Isla de Pascua Una fuente inagotable de teorías científicas, mitos e historia:
Jardines de piedra, colapso y leyendas en Rapa Nui

Nuevas versiones surgen respecto al pasado remoto de esta isla polinésica anexada a Chile a fines del siglo XIX, y diferentes conjeturas para explicar su presunta decadencia, o su readaptación cultural y ecológica. A veces se confunde lo consignado por la tradición oral y los datos cotejados por los historiadores de profesión y científicos, que aportan sus investigaciones sobre esta isla que sigue llenando páginas y congresos.  

Marilú Ortiz de Rozas 

Jacobo Roggeveen, navegante holandés al mando de la primera expedición a Isla de Pascua, en 1722, relató en su diario de viaje que esas grandes figuras de piedra le causaron "estupefacción". A tres siglos de entonces, es lo que siguen provocando, y probablemente sea ésta la razón por la que Rapa Nui ejerce tal atracción entre los hombres de ciencia, quienes a lo largo de la historia se empeñan en aportar explicaciones, o levantar nuevas interrogantes respecto a su ya vasta sucesión de misterios.

Para actualizar sus conocimientos respecto a los últimos descubrimientos en torno a Rapa Nui, estudiosos de todo el mundo se reunieron recientemente en Santa Rosa, California, en la Octava Conferencia Internacional sobre Isla de Pascua y el Pacífico, organizada por la Easter Island Foundation (EIF). Esta institución estadounidense dedicada a la investigación sobre la isla publica además Rapa Nui Journal y numerosas obras de divulgación científica, cultural e histórica. José Miguel Ramírez, director del Centro de Estudios Rapa Nui de la Universidad de Valparaíso, que participó en este encuentro, revela que lo más comentado fueron interesantes ponencias que contradicen "la teoría de la decadencia y el mito del colapso autoprovocado". Estos nacen de una publicación del popular científico estadounidense Jared Diamond, "Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen" (2005), donde incluyó el caso de Isla de Pascua. "Diamond, que es geógrafo, asoció el concepto del colapso a la caída de las culturas romana, vikinga, anasazi, rapanuí y maya, entre otras, a partir de catástrofes estructurales y ambientales que no pudieron ser superadas", explica el arqueólogo chileno.

Sin embargo, en una publicación posterior, Diamond matizaría sus dichos respecto a Rapa Nui y la saca de la categoría de civilización 'ecocida'. "Esta visión apocalíptica ha sido revisada por el propio autor del modelo del colapso, en tanto las evidencias arqueológicas están mostrando un proceso bastante más complejo, donde una sociedad altamente jerarquizada y dependiente de la producción de excedentes agrícolas se enfrentó a un ambiente frágil e impredecible", señala Ramírez. Y esta crisis sería la causa final de una competencia por controlar simbólicamente los territorios de los clanes, a través de expresiones monumentales cada vez más grandes.

Tecnología para revertir el ' ecocidio'

Lo último que se plantea es que lejos de haber destruido intencionalmente su ecosistema, los rapanuís desarrollaron una asombrosa adaptación a una serie de cambios, incluso climáticos, que acabaron con los árboles. "La pérdida del bosque tuvo diferentes causas, no solamente la ambición humana, y afectó en primer lugar la producción de monumentos, así como las cremaciones y la fabricación de grandes canoas que hubieran podido ayudar a salir de la isla y bajar la presión sobre los recursos", agrega Ramírez.

En este contexto, los rapanuís no sólo modificaron social, cultural y políticamente sus sociedades cuando dejaron atrás el megalitismo, "sino que incluso transformaron su isla en un inmenso jardín de piedra, lo que hoy se cree que es aún más extraordinario que todo lo que hicieron antes", enfatiza este arqueólogo.

Hacia la segunda mitad del siglo XVII, los rapanuís habrían desarrollado tecnologías para favorecer su frágil agricultura: se pusieron a picar y cubrieron prácticamente todo el suelo de la isla con miles de pedacitos de piedras, que impedían la evaporación de la humedad y propiciaban el brote de tubérculos. También crearon "manavai" (recintos pétreos circulares, semienterrados), que protegían plátanos y caña de azúcar de los intensos vientos. "En términos del esfuerzo que esto significó, se calcula que es mayor al dedicado a los moái, y esto no lo hace una cultura que está en decadencia", asegura Ramírez.

El especialista recalca que el gran drama rapanuí es que el ecosistema de su isla es muy vulnerable, pero lo que realmente produjo el mencionado colapso, casi exterminio, fue la colonización foránea, con la esclavitud y las pestes. Pasaron de una población estimada de entre 6 a 10 mil personas, cuando llegaron los extranjeros, a 110, en 1877.Otro tema que engendra grandes pasiones es el de los viajes de los polinésicos, campo en el que Ramírez y otros investigadores trabajan arduamente. Tras haber encontrado en el continente ADN de gallinas provenientes de Tonga, que datan de la época prehispánica, su último descubrimiento consiste en osamentas humanas. "Encontramos rasgos morfológicos polinésicos en restos enterrados en la isla Mocha (al Sur de Concepción), que estamos analizando en Nueva Zelandia, y que probarían que hubo contactos transpacíficos en el pasado, mucho más de lo que se quiere aceptar. Hasta ahora, sólo era mito", recalca Ramírez, quien presentó esta investigación en el último Congreso Nacional de Arqueología Chilena, a mediados de octubre.

