La madre de las batallas

El eje del relato es Cancino, el escritor e investigador, seguido por un narrador autoral, plenipotenciario, que nos cuenta lo que Cancino dice, piensa, imagina, se pregunta, hace o deja de hacer.  

Pedro Gandolfo 

La última novela de Marcelo Mellado es, sin duda, su proyecto más ambicioso y maduro. La historia de este relato, La batalla de Placilla , puede resumirse del siguiente modo: un escritor y académico de una universidad privada de la región de Valparaíso, llamado simplemente "Cancino", se compromete en una investigación acerca de la batalla de Placilla, ocurrida el 28 de agosto de 1891, cruento desenlace de la guerra civil que culminara con el suicidio del Presidente Balmaceda. La investigación termina en una presentacion académica y con una exposición de una compleja maqueta de la batalla elaborada por René, un modelista militar, en el Museo de la localidad de Placilla.

Lo primero que cabe advertir y destacar es que la estrategia narrativa es original y eficaz. En vez, en efecto, de pretender novelar el episodio histórico al modo tradicional de la novela histórica, cuenta la historia de dos personajes (al final nos enteramos que son tres) empeñados en representarse desde distintos ángulos y con distintos medios los hechos. La novelas narra ese triple intento de representación. Cancino, René y Magda, amiga de ambos, convergen en su afán representativo y detectivesco sobre la Batalla de Placilla y la novela es como una suerte de escritura de esa escritura de segundo grado, la representación de una representación.

El eje del relato es Cancino, el escritor e investigador, seguido por un narrador autoral, plenipotenciario, que nos cuenta lo que Cancino dice, piensa, imagina, se pregunta, hace o deja de hacer. El personaje de Cancino, una figura feroz difícil de olvidar, incorrecto políticamente por donde se lo mire, está muy bien construido: resulta verosímil, consistente a lo largo de toda la novela, con un perfil discursivo delirante, escéptico y desengañado, homófobo descarado, sarcástico y divertido. Cancino no tiene mayor interés en el tema de Placilla (que escoge calculadamente en función de su trabajo universitario, aunque se involucra de manera ardua en la investigación) y su obsesión, podría llamársela así, es la microsociología del saber. Su jerga sociológico-académica infecta el relato de análisis e insultos disparados con ventilador provocando un efecto extrañamente cómico. Cancino es un personaje de talante rabelesiano en su comportamiento y de retórica excesiva y gestualmente radical.

Es posible advertir que lo que, en verdad, interesa narrar a Mellado son los intercambios de poder y afecto que se producen en torno al saber institucionalizado. El escenario local -Placilla- , un episodio histórico marginal dejado de lado por la historiografía oficial y entregado al oficio del historiador amateur , el mundo "intelectual-culturaloso" porteño, la pequeñez de la vida universitaria, las guerrillas minúsculas, esas otras batallas con sus propios mapas y fronteras cuidadosamente marcados y celosamente protegidos, desfilan con vitalidad, sabor y provocación. En términos de género se aproxima a una novela de costumbre en cuanto Mellado incluye también en su feroz y desencantada mirada critica a Cancino y Magda, los protagonistas, que se conocen desde fines de los setenta -restos de otro ejército masacrado, el de "prácticas resistenciales contra la dictadura"- y hace un balance implacable del itinerario de aquella izquierda hasta hoy.

El primer tercio de la novela es bastante aclarador de los derroteros a los que conduce el autor. En esas cien páginas Mellado narra la visita que hace Cancino a su amiga Magda, que vive en Recreo, en Viña del Mar, asiste allí a un asado con otros amigos donde le presentan a René, el modelista, y luego concluye, en otra ocasión, con el relato de un "carrete" nocturno por Valparaíso. La batalla de Placilla es, entre tanto, aludida indirectamente, mientras toda la focalización del relato se concentra en la descripción de los personajes, cercanos a la grotesca, y a la exposición sin filtro de las ideas y opiniones de Cancino. Otro capítulo en que Mellado parece hallarse en su salsa, "La presentación", es el que describe magníficamente toda la parafernalia en torno a la exposición en el Museo de Placilla de la maqueta y la representación dramática de la batalla con participantes de la localidad. Las especulaciones sobre la presencia de Juan Francisco González en la batalla y el entorno pictórico y cultural de la época son de interés intrínseco e insertadas con una pizca de intriga (los supuestos bocetos apócrifos) en una novela que carece de ella.

La obra de Mellado puede leerse de muchas maneras y ello habla de su riqueza de significados, pero también de una suerte de imprecisión que la envuelve, como si estuviera permanentemente en fuga de la literalidad de su título. Terminada su lectura se agiganta el hilo que sigue la relación afectiva entre Magda y Cancino como si ese fuera el motivo de fondo de la narración, poniendo el escenario bélico en los afectos o en un lugar en que todas las batallas parecen perderse.

 


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<b>La batalla de Placilla Marcelo Mellado</b> Editorial Hueders, Santiago, 2012, 252 páginas, $11.000. NOVELA
La batalla de Placilla Marcelo Mellado Editorial Hueders, Santiago, 2012, 252 páginas, $11.000. NOVELA

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