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Aniversario Homenaje al Premio Nobel peruano
Mario Vargas Llosa y "La ciudad y los perros": 50 años tampoco es nada

Domingo 11 de noviembre de 2012


Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

Con la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la publicación de "La ciudad y los perros", de Mario Vargas Llosa, la cátedra dedicada al escritor peruano organizó un congreso internacional que, desde el 5 de noviembre hasta ayer, reunió a un buen número de autores para hablar del boom. Uno de los intervinientes ahonda en la importancia de esa novela de Vargas Llosa de 1962, año que coincide con el inicio de una recopilación de su obra periodística. También, algunos de los expositores en el congreso hablan de sus ponencias.
 


Fernando Iwasaki 

Entre 1960 y 1961, Mario Vargas Llosa escribió La ciudad y los perros , una novela que significó el nacimiento del boom latinoamericano y que marcó un antes y un después en la narrativa en lengua española. Ahora que se cumplen cincuenta años de su publicación, me gustaría desarrollar dos ideas: la sorprendente madurez de un escritor de 25 años y la insultante juventud de un clásico que apenas suma cinco décadas.

Antaño, a nadie le sorprendía que un ensayista o narrador escribiera obras maestras antes de llegar a la treintena, pues la juventud no era ni un mérito ni una coartada. Larra ya era considerado un articulista genial cuando a los 28 años se voló la tapa de los sesos. Kipling ni siquiera tenía 29 cuando publicó su sexta obra, El libro de la selva . Benito Pérez Galdós empezó la redacción de sus Episodios nacionales a los 27, y Thomas Mann, La muerte en Venecia a los 29. Antes de los 30, Scott Fitzgerald ya había publicado A este lado del paraíso y El gran Gatsby , y a Rubén Darío le bastó su primer libro - Azul - para revolucionar la literatura de habla hispana con la insolencia de sus 21 años. ¿Hace falta que recuerde cómo se reciben actualmente las óperas primas de los autores veinteañeros?

Cincuentenario

Si hoy celebramos el cincuenta aniversario de La ciudad y los perros (1962) es porque el inmenso talento de Vargas Llosa nos ha regalado otras novelas extraordinarias como Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) o La Fiesta del Chivo (2000); pero a mí me gustaría hacer hincapié en que en 1962 no existían ni el culto pazguato que hoy se profesa a la juventud, ni tantos escritores talludillos empeñados en estirar su adolescencia como un chicle. Desde su primera obra, Vargas Llosa dialogó con sus mentores literarios -Sartre, Faulkner, Camus, Flaubert y Victor Hugo- y jamás levantó la bandera de la juventud ni disfrutó de conmiseración alguna por su edad. No obstante, hoy sí podemos reconocer su genialidad y así invito a los escépticos a releer el primer volumen de Contra viento y marea (1986), que recoge sus ensayos publicados entre 1962 y 1972, o los tres macizos tomos de Piedra de Toque (2012), su obra periodística de los últimos cincuenta años, reunida y compilada por Antoni Munné para Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

Así, La ciudad y los perros no sólo es una excepcional primera novela, sino el cimiento de una obra esencial en la literatura universal. Por eso es un clásico de la literatura en lengua española, porque sobre La ciudad y los perros se ha construido una obra que seduce por su belleza y conmueve por sus preguntas, deslumbra por su técnica y desasosiega por sus criaturas. Y todo eso que hemos reconocido y admirado en La casa verde (1966), Historia de Mayta (1984) o El paraíso en la otra esquina (2003), ya estaba presente en La ciudad y los perros : la crítica al autoritarismo, los fastuosos mecanismos narrativos, la autoficción literaria, la escritura como orgía dentro de la novela, la obsesión por la justicia, la impostura como espectáculo y la fascinación por los fanáticos.

Sería absurdo suponer que una novela escrita contra los militarismos siga siendo clásica por esa única razón en nuestra época. Como es obvio, La ciudad y los perros es mucho más que un alegato contra las dictaduras militares, y precisamente ahora que son mayoría las democracias en América Latina o que apenas existen los antiguos servicios militares obligatorios, la trama y los personajes de La ciudad y los perros continúan hechizando a lectores de todas las edades no sólo por lo que demuestran, sino especialmente por lo que muestran. Así, liberados de la lectura coyuntural de los 60, el "Poeta", el "Jaguar", el "Esclavo" y el teniente Gamboa se convierten en arquetipos literarios que adquieren otro espesor literario y una mayor complejidad humana.

