viernes 2 de noviembre de 2012  
 
Las mil caras de Sherlock Holmes
 
Con el estreno de la nueva serie "Elementary", la pantalla chica suma una nueva versión del personaje de Conan Doyle: Jonny Lee Miller es un Holmes adicto, que vive en Nueva York junto a su chaperona, la Dra. Watson. Para recibir esta versión 2.0, aquí, una revisión de todos los Sherlock de la cultura pop.  

Por TERRENCE RAFFERTY, The New York Times.  Sherlock Holmes, el detective privado más famoso de la cultura pop, puede no ser un personaje a prueba de actor, pero casi cualquiera puede interpretarlo alguna vez (cualquiera que tenga un acento inglés pasable, una cara larga y angosta, una mirada penetrante y la habilidad para recitar complicadas frases a una velocidad abismante). En el cine el gran detective ha sido personificado por, entre otros, Michael Caine, Christopher Plummer, Nicol Williamson, Robert Stephens, John Neville, Jonathan Pryce, Peter Cushing, Ian Richardson y, más recientemente, Robert Downey Jr., todos quienes prudentemente han interpretado el rol en sólo una o dos películas (Downey firmó para una tercera, valientemente). La verdadera prueba de un Holmes, sin embargo, es si la interpretación de un actor puede soportar la carga de la repetición, porque Holmes era, después de todo, un personaje de serie, que apareció en 56 historias cortas y 4 novelas entre 1887 y 1927. El autor, Arthur Conan Doyle, algunas veces se aburrió del personaje, y una vez incluso intentó matarlo, pero el público no le permitió dejar a su héroe para siempre a los pies de las cataratas de Reichenbach. Holmes reapareció, y ha estado reapareciendo desde entonces, una y otra y otra vez. 

Esta temporada, Sherlock Holmes está de vuelta semanalmente en la nueva serie "Elementary" (los jueves, a las 22 horas por Universal Channel). Jonny Lee Miller, interpretando a una encarnación de la era moderna del personaje, se enfrenta, tal como lo hizo Doyle, al desafío de mantenerse a sí mismo, y a su audiencia, interesados durante el largo recorrido, historia tras historia, deducción tras deducción, echando a andar un nuevo juego cada vez. En "Elementary," creada por Robert Doherty, Holmes es un drogadicto en rehabilitación que vive en Nueva York, en una casa tipo Brownstone de propiedad de su padre, que ha vuelto a Inglaterra; como condición para vivir ahí Sherlock debe mantenerse sobrio, lo cual implica vivir con un chaperón, la doctora Joan Watson (Lucy Liu). Él colabora en casos con el departamento de policía y, por supuesto, lleva consigo a la levemente desconcertada Watson para servirle de apoyo moral y, cada vez más, también de apoyo práctico. Joan Watson, como su contraparte masculina en las historias de Doyle, representa la perspectiva de todos aquellos en la audiencia que no son genios del nivel de Holmes; lo cual equivale a decir la totalidad de la gente. 

El cambio de género de Watson puede complicar a los escasos puritanos sherlockianos, pero para la mayoría de los televidentes debería parecer bastante natural: estamos acostumbrados a ver excéntricos investigadores con compañeras femeninas. En "Los expedientes secretos X" el espeluznante Mulder tenía a la formal Scully. Y en "Law and Order: Criminal Intent", Bobby Goren, el brillante pero emocionalmente inestable detective de la policía de Nueva York -probablemente lo más cercano a un Holmes completamente americano que alguna vez lleguemos a ver- también tiene una chica Watson: su siempre sufriente, eminentemente sensible compañera, Alex Eames.

Teletransportar a Holmes desde los fines de la era Victoriana hasta nuestro propio tiempo tampoco debiera parecer especialmente discordante. "Sherlock," la serie producida por Masterpiece y BBC que hasta el momento ha tenido dos fantásticas (y cortas) temporadas, también sitúa a su héroe, interpretado por Benedict Cumberbatch, de lleno en la era de la información, donde parece sentirse perfectamente en casa. El Holmes de "Sherlock" es un poco tecnológico, tan mago con su computador y su smartphone como el Sherlock original lo era con sus tubos de ensayo y sus hediondos vasos de precipitados. (El Holmes de Miller es menos dependiente de las tecnologías de la información, pero sí usa su iPhone con cierto estilo). Y además, el Holmes arquetípico de las películas, Basil Rathbone, usó vestimentas modernas en doce de sus catorce interpretaciones del rol durante los años 30 y 40.

