lunes 29 de octubre de 2012  
Partida de la temporada 2012-2013 de exportaciones de uva de mesa:
Crece optimismo en Copiapó
 
La violenta baja en los stocks de EE.UU. y la ausencia de problemas productivos hace sacar cuentas alegres a los fruticultores de Atacama.  

Eduardo Moraga Vásquez 

Todavía hay productores que no se reponen del último año exportador de la uva de mesa de Copiapó. Las nevazones de la primavera de 2011 hicieron caer la producción en más de un millón de cajas. Para más remate, los precios cayeron en picada, azuzados por la competencia de Perú y Brasil. Un desastre de temporada.

De hecho, es vox populi que este año algunos fruticultores nortinos dejaron de manejar sus cuarteles menos productivos, especialmente en la variedad flame, debido a los menores retornos del año pasado. No es de extrañar que el pesimismo sea el elemento común de los pronósticos que circulan sobre la uva de mesa de Atacama para la temporada 2012-2013.

Sin embargo, a casi tres semanas de que los temporeros comiencen a cortar los primeros racimos, una mirada detenida de las últimas señales del mercado permite hacer una proyección bastante optimista.

Claves para ese cambio de percepción son las últimas cifras frutícolas de EE.UU. y el buen pie de la producción de Copiapó y Huasco, los dos valles frutícolas de Atacama, para esta temporada.

Producción normal

"Hasta ahora todo va bien, pero en la agricultura nunca se sabe", afirma Rafael García, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores Agrícolas de Copiapó, Apeco.

El líder gremial reconoce, eso sí, que este año no se han presentado problemas importantes de heladas, y, menos aún, nevazones. Todo indica que las parras de uva de mesa podrían expresar todo su potencial. De por sí ya es una buena noticia, si se compara la actual situación productiva con la del año pasado.

¿Qué significa un año normal para Copiapó? Según García, una producción de entre 10,5 y 11,5 millones de cajas de uva de mesa.

Lejos, eso sí, de los casi 14 millones de cajas de esa fruta que se producían en el valle de los primores chilenos. De hecho, en los últimos 6 años la superficie de uva de mesa ha caído en 22 por ciento.

"Hay que sumar tanto la pérdida de algunas hectáreas por gente que se salió del negocio, como el que se están renovando huertos con variedades más modernas y eso provoca una merma temporal", afirma Rafael García.

Un poco más al sur, en el valle de Huasco, Omar Campillay, propietario de la Agrícola Campillay, reafirma la percepción de normalidad en la producción de primores. "Toda la uva de mesa de acá viene en sus tiempos y no hemos tenido problemas climáticos".

Competidores asustados

Las noticias de que el norte chileno venía con una fuerte caída en la producción, inicialmente estimada en casi dos millones de cajas menos, corrieron como reguero de pólvora fuera de las fronteras.

Donde impactó más la noticia fue en Perú y Brasil, noveles productores de uva de mesa tempranera. De hecho, a más de algún actor le pareció que era una oportunidad de oro para sacar pingües ganancias. Más de un productor importante, especialmente brasileño, decidió guardar uvas en los frigoríficos de Estados Unidos hasta entrado diciembre. Como la fruta de Perú y Brasil llega antes que la de Chile, la apuesta fue jugar con el supuesto desabastecimiento gringo y vender cuando los precios alcanzaran el cielo.

Sin embargo, lo que pasó fue el infierno.

California tuvo stocks relativamente altos al comienzo del invierno, mientras que la caída chilena fue menor a la esperada. Mientras tanto, los distribuidores, asustados por el escenario que se les venía, realizaron pocos contratos de preventa con las cadenas de retail.

En diciembre, el mercado se encontró con mayor abastecimiento del esperado y con poca fluidez en la venta, por el poco espacio que disponía la uva de mesa en los supermercados gringos. Los precios se fueron en picada y, más de una empresa brasileña tuvo que salir, prácticamente a regalar sus uvas para evitar que se pudrieran. Las pérdidas monetarias para los especuladores fueron mayúsculas.

¿Y qué tiene que ver eso con la próxima temporada nortina?

Simple, para los brasileños y peruanos quedó claro que entrar a competir en la ventana de tiempo que llegan los primores chilenos no era buen negocio.

"El golpe para ellos fue tan duro que esta temporada serán mucho más cautos y no van a tener tanta fruta en el mercado norteamericano cuando llegue la uva de mesa de Chile", afirma Manuel José Alcaíno, presidente de la consultora Decofrut.

Cae la producción gringa

Otro elemento a favor de la partida de Atacama es el stock de uva de mesa de Estados Unidos. California, que es por lejos el principal oferente en ese mercado, registra mínimos históricos en almacenamiento de esa fruta.

Según las cifras que entregó recientemente el Usda, al 15 de octubre las existencias de uva de mesa californiana llegaban a 8,6 millones de cajas, 27% menos que a igual fecha del año pasado. Si se compara con el mismo período de 2010, la caída es aún mayor: 33 por ciento.

Por variedad, las mayores bajas de California se producen en scarlet royal y en crimson seedless.

A la hora de explicar la caída de los stocks hay dos componentes. Por una parte están los problemas climáticos californianos, pero, en forma interesante, está la buena demanda gringa por uva de mesa, que no se ha visto afectada por la mentada crisis económica internacional.

Aprovechar el buen momento

Aunque es verdad que cualquier evento puede afectar, para bien o para mal, la temporada de la uva nortina, también es claro que la gestión de los envíos puede ayudar a sacar todo el potencial, o en el peor de los casos, atenuar los problemas.

Para Manuel José Alcaíno, uno de los elementos que quedó claro es que hay que tener buenos canales de comunicación con los importadores.

"Una parte importante de los malos de resultados de la temporada fue por las expectativas que los importadores se formaron. Como desde Chile llegaron informaciones confusas sobre la real caída en la producción, sobrerreaccionaron. La lección es que hay que ser totalmente transparentes con ellos. Todos ganan si hay una buena comercialización, aunque sea a precios no tan espectaculares", afirma Alcaíno.

Asociado a lo anterior, está la necesidad de privilegiar contratos de preventa con las cadenas de retail, versus jugar al mercado libre, esperando llegar en un momento de relativa baja oferta en el mercado gringo. En la suma final, se logran mejores resultados si hay un destino en el que los supermercados tienen una rotación rápida de la fruta, aunque sea a costa de un precio inicial relativamente menor.

Finalmente, no menos importante es la calidad de la uva de mesa que se envía.

El año pasado hubo varios agentes del mercado que, ante el esperado desabastecimiento de Estados Unidos, enviaron calidades de fruta menores a las que usualmente se exportan. Sin embargo, los consumidores yanquis no estuvieron dispuestos a pagar mucho por esa uva de mesa.

Para comer pescado y vender uva a Estados Unidos hay que tener mucho cuidado.

 

Eduardo Moraga Vásquez.

   
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