Genio precoz

Si La ciudad y los perros (1962) hubiera sido una novela de madurez, sería celebrada como la obra maestra de un escritor en plenitud; mas como fue la espléndida primera novela de un escritor en agraz, sólo nos queda reconocer que su autor es un genio esencial y precoz. ¿Reconocerían los editores contemporáneos la valía de un nuevo narrador latinoamericano como el joven Vargas Llosa de hace medio siglo? Por desgracia, pienso que no y que -más bien- instarían al precoz novelista a reducir el número de páginas, a escribir en un español más neutro y a simplificar las complejidades narrativas, porque hoy se subestima el nivel de los lectores y se prefiere la repetición de fórmulas "exitosas" en lugar del riesgo que conlleva promover auténticas innovaciones.

De hecho, la edición de los tres tomos de Piedra de Toque coincide en el tiempo con la publicación del ensayo La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012), donde el propio Vargas Llosa incluyó algunos artículos en los que fustigaba la banalización, la frivolidad y la deriva espectacular de las artes y la literatura en la sociedad contemporánea. Por lo tanto, a la vista de los reproches que ha recibido por pesimista y apocalíptico, estoy persuadido de que cualquiera que incorpore a su propia obra las exigencias éticas y gnoseológicas reivindicadas por Vargas Llosa en La civilización del espectáculo , quizá termine cavando su propia tumba intelectual.

En realidad, al enfrentarse en vano al establishment espectacular (y no a la tecnología digital o a la globalización del conocimiento), reconozco en los alegatos de Vargas Llosa la misma lección que nos dejó en La ciudad y los perros , porque la civilización del espectáculo -como el Colegio Militar Leoncio Prado- también supone normas, castigos, asesinatos, venganzas y altos jefes con la billetera y la vista gordas. En La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa libra una batalla que vuelve a darle la razón a la Academia Sueca cuando definió su obra como una "cartografía de las estructuras del poder y afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo".

Durante los últimos cincuenta años, Vargas Llosa ha urdido una obra que perdurará. El trabajo de una vida a cambio de la eternidad. Y en ese orbe de símbolos que consiente la cronología, cincuenta años -como los veinte del tango- tampoco es nada.

 Escritores en homenaje al boom y Vargas Llosa

Rosa Montero
España. Premio Nacional de Periodismo. Su última novela es "La casa de las locas".

"Soy una hija perfecta del boom , los descubrí en 1969, con dieciocho años, en los últimos tiempos del franquismo. España entonces era pueblerina, anómala, inculta, te sentías en el fin del mundo y de la historia y desconfiabas de los escritores españoles, como suele suceder en las dictaduras de larga duración. Así que toparme con el boom fue descubrir que la literatura contemporánea en lengua española era maravillosa, más aun, que era la mejor literatura que se estaba haciendo. Fue una revelación increíble. Yo escribía desde niña, pero el boom pateó mi cabeza, rompiendo las paredes del mundo y haciéndolo mucho más grande. Fue como aprender a nadar y ver que tenía por delante un enorme océano. Me enseñó a ser libre y a ambicionarlo todo. Luego creo que el mercado editorial terminó convirtiendo el boom en una especie de caricatura, en un tópico exótico, y por eso decayó. Pero las obras que originaron el boom siguen estando igual de jóvenes y de vivas, siguen siendo igual de inmensas".

Alonso Cueto
Perú. Premio Herralde 2005. Su novela más reciente es "Cuerpos secretos".

"Mi conferencia en Alicante trató sobre La ciudad y los perros . La idea central es que el que aparece como la encarnación del poder y de la maldad, el Jaguar, se va convirtiendo poco a poco en una víctima del sistema. Cuando pierde el poder, cuando todos los cadetes lo acusan de haberlos acusado, el Jaguar se convierte en un personaje similar al Esclavo. Es una visión compleja del mal porque el que parecía el villano se convierte en realidad en la víctima. Todos son víctimas del sistema".

