lunes 29 de octubre de 2012  
 
¿Desaparecen los ovinos de Aysén?
 
La compra, por parte de Douglas Tompkins, de la Estancia Chacabuco, para convertirla en el parque Patagonia, es una de las causas. No sólo sacó de la producción una zona que era responsable del 35% de la dotación ovina, sino que estimula el aumento de pumas y zorros que salen a buscar comida y pueden matar 30 o 40 ovejas en una noche arriesgando así toda la actividad de la zona.  

Carmen Luz Ibarra 

Luis Parada Olivero, presidente de la Asociación Gremial Río Baker, en la XI Región, está entusiasmado con el proyecto de producción y exportación directa de lana a países como China y Uruguay, que ya ha significado aumentar en más de un cincuenta por ciento el precio de este producto.

Por ello, desde hace tres años comenzaron a trabajar, con apoyo del Inia e Indap, en un programa de mejoramiento genético hasta obtener una raza que cumpliera los dos objetivos: bajar el micronaje de la lana y mantener el peso del animal para su uso como carne. Así se llegó a la raza Duni Merino, que se adapta muy bien a la zona.

La producción se realiza en el predio que pertenece a la Asociación Gremial, además de otras propiedades de particulares en la zona del Baker, en la comuna de Cochrane.

Pero estos productores se enfrentan, al igual que el resto de los ganaderos de la zona, a graves problemas para mantener su dotación de animales. En realidad, a pesar de los esfuerzos, las ovejas están desapareciendo de las praderas de Cochrane.

Según las estadísticas recogidas por Odepa, entre 1997 y 2007, la dotación de ganado ovino cayó en 29,21%. Se estima que esa cifra será aún mayor cuando se publiquen los datos de los últimos cinco años.

Hace casi dos décadas, comprar un cordero en Cochrane costaba unos diez mil pesos. Actualmente uno tiene un valor aproximado de 45 mil pesos e incluirlo en el menú se ha convertido en un privilegio.

"Hoy es un lujo comerse un cordero acá, en una zona toda la vida dedicada a la ovejería. Un adulto mayor que gana 70 mil pesos hoy día no puede pagar 45 mil pesos por un cordero... simplemente acá no se come un asado de cordero", precisa Parada.

Para los ganaderos, bovinos y ovinos de esa área, el Valle Chacabuco era la mejor zona para la producción.

Sin embargo, en 2004 la Estancia Chacabuco se vendió a Douglas Tompkins, quien la convirtió en el Parque Patagonia, un lugar de conservación ecológica. Ello significó eliminar a las casi 30 mil ovejas y los 3 mil vacunos que se manejaban en la estancia e incentivó la repoblación de animales salvajes.

"Tal como se señala en la página web del proyecto, www.conservacionpatagonica.org, se atribuye al sobrepastoreo la principal causa de la degradación de los suelos de la región, por lo que se tomó la decisión de reducir el número de cabezas de ganado, pasando de 30 mil ovejas y 3 mil vacunos a sólo una pequeña cantidad destinada al consumo del personal en la estancia", explica el director regional del Servicio Agrícola y Ganadero de Aysén, Ramón Henríquez.

La salida de la estancia significó dejar fuera de producción a la que era responsable de cerca del 35% de la dotación ovina de esa zona. Pero, además, cambió la fauna local y ello está impactando directamente en la ganadería, especialmente ovina.

Los ganaderos que aún quedan se enfrentan hoy al aumento de depredadores -especialmente pumas (león lo llaman en la zona) y zorros- que proliferan libremente por los terrenos de Tompkins y que buscarían alimento en predios vecinos. La situación sería más difícil de controlar porque el parque Patagonia no tiene cercos que limiten la libre circulación de los animales.

"Eso (la Estancia Chacabuco) se vendió todo, y ahí además se está generando un gran problema para nosotros los productores, ya que están saliendo muchos depredadores hacia las zonas cercanas. Los pumas, los zorros como ya no tienen alimento, están saliendo... y a un pequeño productor si le matan 30 ó 40 ovejas, es mucho", comenta Parada.