Poblamiento y hábitat: leyendas vs. historia

También hay controversias en el terreno de la historia, ya que en la antigua Rapa Nui se tiende a confundir el pensamiento mítico con los sucesos relativos al poblamiento original, la construcción de los moáis y los hechos de los primeros arikis (reyes).

Originalmente, no existía palabra para "historia". Cuando la educación occidental se introdujo en la isla, se la llamó "a'amu", vocablo ligado a las leyendas y cuentos, precisa Cristián Moreno Pakarati, historiador rapanuí formado en la Universidad Católica de Santiago, que también participó en la Octava Conferencia Internacional sobre Isla de Pascua y el Pacífico. "Para los rapanuís, la tradición oral, las leyendas, eran la verdad. No son fantasías ni delirios, como hoy se hace creer; están compuestas de elementos de realidad con toques místico-religiosos importantes para los pueblos que nacen bajo su influjo", destaca.

En cuanto al poblamiento de la isla, hay divergencias y novedades. La tradición oral -contada al calor de su taller en Hanga Roa por Johnny Tucki, escultor y 'ministro de cultura' del Parlamento Rapanuí, una de las instituciones más radicales de la isla-, refiere más o menos lo siguiente: "Hotu Matu'a fue un ariki que venía de Hiva, nombre que se le daba al conjunto de islas de Polinesia, y se cree que escapaba de las guerras de su país (Marae Rena), o de desastres naturales. Envió primero a siete navegantes, en canoas, a descubrir Rapa Nui, quienes le confirman a Hotu Matu'a que existe la tierra que su consejero Haumaka había visto en sueños. El ariki manda a construir embarcaciones para él y su hermana, Ava Lei Pua; y navegan hasta aquí. Desembarcan en Anakena y se establecen en la isla".

Moreno Pakarati precisa que el origen de los primeros habitantes ya está bastante bien determinado, pero el número de inmigraciones y la fecha de la llegada de éstos a Rapa Nui no se ha definido aún con certeza. "Las fuentes de información para el pasado más remoto son las investigaciones arqueológicas y la tradición oral", recuerda.

Respecto a Hotu Matu'a, algunos historiadores afirman que pertenece por completo a la leyenda, otros que probablemente tiene una base real. Y se establece que la colonización de todas las islas del Pacífico se inscribe dentro de un gran movimiento hacia el Este, en una serie de olas sucesivas, por lo que Isla de Pascua habría sido la última en ser poblada.

Sin embargo, otros sostienen que cuando se produjo el desembarco desde Polinesia, Rapa Nui ya estaba habitada.

"Últimamente se ha dado mucha importancia al manuscrito de Pua Ara Hoa, que consigna que a la llegada de Hotu Matu'a ya había algunas personas en Rapa Nui. ¿Quiénes eran? No lo sabemos", revela la historiadora Ana María Arredondo, radicada en la isla hace 35 años.

Este manuscrito atribuido a Arakilio Pua Ara Hoa, recientemente traducido al español, data de comienzos del siglo XX, y es una extensa recopilación de la tradición oral. Descubierto por la Expedición Arqueológica Noruega en 1955-56, fue interpretado por el etnólogo alemán Thomas Barthel, en una obra publicada en 1974, prácticamente olvidada. Según Moreno Pakarati, dicho manuscrito ha abierto una nueva fuente de información "increíblemente detallada que ha servido para llenar múltiples vacíos en las tradiciones ya existentes y publicadas por otros autores".

Otra teoría largamente difundida en algún momento fue la de Thor Heyerdahl, quien aseguraba que Isla de Pascua fue poblada por los incas, y emprendió en 1947 un viaje desde El Callao hasta la Polinesia, en la balsa Kontiki, para probarlo. "Consiguió más prensa que todos los otros científicos", manifiesta José Miguel Ramírez quién refuta los postulados de Heyerdahl.

Actualmente también se realizan importantes investigaciones sobre el bosque original de la isla. Ya se sabe que no sólo había palmeras, sino también "toi", árboles de gran tamaño que servían para trasladar los moáis y hacer embarcaciones, así como media docena de otras especies.

Las últimas excavaciones arqueológicas, realizadas por alemanes, en conjunto con la especialista local Sonia Haoa, arrojaron también interesantes hallazgos sobre el manejo del regadío en Rapa Nui: "Han sido tan espectaculares -sostiene Ramírez-, que la próxima Conferencia Internacional sobre Isla de Pascua y el Pacífico se llevará a cabo en Berlín, en 2015".


Lo último que se plantea es que los rapanuís se adaptaron a una serie de cambios.

El manuscrito atribuido a Arakilio Pua Ara Hoa, de inicios del siglo XX, es una extensa recopilación de la tradición oral.

 


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Lamentan los especialistas que se les dé más atención a noticias extravagantes, como las que atribuyen el transporte de los moáia extraterrestres, que a las últimas investigaciones científicas.<br/>
Lamentan los especialistas que se les dé más atención a noticias extravagantes, como las que atribuyen el transporte de los moáia extraterrestres, que a las últimas investigaciones científicas.

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