"Me parece que la obra de Vargas Llosa es una exploración sobre el poder y su efecto en nuestras vidas. El Jaguar ejerce el poder al comienzo y al perderlo se humaniza. Lo mismo ocurre en Conversación en la Catedral con Cayo Bermúdez. En general, el poder es visto en sus novelas como un envilecedor de los seres humanos. Pero todos lo buscan o se defienden de él. Su obra es, en cierto modo, un homenaje a los rebeldes. Sus personajes son en cierto sentido caballeros andantes para los cuales el código de honor es una pasión individual".

Arturo Fontaine
Chile. Su novela "La vida doble" será publicada en inglés por Yale University en 2013.

"La complejidad formal de La ciudad y los perros , ¿se justifica o es moda? Es la tercera vez que leo esta novela. La trama tiene zonas de indeterminación que le son consustanciales. Hay preguntas importantísimas que son indecidibles. Y eso es lo que se quiere contar, lo que se sabe y lo que no sabremos nunca de esta historia. Un narrador omnisciente no sirve en este caso, porque tendría que haber aclarado estos enigmas antes del fin. En esta novela hay una pluralidad de narradores y todos ellos tienen una visión parcial e incompleta de la historia. No se trata de una estructura formal sobreimpuesta. Al contrario, más bien crean la ilusión de que es la vida que allí se narra la que emerge así".

"La visión intuitiva de lo que es la vida del líder de los cadetes, el Jaguar, recuerda, a ratos, la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel: Ser un hombre supone tomar riesgos. El que no lucha y se somete es indigno, es un animal domesticado, un esclavo. Decidir ponerse en peligro por uno y por sus amigos es lo que a uno le da derecho a ser libre y digno. La valentía y la lealtad son el modo de ganarse el respeto de los demás. Recién entonces uno es un ser humano. Esta ética de la violencia que revela el comportamiento del Jaguar se le desmorona hacia el final del libro".

"A los cincuenta años de haber sido escrita podemos saberlo: es una novela magistral. De esto hablé en Logroño".

Juan Gabriel Vásquez
Colombia. Su novela "El ruido de las cosas al caer" ganó el Premio Alfaguara 2011.

"Lo que me propuse en mi exposición en Ciudad Real fue indagar en las maneras en que las ficciones del boom han explorado la figura del lector. Los cuentos y las novelas de Borges, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa se han ocupado a menudo de contadores de historias y de lectores que las leen o las escuchan. ¿Qué papel juega la actividad de la lectura en sus ficciones? En Borges (pienso en "El sur" y "La muerte y la brújula") suele ser un riesgo; en Cortázar ("Continuidad de los parques" y Rayuela ), un manifiesto a favor de cierto tipo de lector; en La guerra del fin del mundo , de Vargas Llosa, una reflexión ambigua e indirecta sobre su poética novelística; en Cien años de soledad , nada menos que una metáfora del Apocalipsis. Eso es lo que he querido explorar".

Carlos Franz
Chile. Su novela "El desierto" ganó el Premio La Nación de Argentina.

"Desde comienzos de los noventa vivimos un posboom , dije en mi exposición en Granada. Este posboom es silencioso. No ha sido un estallido sino que ha sido un siseo. Ha ocurrido not with a bang but with a whimper . No ha tenido las características bruscas de un terremoto sino que ha sido similar a una transformación orgánica, pausada, reconciliadora de extremos. En términos hegelianos se ha tratado de una síntesis que implica un salto cualitativo. Con este salto el boom quedó definitivamente atrás y es tiempo de que dejemos de añorarlo e incluso de usarlo como referencia para definir nuestra actualidad. Porque en lugar de clarificar nos confunde. Los actuales narradores latinoamericanos son escépticos porque son hijos y nietos de una gran desilusión. O, más precisamente, son escritores nacidos sin ilusión: sin un proyecto global, sin una fe total, sin una explicación o una propuesta de orden que pueda sistematizar la diversa y huyente realidad latinoamericana. Se trata de una narrativa posutópica". "Aún más crucial: me parece que somos la primera generación en nuestra literatura que vive esta conciencia escéptica sin nihilismo".