En Valparaíso Entrevista al filósofo español Vicente Serrano:
En Puerto de Ideas, la ecología y la felicidad serán revisadas desde el pensamiento de Spinoza

Detrás de los problemas ambientales, y de la moderna insatisfacción, está el olvido de la naturaleza y de nuestras limitaciones. Esa es la tesis que Serrano, ganador del Premio Anagrama de Ensayo, plantea de la mano del pensador holandés. Sobre eso expondrá en Valparaíso; en esta entrevista nos adelanta alguna de sus ideas.  

Juan Ignacio Rodríguez Medina 

Noviembre 9, 10 y 11. Tres días de arte, historia, literatura y ciencias se vienen en Valparaíso. El Parque Cultural Valparaíso, la iglesia La Matriz, el edificio Cousiño, el Museo Marítimo Nacional y el Museo Lord Cochrane recibirán a los intelectuales y espectadores que harán realidad la segunda versión del festival "Puerto de Ideas". También habrá teatro, música, circo y espectáculos infantiles.

Quien vaya al puerto podrá oír, entre otros invitados, al escritor, editor y traductor argentino Alberto Manguel, quien hablará sobre la creación y los procesos fallidos; al médico y doctor en neurociencia italiano Marco Iacoboni, sobre las neuronas espejo; a su compatriota Salvatore Settis, arqueólogo e historiador del arte, sobre el peligro que corre el patrimonio de la bota; al filósofo e historiador búlgaro Tzvetan Todorov, sobre memoria y democracia, y a la escritora española Almudena Grandes, sobre la literatura como género. En este panorama, la conferencia del filósofo español Vicente Serrano, especialista en Spinoza -el pensador holandés, de origen judío sefardí-, se suma al desembarco.

No somos nada

¿Qué es bueno? "Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre", responde Nietzsche, el filósofo alemán que registró la muerte de dios. ¿Qué es felicidad? "El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada", agrega. Y entonces concluye: "No apaciguamiento, sino más poder, no paz ante todo, sino guerra; no virtud, sino vigor".

Como Nietzsche, antes que Nietzsche, Spinoza reconoce el límite o la finitud de la existencia humana; sabe que somos parte de una totalidad, no su centro; postula que mente y cuerpo son un continuo; asume, con tranquilidad, el dolor y la muerte; y afirma la vida. Pero a diferencia del alemán, para el autor de la "Ética", la felicidad radica en la adecuación a esa limitación, en un cierto estoicismo, y no en el exceso del poder que quiere más poder.

De eso habla Vicente Serrano en "La herida de Spinoza: Filosofía y política en la vida postmoderna", un ensayo que recupera el pensamiento del holandés para hacer frente a los problemas ambientales y de la felicidad humana, y que le valió en 2011 el Premio Anagrama de Ensayo. Un libro que llevará a este vallisoletano -radicado en Valdivia, donde hace clases en la Universidad Austral- a "Puerto de Ideas", el sábado 10 de noviembre, para presentar su conferencia "La ecología de los afectos: la herida de Spinoza".

"Trataré de mostrar cómo la cuestión de la naturaleza no remite únicamente a la gestión de recursos, a la naturaleza entendida como recurso a explotar, sino en un sentido profundo a nuestra vida afectiva, al reconocimiento de un límite que la naturaleza representó tanto en la cultura premoderna, como en la mayor parte de las culturas, y que sólo podemos recuperar si somos capaces de sustraernos a lo que llamo el afecto dominante de nuestras sociedades: la voluntad de poder, que subsume todos los demás y los somete vaciándolos".

-Siguiendo a Spinoza, usted señala que "no hay felicidad humana posible sin el reconocimiento de la limitación". ¿Qué consecuencias tiene que el hombre moderno, según dice usted, no respete esa limitación?

"Esa idea de la limitación es clave. Como decía, la cultura clásica griega, por ejemplo, reconocía en la noción de naturaleza un principio interno de todas las cosas, del cosmos en su conjunto, pero por ello también de la condición humana que formaba parte de ella. Esa idea de naturaleza como principio y como límite permitía evitar el exceso, el verdadero "pecado" para los griegos. En el mundo moderno esa idea tiende a desaparecer y simbólicamente también entonces tiende a "desaparecer" con ella la naturaleza. Spinoza, en cambio, es capaz de pensar el límite a partir de su idea de la naturaleza como totalidad, de la que formamos parte, pero por eso mismo como seres finitos limitados. La huella simbólica y mental de ese límite es nuestra vida afectiva, son nuestros afectos. Por eso es tan importante la vida afectiva. Cuando somos capaces de reconocernos como parte, reconocemos también la totalidad, el viejo lema de la ética estoica, nos liberamos de la tensión, del estrés, diríamos hoy, de querer ser todo, de la pretensión de omnipotencia. Eso produce alegría, mientras que la pretensión de quererlo todo nos lleva a la tristeza y, paradójicamente, a la mayor impotencia".