Juan Carol García, gerente general del Consorcio Ovino evalúa como grave y preocupante la situación en la Región de Aysén y puntualmente en Cochrane, donde muchos campesinos perdieron sus ovejas y tuvieron que cambiar de rubro, perdiéndose todo un acervo cultural y productivo.

"Es preocupante y grave pues la decisión de una persona respecto del objetivo de su propiedad está afectando a toda una comunidad, pero creo -sin tener antecedentes- que esta decisión es válida pues es su propiedad privada", añade.

Durante los últimos cuatro años el SAG ha recibido 15 denuncias de productores por predación sobre planteles ovinos en Cochrane, principalmente por ataques de zorros y pumas. Aunque, también destaca el aumento de denuncias por ataque de jaurías de perros asilvestrados en distintos sectores de la comuna.

El puma, por ser especie protegida, no puede ser cazado. El problema aparece así como de difícil solución.

Para García una fórmula podría ser reunir a las partes y entes involucrados para determinar qué hacer con el aumento de una especie protegida en un sector geográfico, algo que está afectando a la comunidad producto de que el depredador está buscando un alimento que probablemente no encuentra en su zona de origen.

Es decir, el desafío, como lo reconocen en el Servicio Agrícola y Ganadero, es integrar los intereses y objetivos de la conservación de la biodiversidad y los del desarrollo silvoagropecuario.

En el organismo explican que han sostenido conversaciones con los profesionales del Parque Patagonia que están a cargo de los estudios y catastros de fauna silvestre al interior de este territorio, para que, en primera instancia, entreguen y compartan con el SAG resultados y antecedentes de estimaciones poblacionales y algunos aspectos ecológicos de las especies de fauna bajo estudio, principalmente los relativos al puma. Contar con esta información -dicen los expertos- permitiría, en el corto plazo, establecer un diálogo entre todos los actores y aportar hacia una solución integral.

El problema de los perros es más complejo. De hecho, las jaurías de perros asilvestrados se están convirtiendo en un problema creciente que ya afecta a la producción ovina en distintas zonas del país.

"Probablemente el número de denuncias es bajo, pero en aumento, y las autoridades están esperando más. Mientras algunos productores buscan solución, otros se aburren y cambian de rubro", explica García.

 Cuando el "león carnea"

Ana María, hija de Robustiano González, cuenta que a duras penas su padre aún mantiene las tierras aledañas a las que compró Tompkins, ya que perdió gran parte de las ovejas cuando comenzó a "carnear el león", como describe el ataque de pumas contra el ganado.

"Mi papá hoy se encuentra en mala situación. Tuvo que vender sus ovejas, las últimas que le iban quedando, para comprarse algunos vacunos... Nosotros teníamos miles, teníamos la "señalada" que era una fiesta para nosotros en la que nos reuníamos. Ahora ya no existe nada de eso. A mi papá le dio depresión, también a mi mamá", dice mostrando algunas fotos familiares de esos momentos.

Incluso hace unos meses a su padre lo mencionaron como sospechoso de dar muerte a una de las leonas del predio de Tompkins. La Policía de Investigaciones ingresó al predio y revisó todo, pero finalmente se habría determinado que otras familias estaban involucradas.

Ana María cuenta que quedan muy pocos vecinos en el entorno a Valle Chacabuco, pues casi todos optaron por venderle al millonario estadounidense, sin tener otra alternativa, algo a lo que Robustiano González se resiste.

Se pierde mucho más que animales

Con la desaparición de los ovinos, se están perdiendo también tradiciones, como la "señalada", donde la capa y corta de la cola de los corderos era una verdadera fiesta que duraba días. Son costumbres que los más jóvenes desconocen o a las que acceden a través de fotografías tomadas por sus padres y abuelos.

"Nosotros estamos apostando a recuperar las tradiciones. Por eso el 1 y 2 de diciembre se realizará por primera vez el Día de la Ovejería en la comuna. Le queremos dar dos miradas, una para generar negocios y otra para recuperar nuestras costumbres. Podrán ver como se hace una esquila, la señalada, como la gente antes arriaba a los animales", cuenta, Luis Paradam animado y decidido a hacer todo lo posible por revertir una situación que amenaza con hacer desaparecer un pasado productivo ovejero.

Carmen Luz Ibarra.

   
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