viernes 2 de noviembre de 2012  
 
La irrupción de nuevas cepas
 
Esta nueva camada de cepas mediterráneas, que gusta del sol y del calor, se está adaptando bien a las condiciones del clima chileno. Y, de paso, están produciendo muy ricos tintos. El carignan ya es conocido, pero anote estos nuevos nombres porque ya están dando de qué hablar: mourvèdre, garnacha, cariñena y monastrell.  

PATRICIO TAPIA  Hubo un tiempo en que la referencia que uno como chileno tenía en relación a los tintos era cabernet sauvignon. Y aunque eso todavía es cierto (los más importantes tintos de Chile siguen siendo responsabilidad del cabernet), hoy, el abanico varietal es mucho más extenso.

No hablo, por cierto, de carmenere o pinot noir o cabernet franc, que ya llevan un tiempo con nosotros, sino que específicamente de una nueva camada de cepas "mediterráneas" que están apareciendo en las estanterías; uvas como el carignan, que ya lleva por lo menos cinco años haciendo noticia entre los fanáticos, y también nombres nuevos en nuestra escena como el mourvèdre o la garnacha que, junto con el viejo conocido syrah, son la base de algunos de los mejores tintos que responden a esta categoría mediterránea: uvas de sol, del Priorato o del Levante en España, del Ródano o el Languedoc, en Francia.

Y si en Chile tenemos un clima soleado, cálido en todo el Valle Central vitícola, no hay razones para que estas uvas no den buenos resultados. Tomemos el ejemplo de Colchagua.

Como puede resultar lógico, muchas de las plantaciones de viñedos en ese valle corresponden a cabernet sauvignon, que más que estar adaptado a esa zona, es una marca que vende bien. El problema es que el cabernet muchas veces no se lleva con el sol y el calor. Y cuando madura en esas circunstancias, se convierte en un vino rico, goloso, grande, potente, pero lejos de la elegancia que lo caracteriza. La mayor parte de los cabernet de Colchagua son así: golosas expresiones de una cepa que, más que generosa, es austera.

De las algo más de veintitrés mil hectáreas de cepas tintas plantadas en Colchagua, unas once mil son de cabernet. Pero los tiempos cambian. "Creo que no sólo Colchagua, sino en general en lugares como Aconcagua o Maule, e incluso el norte -pero al interior- estas variedades son muy interesantes, y a la vez son variedades más adaptadas al sol y a suelos pobres. Creo que es casi una pena que nuestros ancestros españoles no hayan llegado con garnacha y monastrell cuando conquistaron Chile", asegura Felipe Tosso, enólogo jefe de la viña Ventisquero.

Esta viña está apostando por cepas mediterráneas en una zona muy de cabernet como Apalta. Este año acaba de lanzar al mercado Grey GCM 2012 ($9.900), una mezcla de garnacha, carignan y mataro (o monastrell) que conforman un vino delicioso, simple, lleno de frutas rojas, y tan fácil de beber que yo recomendaría que lo sirvieran casi a la temperatura de un blanco, en vacaciones. "Son variedades que veo que andan muy bien y tienen un perfil muy distinto a las clásicas variedades de Burdeos", agrega Tosso.

La idea de buscar sabores distintos es lo que se siente detrás de estas nuevas cepas. Y eso es lo que han logrado viñas como Montes que, desde sus viñas de Apalta, también han aprovechado el sol y el calor para madurar cariñena, garnacha y monastrell en su nuevo vino Outer Limits CGM 2011 ($35.000), que es de hecho el pionero en Apalta en abordar esta nueva perspectiva, este nuevo camino para el valle. Este Outer Limits viene de parras de los viñedos más altos en Apalta, a unos 430 sobre el nivel del mar. Son plantaciones recientes, que se comenzaron a plantar hace 16 años con cabernet y que luego se injertaron en 2006. Hoy dan un vino especiado, jugoso, maduro y potente. Un vino mediterráneo para el cordero al palo. Pareja perfecta.

Pero el asunto no se detiene allí, como señala Felipe Tosso. Hay otras zonas que también buscan estos nuevos sabores mediterráneos. Veamos.

* DOS ANDES

Gracia Reserva Superior Syrah Grenache Viognier 2001 | Cachapoal. $6.800


Con viñas plantadas hacia comienzos de los años 90, en Cachapoal, este es uno de los pioneros del estilo en Chile. Como es habitual, esta mezcla es rica en fruta roja, rica en acidez, rica en notas a cuero y especias, y también tiene una estructura sólida, lista para afrontar el más temible de los chorizos. Este año, este Gracia Reserva Superior se basa en syrah, más un 14% de grenache y un 7% de viognier que es una cepa blanca usualmente incluida en esta mezclas mediterráneas para darle complejidad a los aromas, esa nota floral del viognier.

* SANTA CAROLINA

Specialties Wild Spirit Mourvèdre 2011 | Cachapoal. $7.900


"Yo creo que son variedades que nos dan un encanto, nos diversifican y ayudan mucho a hacer nuevas cosas", dice el enólogo Andrés Caballero sobre la idea de usar cepas como el mourvèdre, en ésta, su primera vez en la nueva línea Specialties, una marca a la que le tienen que poner mucho ojo. En este caso, aquí está la gracia de la cepa, su frutalidad. Es un vino generoso, amable, rico, jugoso, maduro (muy maduro, quizás, para algunos paladares) pero siempre muy bebible, sobre todo para embutidos.

* ERRÁZURIZ

The Blend Grenache, Mourvèdre, Syrah, Roussanne 2010 | Aconcagua. $29.990


Con un 65% de garnacha, aquí lo que mandan son los sabores frescos y a frutas rojas, en un vino que es delicioso y que se bebe fácil. Ojo con el 5% de roussanne, otra de las cepas blancas que se usan en los vinos mediterráneos del Ródano para aportar frescor y complejidad. Sobre estas cepas, el enólogo de Errázuriz, Francisco Baettig, dice: "Son cepas especiales, rústicas, con notas de grosellas, mora, violetas, tomillo, especias, animales a veces. Y taninos chúcaros, pero con una tremenda personalidad".

* LAGAR DE BEZANA

GSM Garnacha, Syrah, Mourvèdre 2011 | Cachapoal. $9.800


Una mezcla absolutamente mediterránea, no sólo porque son cepas que gustan del sol, sino que también porque huele a sol, a frutas rojas maduras, a especias, en un cuerpo que es generoso y de rico dulzor. Un vino invernal para carnes especiadas. La mezcla se basa en grenache con más o menos un 50%; el resto es syrah y mourvèdre en partes más o menos iguales. Se hacen apenas unas 2.500 botellas. 

PATRICIO TAPIA.

   
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