-¿Spinoza nos propone una felicidad de la resignación?

"La resignación es un término religioso, mientras que la limitación es un término ontológico, que tiene que ver, como digo, con el modo de considerar nuestra relación con el entorno y con nosotros mismos, y cuya expresión anímica es la vida afectiva. Para los griegos, la posibilidad de la felicidad dependía del conocimiento de lo que podríamos llamar fines naturales , que determinaban criterios de acción hacia esa vida feliz. En la modernidad, al desaparecer ese criterio, simplemente no hay vías, todo se somete a la voluntad de poder, que nos empuja a más y a más, y por tanto inevitablemente a una frustración constante y casi interminable. Se pierden los criterios para discriminar las acciones. Frente al exceso lo único que ofrece el mundo moderno, y desde luego en un sentido no es poco, es la idea de derechos humanos como límites frente al exceso cuando vulneran al otro. Pero falta, salvo en Spinoza, una teoría adecuada de la vida feliz".

-¿En qué sentido se juega aquí no sólo una cuestión ética, sino que también política y metafísica?

"Lo más característico de Spinoza, lo más audaz, su verdadera anomalía , en el mejor sentido de esa palabra, está en que piensa la ética desde una ontología, un modo de estar en el mundo, que es una alternativa al pensamiento y al afecto dominante en la modernidad. Su obra principal se llama "Ética", pero es una ontología, en la que la naturaleza, o Dios, o la totalidad, no es ya un objeto sometido a la acción del hombre, sino esa totalidad de la que el hombre forma parte y de cuyo conocimiento y reconocimiento brotan los afectos básicos que son la sustancia de nuestra vida, la alegría y la tristeza, y de cuya "gestión" depende la felicidad humana. La conexión entre ética y metafísica, o mejor ontología, es entonces obvia. Pero ambas dimensiones inciden en la vida común. Desde esa comprensión ontológica y ética, Spinoza construye una importante obra política que convierte a la libertad de pensamiento, ese principio ético y ontológico, también en primer derecho y razón de ser del Estado, pues sin la posibilidad de acercarse a lo que él llama el tercer grado de conocimiento, o amor intelectual a Dios, es decir, a ese reconocimiento de la naturaleza, no es posible el reconocimiento del límite y de la felicidad posible. En Spinoza el fin del Estado es el de garantizar las condiciones para el despliegue de nuestra vida en común. El Estado nace para asegurarla, y desde ahí se deriva, por ejemplo, frente a Hobbes, que el único Estado que se aproxima a ello sea el Estado democrático, el único que asegura la posibilidad de esa vida ética que ha demostrado desde la ontología".

-¿Cómo vincula su idea de "volver a los afectos", como respuesta a los problemas ambientales, con el pensamiento de Foucault?

"Por lo dicho, la cuestión de los afectos resulta clave, porque de algún modo la vida afectiva, la gestión de los afectos, que en último término remiten al deseo, a la alegría y a la tristeza, es la clave de la libertad humana. Ese sería el modo en que Spinoza recupera el valor simbólico que la naturaleza, perdida para el hombre moderno, tenía para el antiguo y también para la mayor parte de las culturas de la humanidad. En "La herida de Spinoza" incido en esa cuestión y la relaciono con la propuesta del último Foucault, que tras sus largos años de análisis del poder, proponía un vuelta al cuidado de sí, a lo que llamaba una estética de la existencia, como modo de resistencia frente a la estructura profunda del biopoder, de esa visión vinculada a la idea de omnipotencia, de exceso, de querer siempre más, de no tener límite, que es también la raíz del daño a nuestro entorno. Por ello, además de esa dimensión ética, vinculada a la felicidad humana, el cuidado de sí implica una contención y un modo profundamente alternativo en nuestro modo de abordar las cuestiones del medio ambiente. El cuidado de sí, la ética, y el cuidado del entorno, lo que se suele llamar ecología, resultan desde esa perspectiva inseparables. Todo el mundo puede ver que pretender lo segundo sin lo primero lleva siempre al fracaso, pues sería como pretender atajar las consecuencias de un mal sin acudir a sus causas".


LA ECOLOGÍA DE LOS AFECTOS: LA HERIDA DE SPINOZA
Dónde: Museo Lord Cochrane, Valparaíso.
Cuándo: Sábado 10 de noviembre, 10.30 hrs.
Entrada: $1.500

"En Spinoza, el fin del Estado es el de garantizar las condiciones para el despliegue de nuestra vida en común".

 


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Para Spinoza no somos más que parte de una totalidad, llámese a ésta Dios o naturaleza.<br/>
Para Spinoza no somos más que parte de una totalidad, llámese a ésta Dios o naturaleza.

Foto:PUERTO DE IDEAS

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