"Todo pasajero debe descender" Homenaje a Bélgica Castro:
Admirar a un Tesoro Nacional Vivo

Agustín Letelier 

El título "Todo pasajero debe descender" sugiere la llegada al fin de un viaje. La frase, que se escucha en las estaciones terminales del metro, puede haber sido el punto de partida para que Sieveking desarrollara la situación teatral en que una gran actriz entrada en años, Gregoria, junto a su amigo escritor, Guillermo, un poco menor que ella, llegan a un café del centro de Santiago para descansar después de asistir a un "evento artístico" en el que no conocían a nadie, aunque sí los conocían a ellos. Pudo ser, como en la película "Gatos viejos", protagonizada por ambos, una visión triste de la ancianidad, pero es todo lo contrario. Si bien está presente la idea de que todo pasajero, hacia el fin de un viaje, debe descender, lo que se muestra es la vitalidad y agudeza de esa ya madura actriz y la forma amable en que su amigo escritor la sigue. Hecho real en el caso de ellos.

La obra está hecha de rápidas pinceladas. Sieveking no intenta construir una imagen poderosa y coherente como en otras de sus piezas fundamentales en nuestro teatro; éste es un esbozo de nuestra época. Está escrita y dirigida para que se luzca Bélgica Castro. Y el público sabe que va a eso: al momento de entrar en escena, grandes aplausos reciben a Bélgica y a Alejandro Sieveking, íconos de nuestro teatro.

Tiene una estructura muy sencilla, Sieveking coloca a cuatro parejas que irán apareciendo ordenadamente una después de otra y que alguna vez, como variación, aparecerán todas juntas mirando hacia una festiva demostración del orgullo gay. Al colocarlos en un café del centro es natural que las parejas estén en mesas diferentes que se iluminarán para destacar a los que pasan a primer plano. Un par de estudiantes universitarios atienden el café y un par de turistas que hablan en italiano atravesarán por fuera y luego se instalarán en otra mesa. Cada pareja tiene su propio conflicto que alcanzamos a vislumbrar, pero que no se desarrolla del todo para conservar el protagonismo de Gregoria y Guillermo.

Las obras de Sieveking han afrontado diferentes formas del Realismo: social en "Tres tristes tigres", poético en "Ánimas de día claro", simbólico en "La Mantis Religiosa", criollista en "La Remolienda". Como el teatro chileno actual rehúye el realismo, aquí lo fragmenta, "lo corta de repente, para que no sea tan realista", como dice él mismo en una acotación, pero de todos modos, en esas escenas laterales, nos muestra aspectos de nuestra sociedad actual: vemos a dos incultos y elegantes ejecutivos cuyo lenguaje grosero y sus conflictos amorosos son realmente lamentables. Helena (Claudia Celedón), la estrella joven de televisión, está angustiada ante la posibilidad de que no la incluyan en próximas teleseries. Los dos turistas italianos pueden representar la internacionalización del país, y los dos jóvenes universitarios que atienden el café muestran las actitudes muy contrapuestas de nuestros estudiantes. Sin ser explícito, pero que es claro para quienes conocieron la estrecha amistad que los unió, hay un homenaje a Víctor Jara, director de las primeras obras de éxito de Sieveking.

En dos de sus direcciones del último tiempo, Alejandro Goic ha destacado, con respeto e inteligencia, a dos grandes actrices cuya trayectoria es un orgullo para el teatro chileno. Lo hizo con Carmen Barros en "Mi Marilyn Monroe" y ahora lo hace con Bélgica Castro. Acentúa el mordaz ingenio de Gregoria, la coloca como actriz de la televisión, lo que Bélgica no ha querido ser, para hacer más convincente su estrellato. Da agilidad y fuerza a los parlamentos, dándoles un muy actual tono confrontacional. Andrea Goic, videísta de arte, filmó a transeúntes y manifestaciones callejeras, proyecta esas imágenes como fondo en dos pantallas que nos hacen verlas en perspectiva y las esfuma cuando ingresan los personajes.

Es admirable cómo Bélgica Castro, con más de noventa años, mantiene un completo dominio escénico; es a ella a quien se le escuchan con mayor claridad los parlamentos, mantiene su fuerza expresiva y maneja con soltura el largo texto de su papel protagónico. Es Premio Nacional de Artes de la Representación desde 1995 y puede considerarse, como se hace con los grandes artistas en Japón, un "Tesoro Nacional Vivo". Verla en el escenario es una oportunidad que no debemos perder.

Todo pasajero debe descender

Autor:

Alejandro Sieveking

Dirección: Alejandro Goic

Elenco: Bélgica Castro (Gregoria), Alejandro Sieveking (Guillermo), Claudia Celedón (Helena).

Lugar:

Teatro U.Católica, Jorge Washington 26.

Fecha:

hasta el 8 de diciembre

Funciones:

jueves a las 20:00 horas; viernes y sábados a las 21:00 horas.

Precios:

$7.000 general; $5.000 convenios y tercera edad; $3.500 estudiantes y jueves populares; 2x1 Club de Lectores El Mercurio.

 


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Foto:JORGE SEPÚLVEDA


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