve in mente relatos inéditos. Por ejemplo, "Fantasía", de Zambra, o la extraordinaria fábula de Sergio Gómez, que conocí como manuscrito en un concurso. Sin embargo, los textos inéditos son apenas cinco, de un total de 25, y no tengo ningún problema en decir que quería, a como diera lugar, tener piezas de María José Viera-Gallo, Patricio Jara y Diego Zúñiga, por lo que se las pedí directamente. Así que no hay dos fuentes distintas, sino una elección a partir de muchos libros de cuentos ya publicados y un exiguo número de historias desconocidas. Lo que sí resultó arduo fue escoger entre las colecciones del género breve que han aparecido en estos 12 años, porque son incontables.

-¿Te pusiste un límite de relatos a incluir?

-No hubo absolutamente ningún límite, salió así porque sí. Por supuesto, podrían haber sido más, pero, en tal condición, tendríamos un tomo inmanejable, que fácilmente podría haber llegado a las 700 páginas, lo que no aguanta ninguna editorial del mundo, sin contar con que el precio sería astronómico.

-¿Fijaste una edad máxima para los autores?

-Realmente no sé cuántos años tienen, por mencionar a un par, Claudia Apablaza o Roka Valbuena. Claro que hubo un criterio predominante: escritores que se dieron a conocer en lo que va corrido del presente siglo, que comenzaron su carrera en estos años. Las excepciones son Andrea Maturana y Sergio Gómez, dos creadores notables que publicaron en la década de 1990.

-¿Cuántos relatos descartaste?

-Muchos, quizá demasiados, pero un proceso que implica escoger, siempre termina teniendo algo de arbitrario. Como sea, son bastantes más que los 25 que se incluyeron. En Chile hoy se lee poquísimo, por no decir nada, pero la grafomanía es rampante.

-¿Hay narradores que no quisieron participar o que no pudieron hacerlo por cuestiones de derechos de autor?

-Categóricamente, no hay autores que se negaran a participar; al revés, creo que muchos más habrían querido estar. Tampoco hubo problemas de derechos de autor. Además, con ninguno fue necesario acudir a esa peste que son los agentes literarios. Claro que me hubiera gustado tener cuentos de Nona Fernández, Carla Guelfenbein, Marcelo Mellado, Marcelo Leonart, Pablo Simonetti, Alejandro Cabrera o Kato Ramone. En fin, la lista es interminable, pero, insisto, el libro habría salido enorme.

-¿Cuáles son las grandes diferencias entre los cuentistas de esta antología y los de la anterior?

-Definitivamente no hay punto de comparación, y eso no tiene nada que ver con la calidad, sino con el hecho de que la literatura ha cambiado muchísimo. Mi antología anterior tiene cuentos de autores que publicaron hace 100 años o de otros consagrados y clásicos, como Gana, Brunet, Barrios, Coloane o Donoso. Yo diría, a simple vista, que la mayoría de los narradores de esta crestomatía tiene otras influencias, tanto literarias como extraliterarias: la cultura pop, el cine, la televisión, el rock, la publicidad. Cuatro relatos poseen temática gay; varios transcurren en lugares como Tokio, Nueva York, La Haya, Barcelona; la mayoría refleja situaciones límite o parodias librescas; hay una variedad inmensa de aproximaciones a lo que es escribir un cuento, desde el monólogo interior, hasta el estilo de un artículo periodístico, una memoria.

- ¿Quiénes son los autores que te parecen más talentosos?

-Me es total y absolutamente imposible decirlo, porque te darás cuenta de que todos lo son. No hay ni un relato que me parezca mejor que otro y lo digo en serio. Desde luego, hubo autores y autoras que me impactaron, sobre todo en la fase final de preparación del libro. Solo por la vía ejemplar, diré que quedé deslumbrado por tres escritores muy jóvenes y genuinamente talentosos, Benjamín Labatut, Juan Pablo Roncone y Pablo Toro, pero hace diez o doce años que me dura la admiración por los cuentos de Gómez, Maturana, Marcelo Simonetti, Valbuena, Meruane y, en fechas recientes, por los de Colil, Viera-Gallo o Nicolás Poblete. Sin embargo, lo reitero: todos los cuentos son extraordinarios.

-¿Por dónde crees que podría venir el debate que anticipas al final del prólogo?

-La verdad es que no creo que haya nada parecido a debate, porque en Chile hace demasiado tiempo que no hay polémica o controversia de ninguna clase, ya que no podemos considerar tales a las pataletas que duran un rato. Sí creo que habrá gente que criticará el libro leyendo únicamente el prólogo, porque eso mismo ocurrió con mi otro trabajo antológico: la flojera, la irresponsabilidad y la prepotencia de ciertos individuos es inconcebible. Estoy ciento por ciento seguro de que habrá personas y personajes que ejercen un grado de influencia -relativo, es cierto- que leerán este libro y, en lugar de escribir lo que les parece, guardarán un silencio hermético.

 


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