Esa docena eran películas B, de apenas más de una hora de duración -más como programas de televisión en realidad- y Rathbone fue el primero de los grandes Holmes seriales. Él se adaptó con escalofriante exactitud a la descripción de Doyle del personaje en la primera historia de Holmes, "Estudio en Escarlata": "En altura medía poco más de 1 metro 80, y era tan excesivamente delgado que parecía ser bastante más alto. Sus ojos eran agudos y penetrantes, excepto durante esos intervalos de letargo a los que he aludido; y su delgada nariz de halcón le daba a toda su expresión un estado de alerta y decisión". No era sólo su apariencia: sus rápidos movimientos y su entrecortado y apremiante hablar parecían llevar a Holmes a la vida. 

Prácticamente todas las posteriores interpretaciones de Holmes, especialmente las de televisión, le deben al menos algo a la de Rathbone. En la mayor parte de los casos, más de algo. La actuación de Ronald Howard a comienzos de la serie de televisión "Sherlock Holmes" (1954-55) es, si bien menos vigorosa, prácticamente enjuiciable por su similitud a la de Rathbone. Hay una cierta inevitabilidad de ese tipo de imitación, particularmente cuando se trata de personajes literarios tan conocidos, acerca de los cuales los lectores y los televidentes tienden a tener fuertes imágenes mentales; cuando un actor cumple con esas expectativas tan minuciosamente como lo hizo Rathbone, las imágenes se tornan más difíciles de remover. (Fue décadas antes de que empezaran a emerger en pantalla interpretaciones novedosas del monstruo de Frankenstein desde la inmensa y tambaleante sombra de Boris Karloff).

En el caso de Holmes, la estrategia más exitosa e imaginativa para evadir a Rathbone fue, casi sin lugar a duda, la de Jeremy Brett, quien registró más horas en pantalla interpretando al personaje que cualquier otro actor hasta o desde entonces. Entre 1984 y 1994 él personificó a Holmes en no menos de 41 ocasiones para Granada Television en Inglaterra y para Masterpiece en Estados Unidos, en adaptaciones de una hora de duración de la mayoría de las historias cortas y películas de televisión basadas en dos de las novelas, "El Signo de los Cuatro" y "El Sabueso de los Baskerville".

Brett representa al personaje casi como una parodia de Rathbone: un Rathbone con esteroides, más gritón, más extravagante, más volátil, más sombrío en sus ánimos oscuros y más desquiciadamente alegre en su persecución de los villanos. Él realmente superó la virulenta velocidad de la labia de Rathbone y, algunas veces, cuando el ánimo lo movía, decía sus líneas en el estilo pícaro y cómplice de la comedia de la Restauración. Sus ojos eran, como estaba prescrito, agudos y penetrantes, pero de vez en cuando, de la nada, aparecía en ellos un maléfico brillo de William F. Buckley. Él encauzó a Rathbone y de alguna manera apareció en el otro lado. 

Brett, en su propia forma idiosincrática, resolvió el problema principal de interpretar a Sherlock Holmes una y otra vez: cómo hacer que este hombre extraño, frío, estremecedoramente inteligente, pareciera humano, pero sin violar las cualidades esencialmente inhumanas que lo hacen fascinante. Brett lo hizo con la genuina y frenética alegría de su interpretación. 

El Holmes más creíblemente -o al menos convencionalmente- humano en el canon televisivo no es, en estricto rigor, Holmes, sino el catedrático de la Universidad de Edimburgo, Dr. Joseph Bell en la serie de la BBC "Murder Rooms: The Dark Beginnings of Sherlock Holmes" (2000-2001). Bell, interpretado por Ian Richardson, fue el modelo real de Doyle para el personaje y a quien dedicó "Las Aventuras de Sherlock Holmes": él es Holmes antes de que se le agregaran las excentricidades, un "Holmes" con emociones reconocibles y atisbos de normalidad. 

Dado que Jonny Lee Miller está interpretando al personaje, no al prototipo, y dado que Rathbone y Brett dejaron tanta tierra quemada tras ellos, él tendrá que encontrar otra manera. La locación de "Elementary" puede ayudar. En Nueva York, un tipo inteligente, arrogante, de hablar rápido, con aversión a las relaciones, bordeando la sociopatía y que abusa de sustancias no es un caso tan raro. Este Holmes puede ser o no totalmente humano, pero es un monstruo que vemos todos los días. 

"Conan Doyle se aburrió del personaje, y una vez incluso intentó matarlo, pero el público no se lo permitió".

 

Por TERRENCE RAFFERTY, The New York Times..

   
Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio S.A.P.