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Lo pasa muy bien escribiendo

Domingo 11 de noviembre de 2012

Plegarias Nocturnas Santiago Gamboa, Random House Mondadori, Barcelona, 2012, 286 páginas, $9.000. Novela



Camilo Marks 

Santiago Gamboa, uno de los más destacados novelistas colombianos de hoy, especialmente a partir de El síndrome de Ulises (2005), Hotel Pekín (2008) y la formidable Necrópolis (2009), concibe tramas enrevesadas, absorbentes, protagonizadas por seres peculiares, que viven situaciones peregrinas y se desplazan de una aldea a una metrópolis, de país en país, de continente en continente, en un montaje narrativo auténticamente global. La tecnología digital o la telefonía celular hacen posible que la universalización de las comunicaciones sea un elemento constitutivo en las ficciones de Gamboa. Es lícito preguntarse cómo habrían sido esos libros hace una o dos décadas, cuando la gente todavía usaba máquinas de escribir. Posiblemente habrían sido buenos libros, porque tiene imaginación y le sobra talento, pero con seguridad serían muy diferentes: menos estrepitosos, tal vez algo más reposados, sin tantos gestos espectaculares.

Plegarias nocturnas , su último título, transcurre en Bogotá, Delhi, Bangkok, Tokio y Teherán; además, hay referencias a muchas otras urbes, entre ellas nada menos que Santiago de Chile, comparada desde el aire con una ciudad del Medio Oriente. El protagonista, mejor dicho el testigo y actor decisivo en la intriga, es el propio Gamboa, mientras ejerce de cónsul en la capital de India. Ahí toma conocimiento de que un compatriota suyo fue arrestado en Tailandia por posesión de drogas, enfrentando la pena de muerte, salvo si se declara culpable, lo que equivale a presidio perpetuo y una probable conmutación. Manuel, el preso, le cuenta su vida a Gamboa, que puede resumirse como sigue: se crió en un barrio de clase media baja colombiana, sus padres fueron mezquinos, de pocas luces, reaccionarios, estudió en un colegio público, mostró aptitudes geniales para diseñar grafiti y la única compañía real que tuvo, en verdad su único amor, ha sido su hermana mayor, Juana, por la que siente una devoción incondicional, absoluta, que le hace depender completamente de ella. Juana, por su parte, corresponde de tal forma a este cariño que organiza su existencia para la felicidad del joven. Mientras estudia en la universidad, financia la carrera de Manuel, junta dinero y espera cumplir el sueño de ambos, que es irse juntos a un país más apacible que Colombia. De un día para otro, ella desaparece y su familia piensa que está enterrada en una de las fosas comunes que a diario se descubren en esa nación. Sin embargo, Manuel se entera de que su idolatrada Juana ha desarrollado actividades poco santas y que ha ido a parar a Japón. Decide dar con ella y en la primera escala del largo viaje es aprehendido.

En verdad, Juana comenzó a prostituirse al poco tiempo de estudiar Sociología y ha resultado tan aventajada en la profesión más antigua del mundo como en el terreno académico. Bellísima, inteligente, escéptica, va trepando hasta convertirse en amante de un capo de los servicios de seguridad y, más tarde, de un asesor presidencial, obteniendo ingentes cantidades de dinero, que de nada le sirven cuando la prensa investiga los supuestos contactos del presidente Álvaro Uribe con los narcos, los terroristas, los paramilitares y otros especímenes por el estilo. La única salida para Juana es huir lejísimos y mediante una agencia de modelos, escapa al otro lado del mundo.

Esto es un resumen minúsculo y parcial de Plegarias... la acción avanza, retrocede, se ramifica o surgen distintos personajes, según el hilo conductor de las confesiones que Manuel y Juana depositan en Gamboa. Los ambientes son tan variados y el ritmo tan frenético que la historia podría caer en el caos, lo que nunca ocurre, en parte gracias al apoyo libresco, artístico y fílmico en que descansa: Lévi-Strauss, Tanizaki, Dorothy Parker, Lichtenberg, Roussel, Scorsese, Giacometti... El texto, es, asimismo, una denuncia política lapidaria en la voz de Juana, quien, en el curso de sus reminiscencias, describe las atrocidades y la hipocresía de un régimen que confunde el fin con los medios.

Gamboa es un virtuoso del relato bajo múltiples perspectivas, que aquí funcionan a la manera de un guión cinematográfico. Y también es un sibarita, lo que se agradece en medio de la truculencia imperante. Hay en Plegarias... una variedad de comidas y tragos que despiertan el apetito y la sed de cualquiera, amenizados con transcripciones de poemas, aforismos y un sinnúmero de citas, lo que demuestra que, junto con comprometerse a fondo en lo que relata, Gamboa lo pasa muy bien escribiendo.

"Plegarias nocturnas", el último título de Santiago Gamboa, transcurre en Bogotá, Delhi, Bangkok, Tokio y Teherán; además, hay referencias a muchas otras urbes, entre ellas nada menos que Santiago de Chile, comparada desde el aire con una ciudad del Medio Oriente.